Valeria Netflix con Nía Area

Cuando me leí la saga “En los zapatos de Valeria” me gustó mucho la trama, la relación de amistad y, sobre todo, me sentí identificada con algunos factores de su relación con Víctor. Por eso, cuando salió “Valeria” de Netflix sentí que no encajaba nada con lo que había leído en la novela. 

Sí, nos queda claro que es una adaptación (muy libre, por lo visto) de la saga literaria, pero eso no quita que lo único que tienen en común son los nombres de los protagonistas, porque ni siquiera se han molestado en hacer los personajes reales. No voy a criticar que Valeria tenía que ser una despampanante morena, Carmen, una chica “curvy”, Lola, que es la que más se asemeja, pero aún así no es ni el 40% de la original, una chica que se siente libre de hacer lo que quiere y que siempre va con su agenda y Nerea, que tiene que ser don perfecta y una tía fría (en esta adaptación ¡SORPRESA! es lesbiana).  

El principal problema de que ninguna sea la representación de sus personajes literarios no es que Carmen no sea “curvy”, que en sí es un icono, dado que Carmen no necesita ser una tía canónica, pues con su inteligencia y soltura es capaz de conseguir en el trabajo todo lo que se proponga, sino que nos la han transformado en una tía medio normativa con mucha inseguridad en su relación. Tampoco es un problema que Nerea sea lesbiana, sabemos que ahora es muy importante que el colectivo LGTB+ tenga visibilidad en las series y películas, pero es que está metido a calzador y es la única que suelta monólogos feministas, por lo que se ve un papel muy forzado. 

En el caso de Lola… ¿por dónde empiezo? A todas nos cae bien Lola porque tiene ese punto de Samantha de Sexo en Nueva York, es la amiga que siempre habla de sexo con libertad, es sincera y vive como le da la gana, rasgos que tiene en común con el personaje de la serie, pero le meten una trama familiar que no viene a cuento y que tampoco nos cuenta nada; es borde y a veces te cae mal por cómo se comporta. 

Y, por último, Valeria: aquí se han coronado…

Valeria es una mujer que en el principio de la saga literaria tiene una crisis existencial bastante grave, un matrimonio en el que se siente sola y abandonada y que se está dejando llevar en una vida que no le llega a gustar demasiado, que de repente conoce una noche un tío con el que saltan chispas y que se da cuenta de que las cosas no funcionan en su vida. Víctor aparece en la vida de Valeria como un rayo de sol y empieza a desmontar toda la zona de confort de Valeria y ella se deja llevar. 

Valeria vive en un matrimonio muerto, donde se siente sola, donde sabe que las cosas no funcionan, su marido no la toca y casi ni la mira. Toda esa frustración sale en forma de tonteo con Víctor, porque es como un mosquito a la luz. Pero en la puñetera adaptación eso no pasa: Víctor es un Don Juan que se encapricha de una mujer casada con un marido maravilloso, jodiéndole el matrimonio y quedando ella como la mala del cuento. 

¿Por qué? ¿Por qué tenemos que destrozar esa parte y demonizar un personaje que funcionaba para transformarlo en una mujer mala? No lo entiendo, y no había necesidad, por mucho que parezca que venda más.

Algo que me cabrea soberanamente aparte de cargarse el personaje Valeria es que  esperas que salten chispas entre los actores y, sinceramente, las escenas de Víctor son mejores con Lola que con Valeria. No hay química, no hay esa sensación de tensión que tienes en el libro. En la serie es triste y todo un cliché. No voy a hablar de este tema más abiertamente porque podría hacer spoiler e internet es muy amplio.

Por último, quiero reivindicar una cosa: Madrid no es el barrio de Malasaña, Madrid es muy amplio. No me ha gustado que intenten meterme por los ojos lo guay que debe de ser vivir en Malasaña, ir a la última moda y que todos los escenarios sean hipsters y modernos. Ha sido espantoso. No me malinterpretéis, pero, de verdad, os habla una gata: Madrid no es Malasaña ni todos los millenials vestimos como hipsters.

Creo que todos los lectores miramos con ojos críticos cualquier adaptación audiovisual que se haga de nuestras novelas favoritas (o no tan favoritas). Rara vez estamos conformes al cien por cien, ya sea por el casting, las escenas que eliminan o las que añaden de la nada.

Está claro que una obra escrita no se puede calcar en la pantalla. Los recursos son diferentes, el ritmo no tiene nada que ver, ni el tiempo que tienes para «contar» las cosas. Eso sí: una cosa es que para la adaptación se tengan que tomar ciertas licencias y otra que el único parecido entre la novela y la serie o película sean los nombres de los personajes (y a veces ni eso).

Este es el caso de Valeria, la adaptación de Netflix de la novela En los zapatos de Valeria. Ni uno de los arcos o personajes tienen nada que ver con los del libro más allá de cómo se llaman. Nada. Cero.

Esto hace que me pregunte: ¿cuál es la finalidad de comprar unos derechos para adaptarlos si no vas a respetar nada de la historia? ¿No es mejor crear un producto totalmente nuevo?

Entiendo que la «gracia» de sacar una serie de una novela superventas es asegurarte una audiencia. A un buen grupo de gente le ha gustado esa historia y, seguramente, tendrán interés en la adaptación, en ver en carne y hueso a esos personajes con los que tanto han disfrutado. Pero ¿hasta qué punto mantienes a esa audiencia inicial si cambias casi al completo la trama que les había gustado inicialmente? ¿Qué pasa si, en el primer episodio, decepcionas a los espectadores más fieles que pudieras tener? En mi caso lo que pasa es que me pierdes.

Me costó horrores terminarme la temporada, ya no solo porque no fuera lo que esperaba, sino porque además me resultó aburrida y fui incapaz de empatizar con ninguno de los personajes, que pasaron de ser algo estereotipados en la novela a prácticamente planos en la serie. Sin embargo, no es esto lo que más me ha molestado de la (muy libre) adaptación de Netflix, sino que creo que no han llevado bien lo que más me gustaba de la novela: las relaciones reales y sinceras que tenían entre sí unas amigas.

En las novelas se escuchaban, aconsejaban, sinceraban… Incluso cuando veían que una de ellas la estaba cagando, las demás intentaban hacérselo ver. Pero en la serie lo que nos encontramos es a un grupo de amigas que la mayor parte del tiempo están hablando cada una de sus problemas, sin prestar atención real a los de las demás. Son egoístas y parece que solo están ahí para quejarse de la actitud de las otras y juzgarlas por sus decisiones.

En vez de enseñarnos una amistad sana y constructiva, se acercan demasiado al típico grupo de amigas tóxicas que muchas hemos tenido en el instituto.

También podría hablar de la normalización de las infidelidades que nos mete doblada la serie, cuando en el libro lo que vivimos es el dilema moral de la protagonista, atrapada entre un matrimonio muerto y un nuevo interés romántico. O quejarme de lo fanservice que es la banda sonora y lo forzada que resulta en la mayoría de las escenas. Por no meterme a hablar de cómo idealizan hasta el absurdo la profesión de escritora (sobre todo teniendo en cuenta cómo funciona esa industria en este país).

Podría hablar de unas cuantas cosas más que no me han gustado de esta «adaptación», pero prefiero resumirlo en que sé que no voy a ver la segunda temporada.

-Reseña de Rut Alameda y Nía Area-

3 Comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo! Yo también fui muy fan de la primera novela de la saga y me vi la serie con mucha ilusión, pero no podía con los personajes, me parecieron muy malas amigas. Lo único en lo que discrepo es en lo de que Valeria parezca una mala mujer. Yo no lo vi así; para mi si que queda claro que Valeria está en una crisis en su matrimonio y que Víctor llega en el momento perfecto para que ella dé el paso de alejarse de su marido. Quizá podrían haber enfatizado más en toda la rallada que estaba pasando por la cabeza de Valeria, a eso no le dan mucha importancia.
    Y las escenas de sexo… en fin, nada excitantes, poco realistas y centradas en la penetración a más no poder. Nada de preliminares en la gran mayoría de los casos, y teniendo en cuenta que se supone que la adaptación es de una novela erótica, pues en fin… deja mucho que desear.
    Me dio la sensación también de que todos los conflictos sociales que intentan reflejar en la serie (y que no están tan enfatizados en la novela) están metidos a calzador y que quedan muy mal. Desentonan y le quitan fuerza al mensaje que intentan reflejar. Con Nerea, yo no sabía ni por dónde cogerlo. El personaje de la novela era mucho más complejo por la necesidad de perfección que tenía y los conflictos que eso le generaba. Hubiese sido mucho más efectivo, yo creo, dejar el personaje de Carmen tal cual está en la novela para meter el tema del movimiento body positive si querían darle relevancia social, que rehacer todo para meter el tema feminista tan malamente metido.

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  2. Tenía muchas dudas de ver esta serie de Netflix, muchas gracias Nia por esta reseña porque me ha dejado muy claras las dudas que tenía. Un saludo. Estefi.

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