Verónica Living

¿Quién es Verónica Living? ¿Es una superheroína? 

Verónica Living es una persona de 24 años con muchas inquietudes. Si eso puede considerarse un superpoder, quizá sí que pueda ser una superheroína. Pero qué va, es una chavala bastante normal, con mucho mundo interior y mucho por aprender.

¿Por qué etapas artístico-creativas has pasado hasta ser hoy la creadora que eres? Cuéntanos cómo te inicias en cada una de las artes que desarrollas.

Es un poco difícil definir esas etapas porque mi creatividad es algo que ha estado siempre conmigo. Me cuesta explicarlo de una manera ordenada.

Empecé a dibujar y a escribir de niña, en cuanto aprendí para qué servían los lápices. De niña me gustaba inventar cuentos e ilustrarlos, escribir canciones… Durante la infancia escribía muchos relatos, y también he escrito diarios toda la vida, de forma intermitente. A los diecisiete me empecé a tomar en serio eso de los diarios y escribí absolutamente todos los días durante cinco años, pero desde hace un tiempo escribo en el diario cuando el cuerpo me lo pide.

A los quince empecé a escribir la primera novela que terminé, dos años más tarde. Es malísima. La empecé en una Olivetti Lettera de mi madre, y la continué en una moleskine roja. Escribía con tinta verde, y empezando por las páginas de atrás. Por algún motivo creía que así escribiría mejor, estaba muy flipada. Tenía muchas manías a la hora de escribir, de las que me he ido liberando poco a poco, cuando he ido tomando consciencia de lo que verdaderamente significa para mí el acto de escritura.

A los trece me compré mi primera cámara y empecé a hacer fotos con una intención artística.

Luego empecé a estudiar arte en el instituto y más adelante en la universidad, y obviamente pasar esos años formándome me ha influido mucho como artista. He tenido la oportunidad de acercarme a disciplinas diferentes, y de enamorarme de la escultura, por ejemplo.

A día de hoy intento encontrar un equilibrio entre todas estas disciplinas.

¿Cuánto tienes de autodidacta y cuánto le debes a tu formación académico-profesional?

Creo que para aprovechar una formación académica tienes que tener una voluntad propia fuerte.En mi caso creo que ambas circunstancias se han complementado. Con el tiempo descubrí que la fórmula que mejor funcionaba para mí era tener muchas inquietudes y ganas de aprender por iniciativa propia, experimentar, e intentar exprimir al máximo las herramientas y oportunidades que la formación me ha dado.

¿Qué grado de utilidad les das a las redes sociales y a las plataformas virtuales como artista y como consumidora de arte?

A día de hoy, Internet forma parte de nuestra realidad. Es un medio más en el que movernos, y me flipa que podamos no solo conocer la obra de artistas en distintos puntos del mundo, sino también incluso interactuar con esas personas a través de las redes sociales. Asímismo, me parecen herramientas muy potentes para compartir nuestro trabajo y que llegue a un público amplio y diverso.

No obstante, también es cierto que las redes sociales pueden convertirse en un arma de doble filo y debemos aprender a establecer una relación sana con ellas, porque pueden generar o fomentar muchas inseguridades, comparaciones… Debemos tener claro que son un escaparate y una parte de la realidad, mediada, no la realidad al completo y en sí misma.

¿Crees que hay censura y tabú en la escena artística actual? No obstante, ¿consideras que son necesarios ciertos límites?

Sí, por supuesto que siguen existiendo muchos tabús.

Por ejemplo, y fijándonos en la pregunta anterior, en Instagram se censuran los pezones femeninos. Porque el cuerpo femenino, cuando no es para disfrute del hombre, sigue siendo un tabú. La regla sigue siendo un tabú. Y el placer femenino, los cuerpos no normativos, las identidades disidentes…

Poco a poco estamos destruyendo esos tabús, pero las plataformas en las que compartimos                           la representación artística aún tienen que adaptarse.

Considero que los límites deberían imponerse con respecto a las expresiones que atenten contra los derechos de las personas y animales, y no ante las expresiones que pretenden normalizar, visibilizar, denunciar…

Deberían censurarse las publicaciones misóginas, racistas, lgbtfóbicas, en lugar de las fotos en las que se muestra sangre menstrual, cuerpos no normativos, o tetas, por poner un ejemplo.

Desde tu perspectiva multidisciplinar, ¿consideras que hay un arte más arte que otra? ¿Crees que a veces se abusa del término o respaldas aquello de que todo puede ser arte?

No creo que haya un arte “superior” a otro arte. Cada disciplina tiene sus propias características, y lo mágico del arte es que muchas de estas se cruzan interdisciplinarmente. Es decir, una narrativa puede verse en una fotografía. Una melodía puede ser un poema.

Sí creo que en el cine es donde mejor puede verse este entramado, porque es la disciplina donde más fácilmente pueden mezclarse todas: literatura, música, imagen, performance… Pero en mi opinión, eso no hace al cine superior a otras disciplinas, solo una más.

Respecto a la segunda parte de la pregunta: creo que todo es susceptible de ser arte. Pero para ahondar en esa cuestión, deberíamos adentrarnos en el infinito debate “¿qué es arte?”.

Vamos por partes, como diría el pesado que siempre hace la gracia de Jack El Destripador: ¿cómo se gesta tu libro de poemas Me falta la sangre (Ediciones en Huida)? ¿Cómo definirías tu poética y cómo te sientes al pasar de la narrativa (p. e. tus novelas Oxígeno o la respiración y 21 gramos) al verso?

Me falta la sangre se gestó como unos poemas raros y muy impulsivos, que empecé a escribir en una temporada muy mala de mi vida. Estaba en uno de los peores puntos de depresión y ansiedad que he vivido. Aunque suene a cliché, necesitaba lidiar con mis emociones de alguna manera, y escribir me ayudó. Cuando comencé a entender un poco más lo que me pasaba, mientras seguía escribiendo, el libro fue tomando forma, hasta lo que es a día de hoy.

Creo que precisamente porque tengo una parte de novelista dentro de mí, cuando escribo poesía a menudo quiero contar una historia. Por ejemplo, en Me falta la sangre puede verse perfectamente cómo se plantea una presentación, un nudo y un desenlace a lo largo del libro. No es algo que suela llevar al poema como unidad, pero sí al poemario como obra. Me gusta darle un sentido narrativo a la poesía, y por eso también muchas veces la mezclo con el guion.

Aún estoy definiendo mi forma de escribir poesía. Siento que aún estoy encontrando mi estilo y mi voz poética. Pero diría que es sincera, confesional, metafórica, íntima, visual.

¿Eres más fotógrafa que fotogénica? ¿Crees que es interesante que un fotógrafo pueda experimentar el estar delante del objetivo para enriquecer su trabajo?

Creo que soy más fotógrafa. Hace mucho que nadie me retrata, y que yo no retrato a nadie.                     Es curioso, porque con el tiempo mi fotografía ha devenido en autorretrato, y me siento muy cómoda en este formato.

Sin duda, me sirvió mucho posar para otras fotógrafas, para aprender de ellas y conocerme un poco más al otro lado de la cámara. Creo que es una cuestión muy personal el estar cómode siendo fotografiade, y en mi caso me ha servido para vislumbrar hacia dónde quiero enfocar mi trabajo fotográfico. Ahora mismo, el camino con el que quiero seguir es el autorretrato, precisamente.

¿Cómo definirías a la Verónica ilustradora con tres palabras? ¿Con qué técnica te sientes más cómoda? 

¡Qué difícil!

Quizá poética. Creo que es un poco como una crisálida. Y metafórica.

La técnica con la que suelo ilustrar es acuarela y lápiz de grafito como base, pero luego puedo añadir otras cosas. Normalmente añado hilos, tinta china o en gel, acrílico, pego cosas… lo que pida la ilustración. Últimamente también estoy haciendo mucha ilustración digital, la disfruto mucho.

¿Sueles montar exposiciones o acudir a ellas? ¿Crees que hay espacios y ofertas suficientes al respecto?

Me gusta mucho hacer exposiciones, cuando tengo algo que contar. Acudo a todas las que puedo, sí, dentro de lo que mi ciudad y mis circunstancias me permiten.

Creo que eso depende mucho de la localización de la que hablemos. En general, sí me parece que haya espacios muy interesantes donde exponer y donde visitar exposiciones. En el caso de exponer, lo difícil es acceder a esos espacios. Y en el caso de visitar, depende de muchas cosas. No creo que haya falta de espacios, pero me parece que podría haber más oferta de artistas noveles o no con tanto reconocimiento, creo que habría que dar en general más accesibilidad a estos espacios.

Hablemos de cine en tres planos: ¿cómo llegas a adentrarte en el mundo del cortometraje? ¿Cómo das el salto a la dirección de arte y al largometraje? 

Siempre me ha fascinado el cine, y esta fascinación siempre está en aumento. Aunque es cierto que llevo un tiempo algo distanciada del cine a nivel artístico (por falta de tiempo, recursos…), es una inquietud y un interés muy fuerte que tengo ahí.

Cuando me fui a estudiar Bellas Artes a Salamanca, cogí la costumbre de ir todos los miércoles al cine, era un ritual muy especial para mí. En casa también veía muchas películas, normalmente iba a una por día. Como he dicho antes, creo que el cine reúne muchas disciplinas, así que es normal que me interesara y quisiera probar con mis propios proyectos, y empecé escribiendo algunos guiones cortos.

En tercero de carrera, decidí dejar a un lado todo lo relacionado con dibujo, escultura y pintura, y centrarme en la rama de audiovisuales, ya que el plan de estudios de Salamanca me daba esa opción, y ese año empecé a realizar mis primeros cortometrajes. Justamente ese verano, de casualidad, me vi inmersa en la producción de un largometraje como directora de arte, y fue una experiencia de la que aprendí mucho.

Después me fui a Madrid, y aunque continué haciendo cortos, poco a poco me fui distanciando. El último que hice fue Sucesos cardíacos, en 2017. Actualmente sigo escribiendo guiones y teniendo muchas ganas de hacer cosas nuevas, pero necesito tiempo y más recursos. Me ha dado morriña de audiovisual con esta pregunta, jo.

-¡¿Cómo contribuye tu dominio de otras artes a tu realización dentro del cine? ¿Qué es lo que más te ha servido de todo lo que sabes y qué crees que es esencial para llegar a ese nivel de trabajo audiovisual?

Mi desarrollo audiovisual es muy básico, no soy en absoluto una experta ni he realizado trabajos profesionales. Simplemente he tenido ideas y las he llevado a cabo con los recursos que he tenido, y como mejor he sabido. Creo que en mis cortos se ve cómo la literatura y la imagen poética son elementos muy importantes para mi narrativa.

Aunque no tengo mucha idea de nada, creo que, como en todas las disciplinas, es necesario ver, leer, empaparte. Y considero muy útil plantear esa mirada, esa lectura, teniendo claro que las artes se retroalimentan, que ocurren sinergias preciosas y potentes entre las disciplinas.

 ¿Cambia tu forma de ver cine a partir de tu experiencia técnica previa a la producción final? Según tu criterio, ¿qué marca la diferencia estética entre una película bien hecha y una película brillante en el apartado gráfico?

Lo valoro mucho más todo, y lo respeto. Cuando haces un proyecto así desde dentro, te das cuenta de todo lo que conlleva un proceso artístico audiovisual. Cualquier plano, la iluminación, el sonido… He realizado todos mis cortos yo sola o con ayuda de una única persona, así que esa experiencia me ha hecho ver que en el caso del cine, la calidad es una cuestión de trabajo en equipo. En cine es imposible hacerlo todo bien tú sola.

Creo que la estética de una película es sobresaliente cuando forma parte activa de la historia y de la manera de narrarla.

Amores líquidos (Circo de Extravíos), tu precioso Inktober de 2019… ¿Qué te seduce de un proyecto plástico para que decidas dedicarle tu esfuerzo? ¿Cómo interactúas con otros artistas? En el otro extremo, ¿qué encargos se te pueden hacer y cómo los desarrollas desde el primer contacto hasta el resultado final?

Me apasionan los proyectos que mezclan disciplinas. Es el caso de Amores líquidos, que reúne poemas e ilustraciones, bajo un marco casi de ensayo. Me seducen los proyectos que remueven algo por dentro, que invitan a la reflexión y a la belleza.

Soy un poco rarita para relacionarme, pero Instagram es una gran herramienta para ello, como he dicho antes. Muchas amistades artísticas han nacido de esta red social, he conocido a gente maravillosa y talentosa gracias a Internet, y también es gracias a eso que mantengo el contacto con ellas, ya que vivimos en distintos puntos del mundo. Me encanta poder ver su trabajo, hablar, recomendarnos cosas, darnos feedback de lo que hacemos… Y otra cosa que me flipa es ver los progresos de esas personas a las que admiro, cómo van creciendo, realizando sus proyectos…

En cuanto a la última cuestión, estoy abierta a muchas cosas, ¡todo es hablarlo! Especialmente, estoy interesada en proyectos editoriales y audiovisuales, pero también hago ilustraciones por encargo, reseñas de libros… mi trabajo se puede aplicar en muchos ámbitos. En mi forma de trabajar prima la comunicación. Dejar claro en qué consiste el proyecto, conocerlo para poder dar lo mejor de mí, es esencial. El primer contacto suele ser por mensaje directo en alguna red social o por email, de ahí vamos hablando, desarrollo la propuesta, la analizamos, hago las modificaciones necesarias… Es difícil tratar de explicar un modus operandi concreto, porque cada proyecto es diferente, por eso siempre trato de establecer una buena comunicación.

¿Cómo valoras la actual recurrencia generalizada al tema de la mujer en el arte?

“La mujer” siempre ha estado presente en el arte como tema. El problema es que a lo largo de la historia, siempre la hemos visto como musa, como modelo, como idea (de la mente del hombre cishetero), como objeto. Y en el movimiento artístico actual (y ya desde hace algún tiempo), estamos representando a la mujer como sujeto. Y estamos re-interpretando a la mujer como sujeto: hay muchas personas haciendo una labor de rescate de los nombres de mujeres olvidadas a lo largo de la historia, que también es muy importante para entender lo que está ocurriendo a día de hoy.

Creo que esto no es otra cosa que un reflejo de la sociedad, como ha sido siempre el arte. En mi opinión, el arte y los movimientos sociales siempre han ido a la par, retroalimentándose. Las personas nos expresamos a través del arte, de acuerdo a lo que sucede en nuestra contemporaneidad, y el arte sirve de representación, por lo que contribuye a cambiar la sociedad.

¿Cómo entiendes y cómo defiendes esa dedicación a la mujer como sujeto?

Estamos creando una nueva mirada: una que ve las injusticias, y que enciende nuestro fuego para luchar contra ellas, y vencerlas.

Entiendo la lucha feminista de forma interseccional. Para mí, el feminismo es la lucha por los derechos de las personas atravesadas por distintas opresiones: de género, de raza, de clase, de identidad de género…

Aún estoy encontrando la forma de hacer activismo en la que más puedo aportar, y en la que esté cómoda. Creo que es importante proteger nuestra salud mental, porque es un tema que a muchas nos afecta y debemos aprender a gestionar. En mi caso, hasta ahora la manera en la que estoy defendiendo nuestros derechos es formándome, deconstruyéndome (leyendo mucho, asistiendo a charlas, escuchando mucho a compañeras, viendo documentales…), revisándome mis privilegios, y desde ahí, creando. Gran parte de mi obra se articula gracias al y por el feminismo.

¿Qué referentes tienes? ¿Qué y quién te representa?

Voy a soltar todos los nombres que me vengan ahora mismo de mujeres creadoras a las que admiro muchísimo y que me han hecho abrir los ojos y ver las cosas de formas distintas, en muchos ámbitos artísticos y sociales: Siri Hustvedt, Angela Davis, Louise Bourgeois, Chimamanda Ngozi Adichie, Virginia Woolf, Paula Bonet, Luna Miguel, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Desirée Bela-Lobedde, Emily Dickinson, Marjane Satrapi, Alana Portero…

Me dan una cariñosa y fuerte hostia en la cara que me hace abrir los ojos aquellas personas cuyos discursos defienden los derechos humanos de forma interseccional, y que además establecen una relación entre la intimidad y lo político, evidenciando la influencia de la cultura en la sociedad.

Artísticamente, ¿qué te queda por hacer? ¿Qué no harías nunca?

Uf, muchísimas cosas. Apenas he hecho nada.

Quiero publicar novelas, ensayos, libros ilustrados. Hacer más esculturas e instalaciones. Continuar con mi trabajo visual y poético.

Me fliparía hacer al menos una película algún día. O escribir y realizar una obra teatral.

Tengo la espinita de aprender a componer música, es algo que no sabe mucha gente, pero a veces escribo canciones (las letras, e imagino las melodías), pero no tengo ni idea de cómo convertirlas en una realidad.

También quiero hacer proyectos artísticos con nuevos medios, espero en algún momento (no demasiado lejano) participar en el desarrollo de videojuegos.

Algo que no haría nunca… no lo sé, quizá dar un concierto, porque tengo un poco de pánico escénico.

¿Qué consejo le darías al estudiante de Bellas Artes en su primer año? ¿Qué le dirías a quien apenas ha comenzado a mancharse las manos con los pinceles de forma espontánea?

A quien está empezando la carrera: sé paciente, disfruta y aprovecha. El tiempo que pases en la universidad es limitado, así que exprime bien las oportunidades y herramientas que ese espacio te brinda. Algo que me gustaría que me hubieran dicho y que aprendí por mi cuenta ya el último año de carrera: aprovecha para conocerte como artista, experimentar todo lo que puedas y desarrollarte. Intenta cursar tus asignaturas de forma inteligente, utilizándolas para desarrollar un proyecto más grande.

Y pide ayuda psicológica si la necesitas. La etapa de la universidad es rara.

No creo que sea nadie para dar consejos, pero ojalá a alguien le sirvan mis errores.

A quien tiene un interés activo en el arte: sé paciente, disfruta y aprovecha. Básicamente lo mismo, pero sustituyendo la facultad de Bellas Artes por sus circunstancias. Lo guay del arte es que cualquier cosa puede nutrirlo. Experimenta mucho.

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo? Utiliza este espacio para hacer toda la promoción que desees y para enviarles un mensaje a nuestros lectores.

Ay, ¡así no me siento mal por hacer autopromo! Pues está a punto de salir a la luz un proyecto editorial muy guay relacionado con el inktober que hice este año, cuando llegue el momento daré toda la info por mis redes sociales.

En marzo se inaugurará El arte oprimido es “femenino”, una exposición con más de cincuenta mujeres y disidencias artísticas que está organizando @mela.putosuda para denunciar la censura del cuerpo femenino en Instagram. Se inaugurará por primera vez el 4 de marzo de 2020 en Barcelona en Espai Jove Casa Sagnier y estará abierta hasta el 16 de marzo, aunque quizá vaya a más ciudades de España; Mela se lo está currando muchísimo.

Estoy mandando el último poemario que he escrito a concursos, y si no tengo suerte lo enviaré a distintas editoriales como propuesta. Si todo va bien, en 2020 o 2021 daré a luz otro librito. Está siendo un embarazo un poco complicado ese.

También estoy preparando la escritura de dos novelas con las que intentaré hacer una residencia artística para centrarme en ellas. Este año 2020 quiero centrarme mucho en la literatura, y que de ahí surja todo lo demás.

Mi mensaje no puede ser de otra cosa que de agradecimiento. Gracias por estar ahí, por leer, por ver, por conversar. Millones de gracias por creer en el arte. Y gracias por permitirme hacer esta entrevista y soltaros aquí todo el rollo. Si habéis llegado hasta el final, tenéis el cielo ganao’. 

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