
La literatura costumbrista de la generación millennial está aquí para quedarse, y Carlota Font Castelló hace una fiel representación de cómo puede cambiar la vida de alguien en menos de dos segundos cuando te independizas. Y es que vivir en pareja ya no es definitivo: muchas veces, lo único realmente estable que tenemos son les amigues y la familia cercana.
En esta ruptura, la protagonista, Abril, lleva una vida precaria: trabaja en una galería de arte que la explota a más no poder, estudia un máster en la universidad y su novio la acaba de dejar de la noche a la mañana. Por lo tanto, para vivir en Barcelona no le queda otra más que buscar una compañera de piso. La encuentra de manera bastante fácil: una azafata de vuelo amiga de una amiga que, por casualidades del destino, justo tiene que mudarse cuando Abril lo necesita.
Nuestra protagonista es un poco desastre, no nos vamos a engañar. También hay que entender la edad que tiene: está en ese punto de los veintitantos en el que andas un poco perdida, quieres llegar a todo aún sabiendo que no puedes, estás bastante cansada de existir y, encima, te gusta salir de fiesta porque no te quieres perder nada en esta vida.
Al final, los veinte son una etapa caótica, y cuando compartes piso sabes que puede pasarte de todo. Su compañera resulta tener un trastorno obsesivo-compulsivo que al principio desconcierta a Abril, pero que terminará uniéndolas de una manera bonita. Y aunque tengo que decir que la premisa de una relación bisexual entre dos mujeres en un libro me gusta bastante por la temática, esta relación en concreto me ha parecido muy humana. Está llena de confusión, de querer saber más, de no saber a qué atenerse. Es humana y visceral, pero termina poniéndote el corazón calentito.
Me encanta, además, que aborde el tema de “los jóvenes y el trabajo”, ese chiste que nos contaron de que con estudios llegaríamos muy lejos y mejor que nuestros padres. Carlota hace una gran panorámica de cómo nos tienen engañados y de lo que muchos jóvenes han pasado para mantenerse en el trabajo de sus sueños, por ejemplo. Aunque la protagonista sea historiadora del arte y le encante trabajar en galerías, es totalmente extrapolable a muchos campos laborales actuales. Una barbarie, para mi gusto. Me gusta su caída en la trampa y su renacer laboral, porque es un reflejo magnífico de la vida.
El libro me ha gustado mucho en general: es divertido, una gran representación de la vida actual y bastante curioso. Vamos, el libro perfecto para leer y pasar el rato. Muy recomendable si te gusta la literatura adulta joven y te apetece pasar una tarde divertida. Lo único malo que le pongo al libro es hablar de drogarse como algo normal en la vida y no debería ser así. Lo siento, pero estoy en contra de todo tipo de drogas y su uso literario en este libro no está justificado. Pero por lo demás, el libro está muy divertido.