-Tate Brombal (autor) y Jacob Phillips (artista)-
-Caja de rebajas-
¿Alguna vez te ha pasado que has leído algo que te ha hecho pensar: Esto es tan bueno que nunca podría hacer algo así? Una obra que está tan trabajada o tiene tanto talento bruto, una sensibilidad especial o es tan general, que al leerla roza una especie de perfección artística que no debería de existir, por mucho que digan los cánones, las técnicas y las escuelas. Bien, pues esto es “Everything dead and dying”.

A lo largo de cinco números, cinco grapas en formato comicbook americano, seguimos la historia de Jack un granjero con su marido, su hija, su pueblo y su ganado. Es feliz. Pero hay un pequeño asunto; todos los que le rodean son zombies. A través del cariño, de alimentarlos y de cuidar al rebaño, Jack consigue mantener a los muertos vivientes sin hambre y sin ira, en una especie de civismo impostado pero funcional. Todo este micromundo se ve alterado cuando una pandilla de exploración de un asentamiento a unos cuantos kilómetros llega por primera vez a la granja de Jack y le quieren hacer ver que esa vida no es vida.
El guion de Tate Brombal es exquisito. El juego con los flashbacks, con el futuro, las conversaciones pasadas que tienen su eco en el presente, las alucinaciones o lo que Jack considera que ve, se entremezclan en una coctelera que tan pronto te tiene en el pasado como te tiene en el presente. El juego que se traba entre la vida de Jack y como todo eso tiene su correspondencia en el futuro. La vida de Jack se convierte en uno de los bucles más tristes que existen, pero uno de los más puros. Jack pierde una y otra vez, pero no deja de jugar, no abandona la inercia de la rutina y consigue arañarle una y otra vez esos momentos que le inundan de felicidad. Son escasos, breves, fugaces, pero tan intensos que parecen compensar la triste decadencia de una vida que solo se mantiene porque tiene que ser así. A pesar de todo, Jack continúa y eso es lo importante. Eso es lo que al final le lleva a formar una familia y abrazar la felicidad.

El dibujo de Jacob Phillips me ha recordado al trabajo de Charlie Adlard en “The Walking Dead”, donde esa línea sencilla definía a los personajes con rapidez y efectividad. A nivel compositivo y narrativo, la obra fluye, sabe dónde detenerse y qué quiere mostrar en según qué momento. Aunque, lo que más me ha gustado, es el color. El juego que crea Pip Martin con los flashbacks, con la ambientación de un mundo muerto, las paletas que utiliza en todo momento se compaginan unas con otras y crean un universo que te rodea en cuanto abres el tebeo. Fluye y hace fluir al dibujo en una simbiosis perfecta. A nivel de rotulación, también me ha gustado bastante el trabajo de Aditya Bidikar. Era un trabajo complicado, por cómo estaba estructurada la página, hay mucho texto en tramos donde suceden muchas cosas y había un riesgo palpable de saturación, pero consigue solventarlo con maestría. De nuevo, hace que sea muy fácil leer, entender y fluir a través de las páginas. A nivel gráfico, se crea una atmósfera que oscila entre la fugaz felicidad y el abismo más oscuro, que juega con el espectador mientras este sigue a Jack en una empresa imposible.

Cuando uno cierra el tebeo, en mi caso la última grapa, en un futuro la tapa blanda de Norma Editorial, la sensación es agridulce. Por Jack y por nosotros, como lectores. Esta pequeña y especial aventura concluye y pensamos en lo que nos ha gustado divagar sobre la vida y la muerte, la familia, nuestro lugar en el mundo y cómo afrontar los golpes y la violencia que tratan de someternos a diario. “Everything dead and dying”, igual que le pasó a “The walking dead” en su día, aunque en menor medida, se convierte en una vuelta de tuerca a un género que ya no tenía nada nuevo que aportar y que sus días de gloria ya quedan muy lejos, siendo las sectas y el ocultismo ese nuevo nicho de historias de terror. Aunque en el presente se empeña en dejarnos nuevas obras maestras que demuestran que siempre hay una idea que merece la pena ser contada, igual que siempre hay que seguir adelante, por muy oscura que sea la noche.