Mesa Rojo Cadmio

-Altavoz Cultural, septiembre 2021-

Mònica Vidal

Lucyna Adamczyk

Miriam García-Abad Rodríguez

Mario Kuevas

¿Qué rasgos principales destacaríais de vuestro arte a modo de presentación básica de vuestro estilo e identidad creativa?

Mònica Vidal: Mi concepto de arte es interdisciplinar. Fotografío, escribo y dibujo, también he hecho teatro y musicales durante diez años y me gustaría volver a ello algún día. Hice el Bachillerato Artístico y mis asignaturas favoritas eran técnicas gráfico-plásticas y cultura audiovisual, me planteé estudiar Bellas Artes aunque finalmente tomé otros caminos. Durante mis estudios de magisterio tuve varias asignaturas de expresión artística y, aunque quizás pueda sorprender – dados los prejuicios hacia esa carrera -, aprendí más en esas clases que durante el bachiller, ahí casi todo el mundo decía que no sabía dibujar o le tenía pánico a los pinceles y el caballete, pero los ejercicios estaban pensados precisamente para desbloquear la mano y explorar desde lo intuitivo. Tuvimos muy buenas maestras que se tomaban muy en serio sus asignaturas… Yo no podía dejar de mirar los resultados de todas mis compañeras; me parecían sublimes aunque a ellas les diera mucha vergüenza mostrarlos, de mucha más calidad que los de mis compañerxs de bachillerato, lxs cuales sí consideraban que “sabían” dibujar, en todas esas manos tímidas había autenticidad, pureza, algo muy poco contaminado que a mí me impresionó mucho. Eso, y el hecho de observar diariamente a niños y niñas explorar con el dibujo y la pintura, cambió mi concepción del arte plástico y mi forma de acercarme a él, dejé cualquier atisbo de perfeccionamiento o técnica, de encuadre o proporción áurea, y me puse a experimentar de verdad. Hice un curso tremendo con Margarita Mascaró en esa línea, ella también marcó un antes y un después, a partir de entonces el proceso siempre me ha interesado muchísimo más que el resultado. Para mí es un juego de exploración y atrevimiento, de observación, de sorpresa, va muy ligado a cómo concibo la vida y cómo me muevo por ella. Más adelante al hacer la formación de Educación Creadora de la mano de Diraya terminé de entender muchas cosas, esa formación es genial y Vega y Miguel son personas extraordinarias. 

Curiosamente una gran parte de mi familia paterna es artista, se dedica a la pintura, a la escritura o a las artes dramáticas, pero por motivos varios mis hermanxs y yo nunca hemos tenido relación de ningún tipo con ellxs y aunque hemos tenido mucho interés por el arte mucho antes de saber que teníamos todo ese bagaje familiar. Mi hermano siempre ha sido un dibujante excelente, infinitamente mejor que yo, ahora estudia Diseño y sus proyectos son una pasada, para mí es muy emocionante ver lo que hace. Y mi hermana es arte en sí misma, su manera desbocada de ver el mundo es una de las cosas que más me inspiran.

También recuerdo ver dibujar algunas veces a mi padre, él ha dedicado gran parte de su tiempo a la fotografía, y aunque tenemos estilos y enfoques muy distintos no puedo evitar constatar que hay cosas que se llevan en la sangre o quizás en la memoria celular.

Lucyna Adamczyk: No tengo un estilo característico, pero lo que me resulta natural es pintar con acuarelas y pasteles al óleo. Siento que sería más fácil para mi carrera profesional si mi trabajo fuera fácilmente reconocible, pero me aburro dibujando de una manera concreta durante un período prolongado. Si algo me inspira, quiero expresarlo con un estilo que deje salir mi creatividad. Juego con diferentes medios y técnicas. Después de todo, de eso se trata ser creativo.

Miriam García-Abad Rodríguez: En primer lugar, el uso del color. Generalmente no hago muchas mezclas y utilizo mucho la gama de azules y opuestos entre sí. También me caracterizan las acuarelas (que me encantan y siempre las uso). Y suelo inspirarme en la cotidianidad, en la naturaleza o en la expresión del cuerpo humano.

Mario Kuevas: A modo de introducción, mi trabajo es en su mayoría en blanco y negro, siempre intentando buscar el mayor contraste entre luces y sombras, todo esto utilizando de herramienta principal una cuchilla de afeitar como si fuese una plumilla. 

¿Cómo valoráis el mercado actual post-pandemia y cómo creéis que evolucionará a partir de este momento?

Mònica Vidal: Creo que estoy muy lejos de tener nociones sobre el mercado actual como tal, no tengo mucha idea de lo que está ocurriendo en ese sentido. Pero como decía en otra entrevista creo que sí existe una generación de entre veinticinco y treinta años muy potente, lo que considero la Generación de los 90, creo que compartimos el haber crecido encadenando crisis, con un futuro muy incierto y otros factores que crean una sensación de estar todos en el mismo barco, toda promesa ha caído por su propio peso, así que la ingenuidad ha ido menguando mucho. El arte es un reflejo social y creo que lo estamos usando como bandera colectiva, me siento un poco dentro de una familia, incluso cuando no nos conocemos entre nosotrxs estamos cerca.

Sobre la evolución… yo creo que cada vez estamos saliendo más de los cánones, que ya no nos interesa tanto agradar, estamos matando muchas creencias limitantes. Espero de corazón que la expansión de los límites nos lleve a formas más amplias de mirar, interpretar y expresar. 

Lucyna Adamczyk: El mundo del arte es el mundo del arte después de todo. Se adapta. Las artes tuvieron que innovar para sobrevivir. En muchos sentidos, la gente se ha dado cuenta aún más de que necesita el arte para afrontar la vida. Y que hay más personas que buscan música, libros, bandas con las que conectar en línea. La pandemia ha enfatizado la importancia de la tecnología digital y creo que el mundo del arte mantendrá esta tendencia de involucrar a más audiencia a través de medios digitales, por lo que creo que estas formas nuevas de llevar el arte al espectador están aquí para quedarse.

Miriam García-Abad Rodríguez: Creo que a raíz de la pandemia, al haberse formalizado el teletrabajo, se ha permitido darle mayor visibilidad a muchos artistas. Creo que hay un repunte en la necesidad del uso de creativos en diversos entornos laborales. Quizás se deba a que muchas empresas han tenido que optar al mismo tiempo por otras vías de visibilidad y colaboración. Además, la necesidad de expresión que trajo el encierro y el tiempo “libre” contribuyeron al reconocimiento del entorno visual. Por no olvidarnos de todo el tiempo perdido que aún estamos tratando de recuperar. Es verdad que están surgiendo muchos nuevos proyectos y colaboraciones con artistas, pero esto no significa que ya estemos del todo reconocidos, integrados o en las mejores condiciones. De aquí en adelante, creo que se seguirá fomentando la relación con artistas en el ámbito laboral. O al menos esa es mi esperanza ya que nos encontramos ante un entorno que es cada vez más óptico o visual. 

Mario Kuevas: Creo que nos encontramos en un momento de cambio. Una vez finalizó el confinamiento, noté un boom de gente que estaba más interesada en la compra de arte original; espero que esto lo vayamos integrando más en nuestras vidas. Aun así he notado la bajada de eventos en los que se nos daba la oportunidad de darnos a conocer, ferias, exposiciones, presentaciones, etc., aunque este tipo de eventos parece que tímidamente están volviendo. Por otro lado, he notado un auge en el desarrollo de plataformas digitales y venta online, lo que me parece una buena manera de acercar el arte a un mayor número de personas sin necesidad de desplazamientos. 

¿Cómo es vuestro proceso creativo desde cero y en sentido genérico? ¿Aplicáis algún tipo de distinción entre lo que creáis espontáneamente y lo que os piden o encargan?

Mònica Vidal: En cuanto a mi exploración plástica creo que tengo un par de facetas distintas, una es la experimentación del proceso, sobre todo me gusta trabajar con tinta negra y aguados con papeles reciclados, cartones, vegetales… lo que pillo. No digo ‘voy a pintar eso’, sino que me siento y juego con los materiales, esas sesiones de “juego” son las más productivas porque de ellas siempre surgen cosas interesantes que luego uso en proyectos más pensados. Es lo que hago la mayoría de las veces. Hay cuatro cosas que aprendí en bachillerato y que me las he tomado siempre al pie de la letra: no tires ningún dibujo, no uses la goma de borrar – si no es para crear efectos de luz -, no dibujes lo que crees que sabes que hay, dibuja lo que ves realmente (¡observa!, verás que todo parece raro cuando lo observas con detenimiento) y nunca uses modelos de otros dibujos, utiliza fotografías o la realidad. Esa es mi Biblia a la hora de crear. Cuando empiezo un dibujo y de pronto pienso ‘qué mal me está quedando’ o ‘dios mío, la estoy cagando en las proporciones’ aún escucho la voz de mi profesora de entonces diciendo ‘tú sigue’, y normalmente cuando sigues el dibujo va transformándose y, sin borrar una sola línea, de pronto es exactamente eso que tiene que ser. No hay espacio para el titubeo ni la inseguridad en un proceso de exploración porque no hay nada que esté bien o mal. 

Por otro lado está el dibujo que yo relaciono con la atención plena, que es el cuaderno donde dibujo desde la observación, a rotring, plasmando pequeños objetos de la realidad con detenimiento y tomándome el tiempo necesario, no importa el resultado, ¡el proceso es muy terapéutico! 

En ambos casos no me interesa que queden láminas “bonitas”, no me interesa lo decorativo, me interesa lo intuitivo, lo que emerge de dentro, la interpretación personal, lo que sugiere. 

He hecho encargos, pero no me siento muy cómoda con ello, cuando me limitan el tema o la técnica muchas veces pierdo el interés. Me pasa en todos los ámbitos de la vida. Por eso en las temporadas en las que me centro en el arte plástico suelo hacerlo con ideas muy abiertas; ofrezco la creación de un desplegable, por ejemplo, no de lo que contiene el desplegable, porque cada momento es único y puede aparecer cualquier cosa. Si por algún motivo realizo un encargo que pide un resultado final muy concreto casi siempre lo acompaño de un librito con todo el proceso creativo, las pruebas, los bocetos, el camino… a mí me parece mucho más interesante eso.

Desde hace tiempo tengo un proyecto al que llamo ‘La Familia’, se trata de retratos donde el primer trazo siempre es a rotring o rotulador hecho a ciegas (sin mirar el papel, solo al/la modelx) y luego se termina en tintas, le tengo mucho cariño porque con este ejercicio compruebo dónde recae el poder de la expresión y cómo los trazos surgen del cuerpo mismo, cuando hay libertad sin juicio a la hora de crear siempre aparece la verdad. También tengo planeados otros proyectos de retrato, pero objetuales, con cajas de cerilla. 

Lucyna Adamczyk: En algunos momentos, mi proceso creativo puede ser puramente espontáneo, mientras que en otros momentos es metódico. Este proceso varía dependiendo de si estoy trabajando en algunas ilustraciones propias o en una comisión.

Siempre empiezo con la preparación. Reúno todas las ideas e información y las dejo marinar en mi mente. Luego bosquejo ideas. Algunas veces estoy contenta con el primer boceto en sí. Lo más frecuente, sin embargo, es que necesite muchos bocetos para llegar a ese momento eureka. Cuando llega ese momento, ya no exploro. Ese boceto se convierte en la referencia para mi ilustración final, pero, por supuesto, siempre hay espacio para la espontaneidad y la improvisación.

Cuando trabajo en una comisión, siempre suavizo cada elemento en Photoshop. Presto especial atención a los pequeños detalles y ajusto la composición si es necesario. Photoshop me permite crear ilustraciones más rápido, lo que es muy útil para tareas urgentes. También ayuda a no estropear una ilustración cuando estoy acercándome a la finalización, algo relativamente común con acuarelas, por ejemplo. Un trazo falso aquí o allá puede estropear todo el trabajo cuando se trabajaba sobre soporte físico mientras que en digital siempre está la opción de «deshacer». Así que prefiero tener cuidado y tomarme mi tiempo para hacer los retoques finales en Photoshop.

Miriam García-Abad Rodríguez: Depende. Cuando pinto por placer es una necesidad del alma y puede salir cualquier cosa. De repente, un pensamiento me genera una imagen y las cosas fluyen mucho, el resultado final puede no tener nada que ver con las primeras líneas del boceto. En cambio, cuando se trata de un encargo, normalmente existe una idea ya preconcebida que te dice más o menos por dónde tienes que ir. En esto también influye qué tan abierto te dejen el abanico de posibilidades para darle rienda suelta a la creatividad. 

Mario Kuevas: Cuando quiero crear algo desde cero, lo primero que hago es buscar mucha documentación sobre esa temática, para posteriormente hacer bocetos de los cuales acabo eligiendo el que más se adecue a lo que desde un primer momento estaba en mi cabeza y cuente lo que yo buscaba. Una vez elegido el boceto, elaboro el arte final, el cual puede tener modificaciones respecto del boceto. 

Cuando creo algo más espontáneo me permito el lujo de improvisar, experimentar y equivocarme; en cambio, a la hora de hacer un encargo procuro ir sobre seguro. En cualquier caso, la gran mayoría de mis obras tienen un toque identificativo y peculiar, para que la gente lo pueda buscar. 

¿Qué consideráis que engloba el concepto “artista”? ¿Creéis que, a partir del campo de la ilustración, es necesaria la multidisciplinariedad para poder llegar a más público, incluso para alcanzar un mayor reconocimiento?

Mònica Vidal: El arte es una manera de habitar el mundo, una sensibilidad que capta, que reflexiona, que absorbe. Es una forma de amar y de expresar ese amor. El ámbito escogido para explorar esa observación e interpretación del mundo… creo que no es tanto una cuestión de alcanzar reconocimiento o de llegar a más público sino que todas las técnicas forman un todo, un diálogo constante. Escribo mucho más de lo que dibujo o fotografío porque para mí es un lenguaje espontáneo, pero no podría separar las tres cosas, por eso considero mi arte interdisciplinar.

Lucyna Adamczyk: Para mí, un artista es alguien que tiene las habilidades necesarias para hacer cosas totalmente imaginarias que te mueven y te cambian de una manera existencial. El buen arte también se hace preguntas y se las traslada al espectador.

Y no creo que sea necesario ser un artista multidisciplinar para ser reconocido. Creo que tener un estilo coherente y una visión clara de lo que trata tu arte puede ayudar a la gente a comprender mejor lo que quieres transmitir. Haber encontrado un nicho es lo que lo hace único y distinguible.

Miriam García-Abad Rodríguez: ¡Incluso para poder vivir! La finalidad de un artista no solo se basa en lograr un mayor reconocimiento por parte del público y hay muchos artistas que, sin ser reconocidos (o no del todo), viven de sus creaciones y generan un impacto en su entorno. Y… hablo de artistas en cualquier disciplina. Para mí, el artista es la persona que vive del arte y no solo por amor al arte. La figura del artista no se reduce únicamente al concepto idealizado de la tremenda sensibilidad, boina francesa y cigarrillos en la mano. De hecho, la dedicación al arte es más trabajosa de lo que se puede imaginar, y las condiciones laborales te orillan a picar como un ave de los granitos que vas encontrando, sobre todo si trabajas como freelance o autónomo. 

Mario Kuevas: Obviamente es un concepto bastante amplio, lo entiendo como una persona capaz de expresar lo que ve, siente, huele o escucha desde un punto de vista muy personal, diferente y subjetivo, evocando sensaciones para el espectador. En mi opinión, una de las opciones para llegar a más público puede ser la multidisciplinariedad, ya que abarcas diferentes campos de la ilustración atendiendo la demanda de un público más amplio; a pesar de ello, no creo que eso sea importante para tener un mayor reconocimiento, teniendo en cuenta que el reconocimiento se logra por diversos factores que serían motivo de otro debate. 

A estas alturas, ¿qué sentís que debe hacerse desde las instituciones para contribuir a una mejoría en cuanto a condiciones, recursos y oportunidades para quienes deseen volcar su vida en una carrera artística?

Mònica Vidal: Lo que más ha marcado mi desarrollo artístico ha sido el hecho de independizarme muy joven y en situaciones forzosas, eso requirió empezar desde cero y sin ahorros, estudiar, trabajar, realizar prácticas, ocuparme de una casa e intentar cuidar de una relación de pareja cuando aún se tienen pocos recursos para ello, con diecinueve años solo podía aguantar la respiración. Creo que somos muchas personas jóvenes las que hemos tenido que vivir así. Sin apoyo económico es imposible, me refiero; si estudias en la facultad durante mínimo cinco años estás sujeto a una presión constante por la supervivencia, a mí me costó la salud física y mental y la imposibilidad de tener espacio para crear nada. Recuerdo llorar de frustración porque si alguna vez disponía de media tarde libre estaba tan agotada que no podía crear, cuando veía a personas de mi edad ponerle empeño en dedicarse al arte y salir adelante comprobaba que eso era posible solo en tanto que aún vivieran con sus padres u obtuvieran algún tipo de facilidad económica (lo cual no es una crítica, todo el mundo debería tener cierta tranquilidad, ¡suficientemente incierto es el mundo del arte!), para hacer algo bueno es indispensable tener todo el tiempo posible para probar, probar y probar. Al terminar el máster y pasar a únicamente trabajar, aunque la situación laboral fuera (y es) igualmente muy precaria, decidí intentar preservar tiempo para mí, lo necesitaba y no es algo gratuito, pero sí ha supuesto una mejora sustancial en mi calidad de vida y el enfoque de mi energía, pide vivir con muy muy poco si se quiere disponer de algo de margen, pero todo son prioridades. Descubrí lo que ya sabía: la creación lleva tiempo y necesita que la mente esté despejada, requiere mucho vacío, mucho silencio, muchos paseos, mucha observación del entorno, mucho vivir, si no se vive la tensión no permite florecer ninguna idea. En momentos de mucho estrés la mente se bloquea, se necesita espacio en blanco. Creo que ya no se trata de dar más o menos ayudas para el arte y la cultura, sino que es urgente un cambio radical en el modo en el que organizamos nuestras vidas globalmente, estamos enfermxs de estrés crónico, ansiedad y derivados, hemos traspasado tantos límites que ya no es sostenible. No se trata de proteger la cultura, sino de proteger la naturaleza, la exterior y la que habita en nosotros. 

Lucyna Adamczyk: Creo que hay dos puntos fundamentales que deberían contemplarse desde las instituciones: uno que tiene que ver más con los jóvenes que aún no se han iniciado en el mundo artístico y otro con los que sí lo han hecho y en mayor o menor medida dependen profesional y económicamente de su labor artística.

1. Deben permitir que más estudiantes accedan a una educación artística de calidad (artes, artes visuales, danza, teatro, música) en Bachillerato. Por poner un ejemplo, el Bachillerato de artes en institutos públicos es prácticamente inaccesible en Madrid, con una oferta muy limitada en toda la comunidad. Si ya entramos en los centros públicos que ofertan grados medios o grados superiores relacionados con el mundo de las artes, la posibilidad de elección es todavía más limitada, por lo que aquellos alumnos con inquietudes artísticas tienen que o bien pagar una educación de este tipo concertada o privada o bien resignarse a estudiar otras especialidades no relacionadas con el arte.

2. Hoy por hoy la alternativa profesional más frecuente para los artistas es la de convertirse en autónomo, lo que supone un problema a nivel económico por el pago de cuotas mensuales que hay que pagar sí o sí, sin importar que se venda o no. Creo que esta ley fiscal necesita una revisión urgente y que debería ser modificada.

Miriam García-Abad Rodríguez: Fomentar la contratación de artistas y creativos estableciendo convenios laborales como tienen la grandísima parte del resto de trabajos considerados más convencionales. Dotar a más empresas de bonificaciones por contratar estudiantes en prácticas remuneradas que impulsen las carreras artísticas individuales, e implementar más becas de estudio con las diferentes escuelas, incluso con las escuelas emergentes, para contribuir con la salud económica de la sociedad y que esto permita el acceso al derecho que tienen las personas de formarse y ser felices haciendo lo que más les gusta. ¡En lo que son mejores! 

Mario Kuevas: Necesitaríamos un podcast entero (y nos quedaríamos cortos) para abordar este tema. No es ninguna sorpresa que España es de los países europeos menos desarrollados en cuanto a la inversión en arte y cultura. Lo primero sería tener una buena educación artística desde el colegio, aumentando el valor por el arte y la capacidad de expresión, desarrollando nuestra sensibilidad artística. También tendría que haber más inversión en nuevos proyectos (cómic, cuentos ilustrados, cine de animación…), revisar las condiciones de autónomos para artistas (ya que son pésimas y no permiten vivir de ello), más oferta en la educación pública (hay muy pocas plazas en las escuelas públicas), invertir en eventos (ferias, charlas, presentaciones, exposiciones). Vamos, creo que hay mucho trabajo por hacer en este aspecto.

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