Una pequeña historia de mutilación y locura

Sean Hawker

Traducción de Albert Kadmon

-Pathosformel-

   Pathosformel se ha empeñado cabezonamente en conquistar una montaña propia en la cordillera de la literatura extrema: la del splatterpunk. Su equipo de criaturas creativas se esparce por la ladera para sembrar el caos, el dolor, la lluvia roja y el buen humor negrísimo. Enano cautivo es una digna hija de esta maquinaria engrasada con piel mugrienta.

   Capitaneada por una ideal Introducción de Matthew A. Clarke, seguida de un impredecible Prólogo de Topo, introducida después de una espectacular Entrevista a Sean Hawker, esta novela corta llamada Enano cautivo. Una pequeña historia de mutilación y locura está abrochada por una salvaje Nota final de los editores (“Mi año de reposo y relajación con dos enanólogos”) y un regalito en forma de relato a cuatro garras por Sean Hawker y Simon McHardy, titulado “Munging” y escupido violentamente sobre el papel hasta romperlo por pura mancha. Vais a flipar con todo ello, con cada trozo del libro definitivo, con cada genialidad incluida en esta edición inolvidable que venera el terror en su idioma más demente, trituraestómagos y violacerebros. Ahora hablemos de Gary y su pequeña historia.

   Les y Marjory constituyen la pareja más degenerada que hayamos conocido literariamente en mucho tiempo -y seguro que no baja del podio histórico-. Bien es cierto que el pirado mayor es el marido, por motivos tan exageradamente escabrosos que exceden los límites morales de esta reseña -en realidad no: pero tremendo spoiler doloroso que os clavaríamos-. Se enfrentará a ellos Gary, el carismático enano medio actor que asiste engañado a una espiral de salvajismo inusitado incluso para alguien acostumbrado a la vejación social, laboral, cultural… Gary es un diminuto punto de luz en el jardín de las tinieblas.

   Hemos disfrutado enormemente con su búsqueda desesperada de supervivencia, con esas brutales escenas de cotidianidad impostada por la chiflada pareja, con los impresionantes y creativos enfrentamientos entre los dos hombres, con los momentos de intimidaJAJA, perdón. Ha sido deliciosamente agridulce volver a destapar el tarro de sesos que es el splatterpunk bien cocinado, con sus férreas aristas de denuncia, con sus pintorescas ocurrencias que atraviesan el paisaje para ser el paisaje y con el mordaz tono que nos rasca, no sin sangrar, esa carcajada de boca llena. 

   La labor de Kadmon destaca en el tratamiento de un texto tan singular como atractivo, con la necesidad de garantizar una transición amable entre contextos léxico-sintácticos de por sí alejados, acentuada su diferencia natural hasta la deformación por simple actuación del lenguaje típico del ámbito que baña la acción y a sus personajes. En este sentido, encontramos una perla sin parangón: el “pichoncito” que usa Marjory para bautizar a Gary. 

   El compás de la obra es un dulce balanceo estilístico que tiembla hasta el estremecimiento cuando alcanza sus picos más estridentes, los casi-tapaojos. Nos encanta porque nos repugna. Si encuentran otra definición mejor para este amor avísennos y les indicaremos por dónde pueden meterse sus palabras. Mil gracias, Pathosformel.

   Nota abajo: Munging es otra bomba de dimensión reducida que desborda las páginas para talar nuestra mente y alojarse en la retina durante un día, dos, tres… ¡Viva la gente que se junta con otra gente para hacer cosas!

Altavoz Cultural

Entrevista a Albert Kadmon

¿Cómo ha sido, desde una perspectiva panorámica, tu experiencia profesional con el texto de Sean Hawker hasta su conversión definitiva en Enano cautivo?

La verdad es que teníamos este libro contratado desde el inicio porque lo leímos y quedamos un poco… obsesionados con todo lo que hace Sean, luego fuimos completando y leyendo el resto de sus obras (por eso, depende cuando salga esta entrevista, habremos publicado en la colección digital Campamento Sangriento su cuento Bebés adultos). Lo que sucedía es que visto con un poco de perspectiva se aprecia mucho más el estilo de Hawker como variable respecto al splatter tradicional, se valora más el toque de humor entre tantas cosas grotescas cuando se ha visto que eso es más excepcional entre los autores. Así que casi como si de un cuadro de museo se tratase tenía más sentido después de Lee y Havok. Luego cada uno lo lee como quiere y el lector llega hasta el texto en el momento menos pensado, pero, bueno, hay que ponerle un poco de sentido al catálogo. Digo esto del sentido como si fuéramos finos curadores de arte cuando, respondiendo a la segunda pregunta, la verdad es que luego es todo más un poco caos. Kadmon también edita en Bronca, donde en verano publicaron un fanzine de Colectivo Juan de Madre ilustrado por Topo, que debía hacer el material extra de este número, así que se solaparon un poco ambas cosas. Por suerte está Oset, que equilibra el ying del yang del resto y llegamos a hacerlo todo y más. 

¿Cómo dirías que contribuye originalmente esta obra al imaginario sobre los enanos como personajes tradicionalmente tratados desde una mezcla de comedia y terror? ¿Qué influencias has tenido a mano en este sentido al visualizar la acción y construir tu propio modo de transmitir el personaje de Gary?, ¿qué margen de maniobra consideras que has podido permitirte?

Sobre los enanos es solo que los protagonistas de la historia quieren un actor que haga el papel de niño pequeño para fingir por un día que son una familia tradicional. No creo que la aparición tradicional fuera la más fina, entonces me gusta pensar que lo que hemos publicado tiene que ver con un tipo de humor más gore que propiamente relativo al tema de la alteridad, que es de lo que tratan entre otras cosas las apariciones mencionadas. Por eso para pensar en Gary lo importante era considerar que es un tipo que está hasta las pelotas de la gente con la que le ha tocado trabajar, como nos sucede a todos. Yo creo que al leer el libro todo el mundo verá que el margen de maniobra me lo tomé en el modo en que se dirigen hacia él, eligiendo el término ‘pichoncito’ de entre todos los sinónimos posibles.

En Altavoz tuvimos el placer de disfrutar de Torso, de Edward Lee, otro enorme exponente del género splatterpunk. ¿Cómo te sientes tratando este género desde la óptica del traductor y qué diferencias sutiles aprecias respecto de los estilos de Lee y Hawker?, ¿qué consideras que has tenido que aportar para que los lectores hispanohablantes puedan reconocer dichas diferencias?

No recuerdo nunca quién lo dijo (quiere sonarme que Eliot o Pound, casi seguro que era un poeta): que no lees algo de verdad hasta que lo relees. Entonces eso es algo que puede hacer cualquiera pero que definitivamente hace el traductor, así que aunque sea un trabajo lento hay una secreta recompensa, como si pudiera desmontar la carrocería de los deportivos de algunos de mis autores y autoras favoritos para mirar de cerca el motor y los engranajes.

Como traductor tratando el género… pues supongo que un poco lo que les sucede a toda la gente que trabaja en la literatura de género y en el pulp, que si no fuera por las enormes amistades que haces por el camino se puede volver un poco más solitario, ya que ni prensa, ni críticos te prestan la misma atención. Personalmente creo que el splatterpunk trata un gran tema como las injusticias o asimetrías y que el horror extremo nos permite curiosear en ese gran tabú que es la muerte, no entiendo demasiado que no quieran entrevistar a los autores en igualdad de condiciones. 

Sobre las diferencias, bien, la verdad es que justamente se trata de casos en el campo léxico radicalmente contrapuestos. Lee fue reto el año pasado y lo ha sido éste preparando la novedad del que viene: usa jerga de comunidades que no tienen un equivalente cultural en castellano y formas antiguas, no he contado cuántas veces pero he tenido que pausar múltiples veces la traducción durante más de media hora porque el tipo había usado una palabra del ejército que no sale en diccionarios o cosas similares. Con Hawker no sucede eso, es todo muy fácilmente traducible porque su estilo es lo que podríamos llamar minimalista. En los casos así, que yo llamo minimalistas, las frases tienen pocos elementos porque hay una determinada palabra convertida en verbo, algo que no podemos hacer en castellano, así que hay que vigilar no hacer la frase demasiado barroca al ponerle un verbo de los disponibles en español y tener que crear un complemento extra. Creo que haciendo bien el trabajo de traductor las diferencias se aprecian solas (es importante subrayar que aunque Kadmon sea traductor la versión que leéis no sería para nada la misma sin las revisiones posteriores de Paz Olivares, que es aquí la correctora pero también la editora de la magnífica Niños Gratis).

Los extras de la edición de Pathosformel vuelven a ser bestiales, incluido ese relato (Munging) firmado por Hawker y Simon McHardy. ¿Cómo valoras la respuesta del público a lo largo de todo este tiempo, desde los inicios de la editorial hasta esta nueva publicación y sus primeras lecturas?

Nuestros lectores son la h****, la verdad es que cada una de sus reseñas y comentarios son puro combustible para todo el equipo. Sobre el material extra la gente parece agradecer sobre todo las entrevistas, así que pensamos mantener esa línea; no veáis los extras que hay cocinándose para las ediciones del año que viene. Agradecemos también a las editoriales que han actuado como hermanos tendiendonos la mano, especialmente a Dimensiones Ocultas. Esperamos que la masa de lectores vaya creciendo para hacer ediciones cada vez más «tochas» y que mucha gente pueda venir al Splatterfest el 3 de diciembre en Barcelona.

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