Atravesar un desierto / Travessar un desert , Albanie Casswell

-La Carmensita Editorial-

     Albanie Casswell nos ha traído la arena. La del alma, la más pesada y grumosa, la más ruda, la que menos fácilmente se limpia. Y lo ha hecho con una ambición y un desgarro -terrible equilibrio- impactantes. Nos ha sacudido las sienes y nos ha zarandeado íntimamente. Habla del dolor, la caída vital, el existencialismo más amargo y cruel, la esperanza resucitada y, por supuesto, de su generación, planta enorme cuya sombra alberga todo lo anterior. Irene y Lana han presentado en sociedad una rosa: huele a poesía, pincha con la vida afilada y derrocha belleza natural. Albanie, gracias por atravesar el desierto. Vamos a conocer[lo / te / nos].

     Abrimos la boca ante la densidad. Se vislumbran tres arcos diferentes, perfectamente congeniados, troceados por interludios puente. El prólogo y el epílogo envuelven el conjunto de carne y hueso. El número de poemas roza los cuarenta grados pero no nos hiere. La primerísima parte -y el poemario de cuerpo entero- es triplemente amadrinada por la autora del prólogo, estelar Silvie Rothkovic, y las grandes damas Anne Carson y Mireia Calafell, que volverán a hacer sonar su voz entre las líneas futuras.

Existe otra tripleta inaugural: un coro de tres composiciones que funcionan hiladas como prefacio. Los eslabones son el primer poema, de origen aviario, el primer fruto en tres actos y el primer ‘poema del desierto’, Cómo acabar en un desierto, que sirve de retrospectiva y explicación filtrada del sentimiento ocasionador del estímulo autobiográfico que prende la creación que nos asalta los ojos.

La enriquecedora dualidad lingüística catalana-castellana vierte una cascada de matices, destellos y figuras contrastivas que desde luego invitan al estudio comparativo con hondura y linterna. Es bellísima la hermandad a dos caras. Se alternan poemas dibujados en varios actos de nomenclatura romana y poemas atómicos, comúnmente instados desde un sentimiento, una circunstancia o un paraje concretos (furia, providencia, enfermedad, bosque). Resulta innegable el influjo del espíritu introductorio de las diversas citas que encabezan los tres grandes bloques, esos interludios que arrojan luz sobre el motor básico de cada subconjunto y destilan ciertos detalles de la escenografía, tan árida, desértica, claro, en un alto porcentaje, suspendida levemente por los espacios exóticos y refrescantes: Alud, Oasis e Y al fin, el mar, uno por etapa, reforzados todos por la fuerza de El poema de la ballena, de espectacular hermosura.

La primera parte incluye tres grandes terrenos (el segundo -cronológicamente- es el central, incluso respecto del total del texto, su manifiesto: Poemas para los cachorros que nunca alumbré). Otro de ellos nos escupe la primera de las dos fechas que encarnan el desarrollo poético y lo sitúan en la piel autoral: diciembre 2019. En este primer arco hallamos maternidad, amistad, supervivencia y un cálido baño gélido de pérdida. Se asientan los pilares de la forma, la semántica del mensaje compartido y comienzan a gotear las sucesivas referencias.

En el primer interludio Joseph Isawi acompaña a Carson para introducir abiertamente el tópico de la violencia, la protagonista de la segunda parcela. Accedemos a ella a través del segundo ‘poema del desierto’: Un refugio en un desierto, ya asentados en sus coordenadas, ya fatigados y con los pies hechos barro. La segunda gran puerta de la obra llegará al término de este sendero: un nuevo tridente, la segunda página del manifiesto, conformada por dos composiciones polares –Primeros días de una pandemia y Otras metáforas sobre la violencia y la vida– y una encuadrada en sus paredes, bajo el rezo “A una generación que es la nuestra”. Se podrían decir tantas cosas de esta tripleta y, especialmente, de ese canto generacional… Nos limitaremos a empatizar con su discurso y a ofrecerle este humilde soporte como catapulta a otros medios culturales que, como Altavoz, entiendan la necesidad de versificarnos para trascender.

El interludio liberador de Chantal Maillard y Flavia Company precede una reiteración en tercera fase: volvemos a adentrarnos mediante el desierto; en esta ocasión, dejándolo atrás. Estos pasos finales desprenden el aliento de quien alcanza la paz, sostenida en torno a la segunda fecha biográfica que nos confiesa Casswell: agosto 2020. Se avecina, una vez más, su número favorito a nivel estructural: alcanzaremos un triple postfacio, compuesto por Y al fin, el mar, El ritual y, en el corazón de ambos, la inscripción definitiva en forma de aforismo, culmen de la cima de la luz, el aprendizaje y la continuación vital como individuo superado, mejor que ayer, tras el azote del desierto interno. Pero antes de ese remate hemos alcanzado el bosque, con su pistilo y su polen, hemos sufrido la transformación orgánica mientras cantaba Rosenvinge y, efectivamente, tocábamos el mar, al fin.

Y tras el mar, el epílogo, uno verdoso, renacido, apoyado en un brillante y precioso generador de ambigüedad “como lo entiendas”: feminista para estos ojos lectores, fuertemente feminista, solidificado en la cosmovisión particular de la autora y aquellas mujeres que, incluida ella misma, atraviesan el desierto que se nos ha descrito metro a metro.

     Así las cosas, la primera parte es Pérdida, la segunda parte es Violencia y la tercera parte es Libertad. Un poema con el desierto como protagonista les da la bienvenida. Los finales de dichas etapas son de una importancia crucial, como cierre parcial pero también como enlace. La diversidad formal, patente desde la propia presentación de las composiciones, es fascinante, así como identificable, pues Albanie Casswell tiene una voz poética fuerte, distinguida y generosa en conocimiento, estilo y coherencia. El ave, la ballena, la madre loba… Somos todos nuestros animales.

     Desde Altavoz Cultural agradecemos a la autora esta magnífica obra; agradecemos a La Carmensita su encomiable labor trayéndonos a la primera fila plumas tan revolucionarias. A ti, lectora, lector, te invitamos a conocer este poemario tan potente y a descubrir, un poco mejor, qué hay dentro de él gracias a la siguiente entrevista con su creadora..

CUATRO PREGUNTAS A ALBANIE CASSWELL

¿Cómo fue el proceso creativo de Atravesar un desierto / Travessar un desert? Nos gustaría conocer tu concepción del poemario en términos lingüísticos previos: ¿fue pensado y volcado en catalán y posteriormente versionado a español o el bilingüismo exhibido en la obra fue también equilibrado durante su propia escritura? 

Antes de nada, quería daros las gracias por ofrecerme este espacio de diálogo sobre escritura y literatura, ¡es un placer enorme para mí!  

El proceso de creación de ‘Atravesar un desierto / Travessar un desert’ fue muy orgánico, a la vez que cambió por completo mi manera de entender la escritura. Siempre digo que escribo desde antes de aprender a escribir, puesto que creo que la narración precede a la gramática y se encuentra en nuestro pensamiento desde el juego simbólico de la infancia. Como comento en la nota que cierra el libro, la escritura siempre ha sido algo muy cotidiano, muy natural, poco extraordinario, formaba parte de mí de forma incuestionable, como si fuera otro órgano vital en pleno funcionamiento y estaba acostumbrada a simplemente anotar, vomitar, garabatear… ¡tengo más de catorce años de mi vida registrados en forma de diario! Mi escritura siempre había sido muy automática, espontánea. Pero, aunque me sigue fascinando esa manera de escribir, como si se tratara de un torrente de agua, con el poemario descubrí que la pasión no era suficiente, que en el fondo siempre existe un ejercicio… intelectual… que hace de la emoción una unidad interesante de mostrar. Cuando digo ejercicio intelectual no me refiero a algo forzado ni plenamente racional, pero, por ejemplo, yo no tenía ni idea de mis manías en torno a la corrección, es algo que se me ha ido desvelando intuitivamente, que se dotaba de sentido en el mismo proceso, la forma de escoger las palabras ya no era azarosa, la sonoridad, el peso, la intención…   

Muchos de los poemas de este libro son lo que yo llamo “supervivientes”, versos que han sido escritos hace mucho tiempo y que han ido pasando mis propias censuras cuando a veces cojo todas mis letras y descarto o selecciono. Son poemas que quizás empezaron siendo notas en los márgenes de los libros de mi biblioteca. Tengo temporadas en las que leer y escribir para mí son lo mismo, puesto que mientras leo garabateo ideas o imágenes poéticas; los libros son mis cuadernos. Es posible también que estos supervivientes hayan sido muchas veces transformados; de narrativa a poesía, de poesía a prosa, etc. Los restos, las migajas, son lo que ha perdurado; el núcleo. Es decir, no me planteo el tema y después construyo el poema, sino que el poema revela mis obsesiones temáticas y las agota, es así como se construye el hilo de la historia, no al revés. Cuando puse punto y final a la obra supe que había terminado también de explorar las imágenes poéticas que me habían perseguido los últimos años, fue como cerrar una puerta.  

En términos lingüísticos, como ya se intuye, algunos poemas fueron originalmente escritos en catalán y otros en castellano. Soy bilingüe y a diario utilizo las dos lenguas indistintamente, al hablar chapurreo inventando palabras híbridas. Es cierto, no obstante, que concibo el catalán como mi lengua materna; para mí era muy importante que se respetara de algún modo mi producción en ese idioma y que ello fuera una declaración de intenciones: ¡hablemos con todas las lenguas que sepamos! La diversidad es riqueza y cuando se trata de lenguaje también es amplitud de estructuras mentales, cada lengua aporta imágenes únicas que no existirían de otro modo. Chus Pato separa el uso de la lengua del Estado y la lengua Oprimida, el uso del catalán (así como del gallego, el euskera, el valenciano…) es para mí una forma de resistencia, una responsabilidad con mis raíces y por quienes lucharon por una cultura propia. Yo no hablo de banderas ni fronteras, pero sí de respeto y diversidad cultural. Ahora estoy centrada en una escritura aún más alejada de lo institucional, la recuperación de un vocabulario del pueblo, fluido, oral y vivo; vamos a ver qué puedo trazar con ello.  

Al autotraducirme me encontré frente a muchas piedras, pero como no soy traductora me limité a hacer lo que me vino en gana. Es por eso que muchos poemas no son traducciones literales, incluso varían en sentido y significado, respetan las condiciones de cada idioma. El castellano y el catalán no tienen la misma fuerza ni la traducción literal de una palabra tiene las mismas connotaciones rítmicas. Para mí no se trata de una traducción sino de la creación, casi, de dos poemarios independientes. Dato curioso es que en castellano hay algunos versos que contienen palabras latinoamericanas, puesto que pasé una época muy enfrascada en literatura de dicha geografía, me rompí la crisma intentando encontrar equivalentes en catalán para las connotaciones de esas palabras y al final desistí.  

Respecto de esa dualidad expresiva, nos gustaría saber asimismo qué simbología y qué imaginario, así como determinados referentes o influencias poéticas, han inspirado tus versos, teniendo en cuenta, como decimos, esa exposición final en dos lenguas. 

Existen varios planos en cuanto al imaginario revelado. Si vamos de lo general a lo específico diré que el término de ‘Desierto’ no era para mí una metáfora, sino un estado anímico, un lugar que estuve habitando durante un tiempo. 2019 fue un año terrorífico, un momento donde vi caer todas las edificaciones que había estado construyendo en los últimos cinco años, todo en lo que creía, lo que me daba seguridad… se derrumbaba pieza por pieza. Llegó un momento en el que sentí que caminaba sola en medio de un desierto, donde la arena no era más que los restos de la civilización que con tanto esfuerzo había levantado, no quedaba nada, y sin embargo la Nada se transformó en una posibilidad. Creo de veras en eso tan trillado de que ‘la destrucción es una forma de creación’, la Nada posibilitaba la Creación, coger las partículas de lo aprendido y levantar de nuevo un mundo, desde otra mirada. La capacidad de Creación para mí está intrínsecamente relacionada con la Resiliencia. No me interesaba que el poemario hablara desde el victimismo o el dramatismo, creo que los derrumbamientos forman parte de la vida de forma cíclica y te acercan un poco más al aprendizaje de la conciencia, por eso era imprescindible una voz narrativa que acogiera su propia responsabilidad sobre el paisaje; los escorpiones, cocodrilos, mordeduras, veneno… no son los demás, es uno mismo, ahí radica también la asimilación de la culpa y la posibilidad del posterior perdón. La búsqueda de la re-transformación en mamífero es una búsqueda hacia lo esencial de nuestra condición, ahí acariciamos nuestras heridas más profundas (nuestras violencias) para volver a recordar lo que originalmente somos tras un período en el que nos hemos alejado de ello, es un recorrido personal, pero creo que también es un reflejo social. El andar por el desierto es un andar hacia la conciencia, una transformación paulatina que acaba en un Bosque del cual no teníamos idea de su existencia al empezar el camino; ese es nuestro hogar, “huevito de oro”, el lugar donde podemos crecer, la Madre Tierra que nos sostiene. Es en la tercera parte del libro donde la transformación también se nota en las formas; los poemas se visten con un aura contemplativa, menos egocéntrica tal vez, más despierta respecto a la Unidad con el mundo.   

En cuanto a referentes… podría citar muchos en catalán y castellano, las citas que acompañan los poemas ya dan pistas sobre ello, de poetas pero también de músicos/as; desde Mireia Calafell a Anne Carson pasando por Flavia Company, Christina Rosenvinge, Silvie Rothkovic (un honor que fuera ella quien escribiera el prólogo), los poetas de la antología libanesa ‘Allá donde el río se incendia’, Monique Wittig…Lecturas como ‘Maternidad y Creación’… También hay algo de Chantal Maillard, Gemma Humet, Mercè Rodoreda (esas palomas picoteando en las pesadillas…), Chus Pato, Irene Solà, los Yoga Sutras de Patanjali… Y lugares: el Desierto de las Bardenas, los campos de girasoles quemados de Andalucía, las calas escondidas del Alt Empordà, el bosque de al lado de mi casa y las sesiones de Meditación Bhakti en el Laboratorio de Jessica Walker de Barcelona (el último poema es un parafraseado de una de esas sesiones y de la voz de Jessica).  

Sin embargo, lo que me interesa de veras recuperar es la influencia de una literatura olvidada dentro de la Historia de la Literatura Universal que, por motivos profesionales, vertebra todo cuanto escribo y tiene una gran influencia en mi imaginario inconsciente: la Literatura Infantil y Juvenil, los álbumes ilustrados y la narración oral de cuentos de maravillas. Mi poemario está plagado de ello, mucho más que de las y los autores que os he comentado. En primer lugar, la maravillosa obra de ‘Zorro’ escrita por Margaret Wild e ilustrada por Ron Brook… no fue consciente, pero ahora veo claramente que mi poemario empieza donde termina ese álbum, que además es mi favorito. En él un perro ciego y una urraca de ala chamuscada conviven apaciblemente en el bosque después de escapar de un incendio, hasta que un día aparece un Zorro de espléndido pelaje rojo que seduce a urraca, la aparta de perro y la abandona en medio de un ardiente desierto rojo. Urraca desea morir, pero lentamente, brinca brincando, comienza su largo viaje de retorno. Una lectura con una fuerza poética inconmensurable que os recomiendo mucho. Si queréis saber más, aquí tengo un artículo donde hablo de ello (click). 

Otras influencias… El poema de las Daines (o Damas, en castellano) hace referencia directa a un espacio simbólico dentro de la literatura juvenil como es la Pradera de ‘Bambi’, el lugar más maravilloso para los corzos es también el más peligroso, esa dicotomía me resulta interesantísima de explotar. También en El poema de la ballena rescato la idea de Jon Klassen en el álbum ‘El lobo, el pato y el ratón’ sobre vivir dentro del propio miedo. Y el hecho de haber titulado la tercera parte como ‘Allà a fora’ / Al otro lado’ es una alusión directa a la obra de Maurice Sendak con el mismo título en la traducción catalana y castellana respectivamente, una incómoda oda al crecimiento y a los peligros del mundo exterior, uno de los álbumes más aterradores y extraños, pero también una hermosa obra de arte minuciosamente creada como si se tratara de una ópera.  

Para terminar, debo decir que también hice mía la creencia de que cualquier libro destinado a la infancia puede ser cruento siempre y cuando su final abogue por la esperanza; creo que el poemario tranquiliza nuestra niña interior al estar lleno de eso, de reconciliación y esperanza. 

¿Cómo consideras que se inserta tu obra en el panorama literario actual? Poniendo sobre la mesa tu participación en las I Jornadas Literarias Feminismo y Diversidad que celebramos en junio, ¿crees que tu poemario, a partir de su autobiografismo, contribuye de algún modo a ese espíritu de visibilización, bien sea en forma o fondo, como discurso? 

Sí, creo que cada persona que se dedica a la creación, ya sea utilizando la escritura u otras formas (arte plástico, fotografía, cine…) lo hace en referencia al marco contextual, puede estar dentro o puede transgredirlo, pero forma parte de ello inevitablemente. Considero que en el panorama artístico actual de nuestro país hay una Generación consolidada, desconozco si alguien le ha puesto título pero siento que pertenezco a una ‘Generación de los 90’ en la que compartimos el ansia por visibilizar tabús que debemos superar y que también está influida por haber crecido a expensas de una cadena de crisis económicas, de una juventud precaria, un retroceso en la calidad de vida y una disrupción psicológica también derivada de la exposición extrema a la tecnología, el mundo digital y un consumismo terriblemente agresivo. En nuestros años de escuela e instituto tuvimos que escuchar muchas veces el desprecio de considerarnos una generación que especulativamente tachaban de ‘ni-ni’; ¡qué injustos fueron esos adultos! porque lo cierto es que fuimos ‘sí-sí’; estudiamos y trabajamos, y obtuvimos muy poco. Nos dejamos engañar por la promesa de la meritocracia, nuestros padres pensaron que era suficiente con darnos la oportunidad de una carrera universitaria. Pero no lo fue. Somos una generación a la que se le vendió humo, de algún modo… una generación dañada, rabiosa. Pero creo que esa rabia, bien canalizada, es un buen motor de construcción, porque es energía, es impulso. Y por ello somos también una generación que aboga por el cambio, que lo necesita para poder sobrevivir, que habla desde la transformación, que ha integrado muchas de las luchas que veníamos arrastrando y que les ha dado voz. Puedo decir, alto y claro, que estoy orgullosa de pertenecer a esta generación.   

En ‘Atravesar un desierto’/’Travessar un desert’ hablo también de todo ello. No solo visibilizo temas como los que hablaba en las Jornadas sobre formas de ser madre (asunto que viene destapándose mucho últimamente y que considero muy necesario), sino que también hablo específicamente de esa desilusión por las promesas en el poema dedicado ‘A una generación que es la nuestra’, hablo también de feminismo, de violencia de género, de homosexualidad, de enfermedades mentales… Son los temas sobre los que estamos trabajando en colectivo.   

Recupero también la idea de que ese recorrido del veneno al hogar de origen (la Madre Tierra) no es solo personal, lo siento como un espejo del momento social que atravesamos; estamos de vuelta, porque sabemos que en el neoliberalismo todo son cadáveres, la situación es insostenible, esa es una de las cosas que espero que nos haya enseñado la pandemia. Me gustaría poder decir que estamos transitando hacia una nueva era, aunque sea una ingenuidad. 

¿Qué eventos, presenciales o virtuales, tienes previstos para mostrarle al mundo Atravesar un desierto / Travessar un desert? ¿Dónde pueden encontrarte, seguirte y leerte nuestrxs lectorxs? 

La verdad es que estoy abierta a todo lo que venga. En junio presenté el libro en Madrid, fue muy emocionante, y a finales de julio o principios de septiembre lo presentaré en mi tierra. El libro ha llegado ya a librerías de Madrid, Andalucía y Valencia, pero tengo muchas ganas de que llegue también a Catalunya, las librerías que lo deseen pueden ponerse en contacto con la distribuidora info@malahierba.com . También tengo pensado diseñar algún evento conjunto con otras/os poetas en una de las nuevas librerías de Barcelona, aún está muy en el aire pero va cogiendo forma. Me gustan las propuestas colectivas y comunitarias. Creo que en el Patreon de la editorial (click) aún se puede encontrar una cajita de preguntas que respondo directamente, para quien tenga curiosidad.   

La única red social en la que soy realmente activa es Instagram. Mi cuenta personal de fotografía y reflexión es @llavorsiarrels, tengo otra especializada en literatura @llavorsiarrels_llibres y una más aun en pañales sobre narración oral @llavorsiarrels_voraelfoc . Aunque está algo abandonada también podéis echarle un vistazo a mis dibujos en @albanie.casswell 

En cuanto a blogs, ahora no escribo mucho en digital, pero de vez en cuando subo alguna anotación a albanienotes.blogspot.com. En elrebostdelalij.blogspot.com podéis encontrar mis artículos sobre obras de Literatura Infantil y Juvenil y en llavorsiarrels.wordpress.com encontraréis mi proyecto de acompañamiento y artículos sobre pedagogía y crianza respetuosa.   

Podéis poneros en contacto directo conmigo escribiendo a: albaniecasswell@outlook.com  

¡Muchísimas gracias por leerme, por dedicarme este espacio y por vuestro tiempo! 

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