-Caja de rebajas-
Como ya sabéis, estoy preparando el regreso de Yongüein por todo lo alto y mi idea es hacer un repaso de esas obras que me inspiraron en su día y descubrir nuevos textos relacionados con el splatter que puedan ayudarme en mi corrección del manuscrito a pulir o añadir subtextos, guiños, ideas de muertes cruentas o cosas demasiado vastas como para que se me ocurran después de leerme tebeos vainilla como ‘Superman/Spider-man’. Así que, en mi apuesta por conocer autores nuevos, nacionales y que encima salen editados bajo el mismo sello que servidor, decidí hincarle el diente a ‘Oler Hierro’, de Carlos Gómez Gurpegui.

La premisa es algo que ya me ha sonado de otras pelis u obras de este estilo; un grupo de chavales decide irse al campo a buscar un lugar donde rodar su corto. La cosa sale MAL. La similitud con estructuras cinematográficas es evidente y no se esconde; es una novela que entra bien fina por eso mismo, porque parece una película. Incluso en la paranoia visual que uno se monta al leer un texto, me venía esa estética oscurilla de los años 2000, con Evanescence de fondo, apenas una gama de color que se salga de los grises con matices, y chavales emo por ahí. Funciona muy bien a ese nivel.
Con respecto a la estructura, Gurpegui toma un volantazo durante la primera mitad de la obra que me parece muy interesante; de repente, entre capítulos, han ocurrido cosas fuera de cámara. Hay elipsis, narraciones que empiezan por el final del capítulo y rememoran como el personaje ha llegado a esa situación, es decir, trucos narrativos que combinados con las escenas grotescas y las sesiones de torture porn, consiguen que los engranajes de la maquinaria encajen y giren a la perfección. La novela fluye por derroteros que ya uno conoce, pero esa expectativa al empezar el siguiente capítulo y los tramos donde hay casquería de la buena le dotan de una agilidad y un interés que, bajo mi punto de vista, se diluye un poco cuando se enfila el capítulo trece o catorce y se convierte en una narrativa mucho más lineal. Es cierto que saber cómo va a acabar la protagonista mantiene el interés continuamente, porque puede pasarle cualquier cosa, pero quizá eché de menos esas herramientas narrativas.

Otro de los elementos que más me ha gustado es el epílogo. Cualquiera que haya leído algo mío sabe que me encantan esos extras que le dan un girito a la historia en el último momento para rematar el regusto que deja la obra en el paladar. En ‘Oler hierro’, Gurpegui hace lo propio, encima con un par de guiños que me parecen exquisitos para los amantes del true crime y los adictos a las pelis pochas. Solo hablaré de este último para que os pique la curiosidad. Si antes mentaba la viabilidad cinematográfica del libro, este epílogo me ha recordado a ‘La Matanza de Texas: La nueva generación’, con Matthew McConaughey y Renée Zellweger, donde se introducían elementos rocambolescos que a mí me dejaron con muy buen sabor de boca. No sé si Gurpegui habrá visto la película, pero me gusta pensar que es un guiño para los fans del cine malo.

Como puntos negativos, resalto esa previsibilidad que el autor esquiva durante buena parte de la novela, que aparece en los momentos más importantes de la obra; al principio y al final. Por cómo funcionan los slashers, y más este tipo de slashers que podrían ser ‘de segunda generación’, es algo inherente a sus bases argumentales, así que no es tanto un elemento negativo relacionado con la obra en sí si no en como funciona el género en concreto.
Estamos ante una novela entretenida, con algo de enjundia, bajo mi punto de vista, a la hora de abordar determinadas escenas o atajos, y que encima tiene esos guiños (o al menos los he entendido así) que tanto me han gustado. Creo que es un buen texto al que echarle un vistazo y nueva perlita en el catálogo de Colectivo Juan de Madre Presenta.
Por Miguel Babiano