I Jornadas Literarias: Feminismo y Diversidad

-Junio 2021-

MESA GEA

Verónica Cervilla

Yolanda Arias Fernández

Victoria Irene Borrás Puche (Amor de Madre Editorial)

¿Qué opináis de la mal llamada ‘literatura femenina’ y de la invisibilización de la misma hasta nuestros días?

Verónica: Es un tema que me causa un dilema porque, por un lado, comprendo su existencia. Las escritoras y las protagonistas femeninas han sido ignoradas durante tanto tiempo que es lógico el esfuerzo por ponerlas en primera fila y darles espacio. Sin embargo, creo que habría que hacer pedagogía al mismo tiempo y explicar que no se trata de literatura dirigida exclusivamente a lectoras, que cualquier persona puede disfrutar con una historia siempre que encuentre conexión con ella. Se trata de historias de personajes que en última instancia pretenden hablar de personas, de cualquier género, raza, procedencia, etc. La visibilización de la literatura escrita por mujeres es importante, merece atención y espacio no solo en las librerías sino también en las escuelas y en los medios culturales. No podemos comprender la realidad sin la visión de la mitad de la población y la ficción se nutre de perspectivas para crear otras realidades.

Yolanda: La literatura es femenina si está escrita por mujeres de igual forma que la literatura es masculina si está escrita por hombres. Veo dos cuestiones en esto: una tiene que ver con los roles asignados culturalmente en la construcción de género, y la otra con que la asunción de que lo masculino es equivalente a la ausencia de marcas de género, como si la literatura escrita por hombres fuera universal en un sentido humano, mientras que la literatura escrita por mujeres necesitara de apellidos y se le asignaran temas, tonos y ámbitos, de forma que queda etiquetada como subordinada. Lo masculino se ha tomado a lo largo de la historia de la literatura como el fiel de la balanza; su lenguaje ha sido analizado y sus representaciones de la realidad asumidas y proyectadas como la forma normativa de entender y decir el mundo. Es una manera muy pobre de encarar la literatura, como ejercicio y como estudio. Hasta hace no demasiado, además, los hombres, si bien han escrito solos, han leído y pensado juntos. Las mujeres nos vamos organizando para leer juntas y pensar juntas, aunque escribamos solas; creo que eso se ha traducido en libros que, desde principios del siglo XX, muestran la realidad desde otro punto de vista, en absoluto unívoco, sino complejo y proteico, en el cual la prueba de verdad tras la escritura se asienta en otros parámetros. Aunque las pasiones sean las mismas, las leemos desde otros lugares, con otros matices. 

Sobre la invisibilización, sigue existiendo en el canon y en los libros de texto. Se está haciendo un gran trabajo en las universidades, pero no llega a la escuela como debiera. Sí veo cada vez más movimiento editorial. He oído críticas sobre esto en grupos de escritores, pero, tal y como yo lo entiendo, aunque haya un vuelco ahora la desigualdad es tanta que ya se decantará con el tiempo la calidad que tanto preocupa a algunos y que nunca fue un problema mientras eran ellos quienes publicaban masivamente.  También se está haciendo un gran trabajo en grupos y talleres de lectura, en librerías y otros ámbitos, para rescatar a autoras maravillosas.

Victoria: Ya en la propia pregunta se plantea que se trata de un mal término, de una “mal llamada” literatura. En mi caso, no sé si existe la “literatura femenina”, no sé a qué nos referimos cuando hablamos de “literatura femenina”: ¿se trata de libros escritos por mujeres? En ese caso, considero que, efectivamente, hay un gran desequilibrio entre la visibilidad y el impacto que distintos medios culturales y mesas de novedades dan a la literatura escrita por mujeres. Si estamos hablando de otros términos de géneros literarios típicamente asociados a lo femenino como “novela romántica” o “literatura juvenil o fantasía”, pues considero que en tal caso el llamarla literatura femenina es una reducción y, en última instancia, una categorización en términos de literatura con mayúsculas y para-literatura, o de categoría inferior. Hablar en términos de femenino y masculino sobre aspectos que no tienen “identidad de género” como es la literatura es, sencillamente, clasificar como “mejor” o “peor” en función de si se vincula más o menos con lo femenino, lo que tiene un trasfondo profundamente misógino. En cuanto al término “literatura femenina” en sí, hace poco publiqué esta reflexión sobre el tema, más concretamente sobre desde qué puntos puede resultar interesante pensar en estos términos. 

¿Cómo valoráis la literatura escrita por mujeres que deslegitiman el mito en torno a la maternidad y la no maternidad?

Verónica: Me proponéis un tema que se ha convertido en mi obsesión hace tiempo y sobre el que escribo a menudo. Me parece que ese tipo de literatura es sumamente necesaria porque el mito de la maternidad como finalidad única de la mujer sigue haciendo mucho daño. No hemos superado el hecho de que haya mujeres que no quieren tener hijos o que, tras convertirse en madres, se arrepienten —este sí que es un tabú enorme—, pero además seguimos otorgando a la maternidad un halo casi divino. La literatura puede contribuir mucho a cambiar estas percepciones y liberar de la presión social a la mujeres que la sufrimos (y por eso no puedo dejar de recomendar la maravillosa película Babadook).

Yolanda: Ambas perspectivas son reivindicaciones legítimas y al mismo tiempo su temática no avala sin más su calidad. Este año he leído algunas entradas de Maternidad y Creación y estoy fascinada por autoras de ambas posturas. He leído en cambio una novela que me pareció atroz, no por su concepción de la maternidad, aparentemente muy transgresora en su negación de los vínculos de apego, sino porque sus personajes me parecieron estereotipados y su escritura, muy engorrosa. Y después he disfrutado de El hijo zurdo, de Rosario Izquierdo, o de Beloved (que no es ni mucho menos una novedad, pero como si lo fuera para mí) de Toni Morrison; en ambos casos la maternidad es compleja, incluso cuando es desnaturalizada o enfermiza. Las mujeres somos complejas, como no podía ser de otra forma; somos seres humanos. Me ha encantado cómo enfoca los vínculos de apego tan cercanos a la maternidad Las malas, de Camila Sosa, y me alegra infinitamente que le hayan dado el Premio Sor Juana Inés de La Cruz; creo que Sor Juana hubiera disfrutado de la ternura y la dureza de esa novela.

En todo caso, me parece positivo salir de los arquetipos de la virgen y la puta. Ya era hora de encarar este tema sin la sacralización y sin el rechazo monocromáticos que era tan común en la literatura escrita por hombres y también por algunas mujeres.

Victoria: ¿Existe algo concreto que sea “literatura escrita por mujeres que deslegitiman el mito de la maternidad”? Personalmente, no creo que exista una suerte de magma uniforme de “literatura escrita por mujeres que deslegitime el mito de la maternidad” sobre el que poder generalizar, sino que habrá distintos discursos, visiones, perspectivas, como en todo. Habrá libros que plantean la maternidad desde distintos puntos de vista, algunos desde una óptica crítica con la maternidad forzosa, otros desde una óptica de crítica hacia una precarización de la vida y su consecuencia en la imposibilidad de poder tener hijos aunque se quiera… En fin, no creo que exista un tipo de literatura que deslegitime, sino más bien distintos discursos, plurales, diversos, algunos más críticos, otros menos… En nuestro caso, creemos que visibilizar todas las perspectivas es importante, pasen estas por una lucha a favor de una maternidad elegida, libre y sostenible socioeconómicamente, o por una lucha en favor de poder elegir, de visibilizar la posibilidad de que hay mujeres que no quieren ser madres, o de plantear alternativas a un sistema socioeconómico que precariza a las madres. Lo que sí creo que es importante es la proliferación de narrativas escritas desde una perspectiva propia, una aprobación del discurso en torno a la maternidad y no maternidad, porque solo conociendo tantas ópticas como podamos, podremos entender que no hay dos maternidades iguales, que no hay dos mujeres iguales, y que lo importante es la libertad de poder elegir si se quiere ser madre y en qué términos. En este sentido, cuantas más visiones del tema, mejor.

¿Cómo veis la literatura escrita por mujeres vinculada a la sexualidad en una sociedad que actualmente hipersexualiza a los individuos?

Verónica: Me parece sano que las escritoras exploren su vena erótica dentro de sus obras en la forma que decidan. La ficción también está para evadirse, desinhibirse y fantasear. La hipersexualización es más un factor de marketing, en mi opinión, que se usa para atraer a un público que, seamos honestos, busca cierto tipo de historias más morbosas o que no concibe una historia de amor en la que no se le dé tanta importancia al físico de los protagonistas. En cualquier caso, mi impresión es que la perspectiva femenina y de otros colectivos infrarrepresentados se está colando al fin para ofrecer otras opciones. Por último, entiendo que existan clichés dañinos en torno a la sexualidad que se repiten en ficción, pero también me parece que es paternalista pensar que los lectores no son conscientes de qué es sano y qué no.

Yolanda: Creo que era un territorio por explorar, de nuevo fuera de los clichés del patriarcado. Saco de aquí historias como 50 sombras…, que reproducen en realidad esos patrones bajo una falsa liberación. La exploración de la sexualidad también está encontrando un lenguaje propio de la mano de las mujeres y me parece positivo, porque ha sido una faceta más en la que las mujeres no éramos sujeto sino objeto. Tal vez esos lenguajes se complementen. En todo caso, la literatura es un espacio que permite profundizar y que deja lugar a la elaboración de una respuesta, más fácilmente que otros lenguajes como la publicidad o el cine, más proclives a suscitar una reacción. Eso hace de la literatura una herramienta interesante, sobre todo desde que no hay que ocultar algunas facetas y orientaciones de esa sexualidad, como ocurre en novelas de primera mitad del siglo XX, tendentes a los eufemismos y a un lenguaje críptico que hay que aprender a leer, como ocurre en Claroscuro, de Nella Larsen, por ejemplo.

Victoria: Lo mismo: no creemos que exista una suerte de magma literario uniforme que nos permita dar una opinión general sobre la “literatura escrita por mujeres vinculada a la sexualidad”. No creemos que exista algo generalizable sobre el tema que nos permita dar una opinión sobre todo lo que se ha escrito a este respecto. En nuestra opinión: la sexualidad de las mujeres ha estado mayoritariamente narrada desde una perspectiva masculina. Que prolifere la literatura enfocada en la sexualidad femenina desde un espacio de apropiación de la narrativa, es decir, escrita por mujeres, me parece clave en cuanto a un liberar el discurso de la mirada masculina, a un escribir desde dentro, y a este respecto, no veo qué relación tiene que una mujer escriba sobre su sexualidad a que la sociedad hipersexualice. A fin de cuentas, el sexo es real, forma parte de nuestras vidas. Por otro lado, también la hipersexualización se desarrolla desde una óptica masculinizada: la industria pornográfica, los cánones de belleza, todo ello está pensado para satisfacer una visión masculina, un consumo heteropatriarcal. Si prolifera una narrativa construida desde la perspectiva femenina, tal vez encontremos un equilibrio o un entendimiento distinto hacia una sexualización que no cosifique y que no forme parte de la cultura de la violación. En ese sentido, cuantas más mujeres estén escribiendo sobre sexualidad, cuantas más mujeres estén visibilizando la perspectiva propia, las narrativas propias sobre su relación con el sexo, mejor. Como siempre, creemos en la importancia de la multiplicidad de voces, de perspectivas. Es la única forma de tener una comprensión más rica y menos empobrecedora de la realidad.

¿A través de qué cualidades de vuestra literatura consideráis que se transmite vuestra identidad?

Verónica: Es difícil responder a esta pregunta porque no suelo analizar mis textos, pero si me baso en lo que comentan los lectores, entiendo que mi estilo es bastante honesto en ese sentido. No soy muy proclive a los adornos excesivos del lenguaje y creo que eso refleja una parte importante de quién soy. Por otro lado, los temas que trato suelen girar en torno a asuntos que me parece que son heridas abiertas en la sociedad, y suelen ser recurrentes en mí, como la mencionada no maternidad.

Yolanda: Qué pregunta más difícil. Me pilla esto en un momento en que parte de mi identidad está bajo el microscopio. Me pregunto hace tiempo, por ejemplo, qué quiero decir cuando afirmo que soy mujer; qué sustenta esa palabra y qué sentido y significado ha tenido  antropológicamente y por qué, y cómo soy constructora de lo que creo que puede significar ahora. Qué mujer ser como modelo para un hijo varón que pueda explorar su capacidad para la ambición, para la curiosidad, para el cuidado y la ternura. También me siento inmersa en un nomadismo  que es en parte circunstancial y en parte constitutivo o raíz. Creo que la observación y la fascinación que siento por el mundo se traslucen en mi forma de escribir, en los detalles y la belleza o admiración de lo terrible. También enseño en mis clases que la lengua es una herramienta de conocimiento del mundo y trato de usarla como un escalpelo; busco la palabra precisa que deje al descubierto lo que quiero mostrar. Y por último, ese nomadismo me hace saltar de una cosa a otra; me gusta enseñar, me gusta pintar, me gusta escribir artículos de opinión, me gusta la botánica… No soy superficial en el ejercicio de estas aficiones, pero todas se relacionan entre sí y se nutren unas de otras; tal vez por eso mi escritura tiende a la analogía, la metáfora, el juego estructural. Tal vez por eso es de corto recorrido y escribo relato o poesía, que son exigentes en la distancia corta y me permiten cambiar de juego con rapidez.

Victoria: Nosotras somos editoras. Tal vez en nuestro trabajo de edición puede quedar patente qué tipo de literatura creemos que es imprescindible que se publique y desde ahí sí que puede permear parte de quiénes somos. Como mujer feminista, queer, antirracista, con una consciencia climática, con una perspectiva crítica ante el sistema capitalista y con una conciencia de clase, considero que la literatura consciente y crítica con el sistema es imprescindible para imaginar una sociedad más justa y diversa, y esto es algo que trasluce en nuestro catálogo editorial.

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