Mesa Grito

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Aida Méndez y Elena Lombao (Las Bloody Girls)

Jorge Loser

Cristina Bermejo Rey

¿Qué desprende a vuestros ojos la figura de la madre como personaje concreto e imagen simbólica, como elemento relevante para la literatura de Terror?

Las Bloody Girls: Podemos encontrar la figura de la madre como elemento importante de algunos grandes clásicos del terror. Es muy habitual que se explote la idea de la madre castradora o controladora que de alguna forma manipula a sus hijos; un ejemplo claro es la madre de “Carrie” o la extrema madre de la película “Angustia” (1987), cuyo control es literal y telepático.

También se utiliza a menudo la figura materna como explicación de los traumas de los protagonistas. En muchas ocasiones, a pesar de estar presentadas como las culpables de los problemas mentales de los asesinos, estas figuras maternas se retratan de un modo superficial. Simbólicamente las madres suelen ser las figuras más importantes en la educación de un niño y por lo tanto las más influyentes para los adultos. Se asocian a la abnegación y el sacrificio por los hijos, por lo que cualquier subversión de la imagen más idílica de la madre y la maternidad se toma como punto de partida para un descenso a lo terrorífico, funcionando de algún modo como tabú, algo no permitido.

Frente a esto hemos visto en los últimos años nuevos enfoques sobre la maternidad a través de películas como “Babadook” (2014) de Jennifer Kent o “Prevenge” (2016) de Alice Lowe, en las que se exploran los problemas de las madres con el hecho de su propia maternidad. Para el género de terror este nuevo acercamiento es muy interesante ya que las ansiedades personales que supone el proceso de gestación, los cambios físicos o el parto son situaciones terroríficas que están cristalizando en auténticos relatos de terror.

Jorge Loser: La madre es una figura poderosa en el género porque puede verse desde al menos dos grandes perspectivas: desde el hijo y la visión parental. La mirada desde el hijo suele tener un planteamiento freudiano, psicológico, de traumas, educación y códigos que ocultan el terror en un pasado neblinoso asociado a la figura femenina, “culpable” también de los terrores que se heredan por albergar el mal gen. Por otro lado tenemos la visión parental con dos vertientes: la madre protectora, que sirve como elemento empático, para que el lector comulgue con la angustia de vivir el peligro para su progenie, y la madre temerosa de su hijo, que puede observar como su descendencia es diabólica, en cuyo caso compartimos su impotencia. Las últimas y más interesantes tendencias reexaminan ese “deber de madre” impuesto por la sociedad y expone un terror psicológico de madre asociado a sus debilidades, a la incapacidad de cuadrar en el cajón en donde se les ha metido. La maternidad sigue siendo una fuente inagotable de líneas argumentales, tropos y planteamientos.

Cristina Bermejo Rey: Siempre que pienso en madres y terror (ya sea literatura o cine) se me viene a la cabeza Margaret White, la madre de Carrie, del libro del mismo nombre del gran Stephen King: esa madre castradora, que reprime, coarta y que servirá de caldo de cultivo del futuro perturbado de su criatura. Y aquí ya no hablo solo de Carrie, porque este ejemplo de, llamémosle, anti-madre es también más patente en Psicosis, de Robert Bloch, donde se vislumbra la figura de la anti-madre que fue la señora Bates para su hijo Norman y principal villano de la novela.

Dejando la ficción de lado, al asociar conceptos madre-terror no puedo evitar que se me vengan a la cabeza casos de asesinos reales, como Ed Gein (cuya historia inspiró parte de La Matanza de Texas y Psicosis) o Armin Meiwes, el caníbal de Rotemburgo, ambos con madres represoras y dominantes que, en cierto modo, los moldearon.

Creo que no me equivoco si digo que el terror en general ha dado más anti-madres que lo contrario.

¿Percibís una creciente influencia del Terror desarrollado en cine y televisión sobre la literatura de Terror actual? En caso afirmativo, ¿cómo valoráis esta relación?

Las Bloody Girls: La influencia del audiovisual sobre la literatura es un hecho difícil de discutir a estas alturas. Es inevitable que las nuevas formas de consumo de narrativas afecten a la forma en la que se aborda la literatura. Entendemos que esta influencia ocurre en todos los géneros y no es para nada específica del terror.

En nuestra opinión hay un efecto perverso en esta influencia, como decimos en todos los géneros, por el cual se tiende a simplificar y a volverse más descriptivo de un modo puramente visual sin recurrir a recursos más propios de la literatura.

En general en la ficción contemporánea apreciamos también cierta tendencia a ajustarse a estructuras narrativas con finales más cerrados y concretos y con ritmos más propios de la narrativa audiovisual. No obstante el terror en su dimensión más psicológica y evocadora sigue teniendo en los relatos y en la novela un campo de juego en el que trabaja con herramientas puramente literarias.

Jorge: No tengo claro que el terror audiovisual tenga tanta influencia sobre el literario como más bien al revés. No solo por las adaptaciones directas, sino por el hecho de que ha habido una retroalimentación en la que la literatura va un pasito por delante. Por ejemplo, The Zombie Survival Guide surgió en pleno florecimiento del muerto viviente en el cine, pero salió antes que ‘Shaun of the Dead’, ‘Amanecer de los muertos’ o ‘The Walking Dead’. Pero sí que hubo una fiebre de literatura zombi en la que también influyó el cine. Sin embargo, cuando el horror cósmico empezó a resucitar en papel, el cine y la literatura tardaron en cogerle el ritmo hasta el punto en el que estamos ahora. El cine de terror como Hereditary tiene fuertes raíces en la literatura de autores como Ramsey Campbell, pero también la literatura actual difumina los bordes entre el horror y lo social o temas relevantes, como el caso de Mariana Enríquez.

Cristina: Pero ¿qué os voy a decir yo, si el cine slasher ha sido mi mayor influencia al crear Psicopatía?

Creo que sí, que hay cierta influencia del cine y televisión en la literatura, y no es malo, sino todo lo contrario.

Uno de los últimos libros de terror que leí fue Crónica de sucesos, de Tamara López, una antología de terror bestial en la que se hace patente la influencia de la literatura de Stephen King y el propio cine de terror. Recuerdo, por ejemplo, el relato titulado El día que me comí a Billy y Mandy, que parte de la premisa típica de las películas de terror «canguro cuida a niños una noche y pasa algo que implica a un hombre con cuchillo invadiendo la casa». O no. Con Tamara nunca se sabe…

Y además tengo que hablar de otro gran descubrimiento: el joven Alejandro Masadelo, que no solo ha sido todo un hallazgo por su talento como escritor, sino que además es mi editor y está haciendo un trabajo increíble con la reedición de mi antología Psicopatía.

Tuve la suerte de leer su relato Última Parada, en el que la influencia del cine slasher es más que evidente. Me consta, además, que está escribiendo una novela en la que el título 

(que no voy a desvelar) no deja lugar a dudas de lo que te vas a encontrar si eres fan del cine de asesinos enmascarados y con armas punzantes.

¿Os atrae la dupla Terror-Erotismo como ingrediente literario?

Las Bloody Girls: ¡Por supuesto!

Terror y erotismo son dos elementos que están vinculados en el territorio de lo prohibido, de aquello que nos genera ansiedad de un modo u otro, de aquello de lo que no solemos hablar tan abiertamente. Ambos juegan con sensaciones muy primarias y personales. Esa relación íntima con las historias es especialmente poderosa a través de la literatura que solemos consumir en solitario y que pone en marcha nuestra imaginación de forma mucho más rica que el relato audiovisual. Con esas características nos parece innegable el potencial de estos temas en el medio literario. El mejor ejemplo reciente que podemos citar en el que encontramos mucho terror y algún tinte de erotismo es la maravillosa novela “Nuestra parte de noche” de Mariana Enríquez, en la que absolutamente todo funciona a la perfección.

Jorge: No especialmente como género en sí mismo, pero sí encuentro un lugar más interesante el papel para explorar las relación del sexo y la muerte, las pulsiones y miserias que suponen los instintos confrontados a la amenaza sin nombre. Por mucho que me guste ‘Hellraiser’, por ejemplo, es muy difícil trasladar a imágenes lo que Clive Barker propone en el libro desde el cual se adaptó. Hay una relación entre ambos factores muy difícil de vivir de otra manera que no sea en la pura inmersión. Creo que más que erotismo, la sexualidad humana es un factor que funciona muy bien frente al terror, pero no especialmente con un interés relativo al erotismo como género.

Cristina: Me habéis pillado, porque no solo me atrae, sino que me encanta.

Siendo sincera, más que por el erotismo en sí, siento más atracción por el sexo explícito y sin eufemismos en la literatura y, por supuesto, en la de terror.

Yo misma, de hecho, en Psicopatía, la antología slasher que publicaré dentro de poquito con Ediciones Medina, uso el recurso del erotismo, aunque ya os digo que más que erotismo son escenas de sexo sin eufemismos, porque me gusta así. Claro que, tratándose de slasher, ¿cómo no va a haber erotismo (o sexo más bien) si es uno de los pilares en los que se sustenta el subgénero?

Pero que me guste que me muestren y no que me insinúen no quiere decir que prefiera el sexo en lugar del erotismo: Drácula de Bram Stoker (la película de Ford Coppola, no el libro) es un buen ejemplo del magnetismo seductor del vampiro y su séquito de novias (inolvidable la escena de las tres con Keanu Reeves); o la obra literaria Carmilla, en la que se hace patente la que quizá sea la clave en la atracción que tal vez todos sentimos hacia la dupla terror-erotismo: la dualidad.

Lo bueno contra lo malo; lo virginal contra lo animal; el asesino feroz, violento y armado contra la inocente e indefensa víctima; colmillos contra piel, sangre roja sobre el cuello blanco; cuchillo hundiéndose en la carne, brota sangre…

Como bien dijo Arfon, un querido lector sobre la primera edición de mi Psicopatía en su reseña, hay cierto «placer culpable». Ese ponerte en la piel del asesino sintiendo el placer del «orgasmo al clavarle el cuchillo a una bella joven», ese desafiar al Pepito Grillo de tu conciencia desde la comodidad de tu cama…

Y es que, como bien dijo él en su reseña: «el mal a veces atrae, y mucho». Y yo añado que si está rodeado de un halo erótico o sexual, mucho mejor.

¿Cómo valoráis el canibalismo como forma -recurso gráfico, medio descriptivo- y fondo -tema tratado- en la expresión literaria del Terror?

Las Bloody Girls: El canibalismo nos remite a una sensación muy animal de desear absorber al otro de forma literal cuando se plantea desde el terror corporal y por otro lado es algo terrorífico desde fuera que resta humanidad automáticamente a los caníbales. Viola uno de los códigos más universales en virtud del cual consideramos al resto de seres humanos como iguales y no como susceptibles de ser alimento.

Como fondo se puede abordar desde ángulos muy interesantes, especialmente desde el impulso animal. Como forma suele emplearse para generar cierto impacto o impresión, de forma más provocadora; en este sentido nos suele interesar menos si no va acompañado de cierto contexto o reflexión.

Jorge: Me gusta más como forma, consecuencia o elemento de horror puro, ya sea como rasgo de definición de personajes, característica de un asesino real o que podría ser real, como situación de amenaza o conclusión y desenlace, descubriendo un gran tabú ignominioso y terrible, incluso como forma casi metafórica, como el final de ‘El perfume’. No me atrae, a nivel personal, como fondo, ya que no es algo que pueda relacionar más allá que una lógica psicológica casi de un terreno médico, una especulación que bordea más la ciencia y la exposición que los elementos de misterio y horror que se derivan de mantenerlo en la sombra.

Cristina: Pues, siendo sincera (y muy probablemente mucha gente que lea esto me mate), no recuerdo haber leído muchos libros de terror con canibalismo de por medio, así que aquí no puedo opinar. Y eso que en mi Psicopatía aparece una caníbal y cierto carnicero que hace de las suyas con carne que no es precisamente animal.

Me encanta el periodismo de sucesos y podría pasarme horas hablando de casos de criminales caníbales reales, pero en cuanto a literatura, me habéis pillado.

Sí puedo decir que creo que, en cierto modo, como pasa con la dupla terror-erotismo, no deja de resultar atrayente de alguna manera el hecho de que una persona se coma a otra, llevada, muchas veces, por la idea de que, al comérsela, ambos serán uno.

Ese salvajismo animal (o todo lo contrario: ese preparar concienzudamente un plato de carne que sabemos que no es animal), esa comunión extraña y ese halo ritualístico que muchas veces envuelve al canibalismo quizá sea lo que más atraiga. Pero, a mi parecer, no solo como expresión literaria del terror, sino en general: en literatura, cine…

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