Teatro del S.XXI: Anaïs Bleda Verdú y Álvaro Tato

¿Cómo valoráis el teatro desarrollado en estos veinte años de siglo XXI? ¿Qué género teatral soléis consumir con mayor frecuencia y cuál ha sido la última obra a la que habéis podido asistir?

Anaïs Bleda Verdú: Observo un teatro con ganas de avanzar, con la necesidad de actualizarse, que quiere hablar de temáticas concernientes a nuestras incertidumbres, a las dificultades a las que nos enfrentamos. Un teatro que intenta adaptarse a la fugacidad del tiempo, que resiste. Hablo de festivales que sobreviven, de compañías emergentes que siguen luchando por hacerse un hueco, y por salas que anteponen la cultura hasta el último aliento económico. Tampoco estoy hablando de todo el teatro que se produce, sólo del que me interesa, por el que pago.

Además del teatro clásico, me interesa mucho lo posdramático (sin entrar en debate de lo que esto significa), nuevas formas de lenguaje escénico me hacen estar pegada a la silla. La última obra que he seguido desde el sofá de mi casa ha sido El libro de Toji, cinco piezas que ha desarrollado mi querido Antonio Rojano junto a Irene Ruiz, para el Festival de Otoño. Una maravillosa historia que espero vuelva a recobrar vida en un teatro muy pronto.

Álvaro Tato: El teatro actual es variado y mutante. El viejo y eterno modelo del juego escénico puro convive con los nuevos medios tecnológicos y sus posibilidades expresivas. No hay maestros claros ni se perciben corrientes definidas; como en otras corrientes artísticas, todo es difuso y variado. En España, la primera generación de creadores escénicos (intérpretes, directores, dramaturgos, escenógrafos, etc.) nacida en democracia se ha beneficiado de unos estudios, viajes y referencias que la profesión jamás tuvo en el pasado, pero ha perdido hasta cierto punto la cadena de conocimientos transmitidos “de boca a oído” en la práctica (en el escenario, en la gira) que ligaba a una generación con la anterior desde hace décadas y siglos. Así que esta situación tan paradójica provoca propuestas aventureras en un contexto fascinante, porque hoy en día las artes del presente (música en directo, danza, circo, teatro) van a contracorriente del mundo diferido, controlado e hipervigilado, del entretenimiento televisado y en línea que impera y que se fomenta desde los medios de comunicación. En nuestros tiempos, y seguramente más aún en los venideros, el teatro se rebela y se revela como plaza pública donde pervive el nosotros frente al yo, el colectivo frente al individuo, la memoria frente a la prisa y la pregunta frente al prejuicio. 

En cuanto a la segunda pregunta… no empleo el verbo “consumir” referido a lo teatral; no consumo teatro; lo presencio, lo vivo. Para mí no es un valor de consumo sino un bien de experiencia. Procuro asistir a todo tipo de representaciones.

Anoche vi una de las joyas del teatro musical alternativo de la última década en España: Por los ojos de Raquel Meller, una preciosa evocación cabaretera de aquellos géneros de libertad y libertinaje de nuestros abuelos: el cuplé, la copla, la canción, la sicalipsis… todo un mundo que explorar. 

En estos tiempos de debate en torno a la llamada libertad de expresión, ¿dónde situáis los límites éticos y los tabúes en la creación teatral? ¿Es el teatro un medio artístico, para bien o para mal, distinto de otros en este sentido?

ABV: En sí, la libertad de expresión, como bien apunta la palabra, debería pulular con total independencia, esto significa sin acotaciones, sin licencias. Estamos hablando de una expresión, el límite está cuando deja de ser eso y se convierte en otra cosa. Si fuéramos verdaderamente tolerantes y no nos gustase lo que estamos escuchando, simplemente, deberíamos dejar de ser receptores. El problema lo tiene el que se siente ofendido, pero el que no lo vive como amenaza y simplemente escucha, por si hubiese algo de contenido que nunca antes se haya parado a meditar y le despertase nuevas vías de entendimiento a las problemáticas, para mí, es mucho más sabio. Qué lugar tan memorable merece el que no se ofende, siempre lo he admirado mucho.

En el teatro se debe aprender a convivir con esto de igual modo, es un medio que experimenta continuamente y tiene que buscar por terrenos pantanosos para encontrar. Al final, mucho de todo esto nace, lamentablemente, de mentalidades y pensamientos políticos.

ÁT: La censura y autocensura inquisitorial biempensante, cuqui y “polite”, con su mecanismo regulador del pensamiento a partir de la delación, el espionaje y el escándalo, instalada desde hace años en los discursos oficiales, medios telemáticos y redes sociales, supone una profunda amenaza a la libertad de expresión y creativa. Muchas escenas cómicas de Monty Python, Buñuel, Chaplin o Molière, por ejemplo, podrían encontrar problemas al estrenarse o emitirse hoy en día. Desde Edipo, Antígona, Medea u Orestes, el teatro es un cuestionador de límites y tabúes, una hoguera de la tribu para cantar, soñar, llorar y reír juntos en torno al fuego y para cuestionarnos como especie, como sociedad y como personas.   

¿Cómo percibís que se encuentra actualmente la enseñanza del teatro en los niveles educativos preuniversitarios respecto de su visibilidad y profundidad? Por otro lado, ¿notáis un crecimiento en la proliferación de pequeñas compañías y en el rigor de las diferentes escuelas especializadas?

ABV: Sé que muchos centros educativos realizan salidas regularmente a teatros y son espectadores de obras de gran magnitud, pero, cuando he coincido con ellos, no logro encontrar una admiración generalizada hacía lo que contemplan. Hay algo que falla, algo que lo desvaloriza y no sé si el problema viene del interés que el centro educativo muestra en la preparación previa del alumnado ante la pieza que va a ver: la importancia y la dificultad que tiene el trabajo que está observando. No lo sé. Pero creo que sería acertado invitarlos también a salas alternativas, a obras de compañías jóvenes emergentes, con protocolos menos adustos. Quizá encuentren más cercanía y mayor motivación.

Sí que hay un incremento de pequeñas compañías y me parece necesario. Es la mejor manera de poner en práctica todo lo aprendido en las escuelas de interpretación, los verdaderos quebraderos de cabeza empiezan ahora. La resistencia se palpa cuando esas compañías subsisten a los primeros años, crecen y continúan con perseverancia para cumplir con los objetivos pactados al inicio.

ÁT: La presencia del teatro en la enseñanza media es aún escasa y a menudo exclusivamente libresca (el hecho escénico reducido a sus formulaciones literarias), a pesar de los denodados esfuerzos de numerosos docentes para llevar el teatro a las aulas y el alumnado a las plateas. El teatro podría ser una herramienta ideal para desarrollar el pensamiento crítico, el control expresivo y corporal y el aprendizaje de ser otros y vivir otras vidas. 

En efecto, existen numerosas compañías y proyectos jóvenes, muchos de ellos de gran calidad y prometedor futuro, pero la inmensa mayoría naufraga entre las dificultades empresariales, financieras y económicas en un panorama que deja poco espacio a lo emergente y que se va ajustando a una tendencia hacia la cultura del casting, el monopolio y el nepotismo.

¿Consideráis que los diversos avances tecnológicos han influido de algún modo en la forma de hacer teatro, de producirlo, consumirlo o, incluso, en el imaginario creativo de sus autores en cuanto a las temáticas tratadas en las obras?

ABV: Definitivamente sí, lo vemos ahora más que nunca, la tecnología unida a la representación escénica ya no es solo una característica de un teatro más alternativo, más contemporáneo, ahora se ha convertido en una solución del medio para poder respirar. Streaming, hilos de twitter dramatúrgicos, directos en Youtube de compañías y teatros de renombre, obras llevadas a formato audiovisual para plataformas de transmisión. Eso, como consecuencia, condiciona al dramaturgo y así ejecutará según las condiciones del juego. Sin embargo, no dejo de sentir algo respecto a todo esto, algo que percibo como cóncavo, hueco, cierto artefacto falta o falla en toda esta nueva mecánica, pienso que estamos perdiendo cosas, por ganar otras tantas, lo más rápido posible.

ÁT: Cada época teatral incluye los acontecimientos tecnológicos en sus temas y sus herramientas, pero la esencia sigue siendo la misma desde Tespis, desde Esquilo, desde Aristófanes: palabra, cuerpo, voz, canto, danza… en tiempo presente y colectivo. Creo que más allá de modas puntuales o de hallazgos concretos no existe diferencia alguna entre el teatro presente y el de pasados siglos, porque su forma es tan humana, básica y necesaria como la poesía.   

-Anaïs Bleda Verdú: Un famoso discurso de David Foster Wallace empieza así: 

“Están dos peces nadando uno junto al otro cuando se topan con un pez más viejo nadando en sentido contrario, quien los saluda y dice: “Buen día, muchachos. ¿Cómo está el agua?” Los dos peces siguen nadando hasta que después de un tiempo uno voltea hacia el otro y pregunta: “¿Qué demonios es el agua?”

Mi pregunta es: dentro de nuestra sociedad, ¿qué consideras que es el agua?”

Respuesta: Pienso que en nuestra sociedad contemporánea el agua a la que se refiere Anaïs en su preciosa pregunta podría ser quizá el rendimiento del que habla Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio. El rendimiento, es decir, la invisible y sostenida sobreexplotación a la que nos sometemos por voluntad propia en nuestra rueda de hámster, nuestra trampa vital de rutinas laborales, consumismo y ofrecimiento de uno mismo (la persona y sus datos) como mercancía; la autoempresa en la que convertimos nuestros cuerpos, mentes y almas para encajar en la pecera de pantallas bidimensionales que vuelve un mundo hiperconectado en un mundo cada vez más plano, unívoco, material y vacío, sin tiempo para el juego trascendente, para el colectivo, para el ritual o para el espíritu.  

-Álvaro Tato: “¿Qué personaje de tus obras se te ha rebelado o te ha revelado algo que no esperabas?”

Respuesta: Sin duda Irene, personaje de La Margarita del Tajo que dio nombre a Santarén, fue toda una revelación. Todo lo aprendido gracias a ella no han sido más que enseñanzas en torno a todo lo relacionado con la posición de la mujer, y más aún con la acción que contiene la pieza cuando mujeres se unen entre ellas, dejando de lado los celos y dando importancia a la sororidad, ya en el siglo XVII. Algo insólito para mí en una obra de aquella época fruto de la mente de Ángela de Acevedo. Obra inédita con una calidad literaria, comparable a la de célebres dramaturgos coetáneos. Quizá otro personaje a destacar por su rebeldía es Remigio, quien se subleva contra sus propias creencias religiosas por un mal entendido amor, que le lleva a cometer una gran atrocidad.

   En la obra que ahora estoy escribiendo, Retratos en torno a una madre, los personajes en sí mismos están constantemente en rebeldía. Todos son puro alzamiento contra el orden y sigo en la lucha por revelar sus conciencias.

¿Qué proyectos tenéis a corto, medio y largo plazo? 

ABV: Afortunadamente, estreno obra en febrero, en el Teatro Echegaray de Málaga, esta vez desde el rol de actriz. La obra Blanco Weiss, con texto de Herminia Luque y dirección de Toñi Martín. La pieza trata la vida de Rosario Weiss (mi personaje), quien fue la ahijada de Goya y prácticamente niña prodigio en el mundo del dibujo.

Personalmente, estoy con un proyecto llamado PANDEMONIUM que escribí con la idea de estrenarlo en una sala de teatro, pero que actualmente cuenta con una versión en formato cinematográfico, por lo que estoy creando equipo y buscando financiación para rodarlo a finales del año que viene, si contamos con algún que otro golpe de suerte.

También sigo trabajando en una pieza que comencé a desarrollar en Rara Residencia (Villanueva del Rosario) que trata sobre los diversos retratos que circundan en torno a una madre.

Paralelamente, con nuestra compañía Los Martes No, seguimos con La Margarita del Tajo que dio nombre a Santarén y La Infanta y Apolo, cerrando fechas para el año que viene. Muy feliz de seguir con mi admirado equipo por muchos años más.

ÁT: Ando estos meses en muchos proyectos que esperan salir adelante en cuanto la pandemia dé un poco de tregua. En 2021 estrenaré con Ay Teatro Malvivir, una versión de las novelas picarescas del Siglo de Oro, y quizá un nuevo espectáculo de Ron Lalá. Además aparecerá publicado mi nuevo libro de poesía, con un título que ojalá sea premonitorio de todo lo que nos espera en 2021: Año luz.

¡Muchas gracias por vuestro tiempo, querida Anaïs, querido Álvaro! ❤️

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