Mesa Feroz

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Octavio López Sanjuán

Sheila Moreno Griñón

David Corelli (Avenida Noir)

Xandra Bilbao

¿Qué os da miedo?

Octavio López Sanjuán: La oscuridad, los ojos desorbitados y aquellos momentos en que la imaginación y el poder de sugestión se alían para crear fantasmas y espectros.

Sheila Moreno Griñón: Me dan miedo las cosas comunes: como las alturas, las avispas (soy alérgica), la soledad o la muerte… y seguro que se me olvidan más, pero si no me acuerdo, supongo que tanto miedo no le tengo.

No escondo ninguno de mis temores.

En cambio, no me dan miedo los sucesos extraños o la gente, cada cual tiene sus propios terrores.

David Corelli: Los miedos, como tantas cosas, cambian en la vida. De pequeños tenemos miedo a los monstruos y a la oscuridad. Con la madurez, uno acaba temiendo convertirse en el monstruo. Madurar también te hace tomar consciencia de la fragilidad, y uno descubre el miedo a la enfermedad, al dolor, al sufrimiento. Por otro lado, en la balanza acaba pesando más el miedo a lo que les pueda pasar a los seres queridos, o el daño que se les pueda causar, que el miedo al destino de uno mismo.

Xandra Bilbao: Los payasos. Pennywise me atemorizó de niña y aún no me he recuperado.

¿Le dais cabida mínimamente afianzada al género slasher dentro del ámbito de la literatura de Terror o lo entendéis como algo exclusivamente propio del Terror audiovisual? ¿Podríais citar dos obras literarias que lo ilustren?

Octavio: En mi opinión, creo que es algo exclusivo del medio audiovisual. Aunque la fórmula narrativa se puede aplicar a un texto, creo que gran parte del poder del slasher reside en la plasmación en pantalla del propio asesinato, así como toda la preparación y suspense de los minutos previos al crimen. Ahora bien, es cierto que no estoy muy especializado en la novela de terror, por lo que podría estar equivocado. En este sentido, si se refiere a citar obras literarias que recojan al cine slasher, recomendaría por un lado Cine Slasher, de Rubén Higueras Flores, y Sesión sangrienta, de Jason Zinoman.

Sheila: Creo que es un género compatible con la literatura, pero que debido a que algunos de sus elementos principales ya se encuentran muy asociados a lo visual, es más difícil poder transmitirlo de igual manera.

Para exponer ejemplos de slasher creo que sería importante definir primero lo que entendemos por ello. ¿Es Diez negritos slasher? Para algunos puede no serlo; sin embargo, hay adaptaciones audiovisuales de esta novela que se corresponden a este género (como, por ejemplo, la adaptación libre francesa: «Eran diez»).

Un ejemplo de lo que se entendería puramente como un slasher lo tenemos en R. L. Stine, el autor de Pesadillas; tiene libros para jóvenes adultos (puede que ahora un poco antiguos) dentro de la saga «La calle del miedo». Estos se alejan del terror paranormal al que se le tiene asociado al autor, para centrarse en un asesino humano más conocido con los tropos típicos del género: gente joven con ganas de sexo, lugares alejados, rostro escondido…

David: A estas alturas creo que no tiene ningún sentido encasillar géneros. El slasher, aunque tenga un origen y un nacimiento audiovisual, creo que es perfectamente trasladable a la literatura con sus propios códigos.

Xandra: No conozco obras literarias que pueda considerar Slasher, aunque tampoco soy una ávida lectora de terror.

¿Le doy cabida a que pueda afianzarse? Yo creo que si alguien consigue envolver al lector en el ritmo y la adrenalina que crean las películas de este género, ¿por qué no?

Como autores, ¿qué rasgo de vuestra literatura de Terror destacaríais con el fin de identificar el late motiv que atraviesa el conjunto de vuestras distintas obras?

Octavio: Creo que mi obra no encaja demasiado en esta descripción, puesto que mis libros son más bien una mezcla entre ensayo, guía de películas y amalgama de entrevistas, más que una literatura elaborada con el objetivo de crear suspense. Por lo que en realidad lo único que puedo destacar como hilo conductor de todas ellas es una pasión que admira este tipo de producciones, así como un interés periodístico en recoger testimonios de los implicados y darlos a conocer a los seguidores de los mismos.

Sheila: Creo que en mi caso el elemento común es una visión pesimista del mundo y mi poca fe en la humanidad.

David: No me considero autor de terror para nada, pero cuando he tratado de hacer presente el miedo y el suspense en mis escritos, siempre ha sido a través de la incertidumbre y la tensión. Jugar con la oscuridad y el silencio angustioso es el recurso que siempre nos vincula con los miedos infantiles y primarios.

Xandra: No tengo tantas obras para poder hablar de un late motiv, aunque sí que pueden verse ciertas similitudes entre mis relatos de terror y la novela en la que estoy trabajando.

En mis trabajos siempre existen mujeres fuertes con una sexualidad activa, libre y sin límites. Entremezclo mucho lo macabro con lo sensual, y aunque presento imágenes explicitas, no me recreo demasiado en la sangre.

¿Cómo valoráis aquellas obras literarias que homenajean abierta, explícitamente, a grandes maestras y maestros de la literatura de Terror? ¿Dónde situáis la línea divisoria entre la imperfecta imitación y el digno tributo?

Octavio: En esta época de retroalimentación cultural y posmodernismo que vivimos me parece inevitable que se recojan y referencien obras anteriores. Lo realmente difícil, y, como señaláis, la línea divisoria para mí la encontraríamos en si, a pesar de referenciar obras anteriores, el artista en cuestión es capaz de desarrollar una obra con entidad propia. La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) es uno de los mejores ejemplos en este sentido. Una obra que reverencia el cine de suspense de Alfred Hitchcock, pero que a su vez incorporó una serie de elementos y estructura argumental que sentaría las bases para todo un subgénero del cine de terror tan prolífico como fue el slasher.

Sheila: Estoy totalmente de acuerdo con que se haga; hace poco yo misma publiqué un relato en una antología que homenajea a Lovecraft. Creo que imitar es prácticamente imposible, pese a que exista publicidad que diga lo contrario. Lo más cercano que he podido ver en que el estilo de un autor sea similar al de otro fue con Joe Hill: uno de sus primeros libros me resultó como leer a Stephen King, aunque a día de hoy su literatura tenga muchas diferencias.

David: Yo creo que el tributo y la imitación no son malos per se. Todos tenemos referentes y es muy divertido acercarse a ellos y tratar de recrearlos. Como todo, siempre habrá buenos tributos, que consiguen captar la esencia del maestro y hacerla propia, y otros malos que no quedan más allá de la imitación en trazo gordo, sin ninguno de los elementos referentes. Pero es más una cuestión de pericia del autor que del género en sí.

Xandra: Creo que se pueden hacer grandes homenajes a los maestros contando buenas historias, siempre y cuando tengamos claro que son eso, homenajes, y no se plagien descaradamente las formas.

Pero creo que de eso, en el momento de la redacción, un autor es consciente. Es decir, yo puedo contar una historia con el formato de “La dama del sudario”, pero nunca conseguiré recrear lo que hace sentir esa obra, porque no cuento las cosas como lo hacía Bram Stoker, o puedo esconder bajo un suelo un cadáver y hacer que un personaje escuche el corazón palpitante como homenaje a Poe, pero no voy a poder nunca angustiar al lector de la misma manera que él, porque no es mi cuento, es el suyo. Yo no sé qué sentía él cuando lo escribió.

Para mí esa es la línea: no intentar apropiarse del sentimiento que intentaba transmitir, no intentar hacer mía la obra.

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