Orgullo Zombi, Coloquio entre autores

Fran Castillo y María Loreto Corbi

¿Cuándo y cómo descubrís vuestro gusto por el terror y cuándo y por qué decidís practicarlo como autores? ¿Qué fue lo que más os atrajo de la iniciativa de Orgullo Zombi?

Fran Castillo: Mi primer contacto con el terror fue un poco traumático. Yo tendría unos cinco años y sorprendí a mis hermanas mayores mientras veían una serie de terror de principios de los 80 (no recuerdo el título y mira que la he buscado). Entré a hurtadillas en la sala y para cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. Me quedé traumatizado para unos pocos años. Pero la experiencia me curtió y ya de adulto no he logrado encontrar ninguna película ni ninguna novela o relato que haya conseguido despertar la sensación de pánico que sentí en aquella ocasión. En el cine es un poco más fácil dar sustos gracias a la banda sonora, pero por escrito es tremendamente complicado y al no tener éxito en mi búsqueda, pensé que quizá debería intentar escribirlo por mí mismo.

La convocatoria de Orgullo Zombi apareció durante el primer confinamiento general como un intento de sacar lo mejor de nosotros y aprovechar las horas de estar encerrados para crear. Yo estaba en plena campaña de promoción de mi primera novela, Tiempo muerto, que también tenía mucho que ver con zombis. Siempre me ha gustado el género y llevaba algunos días dándole vueltas a la idea de escribir algo enmarcado en la pandemia, así que pensé «¡qué regalos me da la vida!» y me puse a escribir Cuarentena. Lo cierto es que cuando acabé el relato, pensé que era demasiado obvio, que todo el mundo escribiría sobre eso… Me equivocaba.

María Loreto Corbi: Mi gusto por el terror debe ser de nacimiento porque todavía recuerdo la mala nota que me pusieron en una redacción en el colegio por escribir que yo, de mayor, de profesión quería ser vampiro. Más tarde, a pesar de la incomprensión de las monjas hacia mis aspiraciones para el futuro, llené mi adolescencia de monstruos y fantasmas en vez de leer historias románticas como hacían mis compañeras. Sin embargo, la pasión por los zombis llegó algunos años después. No recuerdo cuál fue la primera novela de muertos vivientes que me “infectó” para siempre, pero, a fuerza de leer este subgénero de terror, empecé a soñar cómo haría para salvarme si mi ciudad estuviera invadida por estos seres y, al final, convertí mis desvaríos en una novela, Muérdeme, por favor, ambientada en Madrid.

La iniciativa de Orgullo Zombi ha permitido que una historia destinada al olvido entre a formar parte de un libro magnífico. Personalmente, confieso que me siento como un regaliz en una tienda de golosinas, rodeada de dulces de diferentes colores y sabores, para todos los gustos.

¿Qué clichés adoráis y cuáles aborrecéis de las historias de zombis? ¿Qué relato incluido en la antología os ha sorprendido o fascinado especialmente? (¡mojaros, por favor!)

FC: En las historias de zombis siempre busco la adrenalina, el peligro de estar con la muerte en los talones (nunca mejor dicho) constantemente, la tensión, el miedo de saber que, probablemente, no tienes escapatoria y, ¿por qué no?, el morbo de querer saber quién será el siguiente en caer bajo las fauces de los muertos vivientes. También busco la sorpresa porque, a priori, parece que todas las historias de zombis llevan la misma línea y acabarán más o menos igual.

Pero odio los héroes, sobre todo esos personajes que representan a personas normales que, de repente, saben lo que tienen que hacer sin dudar, tienen capacidad de liderazgo para organizar perfectamente a un grupo de supervivientes, no solo saben disparar, sino que tienen buena puntería y nunca fallan un disparo (y encuentran armas, claro), y, por supuesto, tienen toda la suerte del mundo para que ningún zombi les muerda ni a ellos ni a ninguno de sus seres queridos. Son los Mary Sue y Gary Stu de las historias de zombis y no me gustan nada porque hacen la historia muy predecible.

Es difícil decidirse por un solo relato de entre todos los que están en la antología porque cada uno de ellos es único y trata el tema desde un punto de vista diferente. Pero creo que uno de los que más me sorprendieron fue Don Quijote contra… ¿muertos vivientes?, de Bruno de Paúl porque consiguió realizar una mezcla muy simpática del clásico con este controvertido género con un resultado francamente elegante y divertido. No me esperaba una historia así en esta antología y me dejó una sonrisa al terminar de leerlo.

MLC: Lo que me atrae de las novelas de zombis es la lucha por la supervivencia en un mundo plagado de seres que quieren devorarte. Personalmente, prefiero los zombis tradicionales, lentos, estúpidos y voraces, pero aprecio cualquier idea nueva sobre el tema. Lo que no me gusta, aunque también sale en mis novelas porque es parte de nuestra naturaleza, es leer que muchos de los seres vivos que sobreviven al apocalipsis son peores y más peligrosos que los propios zombis.

¿Qué relato me ha fascinado especialmente? Si la antología es como una tienda de golosinas, me estáis pidiendo que elija entre un caramelo de fresa, un osito de goma o un trocito de chocolate. Los relatos son demasiado diferentes para poder destacar uno de ellos, pero, si tengo que hacerlo, confesaré que me han gustado mucho los zombis verdes de El Anhelo de Noemí Ester Marmor: trabajadores y modositos. Les echas un poquito de ambientador para quitar el olor y te podrían hasta limpiar la cocina. Es un relato muy original y me encanta el final, brutal e inesperado.

Orgullo Zombi destina todos los beneficios a la hermosa causa de https://alasolvidadas.org/ . ¿Qué tres libros os han cambiado la vida en algún sentido?

FC: He leído muchísimos libros que me han encantado, pero que me hayan cambiado la vida… A ver, creo que uno de ellos sería Chis y Garabís, de Paloma Bordons. Fue una de las primeras novelitas que leí y me encantó la historia. Me inspiró y propició mi inicio en el mundo de la lectura. Otro libro que, posiblemente, me haya cambiado la vida ha sido El Perfume, de Patrick Süskind, porque me introdujo en el mundo del terror de una forma muy sutil, enseñándome a comprender las inquietudes y deseos del asesino (esta novela es de las pocas que he leído dos veces). El tercer libro que me ha cambiado la vida… aún no lo he leído, pero no debe quedar mucho, debe de estar entre los siguientes libros que lea, porque mi lista de pendientes es bastante larga y, de hecho, no deja de crecer.

MLC: No puedo decir que un libro me haya cambiado la vida, pero seguramente las miles de historias que he leído a lo largo de mi vida son una parte de lo que he llegado a ser. Uno de los primeros libros que me impresionó, lo leí varias veces, fue Cien Años de Soledad, de García Márquez. Fue el libro que me enseñó que un mundo de fantasía podía ser, durante su lectura, mucho más real que mi familia o la universidad. Otro libro que me impactó fue La larga marcha de Stephen King. Muchas veces, cuando vuelvo a casa agotada después de un largo paseo, todavía me planteo lo que podría sentir un ser humano que camina sabiendo que dejar de hacerlo equivale a morir. Como tercer libro, no puedo dejar de mencionar Los pájaros, de Daphne du Maurier, sin duda la novela responsable de mi pasión por las historias apocalípticas.

¿Qué consideráis que pueden enseñarnos los zombis? ¿Qué creéis que puede aportarles esta antología a los autores del género?

FC: Dentro del mundo de la fantasía y los monstruos, creo que los zombis son, quizá, los que tendrían más posibilidades de coexistir y habitar entre nosotros porque, de hecho, ya es una realidad con la que viven los habitantes de países como Haití. No son exactamente los zombis que conocemos de los libros, pero ahí están. En principio, creo que los zombis no deben de ser muy buenos profesores, pero hay cosas que podemos aprender de ellos, como que no debemos dar la vida y la tranquilidad por sentadas, ya que un apocalipsis zombi (o de otro tipo) podría caer sobre nosotros en cualquier momento y jodernos los planes. Un ejemplo muy claro lo tenemos en esta pandemia mundial, que nos ha cortado el rollo a todos. Podríais decirme que en esta situación en la que nos encontramos no hay zombis, y yo os contestaría que esto «aún» no ha terminado (estoy de coña, no os preocupéis). Por todo ello, los zombis nos enseñan que debemos disfrutar de la vida y vivir cada día como si fuera el último, porque nunca se sabe lo que puede pasar mañana. Carpe diem, amigos.

A los autores del género zombi esta antología les puede traer un soplo de aire fresco. En las novelas de zombis no todo es sota, caballo y rey. Podemos jugar con muchísimas variables para hacer una historia original y apasionante, terrorífica o divertida. Si se dice que «como muestra un botón», en esta antología tenéis más de veinte como muestra de ello.

MLC: Las novelas de zombis tienen mala fama, pero yo creo que son más “profundas” de lo que la gente cree ya que muestran lo mejor y lo peor de los seres humanos cuando luchan por sobrevivir. No se trata solo de describir escenas macabras de muertos que se comen a los vivos, sino que estas novelas nos hablan también de heroísmo y cobardía, generosidad y maldad, en un mundo que ha dejado de existir.

Esta antología demuestra que, aunque se hayan escrito tantas historias de zombis, todavía queda mucho que inventar.

Fran, ¿cómo crees que explicarás dentro de diez años el sentido de la relación entre el imaginario zombi y las coordenadas histórico-sociales apreciadas en Cuarentena dado el marcado contexto en el que se ha desarrollado -y que nos ha tocado vivir en este 2020-?

Respuesta: Diez años quizá sean pocos, pero estoy seguro de que esta situación saldrá en los libros de historia y las futuras generaciones tendrán que estudiarla, como nosotros estudiamos la peste.

Al igual que otros autores han escrito sus novelas enmarcándolas en los momentos históricos en los que les tocaron vivir, yo he aprovechado este momento único para crear una historia de terror contemporánea. Supongo que dentro de diez años contaré que por aquel entonces los zombis colmaban mi creatividad como autor porque acababa de publicar mi primera novela del género y sentía la necesidad de meterlos en casi todo lo que escribía, y que la grotesca situación con el corona virus que se vivió en el 2020 y con aquella vacuna que no terminaba de llegar hizo saltar la chispa en mi mente con la pregunta «¿y si el remedio fuera peor que la enfermedad?».

Loreto, ¿cómo fue tu proceso creativo orientado a Una zombi bien educada? ¿Cómo valoras la figura femenina en la literatura y el cine de subgénero zombi?

Respuesta: Muchos autores hemos querido describir lo que podría sentir un zombi inteligente y así nació Una zombi bien educada. No lo empecé con la intención de que fuera un relato de humor negro, pero, según mis amigas, la protagonista se parece demasiado a mí para ser una muerta viviente seria, como Dios manda. Las andanzas de mi zombi eran más largas y delirantes, casi una novela corta, pero, al oír que buscaban relatos para la antología, metí la tijera sin dudar y creo que ha ganado valor al estar en medio de otros relatos estupendos.

El papel de la mujer en el subgénero zombi ha cambiado. Las mujeres de mi generación, mis amigas y conocidas, cuando oyen que escribo novelas de muertos vivientes, me miran como a un bicho raro y están convencidas de que no soy normal. Creo que, en parte, es una cuestión de ignorancia: no saben realmente lo que es un zombi y lo relacionan solo con sangre y cadáveres en descomposición, sin pensar que las historias de los seres vivos que las protagonizan son más importantes que los muertos que los quieren devorar. Esta antología demuestra que las mujeres jóvenes, como es natural, se interesan por los zombis exactamente igual que los hombres: el terror no tiene sexo.

Pregunta Loreto a Fran: “¿Consideras a los zombis como los verdaderos protagonistas de tus novelas o son únicamente un escenario para relatar las historias de algunas personas, su reacción ante el peligro y su lucha por la supervivencia?”

Respuesta: Hasta ahora, en las historias de zombis que he escrito, estos son solo la excusa o el conflicto para contar lo que verdaderamente me importa, que es cómo se enfrentan los seres humanos normales a situaciones límite. Los zombis marcan el escenario perfecto para poder narrar las aventuras de las personas que luchan por sobrevivir, poder adentrarme en sus mentes y mostrar al lector lo que estas personas sienten y cómo se comportan cuando nada sale como ellos habían planeado. El miedo a lo desconocido, a lo que no se puede controlar, a lo imprevisible; el miedo a perder a un ser querido. El amor mueve el mundo y nos empuja a hacer locuras, pero solo el amor verdadero logrará que pongamos en riesgo nuestra vida para salvar al ser amado en un apocalipsis zombi, cuando lo más fácil es echar a correr y salvar nuestro propio culo. Desde esta perspectiva, Cuarentena no deja de ser una terrorífica historia de amor.

Pregunta Fran a Loreto: “Me gustaría saber si tienes alguna manía o algún tipo de ritual para buscar inspiración a la hora de escribir, y si tienes alguna rutina de escritura.”

Respuesta: Tengo que confesar que soy la escritora más vaga del planeta, probablemente del universo. Me encanta desarrollar la idea en mi cabeza y adoro las semanas durante las cuales hablo sola, olvido todo y no pienso en otra cosa, pero, después, me da mucha pereza escribir la historia: ya la conozco y me cansa como me cansaría leer un libro dos veces seguidas. Mis novelas, por tanto, hibernan como las marmotas, durante meses o años, esperando que el tiempo les devuelva la frescura de las ideas nuevas y me apetezca continuarlas. No escribo de forma regular, solo cuando siento necesidad de hacerlo y tengo fases de inactividad seguidas de periodos de inmersión total en una novela. Por esta razón, me gustan mucho los relatos cortos que puedo escribir en pocas horas.

¿Cuáles son vuestros proyectos literarios a corto, medio y largo plazo?

FC: Actualmente estoy trabajando en mi siguiente novela, que será la continuación de Tiempo muerto, y espero poder terminarla el año que viene. También tengo planeada una novela corta de ciencia ficción que funcionará como tercera parte.

Este año he disfrutado muchísimo escribiendo relatos, la última convocatoria en la que participo se publicará en este mismo mes de diciembre.

Viendo la cantidad de convocatorias que hay al cabo del año, no descarto en absoluto la posibilidad de aparcar los proyectos largos de vez en cuando para escribir algún relato. De hecho, estoy muy seguro de que es lo que va a pasar.

Otro proyecto que estoy desarrollando es llevar al cine mi relato Sofritos, que ha sido ganador en la antología Dulce Hogar, de Avenida Noir. Estoy trabajando en el guion del cortometraje y me hubiera gustado poder rodar estas navidades, pero, una vez más, la COVID-19 nos corta el rollo. Es muy probable que no pueda bajar a Córdoba para visitar a mi madre, que es la persona que daría vida al personaje principal, con lo que el rodaje tendrá que esperar.

MLC: Tengo dos novelas a medias, de momento en su fase de letargo: una de zombis y otra, bastante original, de fantasía. La novela de zombis sigue, en cierto modo, la misma idea que la primera y habla de cómo viven los seres vivos en un Madrid lleno de zombis, pero, sobre todo, hago hincapié en cómo afrontan las personas que han sido mordidas las semanas que transcurren hasta su transformación en muertos vivientes.

Naturalmente, sigo escribiendo relatos y microrrelatos, precisamente hace unos días me comunicaron que había ganado el tercer premio en el certamen Cardenal Mendoza. De momento, estoy esperando el fallo del jurado para otros dos que mandé hace unas semanas, así como espero que alguien me ate a la pata de la mesa, delante del ordenador, y me obligue a terminar mis novelas.

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