Nuestro padrino: Álvaro López Fernández

¿Quién es Álvaro López Fernández y por qué elige la poesía como elemento canalizador de su necesidad comunicativa? ¿Cuánto de ocio y cuánto de compromiso hay en su poesía?

Álvaro López Fernández es un profesor de literatura que elige la poesía como terreno de juegos. Allí pongo mis ocurrencias menos compartibles. Si me adentro en ella es para expresar cosas, combinar imágenes, estirar significados que serían inconcebibles de otro modo, y que tampoco tienen demasiado sentido fuera de ese espacio. Por ello creo que más que una necesidad comunicativa con el lector, me mueve una necesidad de probar(me) y sorprender, que tiene mucho de ocioso (y un punto de diletante). Si hay compromiso en mi poesía es bastante egoísta. Ojalá pueda decir esta última frase algún día sin lamentarme.

¿De qué te sientes más orgulloso respecto de todo lo que has logrado como escritor? ¿Te arrepientes de algo?

Me siento tremendamente orgulloso, ya desde el título, del volumen Lecturas del desierto. Antología y entrevistas sobre poesía actual en España, que coordinécon Ángela Martínez y Raúl Molina. Nuestro papel era el de editores e investigadores, pero creo que los tres nos sentimos más “segundos escritores” que nunca. La antología reunía a 47 autores (uno por cada millón de habitantes en España), entre los cuales no estábamos ninguno de nosotros, poetas los tres.No me arrepiento de esto, pero sí me arrepiento de no haberla lanzado en papel. Aunque haya tenido unas 8000 visitas online, el público y la mayoría de autoressiguen prefiriendo el papel, más restringido, sí, pero más “de verdad”. Y luego ¿para qué? Mi poemario Regreso (con el que gané el “Gerardo Diego”) está en papel y estará calzando mesas.

¿Crees que hay unos mínimos patrones -representados en contados poetas catalogados lo más objetivamente como gigantescos- a los que necesariamente tener que agarrarse como guía? Por el contrario, ¿se puede innovar / mantenerseuno ‘único’ en la poesía?

Admiro mucho a los autores sin estilo, los cambiantes, los simuladores, capaces de sumar hallazgos tanto desde la vanguardia como desde la contención. En su caso para seguir innovando tienen que dejar de ser “únicos” para convertirse en “otros”. 

Por su parte, los poetas más gigantescos que conozco son los que reviven el lenguaje. Así de sencillo (y de difícil). Cuando Lorca dice que “vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan”, la palabra vivas en principio no aportaba nada (las iguanas eran ya iguanas móviles, ¿no?), y sin embargo en ella se sostiene la mayor parte de la carga pesadillesca del verso. La inclusión de ese adjetivo diferencia a un poeta gigantesco de un poeta grande. 

¿Hacia dónde viaja tu poesía? ¿Crees que se puede trazar un calendario de proyectos poéticos a medio-largo plazo?

Espero que viaje a muchas partes porque yo me considero un poeta que trabaja con las imágenes y las evocaciones. Mis poemas aspiran a ser una suerte de grabaciones –en un sentido cinematográfico– imposibles, pero sugestivas, así que confío en que no se me acaben demasiado rápido los horizontes de viaje.

Por lo que respecta a los proyectos a medio-largo plazo, en mi caso –culopensamiento inquieto– ya estoy pensando en el siguiente poemario cuando aún no he acabado el actual. Mis poemarios, además, tienen una estructura muy cerrada –es lo que más me trae de cabeza–, así que no son pocos los poemas que escribo que se relegan “al futuro”. En este sentido, tengo un pequeño poemariomarginal llamado Austin, Texas, de imaginario desértico-absurdo, que no para de llenarse mientras el siguiente avanza.

Necesitamos que nos hagas tres recomendaciones: 1) un poemario que regalarías a tu yo de hace diez años; 2) un poemario que regalarías a alguien que ha regresado a tu vida después de un largo silencio; 3) un poemario que te haya enamorado más en su segunda lectura que en la primera.

¡Qué interesante! (He tardado unos veinte minutos en responder a esta pregunta)

1) El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román

2) Cuaderno de Nueva York, de José Hierro

3) Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo

¿Qué mensaje les darías a esas personas que dicen no escribir suficientemente bien como para mostrarse a un lector? ¿De qué forma las animarías a compartir sus textos?

Para mí fue importante tomar consciencia del tipo de lector al que podía interesarle un poco lo que hacía. No eran muchos: la poesía es un ámbito terriblemente restringido. Por eso mismo, insto a esos autores en silencio a que no la sumerjamos todavía más.

Muchas gracias, querido Álvaro, por apadrinar nuestra antología Aquel invierno que gritamos

Álvaro López Fernández

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