-Jornadas de Ilustración y Universo Creativo 2026-

¿Cuándo y cómo te inicias en el mundo del arte? ¿Cuál fue ese punto de inflexión en el que decidiste apostar por una carrera profesional ligada al universo creativo?

Yo crecí a mi ritmo en el universo lejano sin pantallas de mediados de los 80, ajena a muchas cosas pero conectada intensamente a la música y a los caminos de tierra y vacas de alrededor de mi casa. Nací gemela; tendría que haber empezado por ahí, porque con el tiempo he descubierto que ese fue el origen de todo.

De entre todos mis pensamientos y algunos dibujos, nunca hubo lugar para imaginarme un futuro laboral ni preguntarme a qué dedicar mi vida. Terminé bachillerato con una matrícula de honor que tampoco nunca esperé recibir. Supongo que el futuro no entraba en mis planes hasta que, tras la selectividad, se presentó de golpe: urgente, confuso, mal iluminado… Por suerte, en aquella ligera penumbra atisbé un destino que me pareció la única salida posible.

Luego descubrí que esa visión salvadora no fue la de una carrera o un trabajo, sino la de mí misma, y que la sensibilidad que nunca me dejó a oscuras me llevaría lejos.

Elegí el camino del arte empujada por algo interno que me hizo sentir  ese camino como propio. Fue mi voz buscando sonar, mi nombre invisible de gemela queriendo ser expuesto sin fallo.

Empecé a experimentar la individualidad, a entrar en conflicto con algunos aspectos de mi identidad anterior y a enamorarme de Granada.

Esta insospechada intuición, que pudo no haber sido vocación sino despiste, se transformó en destino cuando, con el paso de los años, inclinada siempre hacia el dibujo, comencé a dibujarme a mí misma. La parte poética es esa: yo convertida en trazos, en monigote con sentido e historia.

Pero ese punto de inflexión tuvo otro nombre propio: Sergio García. Por aquel entonces, mi profe de dibujo editorial y, antes y ahora, enorme artista, historietista e ilustrador. Él reforzó mis puntos fuertes y gané confianza. Gracias a él me llegaron grandes oportunidades que me marcarían y, años más tarde, reconocer en mí su ejemplo  de la forma de sentir, vivir y trabajar la ilustración me ha hecho ser consciente de que he conseguido ser ilustradora de verdad, o al menos el tipo de ilustradora que quería ser cuando todavía dudaba de mi camino.

¿Cómo es el proceso de creación de tus ilustraciones? ¿Cómo buscas inspiración? ¿Eres más de empezar los proyectos en digital o en analógico?

Hablaré de tinta y folio, aunque ahora esto sea pencil e iPad, porque así empecé y sigue siendo de la misma forma. Mi proceso siempre empieza en una hoja en blanco. Transcribo con trazos zurdos cada mínima idea o referencia que pienso, veo, busco o encuentro.

Porque ilustrar no es solo hacer dibujos. Para mí, ilustrar es sobre todo pensar. Me ayuda ir siempre más allá de la última idea. No sé si soy inconformista o simplemente curiosa, pero para cada ilustración suelo dibujar mucho. Es como plantar semillas que luego observo y coloco allí donde pueda hacerlas crecer. Desde el folio de las ideas, cada una encuentra su sitio.

Lo que más me inspira es conectar. Un personaje con un espacio, una palabra con dos viñetas, una visión con una idea, un fallo con un significado nuevo. Eso es básicamente lo que hago, así dibujo, así trabajo y así vivo: conectando cosas.

Desde que el iPad llegó a mi vida, la parte dibujada de mi trabajo es exclusivamente digital. Para mí fue una revolución: pasé de dibujarlo todo en folios con un Pilot y después escanear, sumando un uso rudimentario pero eficaz de Photoshop, a tener la maravillosa y cómoda opción de trazar en superficie digital. Fue un paso de gigante porque gané tiempo, destreza, confianza… Aunque a los pájaros afortunados de mi primera publicación los dibujé a la antigua usanza y sigue gustándome el resultado. Supongo que las limitaciones generan recursos muy valiosos. Además, alguien creativo se las apaña siempre.

Pero, a pesar de formar parte de la era digital, lo cierto es que mis obras para vender no se materializan a golpe de clic, porque tanto mi colección del Hilo Rojo como los cuadros 3D, que son mis principales creaciones, tienen una elaboración manual e individual.

Aún me resisto al «merchandising» o a estampar mis dibujos en tazas o camisetas, lo que podría multiplicar y facilitar la producción… pero no estoy del todo cómoda con crear productos en lugar de obras. Llamadme romántica.

¿Tienes alguna manía inconfesable como artista a la hora de trabajar? ¿Qué otras técnicas, aparte de las viñetas, te gusta crear?

Lo de inconfesable me despista, porque no encuentro ninguna que deba ser secreta. Pero manías, bastantes. Os hablaré, por ejemplo, del folio aparte.

Cuando me pongo a trabajar en algún proyecto suelo distraerme y perder el tiempo también en otra cosa: otro espacio donde muchas veces dibujo personajes de series o pelis que esté viendo, alguna historieta vivida, felicitaciones de cumpleaños… Me gusta tener ese lugar seguro y tranquilo donde la mano sigue en acción sin exigencias.

También podría decir que tengo la costumbre, o quizá necesidad realmente, de hacer muchos bocetos para una misma idea. Como os decía antes, la búsqueda constante me atrapa.

Y, un poco ligado a eso, añadiré por último, y en honor a mi hermana, que no dudó en sugerírmelo: soy demasiado perfeccionista, a veces a un nivel demencial. Desde luego, no debería hablar del tiempo y el esfuerzo que empleo en limpiar cristales para enmarcar mis láminas del Hilo Rojo… Esa sí que es inconfesable.

A mí me gusta crear de todo. En los primeros tiempos de mi andadura puestera hacía muchos inventos dibujísticos. Me gustaba buscar distintos soportes y materiales, juntar cosas que iba almacenando en torno a mi escritorio. Buscar espacios en los que mis personajes habitaran.

Luego me centré en potenciar aquello que generaba más interés, más ideas, más identidad.

Pero un dibujo puede nacer, crecer y vivir en cualquier parte y de muchas formas.

Ahora que soy mamá, estoy deseando crear un universo dibujado en el que mi hija pueda crecer, disfrutar y desarrollarse al máximo.

Hemos visto que haces ilustraciones personalizadas. ¿Cómo trabajas este tipo de encargos? ¿Qué reto te supone y cómo lo afrontas como artista?

Para mí, una de las partes más valiosas de crear es ofrecer. Suena mucho en mi cabeza aquel » Yo vengo a ofrecer mi corazón», de Fito Páez.

Ya sea mostrándose uno mismo con obras muy personales o prestándose a plasmar las historias, vivencias, visiones y deseos de los demás.

Para mí, dibujar a otros o para otros es hacer algo especial por ellos o para ellos… y, por extensión, siempre he creído que ayudarles a sentirse así: especiales.

Este tipo de trabajos personalizados requiere confianza por ambas partes y genera una gratitud recíproca. Pero también puede ser difícil y exigente. Por eso, son, desde luego, un arma de doble filo que casi siempre me encanta pero también a veces no tanto.

Si aparecen niños, estaré feliz: son mi cosa favorita para dibujar. Los objetos y las cosas inanimadas las disfruto menos… Pero siempre buscaré la idea que me haga conectar lo que me piden con algo que me parezca ocurrente, bonito, original… que me haga sentir que tengo un valor que ofrecer.

Lo bueno es que son un tipo de trabajos que muchas veces te ayudan a ampliar horizontes y que casi siempre generan mensajes, relaciones, intercambios muy significativos, divertidos, interesantes, especiales…

Sigo perfeccionando el proceso y la comunicación para este tipo de trabajos, incluso después de mucho tiempo, porque es muy laborioso.

Cuando recibo una propuesta respondo con un largo mensaje donde explico con detalle precio y proceso. Una vez aceptado, llega mi parte favorita: los bocetos. Con ellos intento plasmar lo que me piden y suelo lanzar también propuestas propias entre las que elegir cuál será la definitiva.

Después preparo el dibujo definitivo y, según el tipo de trabajo que sea —ilustración, Hilo Rojo, cuadro 3D—, los elementos y soportes correspondientes. Monto todo. Una vez listo, aún no termina la tarea. Para mí es una parte esencial añadir algunos regalitos personales. Como, por suerte, tengo clientes recurrentes, siempre estoy ideando nuevos obsequios para no repetir.

Más de diez años después de empezar a vender mis trabajos, nunca he sucumbido a la reproducción automática. Es mi mano, cargada de gratitud y cariño, la que dedica dibujos extra en cada uno de mis paquetes. Necesito hacerlo así. Es la conclusión a la que llego tras cada pelea con esa parte práctica de mi cabeza que necesita ahorrar tiempo y recursos. Suele perder ella porque no se me dan bien los negocios, pero sí los detalles.

 Cada dibujito de trazo único es algo especial. Cada pajarito que echo a volar en Correos vuela en mi nombre, por eso el dibujo vivo, cariñoso e inesperado es esencial. Es identidad y gratitud.

¿De qué formas trabajas tu visibilidad en ese escenario de redes sociales, exposiciones, ferias, presentaciones, espacios tanto físicos como digitales que exigen casi tanta dedicación como el mismo proyecto artístico en sí?

Para poder dedicarme profesional y exclusivamente a la ilustración, para mí ha sido esencial presentarme con mis dibujos en la calle. Dudo que hubiera conseguido hacerme un hueco únicamente con abrirme un Instagram; me parece un terreno demasiado inmenso.

Creo que, para que alguien contemple más directa y fácilmente la posibilidad de comprar un trabajo mío, ha sido esencial tener un puesto donde exponer mi universo dibujístico: una mesa de cuadros dispuestos a hacer conexión, a sacar sonrisas, a generar energía… El punto de conexión principal con muchos de los que después me han seguido en redes.

Yo empecé participando en un mercado de arte gráfico en Granada. Después estuve unos años en Madrid y otros lugares: Santander, Córdoba, Pampaneira…

La presencia real de toda la gente que me ha visto en mercados supone algo inmensamente valioso para mí y para mi carrera, porque es a la vez sustento y energía. 

Cuando temo que mi rastro virtual deje de ser seguido o descubierto, siempre me queda el pensamiento de que puedo salir a la calle cargada de cuadros y dibujos, que con su presencia real me dan cuerpo y lugar a mí también.

Cada vez que he expuesto, me he expuesto. A veces no es cómodo ni sencillo; mueve una energía que te agota y te recarga al mismo tiempo. Pero, en cualquier caso, es una fortuna que no dejo de agradecer.

Las redes me gustan para afianzar y fomentar vínculos, para descubrir y también para mostrarme. Además son importantes para conectar con otros creadores.

Mi visibilidad se ha construido entre el puesto, Instagram, el cliente que repite, quien regala mi trabajo, quien lo recibe… y todas esas pequeñas conexiones que se van acumulando.

¿Cuáles consideras que son los mayores retos a los que se enfrenta a corto y medio plazo el campo del arte visual en estos tiempos de tecnologías, inteligencia artificial… etc.? ¿Cómo te relacionas tú con esos elementos cada vez más presentes?

A raíz de esta pregunta he mantenido una interesante y profunda conversación con la IA, que es algo que hago frecuentemente como herramienta para ampliar. Frente a lo que podría considerarse la reducción de uno mismo, una forma de dejar de pensar… yo creo que puede ser perfectamente al revés: acceder a contenido, ideas, argumentos que hagan crecer tu capacidad, tus opciones y tu criterio.

Centrándome en el campo del arte visual, habría mucho que considerar. Por empezar con alguna idea, podríamos hablar de la diferencia entre crear y generar.

En el mundo actual, cualquiera puede generar una ilustración que exprese o recopile la información que desee. Eso, sin duda, afecta a nuestro sector, porque este hiperacceso nos hace reemplazables por menos dinero y menos tiempo en algunos ámbitos o usos.

Pero sería indispensable hablar también de cosas como autoría, comunicación, expresión… Creo que lo humano siempre va a resultar reconfortante, que, en un sentido profundo, aquello en lo que nos reconocemos nos conecta con nosotros mismos y con el otro.

Gran parte del arte que consumimos y apreciamos nos llega de tú a tú: nos presenta al otro, a alguien con memoria, con vivencias, con un relato propio. En el caso de la IA, eso es un simulacro que, en todo caso, puede reflejarnos a nosotros mismos, pero que no alienta la curiosidad ni la admiración que sí podemos sentir hacia alguien que crea algo con vida. (Y sigue sonando en mi cabeza aquella canción de Fito)

No sé cuánta gente valorará eso, pero el hecho de que sea así me parece suficiente razón como para confiar en lo humano y no por ello dejar de aprovechar la herramienta indiscutiblemente útil, revolucionaria e interesante que es la IA.

Dicho esto, hace unos meses, paseando por un paseo marítimo, compré una concha pintada a un niño que las recogía, decoraba y vendía frente a la playa, porque en un relato que escribí una vez hablé de un chico que hacía lo mismo.

La vida, la experiencia, la memoria… nos conectan, nos mueven y nos seguirán moviendo. O eso espero. Quizá no en todos nuestros paseos, pero tal vez eso también lo haga más valioso.

¿Qué consejo le darías a alguien aficionado al arte que tiene la ilusión de ir más allá y comenzar a profesionalizar su pasión por la ilustración?

A veces no es hasta después de llegar cuando nos damos cuenta de cómo, de por qué o para qué. Si aún no sabes esas respuestas, no te preocupes. Solo ocúpate de hacer, dibujar, buscar, probar, sentir, ir más allá…

En ese camino habrá dudas que se volverán certezas, nuevas dudas, miedos disueltos y otros persistentes… Quizá no llegues a donde esperabas, o sí… Lo más importante es que todo tenga sentido tarde o temprano.

¿Cómo definirías actualmente el panorama creativo en un país como España y qué cosas crees que deberían cambiar para ayudar más al artista?

Es difícil hoy día mantener un espacio de creación sin que la productividad, las obligaciones, las cuotas, el tiempo… nos acechen amenazantes.

Muchas cosas deberían cambiar, pero, por centrarme en algo: ojalá la sensibilidad fuera más valorada y expuesta. Mejor tratada.

No hablo de la sensibilidad como algo frágil o poético, o no solamente, sino de la cualidad de abrirse al mundo, al otro, a nosotros mismos. De dejarse impregnar, conmover y también comunicarse, exponerse y respetar al que lo hace.

Necesitamos tiempo para observar, para hacer cosas que quizá no sirvan de nada, o que no sabemos hacia dónde van. Necesitamos crear y cuidar más esos espacios de sensibilidad.

¿Qué te queda por hacer que te apetezca probar y cuáles son tus próximos proyectos confesables?

Muchas gracias por tu tiempo. Nos gustaría despedirnos con tu recomendación del trabajo artístico de tres compas.

Como fantasía creadora, desde hace mucho tiempo me encantaría hacer hueco a algún proyecto personal más largo y profundo. Mi amigo V siempre me anima y me lo recuerda. No lo olvido, pero nunca llega el momento…

El momento en el que estoy es a punto de retomar el trabajo, varios meses después de ser mamá, y no tengo ni idea de cómo lo voy a hacer, aunque ideas y proyectos no me faltan. Supongo que tendré que valerme del tiempo para sueños que roba sueño. O sea, madrugadas productivas a tope.

Intentar adentrarme en el mundo editorial es la novedad más antigua que anuncio sin parar, porque nunca he conseguido hacer hueco entre mercados y encargos. Podría ser ahora.

También últimamente me motiva mucho la idea de abrir la puerta a una pequeña habitación desordenada llena de cajas y papeles a quien quisiera acompañarme mientras reconstruyo mi manera de trabajar, retomo la historia que empecé por y para mi hija Abril y comparto los tropecientos dibujos, textos, búsquedas e ideas que se esconden detrás de cada proyecto, cuadro o encargo.

Hablaré pronto de ello en mis redes.


Podría hacer tantas recomendaciones. Creo que pega hablaros de algunas compis puesteras tan maravillosas artistas como buena gente:
– CARA – @cara05 @caraa.art  
Muchas cosas bonitas con un sello personal muy vibrante.

– Carmen Campos- @carmenadestiempo
colores vivos, trazo inconfundible y sonrisa.

Hablando de artistas con corazón:
– Natalia Salvador-@nataliasalvadorart
mimo, fantasía y emoción.

*bonus: permitidme añadir a Juanjotage-@juanjotage
sus personajes y él mismo son estilazo y buen rollo.


Muchas gracias a vosotros por acercaros a mí y proponerme esta entrevista. Ha sido un buen ensayo para mi vuelta al trabajo dedicar algunas madrugadas a buscar respuestas, un reencuentro emocionante con mis proyectos y mi historia. Y un placer haberos conocido.

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