Fran Liñeira

1er Premio Memoria Histórica – Altavoz Cultural

POESÍA

Enhorabuena, querido Fran, por tu primer premio de poesía en el Certamen Memoria Histórica. Antes que nada, ¿cómo estás y cómo recibes la noticia?

¡Muchas gracias! Pues me encontró de camino a estudiar, y en ello sigo. La noticia fue recibida con mucha ilusión. Siempre alegra que reconozcan el trabajo de uno, aunque no deje de tener un sesgo subjetivo: estoy convencido de que muchos de los textos que se presentaron podrían haber sido destacados de igual forma. Siendo una antología que tiene que ver con la memoria histórica, pues con más motivo. Es un tema que me es muy querido. Que un poema así haya gustado, vamos, es la repera.

¿Qué es para ti la Memoria Histórica y cómo crees que contribuye la Literatura a su configuración?

La memoria histórica es, paradójicamente, el futuro. Ni más ni menos. María Zambrano hablaba de que las tragedias no se repiten, que cuando se repiten es porque son la misma tragedia, porque no se ha entendido, no se ha aprendido, no se ha asimilado, no ha alumbrado ninguna conclusión. Eso es la memoria, ¿verdad? Aprendemos porque recordamos. No cometemos los mismos errores (acaso otros distintos) si, y solo si, recordamos. Con las colectividades pasa lo mismo. La desmemoria es un fantasma que ronda a quienes no recuerdan, y lo estamos viendo de forma palpabilísima casi a diario.

Es verdaderamente triste la historia de España. Se han sufrido un acoso y una propaganda tan bestiales que el patriotismo está casi arrinconado en una visión neoliberal de las relaciones sociales, que aún tenemos a una familia que vive de rentas en un palacio, que no hemos sido capaces de purgar las instituciones franquistas y que hasta al mismo dictador se le ha sacado de su nicho con honores. Es un escándalo por el que seremos juzgados con gran dureza por nuestros nietos. Lo último es querer equiparar a fascistas y antifascistas, que ya es la repanocha. Hubo un golpe de estado: ni guerra fratricida ni todos tuvieron las mismas culpas. Pasaron cuarenta años de una dictadura que mutó en una democracia deforme. Decía una ministra hace unos días que esta monarquía ha cumplido todos los sueños de la República. ¿Cómo se atreve? La equidistancia es, también, desmemoria, y lo peor es que no es un asunto únicamente cultural: hay que observar con cuidado qué empresas lo petaban en los sesenta, en los ochenta y en los noventa, y trazar líneas familiares con las que lo hacen ahora. Las estructuras sociales y económicas del franquismo no nos son ajenas: son nuestros jefes y están agarrapatados en nuestras instituciones.

Creo que a la literatura, como al conjunto de las artes (y las ciencias), le corresponde la tarea de desbrozar: arrancar los hierbajos de la anécdota y del momento concreto para intentar, y solo a veces conseguirlo, llegar a una gotita de verdad destilada. Es una más de todo un ramillete de opciones a la hora de crear, claro. Sirve para muchas cosas; entre ellas, decir la verdad. No “mi” verdad, sino “la” verdad, que no ignora las perspectivas diferentes, pero que va más allá de ellas para intentar darle sentido a una realidad en el que el individuo ya no es, ya no puede, el centro. No somos el ombligo del mundo. No nos podemos permitir según qué egoísmos. Esta pandemia ha demostrado las palabras de Ortega de manera muy plástica: yo soy yo y mis circunstancias, y si no se salvan ellas, no me salvo yo.

¿Cuándo (idea original y decisión de presentación), cómo (proceso creativo) y por qué (sentido, mensaje) A la muerte de Federico?

No os lo vais a creer, pero era un poema que ya había hecho, pienso que hace sobre un año, y con el que estuve jugueteando desde entonces. La idea de la circularidad de la memoria y de la representatividad de su figura era enormemente atractiva para mí. Del proceso recuerdo que fue un encaje de bolillos para encontrarle la sonoridad y, sobre todo, para que no fuera una copia mala de Lorca y encontrara vida propia. Buscar la memoria de este país, entre toda la retórica exagerada y reaccionaria, es, a veces, como buscar un tesoro, encontrar el mapa, viajar a la isla, abrir el cofre y comprobar que no hay nada. Al final, sospecho que se necesita una catarsis para empezar a superar la guerra tras el golpe de estado (¡y ya van casi cien años!), y encontrar y poder enterrar a Lorca podría serlo: ha acabado representando a todos los muertos.

¿Qué representa para ti la figura de García Lorca? ¿Cuándo y a través de qué primera obra te llega su literatura?

Lorca es, injustamente, un fetiche: por su calidad, por su personalidad, por la densidad del clima metafórico de sus textos, por su muerte trágica. Yo tuve la suerte de encontrármelo por primera vez a través de sus poemas (que acaban siendo invisibilizados bajo el símbolo), en un libro titulado “Federico García Lorca para niños”. Tenía, de nené, el de Lorca, el de Machado y el de Gloria Fuertes. Espectaculares. Se habla poquito de las ediciones orientadas a la gente pequeña, pero pocos poetas sin ellas.

Como lector, ¿qué esperas de la antología resultante de este Certamen de Memoria Histórica?

En pocas palabras: que ayude a demostrar que la historia de España no termina mal.

En tu poema empleas un recurso genial que proyecta sobre el homenajeado una representación de nuestra propia identidad (“[…] de tu vida, que son todas las vidas”), la amistad (“[…] amigo, que eres todos los amigos”) o la muerte (“[…] con tu muerte, que son todas las muertes”). ¿Crees que ese síntoma universalizador produce especial sensibilidad en el lector, con vistas a la espectacular valoración obtenida por el jurado?

Yo lo veo (y es, evidentemente, una lectura más: ahora el poema ya es adulto, ha salido al mundo y puede hacer vida como quiera) como una manera visual de representar la circularidad de la memoria, y la capacidad que tiene un individuo (el poeta de Fuentevaqueros, que ni vivió cuarenta años, que era una persona con defectos y virtudes) de convertirse en símbolo. No creo que sea un proceso necesariamente bueno, ni necesariamente agradable para sus seres queridos (imagina: la memoria de tu hermano, de tu hijo, arrebatada de ti para ser de todos), pero a estas alturas ya es innegable que no hay mayor resumen de lo que fue la guerra.

¿Estamos ante tu primer tributo literario a Federico? Nos encantaría saber qué otras conexiones artísticas has explorado respecto de él (influencia perceptible, otros textos, simbología, poética…) y qué otros poetas tienes particularmente interiorizados.

Publicado, sí. Hay una serie de poemas desastrosos que no verán la luz y dos obras de teatro que quizá, andando el tiempo y las reescrituras, sí la vean.

Una vez que se lee a este caballero quedas afectado. Ese mundo de nostalgia, de niños, de agua y de símbolos detrás de todas las cosas creo que tocan a todos los que han leído a Federico, y no seré la excepción. Soy poco amigo de seleccionar poetas, pero, por nombrar a un par, una contemporánea y otra un poco menos: Aurora Luque y Rosalía de Castro.

Frente a la imagen tan prominente de Federico, ¿qué raíces, rincones y sentimientos esenciales constituyen tu experiencia respecto de la Memoria Histórica desde tu ámbito socio-geográfico y familiar?

Quizá la de muchos niños gallegos: el silencio pesadísimo, el “con Franco se estaba muy seguro”, el tener a familiares de izquierdas con una permanente aura de derrota aplastándoles los hombros. Que te lleven por el monte y te señalen aquella curva donde fusilaban en la guerra. La sorpresa cuando te enteras de que el señor que gobernaba Galicia, Manuel Fraga, fue un ministro franquista. Que, por cierto, consideraba que la memoria era ir “a contramarcha de la historia”. En fin.

Amalia Torres, emperatriz de La Marabunta, te deja esta pregunta y te manda un abrazo: “He leído A la muerte de Federico mil veces (una arriba, una abajo) y lo que más me gusta, junto con la métrica, es que los “todas” significan una cosa diferente cada vez que los leo. Francisco Liñeira, os voy a llevar a mi terreno a ti y a tu poema, que son todos los poemas: ¿crees que la memoria histórica debería tener más importancia dentro de nuestro currículo educativo? ¿A través de la enseñanza de la literatura, por ejemplo, podríamos conseguir que la Memoria fuera todas las memorias?”

¡@laeimy! ¡A ella siempre hay que mandarle abrazos!

Pues qué voy a decir, si yo también me dedico a la educación. Creo que deberíamos tratar a la memoria histórica como un hecho transversal (pero de manera efectiva, no como en la LOMCE), y no solo organizar seminarios específicos y actividades itinerantes y localizadas para todos los niveles educativos, sino hacer que tocase todas y cada una de las asignaturas. Con lengua y literatura es relativamente sencillo, pero la hecatombe científica y demográfica que supone tener una posguerra cercenada de memoria es una perspectiva necesaria en materias en las que, en principio, parece un asunto más ajeno. No vale con hablar de la generación del 27: hay que comentar que es un canon poético, sesgado y masculino por algo. Que no se conozca a Maruja Mallo, a Maeztu, a Camprubí, a Chacel, a Conde, o a Josefina de la Torre responde a un borrado sistemático que podemos (y diría yo, tenemos la obligación moral de) revertir. Claro que la educación debería dedicarle más tiempo. Las opciones son enseñarla (siguiendo rigurosamente a los historiadores, claro) o no enseñarla. Y ambas están ideológicamente cargadas, pero cargadas de cosas bien diferentes.

El relato Nadie en el tren te granjeó un terrorífico espacio dentro de El Tercer Ombligo de Cerbero. Desde Altavoz siempre destacamos lo difícil que es brillar en certámenes de temáticas tan dispares. Comparativamente, ¿cómo te has sentido en ambas temáticas y en ambos formatos -relato vs. poesía-?

¡Es que hay que variar! A mí me gusta leer de todo y salto de unas cosas a otras sin mucho orden, y escribir no deja de ser la máxima expresión de la lectura. Escribir un relato (o cualquier narrativa) es muy satisfactorio por aquello de traer un mundo a la vida, pero un poema también tiene su aquel. Lo que más me llama es la densidad que tiene cada palabra en la lírica. Y luego está el tema de que, al meterse en géneros especulativos o en el terror, tienes una capacidad para hacer que las metáforas se complejicen y se problematicen que es espectacular. Los límites entre una cosa y otra se me van haciendo menos claros conforme pasa el tiempo.

¿Qué proyectos literarios tienes a corto, medio y largo plazo?

A corto, me temo que solo la oposición y, si puedo, colar algún relatillo en los descansos. Están pendientes de publicación las Antifastopías, de Dos Cabezas (debería salir en unas semanas), y, ya a medio plazo, la segunda antología T.Errores, que cuentan cada una con un relatillo mío. A partir del verano retomaré una novela de fantasía urbana que va lenta pero está quedando chula, y empezaré un proyecto ensayístico sobre el canon fantástico a partir del veinte al que le tengo muchísimo cariño y que me va a dar muchos dolores de cabeza. Estoy pensando aún en el formato, y mis obligaciones me impiden ponerme ya, que es lo que yo querría, pero pienso que puede ser importante para añadir algo a la reflexión sobre el género y salir un poco de la dinámica de constante actualización en la que vivimos para coger perspectiva.

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