-Blackie Books-

Si has escuchado el podcast de Las Hijas de Felipe de Ana Garriga y Carmen Urbita llegas a este libro de manera orgánica. Yo he empezado ambos a la par. Las tenía muy pendientes y sabía que me iban a gustar. Pero como bien sabéis porque no me canso de decirlo, a veces es muy complicado llegar a todo. Mira que lo intento, pero se me hace una bola tremenda.
Escucho a Las Hijas de Felipe mientras hago mi rutina de gimnasio. Primero hago mi tanda de Duolingo que ya va por 680 días (es mi relación más larga) y después van ellas. Me acompañan en mi momento del día en el que yo necesito dejar la mente en blanco, me hacen reír, reflexionar, a veces suspirar y otras veces simplemente me veo escuchándolas con la mirada perdida en el horizonte mientras cuento repeticiones. Me voy a poner tremendamente fuerte junto a ellas. Además por como ellas cuentan en su podcast, también les gusta hacer deporte para mantenerse sanas, para paliar las largas horas sentadas en una silla que tienen que soportar sus académicos cuerpos.
La premisa del libro y del podcast está clara: ‘todo lo que te ocurre a ti, ya le ocurrió a una monja del siglo XVIII’. Y puede parecer totalmente una locura, pero es verdad. A veces en este mundo capitalista que va acelerado nos encontramos pensando que las cosas que nos pasan a nosotras son únicas, que somos especiales y que nadie nos va a entender, y es bonito que hayamos podido dejar un rastro de que esto no es verdad con escritos, cartas y diarios que otras escribieron antes de nosotras. Nosotras dejaremos nuestras cuentas de Instagram y X, mira tú cómo cambian las cosas. También es de agradecer el trabajo de investigadoras actuales, ya que sin ellas no podríamos llegar a comprender que aunque la sociedad ha avanzado gracias a la tecnología, a las monjas de hace siglos les pasaban cosas muy parecidas a nosotras, con su contexto histórico.
Tenían una gran devoción por impresionar a sus superiores de la iglesias para llegar a convertirse en santas, y a veces hacían unos esfuerzos actorales de grandes dimensiones: un espejo en el que se verán reflejadas todas esas personas que hacen grandes esfuerzos por ser famosas en redes sociales; aunque también te voy a decir, es que es para reflexionar. Nuestras monjas al menos no tenían la visibilidad de unas redes sociales que a veces hacen más mal que bien a nuestra sociedad. Muchas llegaban a tener mucha fama, ya porque eran de clase alta antes de ingresar en la orden que fuera o bien porque por el boca a boca alguna se hiciera terriblemente famosa. Tanto que alguna de ellas fue visitada por reyes y fueron sus confesoras. Un poco loco, ¿no?. Otras fueron sobreexpuestas por sus superiores para que ellos pudieran ganarse favores, malogrando la vida de las monjas. Sigo alucinando al comprobar que llevan toda la historia utilizándonos de trampolín.
Algunas fueron influencers, otras hicieron viguerías para sacar a su congregación adelante —ser modistas o inventarse que sus cuentas están santificadas—, otras tuvieron grandes amores, otras no se cortaron cuando la Inquisición les preguntó por sus relaciones, otras estuvieron muchos años juntas, otras viajaron a otros países…
Alguna monja acabó hasta las narices de la pobreza en la que vivía, otras montaron muchísimos conventos por España a lo largo de su vida monacal… La verdad es que para cualquier persona normal, las monjas son ese gran desconocido. Parece que nunca interesan dado que su trabajo se lleva en la sombra y si no estás metido en el mundo eclesiástico, es normal que sea una profesión y por ende unas vidas que no te interesen. Pero al lo menos por mi parte, está siendo un placer leer más sobre ellas, ver que sus vidas eran muy normales dentro de su profesión, que era duro ser monja y que, exactamente, les pasaban cosas que nos pueden suceder a todas.
No sé cómo terminar esta reseña sin deciros que tanto el libro como el podcast de Las Hijas de Felipe me parecen algo fundamental que deberíamos consumir cualquier de nosotras. A mí el podcast se me hace super ameno, y el libro me ha parecido muy ligero y me ha encantado. La verdad que es muy recomendable.