Azufre salado, María Vela

¿Quién es María Vela fuera de lo literario? ¿Qué intereses, inquietudes y placeres configuran tu vida?

Estoy segura de que si hablaseis con algunos de mis amigos y les preguntaseis qué tres cosas me definen os dirían:

María adora a los gatos, es feminista y le encantan los libros.

Creo que ese es un buen resumen sobre lo que soy. Libre e independiente, como un gato.

Feminista, porque sé que este mundo está hecho para que hombres y mujeres convivan en armonía, sin importar qué es para quién, si el rosa es de chica o la fuerza es de los chicos. La lucha está viva y que no decaiga. Y los libros; leerlos o escribirlos. Algo que me hace muy feliz es una buena historia. De cualquier manera: que me la cuenten, leerla, inventarla, verla en una serie o en una película…

Por supuesto que luego hay matices que convergen en mí: la naturaleza, la pizza, el invierno, los buenos olores (sobre todo los que me hacen recordar), mi familia, mi sobrino, mis amigas, los paseos en bici por los bosques de Holanda, el amor… Pero es difícil hablar de uno mismo, de todo lo que me configura, de lo que soy grosso modo. Porque yo soy mucho más de entrar al detalle. Y no quiero enrollarme demasiado…

¿Cuándo y cómo descubres la Literatura? ¿En qué momento estalla en ti el impulso creativo como autora y cuáles son los primeros pasos de tu carrera?

Es difícil saber cuándo descubro la literatura. Recuerdo que, de niña, con mis primos nos quedábamos a dormir en casa de mis abuelos y obligábamos a mi abuela a contarnos un cuento. Yo ya amaba las historias. Me hablaba de la biblia y de lo que ella siempre me dejó muy claro que eran anécdotas para que entendiésemos mejor el mundo.

Recuerdo que mis primeros libros, que tenía toda la colección, eran sobre una niña rebelde que empezaba a descubrir la vida llamada Junnie B Jones. En el colegio leía todo lo que nos mandaban leer. Para mí era impensable esos compañeros a los que se les atragantaban los libros.

Siempre tendrá un lugar especial en mi corazón «Palabras de Caramelo» de Gonzalo Moure. Y mi encuentro con el autor de «Calvina», Carlo Frabetti, configuró muchas de mis actitudes como escritora (pero eso da para otra entrevista entera). Recuerdo perfectamente el momento en el que sentí la necesidad de pasar de la literatura infantil a la juvenil. Quería, NECESITABA una buena historia de amor. Fui con mi madre a la librería y fue entonces cuando cayó en mis manos «Hush hush» de Becca Fitzpatrick. Lo devoré y supe que yo quería escribir así. Empecé creando algunos personajes y dándoles escenas sueltas.

Muchos años después, con algunos de esos personajes aún presentes, nació AZUFRE SALADO. Y con él mis primeros pasos en mi carrera literaria. Aún me estoy forjando y ojalá alcanzar algunas metas

Azufre salado es tu más reciente aventura. ¿Cómo fue su proceso creativo y qué mensajes esenciales te propusiste transmitir a través de ella?

Con AZUFRE SALADO pretendía crear una historia de misterio que abriese la puerta al universo que llevaba tantos años construyendo junto a mi mejor amiga. Mis procesos creativos siempre son una montaña rusa. Persigo a las musas y al numen, y no dejo que sean ellos los que vienen de visita. Por eso hay días que lo que escribo me hace sentir satisfecha y otros días no tan inspirados en los que lo que escribo me hace sentir frustrada. He aprendido que de esos días también salen cosas buenas y solo hay que retocar el contenido. 

Con AZUFRE SALADO no fue diferente. Han pasado ya algunos años desde que me sumergí en Venicevand para dar vida a esa historia, pero me recuerdo escribiendo en el autobús, antes de entrar al trabajo, rascando minutos al horario para poder terminar la escena que debía terminar. Suelo cumplir mis metas y me gusta escribir en «tiempos muertos», como yo los denomino.

¿Cuánta dosis de autobiografismo hay en la construcción de los personajes, así como respecto de los escenarios en los que se desarrolla la trama?

Esta es una pregunta de la cual solo mi psicóloga conocerá la verdadera respuesta. No hay nada mío en la novela y, a la vez, en cada uno de mis personajes hay una parte de mí. Invento ciudades porque me resulta más fácil conocer todos sus recovecos. Soy una obsesa de eso. Pero claro que Venicevand está inspirada en mi Cartagena natal. La playa es una de mis grandes y mayores pasiones, no podría vivir sin ella. Hay un poquito de mí en esa ciudad en la que siempre es verano y en la que toda su vida social se construye alrededor de su arena. También hay unas menciones especiales en los nombres de un restaurante y una cafetería (The Bernal’s Burger y Las delicias de Isabella), porque sentía la necesidad de dejar algo de mi alrededor dentro de Venicevand.

¿Qué ha sido lo que más has disfrutado del proceso escritural y qué te ha resultado más complicado? ¿Qué tal ha sido el proceso de producción posterior?

En general disfruto mucho de todo el proceso de escritura. La creación me anima, el desarrollo me deja exhausta pero realizada, releer las escenas me parece increíble y ver la obra terminada fue un pequeño logro para mí. Darme cuenta de que era mi primera novela fue un punto de introspección. Llevaba algunos años intentándolo y tenía la sensación de que todo era una amalgama de ideas. Demasiados personajes embutidos, demasiados escenarios… Así que encontrarme con AZUFRE SALADO, que tenía un porqué, un cómo y un para qué, sirvió para que comenzase a confiar en mi escritura y en que debía empezar a compartirla. Todo el proceso posterior de publicación (autopublicación)… me aterra repetirlo y a la vez estoy ansiosa. Ha sido una época maravillosa y a la vez un pozo de autodestrucción. Ver mi sueño hecho realidad y enfrentarme a todos mis miedos de golpe.

¿Cómo valoras el momento literario actual en cuanto a géneros, tendencias y mercado editorial? ¿Cómo dirías que se inserta tu publicación en ese contexto?

Me parece que la literatura juvenil está muy infravalorada y que por prejuicios mucha gente deja de dar oportunidades a historias fantásticamente construidas con mundos muy elaborados en los que se sostiene la trama de la novela. Me he sentido menospreciada por gustarme y sentirme cómoda en este género (el juvenil) para dar cavidad a mis historias. Me gusta pensar que AZUFRE SALADO es ese «Hush hush» que caerá en las manos de una niña y querrá fantasear con sus propias historias.

¿Qué camino esperas recorrer con Azufre salado bajo el brazo en cuanto a promoción, crítica, opinión y visibilidad? Te deseamos todo lo bueno.

Mi sueño es que AZUFRE SALADO sea mi impulso. Ese pequeño primer paso que me ayude a publicar y cosechar lectores que lleguen a esperar mis próximas novelas. Sueño muy alto, pero también trabajo muy duro. Sé que hay sueños que no se cumplen, pero yo nunca dejaré de luchar por ellos. En cuanto a crítica, tengo claro que es mi primera novela y que mi pluma va mejorando. Espero que l

AZUFRE SALADO

Entrevista a María Vela

¿Quién es María Vela fuera de lo literario? ¿Qué intereses, inquietudes y placeres configuran tu vida?

Estoy segura de que si hablaseis con algunos de mis amigos y les preguntaseis qué tres cosas me definen os dirían:

María adora a los gatos, es feminista y le encantan los libros.

Creo que ese es un buen resumen sobre lo que soy. Libre e independiente, como un gato.

Feminista, porque sé que este mundo está hecho para que hombres y mujeres convivan en armonía, sin importar qué es para quién, si el rosa es de chica o la fuerza es de los chicos. La lucha está viva y que no decaiga. Y los libros; leerlos o escribirlos. Algo que me hace muy feliz es una buena historia. De cualquier manera: que me la cuenten, leerla, inventarla, verla en una serie o en una película…

Por supuesto que luego hay matices que convergen en mí: la naturaleza, la pizza, el invierno, los buenos olores (sobre todo los que me hacen recordar), mi familia, mi sobrino, mis amigas, los paseos en bici por los bosques de Holanda, el amor… Pero es difícil hablar de uno mismo, de todo lo que me configura, de lo que soy grosso modo. Porque yo soy mucho más de entrar al detalle. Y no quiero enrollarme demasiado…

¿Cuándo y cómo descubres la Literatura? ¿En qué momento estalla en ti el impulso creativo como autora y cuáles son los primeros pasos de tu carrera?

Es difícil saber cuándo descubro la literatura. Recuerdo que, de niña, con mis primos nos quedábamos a dormir en casa de mis abuelos y obligábamos a mi abuela a contarnos un cuento. Yo ya amaba las historias. Me hablaba de la biblia y de lo que ella siempre me dejó muy claro que eran anécdotas para que entendiésemos mejor el mundo.

Recuerdo que mis primeros libros, que tenía toda la colección, eran sobre una niña rebelde que empezaba a descubrir la vida llamada Junnie B Jones. En el colegio leía todo lo que nos mandaban leer. Para mí era impensable esos compañeros a los que se les atragantaban los libros.

Siempre tendrá un lugar especial en mi corazón «Palabras de Caramelo» de Gonzalo Moure. Y mi encuentro con el autor de «Calvina», Carlo Frabetti, configuró muchas de mis actitudes como escritora (pero eso da para otra entrevista entera). Recuerdo perfectamente el momento en el que sentí la necesidad de pasar de la literatura infantil a la juvenil. Quería, NECESITABA una buena historia de amor. Fui con mi madre a la librería y fue entonces cuando cayó en mis manos «Hush hush» de Becca Fitzpatrick. Lo devoré y supe que yo quería escribir así. Empecé creando algunos personajes y dándoles escenas sueltas.

Muchos años después, con algunos de esos personajes aún presentes, nació AZUFRE SALADO. Y con él mis primeros pasos en mi carrera literaria. Aún me estoy forjando y ojalá alcanzar algunas metas

Azufre salado es tu más reciente aventura. ¿Cómo fue su proceso creativo y qué mensajes esenciales te propusiste transmitir a través de ella?

Con AZUFRE SALADO pretendía crear una historia de misterio que abriese la puerta al universo que llevaba tantos años construyendo junto a mi mejor amiga. Mis procesos creativos siempre son una montaña rusa. Persigo a las musas y al numen, y no dejo que sean ellos los que vienen de visita. Por eso hay días que lo que escribo me hace sentir satisfecha y otros días no tan inspirados en los que lo que escribo me hace sentir frustrada. He aprendido que de esos días también salen cosas buenas y solo hay que retocar el contenido. 

Con AZUFRE SALADO no fue diferente. Han pasado ya algunos años desde que me sumergí en Venicevand para dar vida a esa historia, pero me recuerdo escribiendo en el autobús, antes de entrar al trabajo, rascando minutos al horario para poder terminar la escena que debía terminar. Suelo cumplir mis metas y me gusta escribir en «tiempos muertos», como yo los denomino.

¿Cuánta dosis de autobiografismo hay en la construcción de los personajes, así como respecto de los escenarios en los que se desarrolla la trama?

Esta es una pregunta de la cual solo mi psicóloga conocerá la verdadera respuesta. No hay nada mío en la novela y, a la vez, en cada uno de mis personajes hay una parte de mí. Invento ciudades porque me resulta más fácil conocer todos sus recovecos. Soy una obsesa de eso. Pero claro que Venicevand está inspirada en mi Cartagena natal. La playa es una de mis grandes y mayores pasiones, no podría vivir sin ella. Hay un poquito de mí en esa ciudad en la que siempre es verano y en la que toda su vida social se construye alrededor de su arena. También hay unas menciones especiales en los nombres de un restaurante y una cafetería (The Bernal’s Burger y Las delicias de Isabella), porque sentía la necesidad de dejar algo de mi alrededor dentro de Venicevand.

¿Qué ha sido lo que más has disfrutado del proceso escritural y qué te ha resultado más complicado? ¿Qué tal ha sido el proceso de producción posterior?

En general disfruto mucho de todo el proceso de escritura. La creación me anima, el desarrollo me deja exhausta pero realizada, releer las escenas me parece increíble y ver la obra terminada fue un pequeño logro para mí. Darme cuenta de que era mi primera novela fue un punto de introspección. Llevaba algunos años intentándolo y tenía la sensación de que todo era una amalgama de ideas. Demasiados personajes embutidos, demasiados escenarios… Así que encontrarme con AZUFRE SALADO, que tenía un porqué, un cómo y un para qué, sirvió para que comenzase a confiar en mi escritura y en que debía empezar a compartirla. Todo el proceso posterior de publicación (autopublicación)… me aterra repetirlo y a la vez estoy ansiosa. Ha sido una época maravillosa y a la vez un pozo de autodestrucción. Ver mi sueño hecho realidad y enfrentarme a todos mis miedos de golpe.

¿Cómo valoras el momento literario actual en cuanto a géneros, tendencias y mercado editorial? ¿Cómo dirías que se inserta tu publicación en ese contexto?

Me parece que la literatura juvenil está muy infravalorada y que por prejuicios mucha gente deja de dar oportunidades a historias fantásticamente construidas con mundos muy elaborados en los que se sostiene la trama de la novela. Me he sentido menospreciada por gustarme y sentirme cómoda en este género (el juvenil) para dar cavidad a mis historias. Me gusta pensar que AZUFRE SALADO es ese «Hush hush» que caerá en las manos de una niña y querrá fantasear con sus propias historias.

¿Qué camino esperas recorrer con Azufre salado bajo el brazo en cuanto a promoción, crítica, opinión y visibilidad? Te deseamos todo lo bueno.

Mi sueño es que AZUFRE SALADO sea mi impulso. Ese pequeño primer paso que me ayude a publicar y cosechar lectores que lleguen a esperar mis próximas novelas. Sueño muy alto, pero también trabajo muy duro. Sé que hay sueños que no se cumplen, pero yo nunca dejaré de luchar por ellos. En cuanto a crítica, tengo claro que es mi primera novela y que mi pluma va mejorando. Espero que llegue a verse esa evolución con más novelas publicadas. Pienso que el único empujón que necesita AZUFRE SALADO es que la gente confíe porque es una novela que atrapa desde la primera página, y tendrá sus pequeños agujeros de guion, pero puedo asegurar que cualquiera que lo lea se quedará con ganas de más. Y eso es lo que pretendía. Esto es solo el principio.

Os quiero dar las gracias por darme esta magnífica oportunidad.

legue a verse esa evolución con más novelas publicadas. Pienso que el único empujón que necesita AZUFRE SALADO es que la gente confíe porque es una novela que atrapa desde la primera página, y tendrá sus pequeños agujeros de guion, pero puedo asegurar que cualquiera que lo lea se quedará con ganas de más. Y eso es lo que pretendía. Esto es solo el principio.

Os quiero dar las gracias por darme esta magnífica oportunidad.

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