-Coordinadora de la antología-

¿Cómo se gesta desde cero la antología Pena negra? ¿Qué ha sido para ti lo más complicado de todo su proceso de coordinación y qué tramo del mismo has disfrutado más y por qué?

Fue una idea que me surgió en el GolemFest de Valencia 2021, en el transcurso de una mesa redonda. Hablábamos de folclore y narrativa, y señalé que nos creía demasiado influenciados por el anglosajón. Comenzamos a hablar de mitos locales, y acabé por preguntarme si tanto la copla y el cuplé eran muy nuestros, y tanto las figuras representativas de los géneros como las canciones en sí tenían en común con el terror el hablar de lo que no se pone en voz alta normalmente, por qué a nadie se le habría ocurrido hacer una antología de terror basada en la copla y el cuplé. La editora de InLimbo cogió el testigo rápidamente. Probablemente la parte más complicada fue hacer el listado de autores y de figuras de la copla y el cuplé que podrían apuntarse a este loco carro. Había demasiado bueno donde poner el ojo y costó reducir ambas listas. Luego fue maravilloso preparar las cartas negras de invitación que cada autor recibió manuscritas por la editora. La parte más disfrutable fue recibir los relatos de estos escritorazos y leerlos por primera vez: el descubrimiento de sus mundos asociados a este contexto. 

¿Qué cualidad común a todas las figuras folclóricas recogidas a modo de tributo en la obra destacarías a nivel sociocultural? ¿Qué cualidad conjunta destacarías de los diez relatos que vertebran este viaje folclórico?

Precisamente las elegimos por su disparidad, así que la cualidad común es difícil de concretar. Todas son figuras que trataron de ser libres a su manera, quizá, aunque cada una tuviese la suya y algunas con más suerte que otras. Más allá de sus ideas políticas o de aquello con lo que se las vinculase, trataron de vivir con cierta libertad. También la creatividad de la mayoría. De las diez figuras escogidas hay pocas que se limitasen a ser intérpretes, y las que sí se esforzaron en ser únicas y originales en su forma de interpretar. Creo que los autores escogidos para la antología han entendido perfectamente el espíritu de respeto, de curiosidad y de devolución de la canción popular al pueblo que respiraba la idea, aunque cada uno le haya dado su toque.  

¿Cómo crees que conversa esta contribución con el catálogo editorial de InLimbo, en primer lugar, y con el panorama literario actual, especialmente con el ámbito de la literatura de lo inquietante?

Todos los relatos entran con más o menos profundidad en el fango de lo inquietante, que es la premisa de la editorial. Algunos de los autores se han ido a la referencia de otros autores clásicos de lo monstruoso, algunos al humor fantástico, pero siempre han dejado la impronta de lo que no se dice, de lo que no termina de comprenderse. Eso, como ya he dicho, es algo que siempre he pensado que el terror y el cuplé o la copla tienen en común: hablar de lo silenciado. Personalmente no espero poner una pica en Flandes, sino aportar una visión distinta, gamberra y que no se le había ocurrido a nadie antes, pero que en el fondo estaba pidiendo realizarse. 

¿Qué temas fundamentales dirías que, a modo de presentación, pueden hallar los lectores de Pena negra debajo de los destellos de ese baile macabro entre terror y folclore?

Hay mucha alegre reivindicación queer, mucho juego de dobles y de reflejos, mucho espíritu y una nube de guerra y posguerra que no termina de perfilarse, como no se termina de ver una sombra por el rabillo del ojo en el borde de un espejo. 

Como autora, ¿con qué texto te identificas más respecto del estilo o del trasfondo? ¿Cuál de ellos te ha impactado especialmente como lectora? ¿Por qué motivo?

Es posible que con un reto como este por delante, yo hubiese optado por algo semejante a lo que hace Mado Martínez con El Príncipe Carnaval o lo que resuelve Ariadna Castellarnau en La sustracción. Ambos relatos tienen elementos muy claros que me interesan en mi propia narrativa. Puede que el relato que me resultase más impactante fuera Con Dios no basta de Francisco David Ruiz, porque es un relato muy biográfico, y el elemento terrorífico no está en lo sobrenatural o fantástico que el autor aporta, sino en la propia biografía real de Miguel de Molina. Cómo Francisco David Ruiz lo afronta es verdaderamente impactante. En general debo decir que estoy muy satisfecha con los relatos y con la forma en la que los autores se han llevado a su terreno la idea. 

¿Qué figuras socioculturales actuales crees que representan esa mística tan particular que desprenden las que habitan las páginas de Pena negra?, ¿qué herederas se te ocurren para nuestros días, por supuesto desde ese mismo enfoque de inspiración para generar lo ominoso?

A mí me gustaría una Pena negra con Raphael, Rosalía, Ana Belén, Rigoberta Bandini, las Tanxugueiras, la Bien Querida, Alaska, Luz Casal, Ana Mena o Bad Gyal. Quién sabe si dentro de cincuenta años.  

¿Qué planes promocionales alrededor de Pena negra puedes anticiparnos de cara al inminente 2023?

Estamos planeando algunas presentaciones por toda España. Pensamos, por el momento, en Córdoba, Sevilla, Madrid, Albacete, Barcelona y Valencia. Esperemos que salga todo bien.

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