Alexis Díaz-Pimienta, La Marabunta

Que yo tengo un amor en La Habana y el otro en Andalucía

(Carlos Cano, Habaneras de Cádiz)

Hace un par de años, como pregonero del Carnaval de Cádiz, Joaquín Sabina dijo dos verdades como dos catedrales góticas: que Alexis Díaz-Pimienta es “el mejor decimista del mundo” y que “quien lo ha oído una vez improvisar, nunca lo olvida”. A mí me pasa eso. Aunque, para ser honestos, a mí con él me pasan muchas cosas. 

Me pasa que cuando lo escucho improvisar, me hipnotizo con el sonido-casi-música de sus palabras, que suenan al chocar unas contra otras como en una cadena que se mueve serpenteando en el suelo. Es muy bonito, hacedme caso. Si tenéis la oportunidad, id a verlo o buscadlo en Internet, ¡contra! Que para eso vivimos en el futuro. 

Me pasa con él también que solo lo pienso en rima. Es curioso y me hace mucha gracia, pero, de verdad, para mí, os juro que es incontenible. Si supierais lo que me está costando escribir esto sin rimar, sufriendo de solo pensar que terminaré rimando… 

Y otra cosa que me pasa es que tiene una forma de escribir que me engancha. Como si al leer una palabra, necesitara ya la siguiente. Todo el rato así. Con cada voz, verso, frase. Un continuo ¿y qué más? Pero de los ¿y qué más? que están en el lado del interés, la expectación y el deseo; que son lo contrario a los ¿y qué más? que hay en el montón de la apatía y la desidia. 

Y yo seguiría hablando de todo lo que me gustan Díaz-Pimienta y su trabajo, pero para las pasiones lo mejor es preguntarme con una cervecica delante (ahí os dejo esa pelota, por si queréis recogerla). Además, hoy, lo tenemos aquí mismo, delante de nuestras narices. ¿O encima? ¿O dentro? Porque Internet tiene la magia esa de acercarte a las personas, pero no sé muy bien dónde te las pone. 

Bueno, ya está bien, que se me van el hilo y las formas y Alexis ya está aquí…

***

Aquí está, en la Marabunta,

don Alexis Díaz-Pimienta

y me pongo tan contenta

que le haré cien mil preguntas

¿Y si de pronto barruntas

y cancelas la entrevista?

Quizás, si fuera más lista

dejaría este decimar

pues ni yo sé improvisar

ni soy una repentista.

Bienvenido, Alexis y perdón por los versos iniciales; a veces me cuesta frenar ese impulso mío tan primario de acabar haciendo lo que me da la gana. Pido perdón, porque presentarte una décima a ti es como enseñarle a Velázquez lo estupendo que me ha quedado un dibujo o a Silvia Pérez Cruz lo bien que canto. 

Como tanto me gusta hacer a mí, aquí también voy a darle rienda suelta a mi obsesivo-compulsividad y voy a estructurar esta entrevista con los octosílabos más conocidos de la cultura hispana: los del refranero español. 

Dicho esto: ¿Vamos a lo que vamos? 

QUIEN A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA / BUENA SOMBRA LE COBIJA

Tenemos que empezar arrimándonos a ti y a lo tuyo. ¿Quién es Alexis Díaz-Pimienta? ¿Cómo lo presentaría un académico? ¿Cómo lo presentaría una abuela a sus vecinas?

Yo soy un palabrista, un palabrero, un palabrófilo y hasta un palabrófago. Me encantan las palabras. Me las como, las degluto, las degusto, las disfruto como si fueran algo tangible; a veces hasta las rumio. Creo que el lenguaje es el mayor tesoro que tenemos los seres humanos e intento aprovecharlo al máximo, exprimirlo. Por eso me dedico al lenguaje en sus dos vertientes, la escritura y la oralidad. Dentro de la escritura a todos sus géneros (narrativa y poesía, teatro y guion), y dentro de la oralidad fundamentalmente al repentismo, pero también a la canción y a la docencia, que la considero un género tan creativo y artístico como los otros. ¿Que cómo me presentaría un académico? No lo sé, creo que a los académicos los descoloco, no saben dónde ponerme. Una abuela lo tendría más claro: me diría “poeta” que es en definitiva la palabra que lo resume todo. Lo sabían los griegos y los andalusíes, y Borges, que no se cansó de repetirlo. El poeta como hacedor con las palabras. Yo siempre estoy en bronca con las etiquetas, porque hacen mucho daño. Para la mayoría de la gente, por ejemplo, yo soy un repentista aunque tenga 44 libros publicados y aunque no me hayan visto improvisar de verdad nunca, solo en vídeos.

Yo soy amante de las palabras. De ellas sueltas y juntas, una detrás de otra. Por eso, repentismo es una palabra que me fascina, por su forma -ese repente- y por lo que en la poesía oral significa. Háblanos del repentismo. ¿Qué es y qué parte ocupa en tu vida? ¿Llega a ti repentinamente o acudes tú en su busca?

Veo que eres de las mías entonces. Palabrera también, y me encanta. La palabra “repentismo” ni siquiera está recogida todavía en el Diccionario de la Lengua Española. Ya yo la propuse oficialmente a la Real Academia y espero que en la próxima edición salga; pero es curioso. Repentista sí. Y repentizar. Y repentizador. Pero repentismo no. Verbo y adjetivos sí, pero el sustantivo, que sustenta a los otros o debería sustentarlos, no. Repentismo se le llama en Cuba (y en el nordeste de Brasil) al arte de la improvisación poética, que tiene otros muchos nombres en otras partes. “Trovo” en Andalucía y Murcia; “bertsolarismo” o “versolarismo” en el País Vasco; “glosat” en Mallorca y Menorca; “corranda” en Cataluña; “regueifa” en Galicia; “paya” en Chile; “payada” en Uruguay y Argentina; “galerón” en Venezuela”, ottava rima en la Toscana italiana; y así podríamos seguir. En Cuba, de donde yo soy, popularmente se conoce como “punto cubano” o “punto guajiro”, pero en las últimas décadas se ha impuesto el término “repentismo”, más académico.  ¿Qué ocupa en mi vida? Un gran espacio, el eje central de mi parte creativa. El repentismo fue la llave maestra con la que abrí todas las puertas de la creación. Primero de la décima y de la improvisación y luego la de la literatura escrita. Primero de la poesía y luego de la narrativa. El repentismo llegó a mí antes que la escritura. Con cinco años ya improvisaba décimas, sin saber escribir ni leer todavía. Así que llevo medio siglo haciéndolo y eso es mucho tiempo. Mi padre era repentista, aprendí de él, con él y no he dejado ni dejaré de hacerlo nunca.

DE MÚSICO, POETA Y LOCO / TODOS TENEMOS UN POCO

Has sido, eres y serás -porque un maestro es para siempre-, mentor de improvisación de grandes cantautoras y cantautores como Rozalén, Jorge Drexler, Zenet o Juanes. Pero, ¿quiénes son tus referentes? 

Curiosamente mis referentes son ellos mismos. He terminado dando clases a mis profesores y es muy curioso. O dándoles clases o compartiendo escenarios con ellos porque quieren aprender algo de mí, como si les faltara. Me ha pasado con Silvio Rodríguez, con Sabina, con Drexler. He pasado de estar detrás de la radio o de los discos escuchándolos, o entre el público, aplaudiéndolos, a estar sobre el escenario con ellos, compartiendo saberes. Es un regalo de la vida, no sé si merecido, pero sí soñado y agradecible. Los grandes poetas de la canción han sido para mí un referente desde joven. Drexler es mi contemporáneo, así que no cuenta en esta parte, pero Sabina, Silvio, Pablo, Serrat, Zitarrosa, Violeta Parra y tantos otros cantautores fueron una escuela para mí en mi etapa formativa. La poesía se podía escribir, improvisar o cantar y en todas las formas tenía la misma dimensión estética. Rozalén, Kanka, Zenet o Juanes han sido descubrimientos posteriores, algunos son más jóvenes que yo, pero todos grandes artistas y personas humildes pese al éxito. Y eso para mí es importante. Artistas de mucho renombre que no temen aprender y reconocer públicamente que aprenden de alguien menos conocido. Pero mis referentes también son literarios y cinematográficos: Vallejo, Borges, Darío, Emily Dikinson, Anna Ajmatova, Gelman, José Emilio Pacheco, Eliseo Diego o Gil de Biedma en poesía; Dos Passos, Mark Twain, García Márquez, Vargas Llosa, Calvino, Kundera, Carlos Fuentes, Yourcenar, Quiroga, Chejov, Maupassant, en narrativa; Woody Allen, Orson Wells, Titón, David Linch, Chaplin y muchos otros grandes en el cine. En fin, que soy muy ecléctico y tengo referentes cruzados que me convierten en lo que soy: un ornitorrinco literario.

¿Crees que el arte es cosa de locos o es lo que hace a los artistas mantenerse cuerdos? 

El arte es un misterio, un laberinto. ¿Locura? Puede ser, pero esto no deja de ser un tópico y otra fuente de etiquetas. 

DIME DE LO QUE PRESUMES…

Tienes una increíble cantidad de obras publicadas y una, extensa también, lista de premios por ellas. El más reciente, por unanimidad y con mi más sincera felicitación entre líneas, el Premio de la Crítica Literaria, del Instituto Cubano del Libro y del Círculo de la Crítica, por el libro infantil Piel de noche. ¿De qué premio te sientes más orgulloso? Es decir, ¿te ha resultado especialmente gratificante el recibir alguno de ellos? ¿Ser premiado es una recompensa necesaria para un artista?

Yo creo que este doble premio, en Casa de las Américas y el de Crítica, es muy importante por el libro en sí, más que por mí. Es un libro de poesía infantil sobre un tema tabú como el racismo. Un tema difícil, pero necesitado de obras, sobre todo para los niños. Y estos premios le darán más visibilidad. El Premio del Lector para El Gran Libro de Chamaquili, en 2019, también fue muy estimulante, porque es un premio que dan los lectores, como su nombre indica. Y el premio Puertas de Espejo, que otorga la Biblioteca Nacional de Cuba al libro más buscado y demandado en la Red Nacional de Bibliotecas de Cuba, también fue muy importante para mí, en 2010, con mi novela Prisionero del agua. Como ves, los tres son en Cuba y dos de ellos dados por los lectores, que es lo más importante.

Llena el pecho y cuéntanos lo más bonito que tiene Cuba. ¿Qué rincones o qué momentos en La Habana hacen que sonrías al pensar en ellos?

¿Cuba? Todo. Para mí, todo. Es mi infancia, mi mundo, mi filosofía de vida. Cuba es un estado de ánimo más que un lugar físico. Me hacen sonreír de nostalgia y emoción sus aguaceros, por ejemplo. Sus árboles. Su música. Su gente. Los olores y ruidos. La Cuba rural, que tanto conozco. El desparpajo de los niños, su mirada y sonrisas tan francas. Además de todo esto que está absolutamente ligado a mi visión romántica de Cuba, La Habana y el país todo son tan complejos que también son mi fuente de materia prima principal para la narrativa. Digamos que con la poesía miro las luces de Cuba y con la narrativa me sumerjo en sus sombras, tal vez con el secreto objetivo de arrojar luz sobre ellas. Y esto último también es algo romántico, tal vez ingenuo.

…TE DIRÉ DE QUÉ CARECES

No te voy a decir yo de lo que careces, porque la admiración me nubla y me incapacita para el reproche. Quiero que me digas tú, que eres tan completico, qué crees que te falta. ¿Qué le pedirías a la vida si te pudiera esta regalar cualquier cosa?

Me hubiera encantado ser músico y deportista (sobre todo “pelotero”: amo el béisbol). También me hubiera encantado llevar un restaurante con platos cubanos y andaluces que tendrían nombres asociados a la poesía y al repentismo. “Décima quebrada de ternera lechal sobre lecho de octosílabos crujientes”, “Pies forzados a la sal”, “Seguidillas de plátano”, “Soneto alejandrino de bacalao, con estrambote de curry y pimienta”. Soy muy cocinica, tal vez por mi apellido.

¿Qué planes, proyectos o propósitos tienes para este nuevo año que empieza?

Soy muy monótono y aburrido. Tengo los mismos planes del año pasado. Escribir más y sacar a luz nuevos libros en todos los géneros: novela, relatos, poesía, ensayo, libros para niños. También estoy trabajando en mis primeros guiones para cine y series de televisión. Y, por otra parte, espero seguir dando clases en Academia Oralitura, enseñando la décima y el arte del repentismo.

QUIEN LA SIGUE, LA CONSIGUE

Usando palabras tuyas, a improvisar se aprende improvisando, como pasa con todo en la vida, pero también hay métodos para aprender. ¿Qué nos puedes contar del Método Pimienta? 

El Método Pimienta creo que es mi mayor aporte al mundo de la improvisación poética. Más que las improvisaciones, por supuesto. Con él subvertí un concepto (casi axioma, casi dogma) muy arraigado: que a improvisar no se aprendía, que era algo congénito. Con mi metodología le he dado la vuelta a todo e incluso los más incrédulos se han rendido. Ahora están dando clases de improvisación incluso algunos de los detractores de mi proyecto docente al principio. 

Si no te pido una décima antes de acabar esta entrevista, me muero (como mínimo). Se pierde la magia de la inmediatez oral, pero al mal tiempo, buena cara. ¿Nos darías ese gusto a mí y a todos mis compañeros -pero a mí primero-?

A mal tiempo buena cara.

A mal tempo buena prisa.

A mal genio buena risa.

A mal canto la voz clara.

Todo rostro es la mampara

que esconde el rostro real.

¿Y yo qué soy al final?

Un palabrófago hambriento

que tiene un doble alimento:

voz escrita y voz oral.

CADA LOCO CON SU TEMA.

Aquí toca la batería final. 

Recomienda: un libro, una canción de tu vida, una película y un plato típico cubano que odias que la gente no conozca. 

Un libro: Las aventuras de Tom Sawyer (en narrativa, de Mark Twain) y Antología de Spoon River (en poesía, de Edgar Lee Master); una canción: La maza, de Silvio Rodríguez; una película: La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen; un plato cubano: Yuca con mojo. 

¿Queso o chocolate?

Queso y chocolate.

¿Cerveza o ron?  

Siempre fui más del ron, ahora soy del vino tinto.

¿Madrugar o acostarte tarde?

Siempre madrugar, aunque me acueste tarde.

¿Una almohada grande o muchos cojines pequeños?

Almohada grande, ande o no ande.

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