Transfeminismo o barbarie: Un coloquio de Káotica Libros

Ana Orantes, Lidia López Miguel 

Carmen Romero Bachiller

y Silvia L. Gil

-Altavoz Cultural / Mayo 2021-

¿Cómo fue para vosotrxs crear esta antología de relatos sobre la lucha trans? ¿Creéis que será necesario actualizarla dentro de un tiempo?

Ana Orantes y Lidia López Miguel: Para nosotras fue una necesidad no solo profesional sino, sobre todo, personal publicar una respuesta conjunta desde el activismo transfeminista ante los ataques tránsfobos que iban creciendo en redes sociales y ciertos sectores de opinión habitualmente cercanos a la izquierda. En cierta manera, estamos acostumbrados a la transfobia de los sectores de la derecha más reaccionaria, pero no tanto así desde una supuesta izquierda histórica. Por otra parte, en estos momentos no nos planteamos tener que actualizarla porque, aunque nace en un momento concreto, creemos que, gracias a la diversidad de las voces reunidas, hemos logrado en conjunto un volumen de ensayos bastante representativo en cuanto a que se reflejan tanto historias personales como realidades trans y feministas muy diversas entre sí. Si algo queda meridianamente claro con la lectura  de este libro es que las vidas de las personas trans y de todas aquellas personas vinculadas a los distintos movimientos queers son muy diferentes entre sí y que es urgente que sus vidas sean visibles y reconocidas legalmente como las de cualquier otra persona. No hemos conocido ni a una sola persona que haya terminado de leer el libro y no se haya indignado con el hecho de que la Ley Trans Estatal no sea hoy ya una realidad, estamos asistiendo a una violación y cuestionamiento de los Derechos Humanos acometida sin ningún pudor.

Carmen Romero Bachiller: En realidad, el mérito es de la editoras, que fueron quienes se lanzaron a montar el libro y fueron llamándonos a les autores, aunque es cierto que había necesidad de una respuesta colectiva desde el feminismo y el transfeminismo cuestionando y contestando los argumentos transexcluyentes que estaban alcanzando mucha virulencia en las redes y eco en medios generalistas y que estaban (y están) sometiendo de forma sistemática a muchas personas trans visibles en las redes a acosos de una extrema virulencia.

Silvia L. Gil: Entiendo Transfeminismo o Barbarie como un espacio de debate que permite ensayar conceptos y categorías que nos ayudan a pensar la política feminista que viene y está siendo. Porque los conceptos que teníamos no logran dar cuenta de la complejidad de las subjetividades y horizontes que el feminismo está logrando poner sobre la mesa. Este libro me parece que apunta también a otra cuestión importante: las escrituras colectivas, tan denostadas en medio de la competitividad de mercado que vivimos, pueden construir sentidos y afectos comunes más allá de las narraciones individuales y los monólogos intelectuales. Siempre es necesario actualizar los problemas porque nunca son exactamente los mismos. Y hacerlo a través de la pluralidad es imprescindible.

¿Cómo veis el auge de las Terfs en la España del 2021? ¿Qué creéis que hace falta en nuestro país para que se trate como se debe, se dé un hueco en los debates y en el colectivo feminista a los trans? ¿Y fuera de nuestras fronteras?

Ana y Lidia: Es innegable que estas voces tránsfobas que se acercan más a una posición antifeminista y conservadora de las identidades y rechazan las corporalidades diversas y la autodeterminación de género están ahí y no debemos obviar su existencia ni su discurso de odio; sin embargo, también es cierto que no podemos considerarlas ni mucho menos una mayoría que represente al feminismo. Es innegable que hacen mucho ruido porque habitualmente estas personas, o al menos las que encabezan este movimiento, copan ciertas esferas de poder mediático, político o institucional y representan a un feminismo blanco europeo y económicamente aburguesado, pero la realidad de los feminismos a pie de calle es amplia, diversa y, desde luego, no excluyente. No hay más que bajarse de la tribuna, pedestal o despacho para verlo. Con sinceridad, consideramos que estas voces tránsfobas se irán apagando en tanto en cuanto persiguen más objetivos políticos que realmente ideológicos, es decir, una vez consigan los asientos que precisan para mantener ciertos estatus, acabará su interés. Cuando hablamos de la verdad hay algo innegable: las personas trans existen, las personas no binarias existen, y no por mucho negar su existencia ni cuestionarla en mayor o menor medida va a hacer que desaparezcan. Legislar para que estas personas sean ciudadanas y ciudadanos de primera con absolutamente todos los derechos de facto es algo por lo que debemos velar como sociedad, tanto en España como en el resto de países que presumen de tener una democracia y de un sistema protector con los Derechos Humanos. En este sentido, es fundamental que los medios de comunicación y el sistema educativo dejen de dar cobertura al odio para trabajar por la empatía y el respeto hacia la diversidad.

Carmen: La sorpresa ha venido porque ya había una presencia trans consolidada en el movimiento feminista en España. La sorpresa es que se haya extendido este argumentario entre figuras a priori “respetables” dentro del feminismo teórico y hayan calado en argumentarios del PSOE, que en noviembre de 2019 tramitaba una Ley trans despatologizante, basada en la autodeterminación de género, etc. los mismos conceptos ante los que ahora muestra “desconfianza” o directamente se posicionan en contra. Tanto en el estado como fuera, es fundamental la presencia trans en el feminismo, el feminismo será transincluyente o no será porque en el feminismo no podemos dejar a nadie atrás.

Silvia L. Gil: Hay algo fundamental que no debe perderse de vista: la historia del feminismo en España incluye a las personas trans. Sin ellas, el feminismo no tendría la fuerza que tiene en la actualidad porque no habría transitado por debates y experiencias que lo hacen un movimiento especialmente rico, abierto e inclusivo. En la década de los 80, la aparición del primer colectivo de mujeres trans (Transexualia) fue absolutamente clave para que feministas que han sido referentes fundamentales para el movimiento, como Cristina Garaizábal o Empar Pineda, se implicasen activamente en su lucha, entendiéndola como parte del movimiento feminista (no hay que olvidar que en las Jornadas Feministas Estatales de 1993 en Madrid las mujeres trans ya participaron como ponentes). Las feministas, desde inicios de los 90, tuvieron que afrontar preguntas que desafiaban los lugares comunes en los que se había basado hasta entonces el feminismo: ¿Qué significa ser mujer? ¿Qué es lo que une a las feministas, lo que tienen entre las piernas o la identificación con el género femenino? ¿O se trata, dando un paso más, de compartir los motivos de la lucha contra la desigualdad, independientemente de la anatomía y de las identificaciones de género? ¿O no es posible compartir realmente los motivos de la desigualdad sin que exista algún tipo de identificación con el género femenino? ¿Y cuál es el fundamento de esta lucha, el antagonismo con los hombres, reproduciendo el binomio de dos géneros estáticos y enfrentados, o con un sistema de dominación complejo y cambiante, heteropatriarcal y racista? Si este complejo sistema es el problema porque reproduce normas de género sobre los cuerpos que nos sitúan en posiciones sociales desiguales y excluyentes, ¿cómo no van a ser las personas trans y las disidencias sexuales parte fundamental de la lucha feminista?

Mientras que durante la década de los 90 y los primeros años dos mil estas preguntas fueron centrales para los feminismos en España (las Jornadas Estatales de Granada fueron la prueba de la consolidación de estos debates), actualmente, una parte del feminismo trata de clausurar estas importantes preguntas. La condición para un movimiento inclusivo es mantenerlas abiertas y recordar que la radicalidad política es el ejercicio de contaminarse con lo diferente, es lo que permite transformar el orden preestablecido.

¿Qué motivos y debates creéis que han hecho que una feminista que en su momento era trans incluyente haya pasado al bando de las Terf?

Ana y Lidia: No conocemos a ninguna persona trans incluyente, a ninguna persona feminista en el sentido en que entendemos nosotras el feminismo, que se haya podido ni tan solo plantear la posibilidad de que las mujeres trans no deban formar parte de los movimientos feministas. Si te posicionas como una persona trans excluyente, aunque no te denomines así, pero tus actos o declaraciones así lo demuestran, o estás movido por el odio o tienes un claro desconocimiento de las realidades trans.

Carmen: Yo creo que hay menos reflexión de lo que parece, porque los argumentos que plantean desde posiciones transexcluyentes no aguantan el debate crítico. Hacen una renuncia al concepto de género que es muy peligrosa porque, esa sí, se alinea con posiciones de extrema derecha y podría hacer tambalear conceptos por los que tanto ha habido que luchar, como el de violencia de género. Igualmente, la sacralización de una ciencia androcéntrica, blanca, racista, LGTBofoba, capacitista, clasista, y construida para mantener los privilegios del norte global en la recuperación acrítica -y acientífica- del concepto de sexo, sería hilarante si no fuera por el daño que genera. La falta de argumentos se sustituye con el bullying y el acoso más feroces, en las redes y fuera. Por eso las teóricas que están alentando este tipo de planteamientos tienen una responsabilidad ante las violencias que se están produciendo: están alentando el odio, y si bien mucha de la gente que las sigue igual no tiene claros los argumentos y cuál es la historia del feminismo, a ellas no se les puede conceder la sospecha de la ignorancia. Y eso me parece más preocupante, porque o bien denota un pánico que requeriría de indagación y que distorsiona su percepción de la realidad o bien se trata de un ejercicio intencional con el fin de recuperar preeminencia en el discurso político feminista, y eso sería imperdonable, porque habrían escogido a las personas trans como víctimas colaterales, o como víctimas sacrificiales. Y eso es inaceptable. Más aún no solo son expulsadas las personas trans -fundamentalmente las compas trans-, sino también lo queer, o la interseccionalidad, perspectivas profundamente feministas que han supuesto algunos de las reflexiones, análisis y cambios políticos más importantes en el feminismo, no ahora, sino en los últimos cuarenta años. Es como si anhelaran ciertas posiciones que les garantizaba la seguridad de estar en el lado bueno, pero igual las cosas son más complejas y necesitamos dar cuenta de nuestros privilegios además de reclamar por nuestras vulnerabilidades y las desigualdades en las que surgen e ir codo con codo con nuestras compañeras en sus diversas demandas y también en los cuestionamientos que nos hacen y las incomodidades que nos producen. La incomodidad es un lugar muy productivo para la lucha feminista.

Silvia L. Gil: Por una parte, el discurso Terf reproduce lugares comunes que proporcionan aparentemente mayores certezas en medio de un mundo en crisis (“mujeres son las que tienen cuerpo de mujer”). Cuando todo se tambalea, puede optarse por certezas en lugar de una excesiva inconsistencia que nos devuelve a un mundo aún más complicado. El problema es que la consistencia es solo aparente: las identidades estables y sólidas no existen.

Por otra parte, la expansión del feminismo ha hecho que los debates que antes tenían lugar en pequeños reductos de feministas hayan saltado a la palestra pública (redes sociales, medios masivos de comunicación, conversaciones informales…). No hay filtros colectivos desde los que participar en estos debates, no hay debate real, y esto hace que, en medio de la maraña de voces, acabemos del lado de quienes acaparan mayor atención. La mezcla entre la pérdida de los referentes colectivos, la crisis de las antiguas formas de organización política y la interacción en redes sociales nos arroja a un escenario en el que estamos obligadas y obligados a tomar partido de manera rápida sobre temas para los que muchas veces no nos hemos dado el tiempo necesario. Necesitamos pararnos y pensar junto a otras y otros.

Ahora bien, hay quienes pueden tener motivos importantes que no debemos perder de vista: ¿Hay algo de los problemas que sufren las mujeres que podrían ser opacados por otros asuntos? La pregunta que habría que hacer de vuelta es la siguiente: ¿A qué mujeres estamos privilegiando cuando presuponemos que existen los “verdaderos problemas de las mujeres”? Siempre va a existir una diversidad de experiencias chocando o compitiendo entre sí, pensemos en la diferente respuesta a nivel masivo entre la violación de la manada y los abusos de las jornaleras migrantes de Huelva. La pregunta no es si las otras nos quitan algo, sino cómo somos capaces de tejer complicidades y articulaciones entre realidades diferentes para ampliar y agrandar la capacidad de transformación del feminismo.

Como comentáis, en los últimos años el debate es si las mujeres trans son mujeres y si el trabajo sexual es trabajo; ¿cómo creéis que nace y se ensalza este debate actualmente?

Ana y Lidia: Para nosotras no existe tal debate, porque los derechos de las personas no se pueden debatir. El rechazo ante la posibilidad de ofrecer unos derechos a colectivos que no los tienen y los necesitan simplemente alberga un deseo de que esos colectivos sigan estando y viviendo en los márgenes. Igualar derechos y oportunidades significa acabar con los privilegios de ciertos sectores, incluso dentro del propio feminismo.

Carmen: Creo que el primer intento de usurpar el espacio del feminismo vino desde ciertas posiciones abolicionistas que empezaron a negar el reconocimiento como feministas a las posiciones proderechos. A tal punto que no son nombradas como “proderechos” desde estos colectivos abolicionistas, sino que se presentan como idénticos a posiciones regulacionistas de empresarios del sexo, y no tiene nada que ver. La sensación es que la negación del reconocimiento básico como compañeras siembra estas tempestades transexcluyentes y su odio exacerbado.

Silvia L. Gil: El resurgimiento de este debate en este momento no podemos pensarlo al margen de los intereses partidistas de las feministas del PSOE que, históricamente, han defendido una agenda abolicionista y que ha dado la espalda a la diversidad en los feminismos. En un momento de extensión del movimiento, estas feministas han visto una ocasión perfecta para recuperar el poder perdido en las discusiones de las últimas décadas. Ellas no estaban en Granada junto a las miles de mujeres que tomaron las calles y hablaron durante días de transfeminismo, entre otras muchas cosas. Sus intereses y su agenda política es inseparable del proyecto socialdemócrata. También tienen muchos recursos y vínculos muy importantes con las académicas que han defendido un determinado feminismo en España de corte ilustrado que se apoya en un paradigma humanista igualitario. Celia Amorós y Amelia Valcárcel han creado nichos de un feminismo en guerra abierta contra lo queer y lo trans desde los noventa. Sus posiciones fueron muy poco acogidas en los últimos tiempos, muchas jóvenes abandonaron la universidad desencantadas por el feminismo que allí se difundía, a la vista de que no se permitía que cupiesen otras posturas. Aquello les hizo muy impopulares durante un tiempo, perdieron poder. Han tratado de recuperarlo al calor de las movilizaciones, aprovechando la llegada de miles de mujeres jóvenes. Por eso, no perdieron un segundo en declarar el final de la Tercera Ola del feminismo, porque es en ese período histórico cuando el feminismo estalla en una serie de prácticas que desplazan los lugares hegemónicos. Es por eso fundamental reivindicar que en la revuelta feminista actual aquellos desplazamiento y temas no han desaparecido, siguen vivos y forman parte de la diversidad radical que somos, de nuestra fuerza.

Alicia Ramos nos cuenta en su relato cómo de duro es el proceso de transición en España. ¿Qué cambios hacen falta a nivel legal y estatal para hacer más sencillo este proceso? ¿Qué pensáis de la nueva ley que está sobre la mesa?

Ana y Lidia: Alicia cuenta la realidad de muchas personas. Los trámites y las dificultades que tienen que pasar para que se reconozca su identidad. Muchas de las mentiras que cuentan sobre los hipotéticos casos que podrían pasar si se aprobara la Ley Trans Estatal se desmienten aquí. Urge una despatologización de las identidades, que nadie tenga que pasar por mil trámites y por un diagnóstico para que otra persona, ajena a su realidad, dictamine si su identidad es la correcta para la sociedad o no. La ley trans estatal es necesaria y no tapa otras luchas ni elimina derechos a otras personas. Aquí venimos a sumar.

Carmen: La ley viene a recoger demandas ampliamente reclamadas por los colectivos trans, y avaladas por la ONU, y reclamadas desde el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. En este sentido, responde a una obligación del estado reconocer derechos básicos a las personas trans, como el derecho a la propia identidad, o derecho a la atención sanitaria, o el derecho a una vida libre de violencias, y a poder incorporarse en pleno derecho a la vida social. La ley no solo permite que alguien pueda obtener este reconocimiento sin medicarse, sino que además garantiza derechos hasta ahora conculcados, como el derecho a la propia identidad en la tercera edad, especialmente en situaciones que requieran vivir en una residencia; o el derecho de los menores a desarrollarse en el plano educativo y deportivo, garantizando el reconocimiento de la identidad sentida y permitiendo que puedan jugar con sus amigos, amigas, amigues. Se pone el foco en grandes palabros, pero la mirada de la ley se centra más en facilitar los cuidados en lo cotidiano, que es donde son más necesarias.

Hace poco me crucé en la vida con un chico trans que acaba de empezar con el tratamiento y me decía que había realmente muy poca información médica sobre los tratamientos y pasos a seguir, que era gracias a las rrss como podía conseguir, gracias a ciertos referentes, saber qué pasos tenía que dar. ¿Creéis que las rrss son algo positivo o negativo en este sentido? ¿Qué le diríais a este joven que se siente perdido?

Ana y Lidia: En las redes sociales se pueden crear alianzas y grupos de cuidados. Hace algunos años esta información era prácticamente inexistente en las redes sociales y esto ayuda mucho a liberarnos y atrevernos a vivir como somos y ver que no estamos solos. Por eso es tan importante la visibilización y la normalización de nuestras vidas queer, le pese a quien le pese.

Carmen: Para los colectivos minoritarios y marginalizados las redes han sido históricamente un espacio de encuentro, de compartir saberes y generar colectivo. Creo que hablar de las redes como “buenas” y “malas” no tiene sentido porque, además, las redes no es algo de lo que podamos prescindir, vivimos con ellas. En ese caso, en las redes se están viviendo unos niveles de violencia transfóbica atroces. Pero también continúan siendo espacio de lucha colectiva. Y no podemos prescindir de ellas.

Gracias a los colectivos de familias con hijos trans se ha podido cambiar la situación de esos infantes. ¿Qué creéis que falta en las escuelas para poder darles un espacio de seguridad?

Ana y Lidia: Falta educación y pedagogía tanto a alumnos, padres y profesorado. Falta educar en la empatía y el respeto y faltan leyes que protejan a los menores. Asociaciones como Naizen, como cuenta Aingeru Mayor en su texto, están haciendo un trabajo estupendo para que niñas, niños y niñes crezcan felices siendo como son.

Carmen: Justo la propuesta de ley se centra en esta cuestión como una de las más relevantes. Es fundamental proporcionar acompañamientos seguros, tanto para las familias como para las personitas trans que son menores. Como no se logra esto es criminalizando o favoreciendo que se incluyan cuestiones como el llamado “pin parental”. El estado tiene que velar por el bienestar de los menores, de todos, a veces, en contra de la voluntad de sus padres, que no pueden decidir sobre cuestiones que pueden conculcar su derecho a saber, o incluso su libertad, ya que está tan de moda la palabra, aunque tan mal empleada, me temo.

Metiéndonos en el género literario, ¿creéis que hacen falta más libros que hablen sobre la transexualidad?

Ana y Lidia: Creemos que seguirá siendo necesario siempre, no solo hasta que sea algo entendido, respetado y normalizado. Es necesario que se conozca la historia del movimiento transfeminista y la realidad de las personas trans a lo largo del tiempo. Por ejemplo, las mujeres trans son compañeras de lucha y han liderado y lideran movimientos sociales que no solo les atraviesan a ellas (como podemos ver ahora en Colombia) y sin embargo son el colectivo más discriminado y silenciado dentro del feminismo y del activismo Lgtbiq. No solamente son necesarios los libros sobre transexualidad, sino libros escritos por personas trans. Su inclusión en el mundo de la cultura debe hacerse efectiva para que sus voces sean escuchadas y valoradas igual que las demás, cuenten lo que cuenten. 

Carmen: Es importante que haya más libros sobre lo trans, pero también sobre la vida de personas racializadas. Chimananda Achidie nos alertaba del “Peligro de las historias únicas”. Ya sabemos muy bien todo el guion de esas historias, son argumentos reiterados, pero con los mismos protagonistas, generalmente varones blancos, cis, hetero, de clases medias del norte global. O en todo caso de su contraparte mujeres cis blancas. Necesitamos otras voces y otras historias para poder aprehender la complejidad y las insidiosas formas en las que opera la desigualdad en nuestra sociedad. De otra forma, reproduciremos desigualdades y permaneceremos “ignorantes” ante las mismas. Tenemos que dejar que nos pongan la cara colorada de vergüenza las compañeras gitanas, las compañeras racializadas, las compañeras/es trans. La vergüenza y la incomodidad, el reconocer que muchas veces reproducimos exclusiones, aunque no queramos, es fundamental para poder hacernos cargo y ponernos a trabajar codo a codo, y ojo, esto muchas veces significa ponerte detrás y quedarte en el grupo de apoyo y ceder la visibilidad y el centro a otres. Y eso es parte fundamental del trabajo feminista.

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