Mesa Frankestein

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Javier Prado

Rain Cross

Jesús Relinque

Consuelo Abellán

¿Cuál ha sido vuestra última lectura dentro de aquello que consideráis literatura de Terror?

Javier Prado: Soy bastante anárquico con las lecturas y suelo leer los libros a trompicones, pero hace unos días estuve leyendo los relatos de Richard Matheson, que entran de lleno en la clasificación “clásica” del género. Aunque, si nos ceñimos a la lectura verdaderamente más reciente, justo ayer leía los cuentos populares españoles recogidos por Antonio R. Almodóvar que tienen elementos del todo terroríficos: muertos que vuelven de la tumba, canibalismo, brujería… Al final las barreras del terror son bastante difusas y pueden englobar muchas cosas de las más distintas épocas y formas.

Rain Cross: Doctor sueño, de Stephen King, y sigo con ella. La verdad es que me está gustando mucho esta secuela de El Resplandor.

Jesús Relinque: Esta pregunta no es sencilla, puesto que la pregunta en realidad sería “¿Qué considerar literatura de Terror?”. Cada vez me doy más cuenta de que las etiquetas pueden ayudar a clasificar por frascos, pero el verdadero éxito al conseguir un sabor diferente y único es mezclar. La última lectura que me ha causado terror ha sido la de la factura de la luz del mes pasado, y ya veis, nadie en su sano juicio determinaría que es literatura de terror.

Fijaos que, si nos atenemos a los considerados “maestros del terror”, véase Stephen King, véase Clive Barker, por citar a los dos que todos tendríamos en la cabeza al intentar responder a ello, sus historias vuelcan una mescolanza de costumbrismo, aventura, suspense, drama y humor adecuadamente negro.

Total, que me he ido por las ramas. A lo que me preguntábais, el último leído sería Las doncellas de óxido de Gwendolin Kiste (Dilantando Mentes).

Consuelo Abellán: En el momento de escribir estas líneas, mi última lectura de terror es Yo soy el río, de T.E. Grau (Dilatando Mentes, 2021) aunque, cuando se publiquen, probablemente ya habrán caído un par de lecturas más.

¿Qué importancia le dais, como lectores, al componente “basado en hechos reales”?

Javier: Quizá hace unos años le daba más importancia. Comenzar a leer una obra con ese inicio resultaba muy impactante (o quizá yo era más impresionable). Ahora la barrera entre realidad y ficción resulta bastante más difusa y mucho menos novedosa. Sin duda el elemento “hecho real”, y especialmente en un género que tiende a lo oscuro, genera mucho morbo, sobre todo cuando hablamos de obras con elementos de true crime. Pero personalmente ya no busco ese apego o dependencia de la realidad en una obra de ficción, por muy espectacular que resulte. Otra cosa es que esa “advertencia”, más que como reclamo, obedezca a una intención creativa específica (en este sentido creo que la cumbre del “basado en hechos reales” dentro de la ficción está en lo que consiguió la película Fargo en 1996). De este modo me resulta interesante, pero no es algo que de primeras me atraiga más o menos.

Rain Cross: En novelas no le doy demasiada importancia, no es algo que haga que escoja un título por encima de otro. Eso sí, una vez te vas adentrando en sus páginas puede que consiga asustarme un poco más… sobre todo si es una de mis lecturas nocturnas.

Jesús: Me ha hecho pensar esta cuestión. Porque, como escritor, y es algo completamente subjetivo, me encanta basarme en hechos reales para comenzar a construir mi ficción de aventura y misterio, retorciendo dicha realidad a mi antojo en una vertiente fantástica. Lo cierto es que contemplar la coletilla “basado en hechos reales” me hace retrotraerme a las películas alemanas pésimas de sobremesa de los domingos, y eso tira patrás, como comprenderéis.

Pero lo dicho: creo que la realidad ofrece, constantemente, múltiples oportunidades para comenzar una historia, ya sea de terror o de cualquier otro género.

Consuelo: En realidad, ninguna. Creo que el terror tiene múltiples modos y maneras, tanto en la vida real como en la literatura. Hablando de esta última, me parece tan disfrutable una novela de terror fantástico, con componente sobrenatural explícito y/o criaturas aterradoras, como una basada en hechos reales –y los hay de auténtico escalofrío– como una historia donde el límite entre lo real y lo imaginario quede difuso. Son distintas maneras de enfocar el terror y a mí me gustan todas.

También es cierto que, cuando se empieza un libro de terror, si se sabe que está basado en hechos reales, y estos son conocidos, la lectura se afronta de otra manera. No importa tanto el «qué me van a contar», que, al fin y al cabo, ya lo sé, cuanto el «cómo me lo van contar». Y, desde el punto de vista de la persona que escribe, probablemente suponga un reto mayor. Creo que la mayoría estará de acuerdo conmigo en que el caso paradigmático –o al menos uno de ellos– es La chica de al lado, de Jack Ketchum (La Biblioteca de Carfax, 2020).

Luego hay otro caso diferente, cuando la novela cuenta una historia totalmente ficticia pero la pone en un contexto histórico reconocible y se apoya en sucesos reales, como las novelas sobre brujas basadas en los procesos de Salem, por ejemplo, o como la que mencionaba más arriba, Yo soy el río, ambientada en la Guerra de Vietnam. En ese caso, se agradece que haya una cierta fidelidad a los hechos históricos, pero tampoco es que sea imprescindible.

¿Qué entendéis por “literatura experimental”? ¿Qué es lo más experimental que habéis leído dentro del género de Terror?

Javier: Al igual que el propio género, es una definición bastante difícil. En muchas ocasiones no es más que una etiqueta que poner a los libros y que ni sus propios autores comparten, aunque entiendo que lo experimental suele conllevar la elección de unas formas narrativas poco convencionales a lo habitual. En este sentido, una de las últimas obras que leí más alejadas de “convencionalismos estéticos” literarios fueron algunos de los maravillosos relatos contenidos en Ella dijo destruye de Nadia Bulkin.

Rain Cross: Supongo que un tipo de literatura que trata de romper esquemas, de innovar tanto en estructura como en argumento. La verdad es que no he leído nada de este tipo así que no puedo opinar sobre ella.

Jesús: Entiendo que es todo aquello que se escribe con la intención de quebrar cánones establecidos. En este sentido me gustó mucho el planteamiento de Mark Danielewski en La casa de hojas. Puede gustarte más o menos la trama de la historia, pero el hecho de introducir diversos tipos de tipografía y formatos de lectura en la propia novela me pareció brillante. También me gustaría señalar a Italo Calvino y su frescura a la hora de pergeñar sus historias, y obviamente, al señor Julio Cortázar y su experimento en Rayuela, aunque de nuevo me gustó más esa vuelta de tuerca con el orden de lectura de los capítulos que la propia historia en sí.

Consuelo: El término «experimental», para mí, tiene a veces connotaciones que espantan a algunos lectores. Parece que la tendencia es a interpretar «experimental» como incomprensible o muy complicado. Por eso prefiero hablar de «innovación» antes que de «experimentación». Uno nunca puede estar seguro del resultado de un experimento, pero sí puede tratar de ofrecer algo nuevo a los lectores, asumiendo cierto grado de riesgo, claro. Quizás el autor español de terror al que veo más atrevido a la hora de introducir este tipo de novedades es Guillem López. Por ejemplo, Lago negro de tus ojos es una novela narrada casi como un cómic y que incluye tipografías diferentes y hasta caligramas, consiguiendo un efecto bastante impactante y muy en línea con la historia que cuenta y la mente desquiciada de su narrador. O Arañas de Marte, donde las posibilidades de interpretación por parte del lector son casi infinitas.

Entre los libros traducidos que más me han sorprendido, sin atreverme a calificarlos de experimentales, mencionaría El secreto de la ventriloquia, de Jon Padgett (Dilatando Mentes, 2019) o El narrador, de Michael T. Cisco (Dilatando Mentes, 2021), aunque este último no estoy muy segura de que se pueda clasificar como terror –bueno, en realidad no estoy muy segura de que se pueda clasificar de ninguna manera– pero traspasar barreras e hibridar géneros también es una forma de innovar que se agradece.

¿Percibís una mayor proliferación de escritores de Terror? ¿Cómo entendéis el intrusismo y la conciencia de autores en los parámetros de la literatura de Terror?

Javier: Tengo la sensación de que el terror es uno de los géneros que a priori atrae a menos cantidad de autores. Principalmente porque es un género muy difícil de delimitar y que incluso llega a despreciarse (en este sentido incluso llegaría a decir que apenas hay intrusismo, ya que muchos autores buscan alejarse de la “etiqueta” del terror lo máximo posible a pesar de estar creando obras indudablemente terroríficas). No conozco todo el panorama literario, pero sí parece que, dentro de lo poco habituado al terror que es el territorio literario español, en los últimos años han surgido muchos autores potentes que cada vez se cuentan en mayor número. Ojalá esto sea la norma.

Rain Cross: Desde mi experiencia debo decir que los escritores de terror que he tenido el placer de conocer aman el género. Son seguidores de Lovecraft, Poe, King, Barker… desde hace tiempo, y han crecido viendo películas de Craven, Carpenter y compañía. Llevan el horror en el ADN y muchos de los que hemos crecido en ese mundo y, sobre todo, en el de los libros, tarde o temprano empezamos a crear nuestras propias pesadillas. Y qué mejor que compartirlas con el mundo en forma de relato o libro.

Creo que se puede crear una comunidad muy buena de este tipo de autores ya que considero que, ante todo, nos encanta pasar y hacer pasar miedo, así que, por mi parte, adoro descubrir nuevos autores que tengan buenas historias con las cuales poder pasar un buen (mal) rato.

Jesús: No creo que haya una especial proliferación en el género. Creo que todo tiende a diversificar y mezclar, una vez más: ciencia ficción y terror, aventura y terror, fantasía y terror, ficción urbana y terror, o varias combinaciones al mismo tiempo. Por lo tanto, al contrario, creo que cada vez es más difícil encontrar a alguien al que se le pueda asignar esa etiqueta de la que hablaba en la primera respuesta del cuestionario. No sé si habrá gente que piense en que esta fusión de géneros, este diluir, pueda ser considerado como intrusismo, pero de ser así, considero que habría que tener la mente muy cerrada para llegar a una conclusión de tal calibre.

Consuelo: No sabría decir si de pronto hay más escritores de terror o no. Sí que es cierto que últimamente leo muchas más obras de terror de muchos de esos escritores y escritoras que ya estaban ahí. En el caso de los autores españoles, la mayoría de los que leo, salvo contadas excepciones, ya eran conocidos. En el caso de los extranjeros, sus obras estaban publicadas y es ahora cuando están llegando las traducciones. Puede que estemos asistiendo a un resurgir del género, pero uno muy modesto, dada la limitación que es común a todos los géneros fantásticos (aquello de que «esto no es literatura seria») y dadas las propias limitaciones del terror como género minoritario dentro de lo fantástico.

En cuanto a lo del intrusismo, no lo contemplo en absoluto. No hay ningún género que pueda o deba considerarse territorio vedado para nadie. Es evidente que existen autores y autoras que desde el comienzo de sus carreras se han centrado en escribir terror, y eso está muy bien. Ellos mismos se consideran escritores de terror. Pero del mismo modo que esa elección propia no debería limitar sus opciones para introducirse en otros géneros, fantásticos o no, en el momento en que les apetezca, tampoco la elección de quien se decantó en un primer momento por la ciencia ficción, por la narrativa contemporánea o por la novela romántica debe suponer un límite infranqueable a su obra posterior, ni un encasillamiento de por vida.

Vamos, que yo soy partidaria de que cada cual escriba lo que le pida el cuerpo en cada momento. De hecho, sin salir de España tenemos ejemplos de autores y autoras que abarcan todos los géneros fantásticos con igual solvencia y sin despeinarse. Así a bote pronto se me ocurren David Luna Lorenzo y Felicidad Martínez.

Por este motivo, porque los géneros literarios no son profesiones que requieran de un título reglado para ejercerlas, yo preferiría no hablar de «intrusismo» sino de «incursiones» de autores en géneros que a lo mejor no son su terreno habitual. Supongo que la pregunta viene motivada por si estas incursiones se pueden considerar oportunistas, al amparo de alguna moda pasajera y, sobre todo porque, si vienen de escritores generalistas con más fama, pueden constituir una forma de competencia desleal a los autores de terror de toda la vida. Yo no me preocuparía mucho por eso. El aficionado al terror sabe perfectamente lo que busca y tiene identificados a los autores que se lo dan habitualmente. De vez en cuando descubrirá voces nuevas, vengan estas de otros géneros fantásticos o de la literatura más realista –o directamente de la nada, es decir, autores noveles-. Si le convencen, las añadirá a su lista de autores favoritos, y si no, irán directas al olvido. Como en todos los demás géneros.

Por otro lado, ¿que un Pérez Reverte o una Almudena Grandes de pronto publican un libro de terror? Seguramente será un super-ventas, pero la mayor parte saldrán de sus propios lectores habituales. Aunque bueno, yo un libro de terror escrito por Almudena Grandes sí lo leería. ¿Se les podría considerar «escritores de terror» en ese caso? Yo creo que no, un único libro no define a un autor, sobre todo si tiene una amplia bibliografía de otros géneros detrás. Serían autores que han hecho una incursión en el terror, sin más.

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