-Jornadas de Ilustración y Universo Creativo 2026-

¿Cuándo y cómo te inicias en el mundo del arte? ¿Cuál fue ese punto de inflexión en el que decidiste apostar por una carrera profesional ligada al universo creativo?

El arte es lo que hacen los artistas. Yo soy pintor. Pinto cuadros. No sé muy bien qué es el arte ahora mismo. Para mí es una palabra kitsch.

Yo empecé a dibujar cuando era un chaval, dibujando a Goku y los personajes de Bola de Drac. Tenía un vecino que dibujó a Goku calcándolo del televisor y yo me propuse hacerlo mejor que él sin calcar. Y desde entonces, hasta aquí.

De veinteañero tuve dos bandas de rock y, cuando cumplí los treinta, tuve acceso a un estudio artístico en la Fàbrica de les Arts de Roca Umbert, en Granollers. Cuando pude pintar sin que me importara manchar suelo o paredes, fue cuando empecé a gozar de la pintura. Antes, pintando en las habitaciones de las casas donde he vivido, el simple hecho de tener que montar y recoger los pinceles y tener cuidado de no manchar hacía que abortara misión casi siempre.

Este fue el punto en el que pintar se volvió necesario para mí.

Pero el punto de inflexión profesional fue en 2020, justo antes de la pandemia. Hubo muchos cambios en mi vida a distintos niveles. Uno de ellos fue dejar de trabajar en la fábrica química donde estaba. Tenía un contrato indefinido desde hacía siete años, pero en enero de 2020 decidí, por cosas que no vienen ahora al caso, dedicarme solo a pintar. Hasta entonces había alternado trabajos por cuenta ajena con la pintura.

¿Cómo es el proceso de creación de tus ilustraciones? ¿Cómo buscas inspiración? ¿Cuál es tu técnica favorita a la hora de trabajar?

Voy a empezar por la última pregunta, que es la más fácil. La técnica que más uso es el óleo, porque tiene muchísimas posibilidades. También me gustan mucho el lápiz, el carboncillo y la acuarela, aunque ahora no la uso demasiado; tuve una época en la que sí la utilizaba bastante. Y la ilustración con rotulador también me gusta mucho. Lo que menos me gusta es el acrílico, aunque lo uso más que algunas anteriormente mencionadas.

Y mi proceso de creación es: voy a las 7 de la mañana a la Fundación Eugenio de la Torre, que es donde tengo el estudio, pinto, y vuelvo por la tarde-noche a casa.

No busco inspiración. Las cosas vienen por el propio acto de vivir: lo que veo, lo que leo, lo que percibo de alguna manera va saliendo en forma de pintura sobre tela.

¿Tienes alguna manía inconfesable como artista a la hora de trabajar? ¿Que otras técnicas a parte de las viñetas te gusta crear?

Si tuviera una manía inconfesable, ¿no dejaría de ser inconfesable si te la confesara?

En cuanto a las viñetas, en realidad yo no trabajo con viñetas. Lo que trabajo sobre todo es el dibujo y la pintura. Y ahora también estoy haciendo una especie de fotografía performática, experimentando con la fotografía, el cuerpo y la acción.

Muchas de tus obras tienen una anatomía muy enredada, con posturas muy exageradas además de una gran carga erótica, ¿Cómo has llegado a desarrollar este estilo tan marcado? ¿Has pensado alguna vez en sacar un libro con toda tu obra para ver todo el camino recorrido? ¿Estás trabajando actualmente en una temática en concreto?

Pues supongo que he llegado hasta aquí haciendo, haciendo y haciendo. Trabajando, trabajando. No creo que haya habido una decisión consciente de desarrollar un estilo determinado. Ha ido apareciendo a base de hacer.

Lo de exagerar los cuerpos y su contorsión para abrazarse tiene un sentido. Está bien que digas lo de la carga erótica. Sí, mis obras tienen una gran carga erótica, pero eso no quiere decir que sean solamente eróticas. Yo uso el erotismo como un vehículo o un lenguaje para hablar de más cosas.

Si yo pinto algo, es Deseo. De hecho, suelo decir que no pinto cuerpos, sino el Deseo hecho cuerpo. De ahí toda la exageración de los cuerpos. No son figuras realistas porque mi objetivo no es pintar solamente la realidad que se ve con los ojos.

Yo pinto el Deseo, o yo quiero pintar el Deseo. Es decir, esa fuerza que hace que los cuerpos se muevan. Y ya que la imaginación es infinita, prefiero pintar ese Deseo de manera grande, voluptuosa, potente.

Ese Deseo está ligado al Eros, entendido como una relación de amor con la propia vida. Me interesa esa tensión entre Eros —amor, vida— y Tánatos —muerte, destrucción—. Aquí el Eros no es algo solamente sexual. El Eros es amar. Es amar al entorno y a los seres vivos que lo hacen posible. Para mí, mis personajes desean en distintos puntos de ese Eros, de ese amor. A veces se les puede ver en abrazos calmados y relajados, y en otras ocasiones el Eros está en su fase más incendiaria.

Voy a poner un ejemplo de por qué no creo que mi obra sea solamente erótica.

En los últimos meses he estado trabajando en obras que exploran el concepto de amarse en habitaciones pequeñas. Yo vivo en Málaga. E igual que pasa en otras ciudades, en cada vez más, el problema de la vivienda afecta a las personas como yo. Conseguir alquilar un piso se ha vuelto misión imposible. Entonces la siguiente opción es alquilar una habitación. Pero aun así los precios son tan altos que muchas veces solo se puede aspirar a una habitación húmeda, pequeña y oscura en algún punto lejano de la ciudad.

Este tema lo trato en varias de mis obras. A primera vista puedes ver una pareja follando, pero también estoy hablando de las condiciones en las que podemos amarnos.

¿Si he pensado alguna vez en sacar un libro con toda mi obra? Pues no, de momento no. De momento estoy pintando y haciendo cosas.

Y sobre si estoy trabajando actualmente en una temática concreta, estoy como siempre: cuando me vienen ideas, intento aplicarlas. No estoy trabajando necesariamente alrededor de una única temática.

-Hemos hablado del contenido erótico de tus obras y nos surge una duda ¿Cómo llevas la censura de internet y las redes sociales? Y además, ¿De qué formas trabajas tu visibilidad en ese escenario de redes sociales, exposiciones, ferias, presentaciones, espacios tanto físicos como digitales que exigen casi tanta dedicación como el mismo proyecto artístico en sí?

Yo no me censuro casi nada, o nada. Mi tarea es pintar y el de los censuradores censurar. No voy a hacer su trabajo por miedo

Me van censurando cosas, me van eliminando publicaciones, pero yo no puedo dedicarme a pensar constantemente en qué puedo enseñar y qué no. Yo tengo que plasmar lo que quiero plasmar, con sus pezones, con sus penes erectos o con todo lo que tenga que aparecer. Y luego la gente de las redes sociales que decida si tiene que censurarlo o no. Pero sería una tontería que yo les facilitara el trabajo. Ya que se ponen a joder, por lo menos que les cueste joder.

¿Y de qué forma trabajo mi visibilidad? Bueno, yo no soy un experto ni muchísimo menos. Lo que hago básicamente es pintar y después ir subiendo lo que hago a las redes. Poco más. Tampoco sé trabajar demasiado los vídeos. Cuando hago uno, lo hago directamente: cojo la cámara, me grabo, digo lo que tenga que decir y ya está.

¿Cuáles consideras que son los mayores retos a los que se enfrenta a corto y medio plazo el campo del arte visual en estos tiempos de tecnologías, inteligencia artificial…etc? ¿Cómo te relacionas tú con esos elementos cada vez más presentes?

Bueno, yo creo que, como todo, las nuevas tecnologías empleadas como herramientas, como cosas que te pueden ayudar y hacerte más fácil lo que haces, están bien. El problema es cuando empiezan a hacer tu cosa por ti, cuando empiezan a sustituir tu manera de hacer.

Pero, aún más que la manera de hacer, lo realmente peligroso es que sustituyan al pensamiento y a la imaginación: al proceso mental para llegar a situaciones. Preguntar algo a la IA y creer ciegamente en la respuesta es un acto de fe. Es como preguntar cosas a tu diosito y que este te conteste. Es peligrosa una herramienta que tiene la capacidad de darte todo hecho. Pero, como siempre, ahí está la actitud de la persona. ¿Usas la IA para que te ayude con tareas pesadas y repetitivas, como hacer cálculos, o para ahorrarte el trabajo de pensar? Ahí está el peligro.

Delegar el pensamiento y la imaginación en una máquina no es bien. Imaginar se debe.

Porque si perdemos la capacidad de imaginar, estamos aceptando vivir en una realidad con opciones limitadas. Una realidad tipo test en la que, en cuanto te acostumbras a elegir solamente entre las opciones que te dan, te vuelves extremadamente obediente. Y entonces llega un momento en que esas opciones se han reducido drásticamente.

Imaginar es precisamente el lugar donde podemos ser verdaderamente libres. En la imaginación puede existir cualquier cosa, puede existir cualquier mundo. Ahí está una parte enorme de nuestro poder y eso es algo que no podemos delegar jamás en ningún tipo de tecnología.

Nosotros, las personas de a pie, las que transitamos las calles y para comprar el pan tenemos que ir nosotros a por él, no tenemos el poder de las grandes fortunas, ni tanques, ni hacemos las leyes. Nuestra arma es la imaginación: nos permite pensar en cosas que, aun no existiendo, si existieran, podrían mejorar la vida de más seres vivos.

Poder imaginar mundos mejores nos permite ir hacia ellos, dar pasos hacia ellos, acercarnos. Cada paso hacia esos mundos imaginados es un paso que nos aleja de este mundo cada vez más agresivo.

Creo que parte de la culpa de que este mundo sea una máquina de generar odio la tiene precisamente la fe ciega en alguno de los bandos que nos proponen desde internet. Hay una idea que me interesa: la oposición entre aceptar una ideología como un paquete cerrado de respuestas y la filosofía como una práctica que te enseña a pensar. No hablo de no posicionarse, sino de poder cuestionar también las ideas del propio bando. Pensar es agrietar esa realidad inamovible que te proponen, esa división entre los tuyos y los otros.

Las redes sociales, y también las respuestas que buscamos en la IA, pueden alimentar esa lógica: ¿dónde estás? ¿En qué bando? ¿Eres de aquí o eres de los otros? Las opciones que nos presentan pueden quedarse muy cortas frente a todo lo que somos capaces de imaginar. La imaginación es un algoritmo infinito.

Las nuevas tecnologías son peligrosas en la medida en que sustituyan al pensamiento y al cuestionamiento.

Si no te paras a pensar en la vida del otro, es más difícil empatizar. Y si no empatizas, es muy posible que alguien te proponga un culpable para tus desgracias y tú lo aceptes. Pero ese culpable propuesto suele ser más desgraciado que tú. Ahí no es.

¿Qué consejo le darías a alguien aficionado al arte que tiene la ilusión de ir más allá y comenzar a profesionalizar su pasión por la ilustración?

No soy yo el adecuado para dar consejos. Estoy para que me los den a mí, que yo soy un loco.

Yo realmente no estoy en ferias importantes de arte, ni me llega ninguna galería prestigiosa, ni hablan de mi obra los medios. Si alguien busca hacerse famoso, ganar mucho dinero o entrar en grandes galerías, yo no soy quien para explicarle cómo se consigue.

Yo lo que hago es pintar, y pintar y pintar. Gastar mucho tiempo en el estudio y, cuando no estoy en el estudio, estoy pensando en qué haré cuando llegue al estudio. Si lo que quieren es ganar dinero, mi consejo sería que no hagan como yo.

¿Cómo definirías actualmente el panorama creativo en un país como España y que cosas crees que deberían cambiar para ayudar más al artista?  

Bueno, lo primero que habría que retocar son las cuotas de autónomos para los artistas, teniendo en cuenta cómo trabajamos y la irregularidad de nuestros ingresos.

Se ha aprobado recientemente una nueva regulación laboral para quienes trabajan por cuenta ajena en las artes escénicas, audiovisuales y musicales. Está bien que se avance, pero esa norma no aborda la situación de quienes, como yo, pintamos por nuestra cuenta. Nosotros también necesitamos medidas que nos permitan sostener nuestro trabajo. Así que empezaría por ahí.

¿Y cómo veo el panorama creativo en España? Pues creo que bien. Tampoco estoy superinformado, pero creo que hay muchísima gente haciendo cosas y muchísimos artistas.

Pero sí que, siendo honesto, me da un poquito de miedo la ceguera, la equidistancia y la neutralidad que exhibe mucha gente. Mucho silencio.

Creo que no estamos en un momento especialmente feliz como sociedad y, como he dicho antes, quienes hacemos este tipo de cosas tenemos que mojarnos un poquito. Estamos viviendo momentos complicados y uno no puede callarse y seguir pintando o haciendo cosas como si no sucediera nada.

Me da miedo que una feria de arte parezca pertenecer a un mundo completamente distinto del mundo que habitamos. Igual las exposiciones en galerías.

Porque estamos en un mundo cada vez más agresivo, en el que impera cada vez más el odio, en el que buscamos constantemente culpables, en el que se aniquilan cada vez más espacios naturales y en el que parece existir una especie de añoranza de la violencia.

¿Qué te queda por hacer que te apetezca probar y cuáles son tus próximos proyectos confesables? Muchas gracias por tu tiempo. Nos gustaría despedirnos con tu recomendación del trabajo artístico de tres compas.

Pues imagino que me quedan muchas cosas por probar. Mi proyecto es el mismo de siempre: hacer.

Y como recomendación de tres compas, recomendaría el trabajo de María Oxlahún, David Disoluto y Marc Montijano.

Síganlos, son maravillosos.

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