Maria Elena Higueruelo

Bienvenida, admirada María Elena, a Altavoz Cultural. Nos gustaría comenzar sabiendo cómo estás, cómo te encuentras en este momento vital y qué intereses configuran tu existencia más allá de la Literatura. ¿Cómo es un día cualquiera en la vida de la poeta cuando no ejerce?

Gracias por invitarme a conversar con vosotros. Creo que estoy en un buen momento vital, con muchas ilusiones nuevas después de un año y medio difícil por las limitaciones del covid y otras cuestiones personales. En cualquier caso, mis días son casi siempre muy prosaicos: cumplo con las tareas cotidianas, converso con mis seres queridos (muchos viven lejos), paso mucho tiempo sola sumergida felizmente en mis cosas y cuando se presenta la ocasión voy a alguna actividad cultural de mi ciudad o hago planes con mis amigos.

¿Cuándo y cómo descubres la Literatura, como lectora y como escritora? ¿Qué te ofrece particularmente la Poesía como forma de expresión?

No considero que la literatura sea algo que se descubra. No está escondida, sino todo lo contrario; creo que nos acompaña de diversas maneras desde edades tempranas. Durante el confinamiento volví a ver uno de mis animes favoritos de la infancia y me di cuenta de que mi relación con la ficción y la imaginación está fundada en esas primeras interacciones con dibujos animados o los cuentos populares que me leían de pequeña. Pero no solo eso; también escuchar el relato de historias familiares siendo niña me parece una actividad literaria, porque no se miden por su valor de verdad sino por su capacidad para asombrar y desplazar los horizontes de lo representable más allá de la realidad inmediata y cognoscible. Conforme se crece, es probable ir necesitando formas y contenidos más complejos y supongo que aquí es donde entra la literatura en sentido convencional. Al menos es lo que creo que me pasó a mí, que me recuerdo leyendo desde siempre, aunque no de forma tan constante ni consciente como ahora. Con la escritura, un poco igual. Soy una persona introvertida, así que siempre he ido buscando instintivamente otras formas de expresión al margen de la conversación cotidiana. De pequeña recuerdo escribir muchos diarios; de adolescente, textos en prosa a medio camino entre lo confesional y la ficción… Creo que la poesía me permite ahora dar estructura a ideas e imágenes simultáneas o aparentemente inconexas aprovechando la parte más sensorial del lenguaje y pone de manifiesto que la forma de enunciar ciertas cosas es mucho más significativa que la cosa en sí. Es sobre todo una vía para esquivar la obligación de la univocidad.

¿Cómo fue el proceso creativo de Los días eternos desde cero, tanto en el aspecto imaginario desde el estímulo como en su estructura y disposición de los poemas que lo constituyen?

Al principio, azaroso y tentativo; no seguía ninguna dirección. Al año, quizá un poco antes, me di cuenta de cuántas cosas habían cambiado en mi vida y en mi carácter en esos meses y me vi muy asombrada por los efectos del tiempo. ¡Tenía 21 años! Casi en ese mismo momento pensé en los versos de Victor Hugo de los que tomé el título y en el mito de Platón que da forma a la estructura del libro. No es una gran anécdota, pero no siempre hay historias apasionantes detrás de los libros. Con el tiempo acabé descartando la mayoría de poemas que había escrito al principio, después de más de un año sin apenas escribir nada, pero al final escribí muchos otros en torno a esas mismas nociones porque fueron años en los que esa constatación inicial no hizo más que intensificarse. Supuse que no era una experiencia exclusiva, así que me parecía interesante intentar construir una especie de bildungspoesie sin caer tampoco en lo evidente de representar experiencias cotidianas de distintas edades. Quería que los procesos se vislumbraran más bien a través de una evolución de las formas y en la elección y el tratamiento de los temas: de lo clásico y diáfano a lo simbólico y discontinuo, de lo explícito a lo problematizante.

Platón y su República. ¿Por qué esa referencia para construir el proceso esencial de tu obra?

Del mito de la caverna me interesa esa tensión constante entre el adentro y el afuera, y me gusta ─o al menos así yo lo entiendo─ que ese afuera no preexiste, sino que es creado cada vez que el sujeto traspasa un límite conocido. El prisionero de la caverna no puede soportar el afuera si le obligan a crecer contra su voluntad, pero aprende a amarlo y celebrarlo si se le permite explorarlo a su ritmo. Creo que es un mito complejo y con muchos matices valiosos y me gustaría pensar que puede prestarle esa riqueza al poemario. Una siempre siente que al interpretarse a sí misma traiciona y devalúa lo que quería decir con los poemas.

Te rodeas de nombres y plumas muy distintas, singulares, muy personales. Los días eternos es una gran reunión de artistas. ¿Cómo se forja esa vasta fuente cultural y qué te proporcionan en concreto Victor Hugo, Chantal Maillard, Dante y Cortázar?

Ahora me doy cuenta de que la abundancia de citas ha hecho del libro una obra culturalista y no era esa mi intención. Uso muchas referencias porque la mayoría de mis ideas provienen de mis lecturas y consideraba que mencionarlas es una forma de gratitud y justicia, pero probablemente casi todos los textos se entenderían perfectamente sin ellas. Escribí este libro en una etapa lectora muy entusiasta, coincidiendo con mis primeros años como estudiante de Literaturas Comparadas y creo que eso lo explica todo. Otra cosa es el uso de personajes literarios en los poemas, que es algo que sí tiene sentido por sí mismo y con lo que me divierte mucho trabajar. Sacar a La dama de Shalott, a Alicia o a Rut, por ejemplo, de sus contextos y pensar cómo pueden comportarse dentro de mi poema, en las condiciones que yo les propongo, abre un terreno lleno de posibilidades.

También le dedicas un poema a Fran Navarro, que visitó La Marabunta: https://altavozcultural.com/2021/05/13/la-marabunta-francisco-javier-navarro/ ¿Cómo dirías que se integra Los días eternos en el marco de la poesía actual? ¿Te sientes parte de una generación como tal -con sus cualidades formales, sus temáticas recurrentes y sus recursos próximos a la intertextualidad y la tecnología-?

Fran Navarro es uno de mis mejores amigos y los dos nos acompañamos mucho en la escritura de Los días eternos y de El bello mundo, compartiendo inseguridades y entusiasmo. Le dediqué ese poema en especial porque lo escribí gracias a una cosa que me dijo a propósito del libro de Jonás y el mito de la caverna; es un lector inteligentísimo. En cuanto a vuestra pregunta, no sé si puedo sentirme parte de una generación que no tengo muy claro que exista. Creo que, por las condiciones materiales de la época, nos hallamos en un momento de producción sin precedentes y me parece que conceptos como el de generación, fraguados un siglo atrás, no resultan ya operativos ni eficientes. Es difícil imaginar herramientas de conocimiento nuevas, pero la literatura contemporánea se ha convertido en algo tan desbordante que se impone la necesidad de aprender a pensar en otros términos. Respecto a mí, me siento parte del panorama porque me siento bien acogida a nivel social e institucional, al menos en este momento, y porque hasta cierto punto comparto sensibilidad e intereses con algunas de las personas que lo integran, pero no tendría del todo claro cómo delimitar las parcelas en términos estéticos. De hecho, una cuestión que me parece interesante es si se entendería mejor este paisaje poético atendiendo a las similitudes estéticas o a las afinidades afectivas.

Los días eternos atraviesa el tiempo en forma de flor, que sale al encuentro del conocimiento con el dolor de quien abre los ojos al sol. ¿Qué es, en tu opinión, lo más arduo de crecer y qué conservas hoy de la María Elena niña?

Conste que, por lo general, a mí crecer me parece algo positivo y con lo que estoy contenta. No echo de menos la turbulencia de emociones incomprensibles de la infancia y la adolescencia; me gusta la adquisición de autonomía, aunque de mi niñez conservo una insoportable tendencia a la nostalgia de la que no logro deshacerme del todo. Aun así, supongo que es una perogrullada, lo más difícil de crecer es la pérdida. Pienso en la pérdida en sentido amplio, porque crecer es ir perdiendo potencia en favor de la definición de carácter; se pierden posibilidades de ser, se pierden versiones antiguas de nosotros mismos y se pierden futuros proyectados, aunque soy optimista y creo que casi siempre es a mejor. También se pierde inocencia a medida que comprendes que el mal es algo verosímil, que las cosas no tienen por qué salir bien o según tus planes; conforme los protectores del bienestar de tu infancia (hablo, claro está, como alguien que ha tenido una infancia cómoda y segura) dejan de ser figuras totémicas y se transforman progresivamente en seres humanos sin agencia total sobre las cosas, te vas sintiendo poco a poco a la intemperie. Luego cada uno se enfrenta a sus propias pérdidas personales. Yo echo mucho de menos a mi madre.

Del Adonáis al Miguel Hernández. ¿Cómo recibes ambas distinciones y cómo dirías que ha evolucionado tu poesía en el periodo comprendido desde la primera hasta la última?

Siempre recibo los reconocimientos con mucha ambivalencia. Hay una parte innegable y predominante de alegría, gratitud, ilusión y cierto orgullo, pero esta coexiste con un efecto rebote que conlleva autocuestionamiento, humildad y vulnerabilidad. El “Miguel Hernández” llega más de dos años después de que terminara de escribir Los días eternos y, aunque por suerte sigo estando satisfecha con muchos poemas, es inevitable sentir ya cierta distancia y ser consciente de sus limitaciones y defectos. No es el libro que escribiría ahora, pero al menos es un libro que me complace haber escrito.

¿Cómo valoras el panorama literario presente y el mercado editorial que lo acompaña? ¿Qué te falta y qué te sobra?

No creo que sea la más indicada para hablar sobre esto porque no soy experta y solo conozco cómo funciona el mercado editorial en una porción muy limitada. Como autora me frustra quizá que muchas editoriales de poesía hayan hecho de los premios su principal vía de publicación y que dificulten tanto el acceso de otras maneras. Yo creo que, en mi caso, los premios ya han cumplido su función. Estoy satisfecha con el espacio que tengo ahora y no quiero seguir jugando a ese juego; creo que los premios de poesía joven deberían existir para descubrir o consolidar voces nuevas, no para reciclar nombres. Pero siento que todo el panorama está siempre congestionado y que las alternativas disponibles son a menudo desalentadoras. También, si he de ser sincera, me resulta inane el modelo de antología actual. Creo que las antologías pueden aportar mucho en un escenario literario tan abundante, pero para ello deben abandonar la vocación de recopilatorio y apostar por hacer cartografías críticas del panorama. Sin duda habrá otras cuestiones más importantes que mejorar relacionadas con el modelo económico que sustenta la industria editorial, pero no me siento capacitada para abordarlas.

¿Qué proyectos literarios tienes a corto, medio y largo plazo?

Estoy atravesando un momento complicado en relación con la escritura porque nada me satisface del todo. Después de mi primer libro, tenía muchas ganas de publicar cosas nuevas para demostrar que podía hacerlo mejor. Después del segundo, siento mucha inseguridad a la hora de compartir nada y demostrar que, de hecho, no puedo. No tengo prisa, pero a veces es difícil reivindicar la lentitud propia en un ecosistema tan lleno de estímulos porque es inevitable sentir que tus ideas caducan antes de ver la luz, que ya hay otras personas haciendo cosas parecidas y mejores y que al final lo que escribes no aporta nada nuevo ni imaginativo. No busco trascender pero me incomoda la idea de escribir sin convicción. No me gustaría nunca convertirme en uno de esos autores que, una vez se han hecho su hueco en el panorama, publican cualquier cosa simplemente porque pueden. Ahora mismo estoy intentando sacar adelante un poemario en torno a cuestiones que me interesan, como las relaciones entre palabra e imagen, procesos cognitivos y afectivos o la convivencia de paradigmas científicos y supersticiosos en las sociedades contemporáneas. Pero como no creo que lo termine a corto plazo, puede mutar mucho en el proceso.

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