Belén Conde Durán

-NOU editorial-

   Escribe, Belén, sigue escribiendo, por favor. Qué derroche de entretenimiento es esta fantástica novela. Veinte capítulos abrochados por un epílogo perfecto siguen en primer plano a Nailah, una protagonista espléndida a través de la cual nos reconciliaremos con nuestros orígenes, con nuestro más hondo significado anímico. Gracias a sus aventuras, cuya emoción explota rauda apenas desenrrollamos el principio de AMBARIS: Ojos de lava, disfrutaremos de una maravillosa mezcla entre a priori dos esferas extremadamente alejadas, tan ajenas: lo ordinario de la cotidianidad y lo extraordinario de la Historia, dos caras que, en retrospectiva, no logran sino encajar en un solo cuerpo, en un solo rostro, en un solo nombre; la unicidad del ser humano contado desde sus raíces hasta su identidad actual -somos el resultado de lo que fuimos-.. 

   El convencionalismo de los tipos más tópicos de las relaciones interpersonales (amor, desamor, amistad, rivalidad) será arrasado por un plan superior: traer a nuestra rutina un impacto legendario, atravesado por una impresionante carga de mitología, de misterio inherente a ella y de ambición narrativa. Belén Conde Durán no escatima en factor sorpresa, en ritmo -vértigo, en ocasiones- ni en contundencia -sea gráfica, sea emocional-.

   Será Einar el contrapunto de Nailah; será su madre el espejo celestial. En una balanza en la que el desequilibrio no es azote sino cuerda, sostén, nuestra protagonista permanecerá en un constante vaivén de sentimientos, riesgos y oportunidades. Sus rasgos más íntimos, su volcánico carácter, sus virtudes más férreas o sus habilidades para la adaptación urgente al nuevo escenario que la vida tenderá a sus pies -o sobre su cabeza- estarán a prueba, vigiladas por el ojo lector, desde la primera anécdota. El mundo interior de Nailah se expande como un microclima encerrado en una bola de cristal.

   ¿Y qué podemos reseñar del mundo exterior que envuelve la acción, cada paso de Nailah por completar su autoconocimiento? En AMBARIS: Ojos de lava los espacios y los tiempos se alternan, se intercalan, pivotan sobre unas coordenadas ambiguas y equidistantes que hacen las delicias de los amantes de la verosimilitud rayada, empujada al límite. Dicha virtud, la de la veracidad o, en su término más atenuado, credibilidad, es apuntalada por una riqueza detallística que alumbra auténticos conocimientos sobre tan diversas materias, a saber: Egipto como cultura eternamente esquiva al descubrimiento exhaustivo, tan atractiva como ninguna otra en su relación con los encantos de la muerte; el orbe militar, tan complejo como despampanante; siendo ellas dos las grandes atmósferas que engloban la mayoría de paisajes, cuestiones y referencias, no podemos prescindir de otros puntos de encuadre igualmente relevantes, que dotan de fortaleza a un conjunto especialmente armonioso, cohesionado: la naturalidad de nuestra narradora para adentrarse en el día a día -y las reminiscencias- del núcleo juvenil de los personajes, su magnánima habilidad para encarnar las tan distintas voces que conforman el torrente lingüístico-expresivo de quienes participan en la historia, el milimétrico cuidado para apostar por la empatía hacia Nailah -y otros admirables miembros del elenco- gracias a una minuciosa exposición de manías, códigos y defectos adecuadamente acunados…

   Toda esta capacidad conversa sin esfuerzo con un fenomenal sentido del tempo literario: Belén dispone de agilidad amparada en los chispeantes diálogos y propone pausa cuando es menester -destaca en esta función el catálogo de momentos en los que la autora nos insta a convivir con Nailah a base de rumiar sus pensamientos, sus incertidumbres y sus ilusiones-. En este cóctel bulle un poso de realismo que puede sacudir los cimientos lectores: las moralejas, los aprendizajes propios de la vida misma, de su pura crudeza, rebajan el grado de fábula y fantasía que cincela el cosmos que alimenta el caudal de acción.

   La novela se abre paso por nuestra experiencia literaria blandiendo una poderosa espada: la piel híbrida. La ausencia de etiquetas drásticas es la solución definitiva a una historia que funciona por su potencia para romper estereotipos, pronósticos y lugares comunes. Su público puede ser mayoritariamente de cierto perfil, su género puede aproximarse con más estadística a este o aquel, pero lo verdaderamente innegable es que cualquier persona va a sentir la fuerza, la curiosidad y el buen sabor de boca que nos ofrece una obra redonda, apasionante.

   Así las cosas, AMBARIS: Ojos de lava triunfa desde el buen hacer de su autora y pone el broche a su descubrimiento con un epílogo soberbio. Desde Altavoz recomendamos apuntar en mayúsculas título y creadora. Escribe, Belén. Sigue escribiendo, por favor.

Altavoz Cultural

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