Mesa Escalofrío

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Giovanna Rivero

Santiago Eximeno

Nieves Mories

Pedro P. González

¿Puede ser la literatura de Terror una terapia de choque contra las propias fobias? ¿Integráis las vuestras cuando escribís? ¿Os ayuda en algo hallarlas como lectores?

Giovanna Rivero: Absolutamente sí. El terror funciona cuando es un espejo sutil pero auténtico de las sombras, fantasmas o cuentas pendientes de todo orden que nos pisan los talones. Ahora, conviene preguntarnos qué entendemos por “terror” y cómo lo formulamos estéticamente. En mi escritura, el terror emerge del inevitable choque entre el gran destino y las vidas singulares. Lo que me provoca escalofríos es aquello que un personaje está dispuesto a hacer por llegar a una verdad. Y también el grado de libertad y horror que promete una verdad.

Santiago Eximeno: No veo la literatura de terror como una herramienta psicológica que te permita enfrentarte a tus fobias, ni como lector ni como autor. Sí creo que el género nos permite a los autores explorar fobias y temas que habitualmente incomodan cuando reflexionas sobre ellos —como la soledad, la muerte, la vejez— y hacerlo dentro de un marco abierto a la experimentación y al exceso. Como autor, siempre tengo en mente el drama y el conflicto social, y me gusta plantearlos en entornos abiertamente grotescos. Es en esos entornos cuando siento que el mensaje toma fuerza e invita al lector a compartirlo, a descubrirlo. Por supuesto, siempre planteando el drama y el conflicto sin intención aleccionadora.

Si viera mi literatura como una terapia de choque, probablemente me condicionaría la escritura, y escribir es de las pocas cosas que puedo hacer con casi toda libertad.

Nieves Mories: Considero la literatura de terror como una terapia en general. Cuando escribo me vuelco por entero en el texto, tanto para lo bueno como para lo malo, así que sí, la parte más rota de mi cabeza va detrás; tanto fobias como obsesiones e incluso mis trastornos ocupan una parte enorme de mis novelas y relatos. Es inevitable cuando te implicas del todo en tu obra. Como lectora no me ayuda el encontrarlas, pero tampoco es algo que me desagrade. Quizá si encuentro una obra que trate de alguno de mis puntos flacos sienta más curiosidad por ella, por ver cómo otros la entienden y la plantean, pero nada más.

Pedro P. González: Claro que la literatura de Terror ayuda, tanto a lidiar con nuestros terrores como a identificarlos. Entender cómo un personaje de ficción pelea con sus miedos puede escupir luz y darnos pistas para saber cómo luchar contra los propios. Creo que ya sabemos que el género es mucho más que monstruos, fantasmas y vísceras, y que, por tópico que suene, el terror puede estar en los sitios más pequeños e inesperados. De lo minúsculo a lo enorme y terrible; de una cucaracha o un palillo de dientes a la profundidad del océano o el propio universo. Lo que propone el Terror no deja de ser una sensación, una reacción, y qué peor reacción podemos ofrecer que hurgando en lo más profundo de cada cabecita, en aquello que nos anula como seres racionales y nos lleva al miedo más primitivo, a lo irracional, lo incontrolable y salvaje de una fobia. Yo creo no tener fobias que me bloqueen, pero sí que es algo que tanto como lector y como escritor me atrae. Me veo obligado a integrar, aunque sea de manera inconsciente, estos miedos y fobias que claro que forman parte de quién soy aunque crea no tenerlas.

En cuanto a la extensión de los textos, como autores y como lectores, ¿qué ventajas y desventajas encontráis en el contraste relatos vs. novelas?

Giovanna: La extensión del relato propicia el alto voltaje, la intensidad y un esqueleto del arco narrativo menos quebradizo o, mejor dicho, menos vulnerable a las deliciosas tentaciones de la digresión. Veo la novela como un viaje más largo, más expuesto a las sorpresas de las bifurcaciones. Sin embargo, me embarco en ambas aventuras con la misma actitud y consigna: amar a los personajes hasta las últimas consecuencias.

Santiago: Soy lector y escritor de distancias cortas. He escrito y leo novelas, pero reconozco que encuentro más fuerza en el relato y el microrrelato cuando se trata de géneros relacionados con el horror. Creo que cuando abordo una idea como autor suelo tener en mente más la atmósfera y la historia que los personajes. Estos llegan después, y en ese sentido el relato corto me atrae más, porque me permite focalizarme en la escena, en el horror, más que en el decorado que, por ejemplo, tan magistralmente añade King a todos sus personajes. No siempre me interesa hablar de la vida de mis protagonistas, a veces lo limito a las pinceladas adecuadas para que muestren lo que tengo en mente y dejo que sea el lector el que proporcione los detalles. La novela, para mí, se ve muchas veces obligada a divagar, a añadir tramas paralelas, a detenerse en detalles que me interesan menos cuando lo que busco es el horror.

Nieves: Son dos formatos tan distintos… No creo que uno parta con ventaja sobre el otro en ningún aspecto, más bien que hay que tratarlos de forma individual como lo que son: diferentes formas de creación literaria. El relato tiene la ventaja de la concisión, da más cancha para experimentar y probar estilos o formas de narrar que en una novela cansarían o resultarían demasiado artificiosos. Y la novela te permite explayarte, incluso deleitarte en su desarrollo y estructura. A la hora de leer no hago ascos a ninguno de ellos, con ambos disfruto por igual.

Pedro: Personalmente me encuentro más cómodo en el relato corto y la novela corta. Creo que muchas veces menos es más. La ventaja principal es lo conciso que se puede llegar a ser en el relato corto en cuanto a fondo y lo flexible que puede ser en cuanto a forma. Como lector, los relatos cortos creo que permiten más juegos y máscaras, auténticas genialidades que una novela larga no se puede permitir tanto, ya que atiende (salvando excepciones, «Casa de Hojas», por decir una) a una estructura, un proceso y una propuesta más sólida y compacta. Estas líneas sobre los preceptos de lo que es relato corto y novela puede que se hayan ido difuminando y quizá esta percepción no atienda a la realidad de lo que se viene publicando. Creo que llevar los giros impactantes y los finales chocantes de un relato corto a una novela sería llevarla a un ritmo que agotaría al lector. Trescientas páginas de giros e impactos terminarían por minar la capacidad de asombro del lector. Soy más del bofetón en la cara que de ese tipo de lectura sosegada de casi “traga páginas” ritual.

¿Apreciáis el contraste entre terror nocturno y terror diurno en literatura, amén de la imposibilidad óptica de sentir visualmente su efecto?

Giovanna: Sí, sin duda. El gótico diurno me parece psicológicamente más perturbador, mientras la nocturnidad tiene un código plástico que se presta más al sacrificio del cuerpo, a lo carnal. Pienso en una mañana plena en esos pueblos desolados de Stephen King, donde apenas funciona una gasolinera –pueblos que abundan en las provincias del norte de Estados Unidos–, y el paisaje me causa más pavor que manejar de noche en un sendero oscuro. Así como la sizigia de Jung, el horror solar y la incertidumbre lunar me parecen profundamente complementarios, y los personajes más complejos son los que encarnan esta tensión.

Santiago: Creo que ya hemos dejado atrás el clásico terror gótico de noche de tormenta y que en la literatura podemos disfrutar del horror a la luz del día tal y como se está haciendo en el cine, por ejemplo en Midsommar. Yo llevo años escribiendo relatos de horror sin preocuparme de si ha anochecido o no. Cada texto te pide cómo y cuándo debe ser narrado, y no creo que el terror deba constreñirse siempre a la oscuridad. No siento ese contraste en la literatura, y sí reconozco que a veces es más evidente en otras disciplinas como el cine o el videojuego, que tienden a refugiarse en las tinieblas y la oscuridad cuando narran historias de horror.

Nieves: ¡Por supuesto! Si la obra está bien escrita ese efecto puede tener una potencia igual de enorme que en el audiovisual. Se me viene a la cabeza la excelente “Experimental Film” de Gemma Files, en la que ese terror a pleno sol es un protagonista más y está tan bien construido que se siente con más fuerza que en muchas películas. Pero claro, depende totalmente de lo habilidoso que sea quien lo escriba, si no, apenas puedes percibir la diferencia entre lo nocturno y lo diurno… y en general, de cualquier cosa.

Pedro: Como comentábamos, creo que el terror puede estar en cualquier sitio, en cualquier lugar y momento. Claro que el género ha sentido predilección por la noche, las tormentas y la oscuridad, pues no dejan de ser de esos miedos (como dice algún iluminado) atávicos. La noche, la indefensión, las sombras. El entorno puede ayudar, pero lo que importa es la sensación que se transmite, qué es aquello que nos aterra y nos remueve. Hablábamos antes sobre las fobias, y si por ejemplo (por caer en clichés) nos dan miedo los payasos, nos lo darán a las dos de la mañana o las tres de la tarde. Da igual. Lo importante es cómo integrarlo en la historia. Sí que es cierto que puede ser complicado generar en literatura un ambiente escabroso que aluda al día, pero si aquello que se cuenta es capaz de transmitir, el entorno no deja de ser una sábana en la que proyectar el miedo.

¿Sentís de algún modo la irrupción del universo creepypasta en la literatura de Terror?

Giovanna: Como no leo desde un lugar fandom, no he estado prestando atención a esa específica irrupción, en la modalidad creepypasta. Sin embargo, me atrevo a decir que ese tipo de intertextualidad, esos flashes de otras ficciones, esos objet trouvé –leyendas, fotos, dibujos, juguetes, sueños– han ocurrido siempre en la escritura. En el siglo XIX los Hermanos Grimm recogieron del boca en boca los cuentos de hadas. Lo popular siempre se dará modos de hacer presencia en la literatura.

Santiago: Sí. Hay autores, como Francisco Jota-Pérez, que han incorporado elementos creepypasta con naturalidad a su obra, y creo que todo el universo que crece alrededor de estas historias es fascinante. Yo mismo he escrito relatos con esos mimbres, tratando de recrear el espíritu creepypasta. Lo he visto recientemente por ejemplo en la maravillosa película The Empty Man; qué bien funcionan esas referencias cuando forman parte de la trama, cuando se funden con el horror. En literatura hay ejemplos fabulosos, como los que le abrieron la puerta a Nick Antosca para rodar Channel Zero, y ya lo habíamos visto antes en mangas japoneses. Lo creepypasta es horror, y como autores deberíamos incorporarlo sin miedo a nuestras obras.

Nieves: Para ser sincera, no, y eso es algo que me produce mucha curiosidad. Así como las antiguas “leyendas urbanas” sí que están bastante presentes en la literatura, creo que en el creepypasta hay un estupendo filón que no se está explotando, y me pregunto los motivos sobre el porqué. ¡Habrá que tantear el terreno!

Pedro: Internet y la literatura no son compartimentos estancos, como tampoco lo han sido el cine o las series. Las distintas formas de contar historias beben unas de otras y claro que la influencia de internet se palpa en la literatura y en cómo atraer a según qué públicos. Los Creepypastas no dejan de ser reinterpretaciones de leyendas urbanas, de mitos antiguos e historias que ya llevan muchos años entre nosotros. De Bloody Mary a la chica de la curva. Cada generación tiene una manera de encontrar la forma de expresarlas, y los creepypastas han sabido reciclarse, desde blogs y foros primitivos a canales modernos de youtube y Tik Tok. Sí que es cierto que el periodo de vida de un Creepypasta es realmente corto a no ser que sea realmente bueno; ahí tenemos a Slenderman, Jonathan Galindo o Momo que han sabido aguantar el tipo. Casos tan desternillantes como sangrantes son por ejemplo el «Cañitas» de Carlos Trejo (no es un Creepypasta al uso pero da para meme) o «El libro Negro» de Dross. Esperad. ¿Estábamos hablando de literatura, verdad?

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