Prólogo ‘El tercer ombligo de Cerbero’

El gélido metal que reviste al androide Á.-1ßaro contrasta con la sudorosa frente de Lara, exhausta tras su nueva escapada al valle 21 del Distrito Marzo. Después de refrigerarse el primero y dar un largo trago de agua la segunda, ambos deslazan los hilos que aglomeran los diferentes cúmulos de páginas extraídos de la Mina Infinito.

    -Esto no es nada poético, droide.

    -¿Usted cree? ¿Hemos errado en nuestra misión? ¡No quiero volver a la sala de reprogramación! ¡Hace mucho frío allí!

    -No vas a volver a ningún sitio: mi observación no pretendía denotar negatividad. Solo digo que hemos hallado… relatos. 

    -¿Relatos? ¿Retales?

    -Relatos, una especie de cuentos que los humanos escribíamos hace siglos.

-¿Y…? ¿Y qué hacemos con ellos? La Doctora Bressend necesita poemas para completar su investigación sobre la emoción humana en el siglo XXI. Hemos fracasado. Regreso a mi sala de reprogramación antes de que me desconecte sin piedad.

    -¡Quieto ahí!

    -¡Doctora Bressend!

    -Hola, querida. ¿Has terminado ya con el trabajo acerca de la ciudad secreta de Amusnor o tengo que secuestrar a su autor para una entrevista personal?

    -¿Tan mal os ha ido como para que me metas prisa con el ritual de Cerbero?

    -Para nada: hemos encontrado relatos. Re-la-tos.

    -¿Temáticos? No es posible, los analistas dijeron que nunca…

    -¡Los analistas no han leído un libro en su vida! Mira: son de fantasía, terror y ciencia ficción. Hay uno titulado Tricofagia, otro sobre un tren, cuestiones familiares un tanto espeluznantes… ¡Hasta la historia de una floristería!

    -¿Floristería?

-Sí, droide; era el lugar en el que se cuidaban y vendían flores. No sufras, era otra época, más…

    -…Humana… Me llevo los relatos. Gracias por vuestra expedición. En dos horas volveremos a intentar completar el experimento con la hechicera.

***

Alrededor de la escultura del gran can mitológico se disponen la hechicera zeñùN, la doctora Bressend y la arqueóloga literaria, la profesora L. Losada. El androide Á.-1ßaro coloca minuciosamente la primera página de cada relato en las distintas esferas de bronce que la hechicera ha aderezado con un espeso líquido grumoso denominado Lienzo. Una potente luz despliega todo su esplendor desde los seis ojos del busto una vez ubicadas todas las páginas. Un tercer ombligo emerge de sus entrañas. Los presentes quedan petrificados, privados de toda emoción.

Cerbero esboza una triple sonrisa: al fin está completo.

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