Galicia en Federico García Lorca

Relación entre Lorca y Blanco-Amor en “Seis poemas galegos y Romances galegos”

Montserrat Villar González

   Estando yo este Septiembre en Santiago de Compostela, nuestro guía turístico mencionó a Lorca y su amor por las tierras gallegas. Ya estaba el libro de Montserrat en la calle, y yo, como buena abanderada, primero de Lorca y después de Lastura, que sabía sin haberlo leído que me iba a encantar, se lo recomendé al hombre que nos estaba guiando. Y estuvimos hablando bastante, de nuestro Lorca, que tantas cosas buenas nos había regalado en su excesivamente corta existencia.

   En este libro la autora nos cuenta acerca de la relación de Lorca con Blanco-Amor, cómo se conocen, los viajes que Lorca hizo a Galicia, las relaciones que estrechó allí, su amor por el idioma gallego y, para terminar, sus viajes a Argentina y Montevideo, donde conocerá a los poetas exiliados de las tierras gallegas.

   En sus páginas también encontramos una comparativa entre los textos de “6 poemas galegos” de Lorca y “Romances galegos” de Blanco-Amor, en cuanto a temática, métrica y lenguaje de ambos autores, con una conclusión muy acertada. 

   Además, la obra contiene tres anexos: el primero con los poemas de Lorca, el segundo con los de Blanco-Amor y el tercero con fotografías. Así que si quieres acercarte a la poesía galega de los años 30 y de estos dos autores, no dudes en darle una oportunidad a este librazo y conocer una de las caras más ocultas de nuestro Lorca.

   Mil gracias a Lastura por este regalo. Y a Montserrat por darle vida.

Conmigo vais, mi corazón os lleva: 

páginas sorianas de Antonio Machado

Edición, selección y notas de César Ibáñez París

   Soria y Antonio Machado. Antonio Machado y Soria. ¿Acaso habrá jamás una relación, una vinculación tan hermosa entre las telas doradas de la literatura? El equipo humano de Lastura, desde el extraordinario y emocionante trabajo de César Ibáñez París hasta la presentación final del texto con todos sus rincones, archivos y destellos tallados en papel, pasando por cada una de las personas implicadas en el proceso microscópicamente titánico de amor y dedicación hacia la vertebración de tamaña belleza de libro, puede, podéis gozar de un cálido, ardiente sentimiento de orgullo. Enhorabuena. Gracias, muchísimas gracias, y enhorabuena.

   El estudio que alegra nuestras manos consta de una Presentación, un Prólogo (una exposición parcial de la preciosa conferencia de Gerardo Diego con motivo de la inauguración del curso de 1959 y de la Cátedra Antonio Machado en el Instituto de Soria) y secciones, como las de un esbelto y adornado archivador, con títulos como Poesía, Prosa (contiene textos autobiográficos, prosa narrativa, colaboraciones en prensa, cartas). Posteriormente hallamos dos apéndices:  Apéndice I: Borradores, Apéndice II: Recortes en prensa, los cuales complementan y bruñen toda la colección de textos compartida con auténticos tesoros en sus páginas. 

   Algunas de las referencias que resuenan con mayor fuerza a lo largo del conjunto del volumen, como unos admirables ecos que atraviesan el total del camino por los pasos sorianos de nuestro poeta, son aquellas dirigidas al propio Gerardo Diego, cuando aún era un jovencísimo poeta principiante, al enorme influjo de Gustavo Adolfo Bécquer, el otro gran poeta sevillano dedicado a Soria, y predecesor en esta tarea de homenaje al propio Machado según Gerardo Diego, al queridísimo Juan Ramón Jiménez, a la fantástica leyenda de Alvargonzález, al río Duero, al maestro Azorín o a su adorada Leonor, de la que nacen algunos de los instantes literarios más emocionantes y brillantes de toda la producción artística de don Antonio.

   Lo primero que debemos destacar de tan ingente, generosísimo repertorio polimórfico es que nos ha permitido completar nuestro retrato personal e intelectual de Antonio Machado, años después de haber leído tantas de sus obras estrictamente literarias. Al menos, si no ha logrado esto, porque, desde luego, sería una noticia agridulce -Antonio Machado nos resulta infinito desde la admiración y todo su legado más que vigente, inagotable en espíritu-, lo que sí ha conseguido -y sí celebramos con descarada satisfacción- ha sido acallar esa conciencia que nos acusaba de no haber destinado más tiempo a descifrar al hombre tras la pluma, al amante de Soria tras aquellos famosos Campos de Castilla.

   Lo segundo que necesitamos confesar, y que sigue la línea introducida en el párrafo anterior, es nuestra desbocada fascinación por el excelente escritor de prensa que contenía en su ser don Antonio, por supuesto, no nos referimos solo a su habilidad técnica o su naturaleza expresamente comunicadora, sino a la considerable belleza que desprendían sus descripciones rutinarias, sus comentarios sobre la cotidianidad, su aparente pero arrolladora sencillez al tratar temas de actualidad en su momento, y de esa inherente amabilidad -casi suavidad, diríamos- cuando alude a Soria, a su gente y a su cartografía más íntima, absolutamente desvelada para el poeta caminante.

   A ello, a esta maravillosa doble experiencia de conocimiento y dibujo, se agrega una edición prodigiosa también en el apartado gráfico: el acompañamiento visual que nos entrega a cada leve descanso -como si dejáramos de caminar de la mano del genio- y que contribuye de manera sublime a ese cuadro definitivo de Soria y, sobre todo, de Machado en, de, desde, para Soria.

   Otro de los inmensos aciertos de este rico estudio es su indiscutible encanto para todo tipo de lector, esto es, antoniomachadista o no, más o menos versado en el poeta de Sevilla que amó con el corazón lleno a Soria, más o menos próximo a los tributos del autor a la tierra castellana. Todos los ojos acudirán prestos a su lectura, pues sorprende y deleita con una garantía mágica -y con una armonía soberbia-.

   Soria es poesía, literatura, historia, amor. Soria es, gracias a este libro, un poco más nuestra -de quien no la ha nacido, de quien no la vive, de quien solo puede consolarse con los testimonios y las obras más memorables a sus contornos y placeres-. Viva Antonio Machado, viva su Soria; viva Lastura, ¡viva Lastura!

Altavoz Cultural

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