Mesa Claiborne

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Daniel Pérez Navarro

Tamara López (Chica Sombra)

B. J. Sal

Melania Santamaría (Avenida Noir)

¿Consideráis que hay temas que dentro de las amplias posibilidades que ofrece la Literatura se tratan mejor desde la óptica del género de Terror? En caso afirmativo, ¿cuáles y por qué?

Daniel Pérez Navarro: El terror permite desmontar todas las estructuras, tanto las personales como las familiares y sociales. Con o sin elemento fantástico, el terror rompe con lo conocido. La alteración de todo aquello que hemos adoptado como costumbres, leyes o normas es radical. En otros géneros podemos encontrar problemas que cambian a los protagonistas que se enfrentan a ellos. En el terror esta metamorfosis puede ser extrema. Puede llegar hasta las últimas consecuencias, sean estas la disolución del yo, la desestructuración de una familia o la desaparición de un mundo. Eso lo convierte en uno de los géneros más interesantes, ya que puede plantear dilemas que en otros géneros resultan inasumibles y conduce a situaciones que nos desnudan, que nos enfrentan a quiénes somos, qué escondemos y lo que podemos llegar a hacer.

Tamara López: Yo diría que sí. A ver, no es lo mismo un fantasma, un zombie o un demonio visto desde una visión terrorífica que, por ejemplo, desde una romántica. Lógicamente, hay temas que en este género tienen muchas más variantes, más salidas.

B. J. Sal: Pregunta complicada para arrancar… Sin querer, pero, sobre todo, no poder generalizar, hablaré desde mi propia experiencia y desde mi proceso creativo cuando abordo relatos de terror (la novela de terror es algo que aún tengo pendiente, pero caerá).

La respuesta rápida sería NO, por dos razones: primera, por ser coherente con mi defensa a ultranza del género de terror como género mayor, y con mayor quiero decir igual de mayor que cualquier otro, y, segunda, por mi defensa (a más ultranza) de la libertad creativa a la hora de abordar cualquier tema dentro de cualquier género. El terror al que yo me refiero (dejo de lado el simple miedo que surge ante una amenaza obvia), el que nace de la sugestión, es capaz de generarse y nutrirse a partir de cualquier aspecto de la vida. Creo que para ello no es necesario recurrir a figuras arquetípicas, clichés de salud mental o el mundo paranormal, tan trillados (y a veces vilipendiados).

Dicho esto, desde mi faceta de escritor, pero también desde la de lector y espectador, pienso que existen herramientas esenciales para desatar el miedo. Por ir a ejemplos concretos: todo lo que suponga la amenaza a la pureza de la infancia es algo que nos hace clavar los dedos en los muslos. En cualquier formato, en cualquier grado, ante un niño/a pequeño/a, el lector levanta las orejas y se tensa, en una respuesta que resulta casi genética/adaptativa. De igual modo siento que pasa algo parecido ante el maltrato animal. Por poner un último ejemplo, la sensación de acecho, sobre todo si se trata de una amenaza desconocida, pero perfectamente confirmada es un mecanismo que, bien ejecutado, funciona muy bien.

Creo, desde mi humilde opinión, que hay mecanismos, más que temas en sí mismos, que pueden desencadenar el terror con mayor facilidad y profundidad. No pienso que haya temas que vayan más en consonancia con ciertos géneros, mucho menos en el terror. Quizás sea la literatura romántica la más limitante en ese aspecto, por el hecho de que no hay sorpresa en cuanto a lo que vas a encontrarte, aunque de igual modo pueda afrontarse de tantas maneras distintas como escritores se aventuren en ese género.

Melania Santamaría: Más bien lo enfocaría como que no se debería limitar ningún tema en ningún género, considerando el terror un género igual de importante que el resto.

Por poner un ejemplo que está muy de actualidad: terror y enfermedades mentales. En nuestra segunda convocatoria, en Avenida Noir, hemos llegado a recibir un fuerte hate por haber propuesto como tema de fondo las enfermedades mentales inusuales.

Iniciativas así, que buscan solo fomentar la creatividad utilizando herramientas que han servido para desarrollar el terror y que funcionan muy bien, hoy en día son susceptibles de ser interpretadas como banalización.

Si mezclas terror con enfermedades mentales, lo estás haciendo mal. Si haces comedia con enfermedades mentales, mal también. Quizás el drama las tolere mejor, pero la mayoría de las veces desde una perspectiva muy victimista, entonces también nos podemos encontrar con que se vea mal que se trate la enfermedad mental como un “drama”.

Así pues, ¿qué hacemos? Porque si no se tratan entonces la queja será que no se les da visibilidad.

Esto es solo un ejemplo en el que me centro por la problemática surgida en Avenida Noir. ¿Por qué desde el drama sí se puede enfocar la enfermedad mental pero no desde el terror? ¿Existen esas limitaciones realmente o son los prejuicios sociales, las corrientes de opinión, la dictadura de la moralidad…?

Lo que marcan estas tendencias es lo que rige de qué se puede hablar; es un problema social, no un problema de literatura.

Hace unos meses vi un video de una experiencia totalmente inmersiva para que el espectador “sintiera”, en la medida de lo posible, lo que vive en su día a día una persona con esquizofrenia. Ese video está hecho por profesionales de la salud mental y a través de muchos testimonios y asesoramiento de personas con este trastorno en concreto. Y por supuesto, dicho por ellos mismos, es terrorífico. He visto muchos documentales sobre enfermedades mentales, y lo primero que dicen los testimonios que las sufren es que da miedo no saber si lo que ves u oyes es real, que es horrible sentir susurros en tu cabeza constantemente, y mil ejemplos más. En algunos casos, hay personas que admiten haber pedido que por favor las tengan bajo control porque tienen miedo de hacer daño a alguien.

¿Realmente es un problema plasmar estas sensaciones en un relato de terror, cuando son de por sí terroríficas?

Un ejemplo absurdo: yo sufro parálisis del sueño. En Netflix hay un documental sobre este tema. Es un documental dramatizado como película de terror. ¿Me debería sentir ofendida porque hagan terror con algo que sufro? Muy al contrario, lo recomiendo mucho, porque explica al 100% como me siento.

¿Qué desprende a vuestros ojos la figura de la madre como personaje concreto e imagen simbólica, como elemento relevante para la literatura de Terror?

Daniel: Quizá es hoy una figura más relevante para el espectador de cine. Madre oscura, Mother! y Mamá son tres títulos recientes del género de terror. A las madres devoradoras las hemos visto en Psicosis, La llorona, Carrie, Babadook o Cromosoma 3. Tanto el cine como la literatura de terror se han acercado también a la madre como figura protectora, no como personaje excesivamente dominador o demoníaco. Madres que se enfrentan a un mal que las supera, como ocurre en La semilla del diablo de Ira Levin y Polanski, o madres que logran que la partida al menos acabe en tablas, como ocurre en El resplandor de Stephen King y Kubrick. Por seguir con lo positivo de esta figura, me parece muy significativo que Kubrick asocie a Wendy con el color que en lo simbólico se asocia a la tranquilidad y la calma (el azul) y a la figura geométrica de lo estable, terrenal y familiar (el cuadrado).

Tamara: La madre es una de las figuras más fuertes y potentes que hay, sin duda. Desde el punto de vista del terror, creo que también es uno de los más aterradores. ¿Hay algo más duro, más cruel que, por ejemplo, una madre asesinando a un hijo?

B. J.: Hablamos de una figura con una potencia tan fuerte, que nos toca tan dentro (para bien y también, tristemente en algunos casos, para mal) que recurrir a ella es, siempre que se haga de manera cuidada, un acierto. El poder del vínculo que siente una madre hacia su hijo/a, llevado al terror, abre un sinfín de posibilidades que se han explotado cientos (y miles) de veces desde todos los prismas. Por dar dos ejemplos “topicazo”, pero que creo reflejan muy bien el amplio abanico que ofrece dentro del terror, pienso en Psicosis y, si no me ha pisado la respuesta Melania de Avenida Noir, solo con citar el título ya todos sabemos el impacto que produjo ese vínculo. Por otro lado, El Exorcista, donde la abnegación de una madre que la llevará a recurrir a una fe en la que no cree para salvar a su hija nos muestra esta figura como un recurso potente que, en este caso, actúa como herramienta/trama instrumental.

Melania: Pienso que, como digo siempre, igual que la figura de un niño que debería ser inocente y se nos presenta malvado nos inquieta, cuando la figura de los padres, que en teoría te protegen, te cuidan y te quieren se rompe, la perturbación es máxima y por eso creo que es algo que funciona muy bien en el género. Rompe los esquemas.

En los primeros años de vida estás bajo la influencia de tus padres, tienen el poder de destruir-te emocionalmente, estás en sus manos, eso si se piensa bien es de por sí terrorífico. Que se lo pregunten a “Carrie”. Así que sí, creo que jugar en ese sentido funciona muy bien en el terror.

¿Le dais cabida mínimamente afianzada al género slasher dentro del ámbito de la literatura de Terror o lo entendéis como algo exclusivamente propio del Terror audiovisual? ¿Podríais citar dos obras literarias que lo ilustren?

Daniel: Creo que sí, que el slasher o algo parecido se encuentra bastante presente en la literatura de terror, no sólo en el cine. Citaría primero Los últimos días, de Brian Evenson, un libro muy de actualidad en España gracias a la editorial que lo ha traducido, Dilatando Mentes. También Joyride, de Jack Ketchum, una novela que se ha publicado en castellano hace relativamente poco tiempo, dentro de La Biblioteca de Carfax. Y fuera de concurso, citaría 14 maneras de describir la lluvia, de un tal Daniel Pérez Navarro, novela presentada en 2013 en la Semana Negra de Gijón y hoy descatalogada.

Tamara: ¡Me encanta el slasher! Es una vertiente del terror fantástica, tanto en películas o series como en la literatura. ¡Me declaro fan de ella! Como obras recomendadas, Cinco tumbas sin lápida, de mi bonito Tony Jiménez (tiene algo de slasher, sí) o Psicopatía, de mi querida Cristina Bermejo Rey.

B. J.: Esperando de Editorial Medina el lanzamiento de la obra de Cristina Bermejo Rey, que si no tengo mal entendido es un conjunto de relatos “slasher” (y que puede que para cuando esto salga ya se encuentre publicada), debo decir que mi ignorancia me mantiene en una posición de incredulidad que espero y deseo desaparezca. Para mí, el slasher solo tiene sentido a nivel audiovisual porque mantener la tensión de un cuchillo/motosierra que te acecha, en la mayoría de casos sin explicación o donde si la hay es completamente lo de menos, es algo que no veo cómo se puede transmitir en una novela. Quizás sí lo vea posible en un relato, pero por más que lo intente no entendería la peli de Viernes 13 en libro. Como digo, es mi incultura la que habla, ya que no he leído ningún slasher y ojalá cuando me tope con uno me dé con el lomo en los morros por blasfemo, pero hasta que eso pase seguiré creyendo que es algo que a nivel novela no es posible, a no ser que mezcle el slasher con el thriller u otros géneros y estemos hablando de una cosa distinta, donde el slasher se limite a escenas concretas, por muy largas que sean.

Melania: No he leído nunca nada de slasher, lo único que se acerca es precisamente el final de la polémica “La mujer en la ventana”, y en el libro no es tan acusado el momento slasher como en la película. Así que aparte de pequeños momentos un poco slasher que pueden haber dentro de un “domestic noir”, no he leído más.

Pero sin haber leído slasher específicamente, creo que no lo acabaría de disfrutar. Lo entiendo como algo más disfrutable a nivel audiovisual.

¿Con qué personas soléis compartir y fomentar activamente vuestro mutuo gusto por la literatura de Terror?

Daniel: Me resulta mucho más sencillo hablar del cine y la literatura de terror desde la distancia, a través de redes sociales diversas o entrevistas como la de ahora, que en el ámbito familiar o con el círculo de los amigos, digamos, presenciales. El riesgo de ser tratado como una persona estrafalaria, en el mejor de los casos, o como un psicópata en potencia, también ocurre en algunas ocasiones, es demasiado alto. Me gusta devolver la pelota cuando alguien cercano suelta “¿cómo te puede gustar eso?” con un “piensa por qué te desagrada tanto”. Porque creo que, en muchas ocasiones, el rechazo no lo provocan la violencia, los sobresaltos o la casquería.

Tamara: Con mi marido,Tony, por supuesto. Los dos somos amantes de este género, tenemos la suerte de tener prácticamente los mismos gustos. También, por supuesto, hablo mucho de terror con mi amihermana Rain Cross.

B. J.: Comparto mesa con una mitad, Avenida Noir, la otra me la da mi familia escogida: la extrañer, que incluye al universo Dentro del Monolito. La labor, fundamentalmente de José Luis, por fomentar la cultura y posicionar el género en un lugar más respetado me parece encomiable.

Melania: Pues ni mi familia ni mi entorno nunca han sido apasionados del género… así que en realidad empecé con el terror por mí misma y de bien jovencita.

Ahora comparto Avenida Noir con David Corelli, y eso hace que pueda crear proyectos a partir del género que más me gusta, lo que estoy disfrutando mucho.

Y por supuesto con cuentas como @mr.misteryman1980, @elpeliculista, @jorgeloser, @dentromonolito, los amigos de @territorioextrañer…

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