-Ediciones en el mar-

Llevo menos de 24 horas en el pueblo y el primer libro que he leído es este que me envió Lara hace tiempo. Ha sido un año horroroso y me ha costado mucho encontrarme en esta nueva piel, no voy a engañar a nadie. Mi trabajo en la plataforma va muy enlazado con el duelo que llevo conmigo desde hace casi un año cuando mi compañero se desvanecía. Esta es la primera reseña que hago en meses, porque he sido incapaz de sentarme a escribir ninguna debido a que me da muchísima ansiedad hacerlo, pero he conectado con este libro de una manera brutal.
Hace un mes que rompí mi amistad con una persona (a la que adoraba). Esta relación se acabó por muchas razones, pero la que me hizo terminarla del todo es porque mi amigo estaba pensando en relacionarse románticamente con una chavala 10 años menor. Nunca he entendido, ni entenderé, a los hombres que deciden relacionarse con mujeres mucho más pequeñas que ellos. Es como si tuvieran miedo a las mujeres de su misma edad o como si las menospreciaran por tener las cosas más claras y por ende, ponerles el camino más difícil.
He estado dándole vueltas al hecho de que nosotras , en comparación, nos ponemos límites de edad en la mayoría de los casos. En mi caso son máximo 5 años para arriba y para abajo. Nunca estaría ni con un hombre mucho mayor ni mucho menor. En ambos casos creo que se debe a lo mismo: no estaríamos en el mismo escalón vital. Y no veo por qué tendría que jugar en otro escalón que no sea el mío. No he entendido nunca la necesidad de tener vivencias tan diferentes. Se me escapa muchísimo por qué alguien querría estar con alguien con menos perspectiva vital y por tanto, desde mi punto de vista más vulnerable. Pero supongo que para ellos es un juego de poder. Así sienten que tienen el control suficiente sobre sus pequeñas vidas de hombres heridos porque las mujeres de su edad les rechazan ,por no ser lo suficientemente válidos como para poder tener una relación.
Y digo yo, ¿no será mejor ir a terapia y trabajarse un poco el cerebro, que ir a por mujeres más vulnerables para sentir que se les hincha el ego? Porque a mi su comportamiento lo que me provoca es vergüenza ajena, nada más. Es que a mi me ha tirado fichas un chaval de 17 años teniendo yo ya mis 33 y yo me reía con mis amigos en plan “una cosa es un poco de colágeno y otra es la barra de colágeno puro”. Me reía porque ni por asomo pensé en ningún momento que eso fuera real. Tampoco me sentí halagada. Ni siquiera me lo tomé en serio. Ya lo decía el anuncio del gobierno de España de principios de los 2000: “pezqueñines no, gracias, hay que dejarlos crecer”.
Y este libro… amigas, este libro es la clave perfecta para entender la otra cara de la moneda. Porque yo he pensado todo el rato en la necesidad que tienen ellos de poner el foco en mujeres más jóvenes y vulnerables, aparte de ser unos pedófilos, claro. Que la cultura del porno también nos ha hecho mucho daño en ese sentido, pero hasta ahora no había reflexionado sobre qué les lleva a ellas a relacionarse con hombres mayores y cuales son los daños de hacerlo. Y por eso creo que entra bien este libro.
En el caso de Gemma, ella al principio lo que tiene es un cuelgue de un profesor guapo y joven al que admira, se puede analizar de esa forma. Lo peor es que él, que es un pedófilo, se lo tiene más que estudiado. Sabe lo que tiene que hacer para ganársela es ser el más detallista y bueno del planeta, creándole ilusiones y siendo un zalamero. Comprándole cosas, estando presente, no dejando claro nunca cuales son sus intenciones, jugando a tener un apego evitativo… Obviamente, eso no son habilidades que un chaval de 16 años tenga. Pero con 30 años… ya has vivido lo suficiente como para saber qué cosas pueden funcionar en ciertas situaciones. La verdad, es que me da mucha pena pensar que hay hombres que necesitan de estas dinámicas para conseguir el caso de otras personas y así sentir que tienen poder, de verdad que no lo voy a entender.
La situación es la siguiente: ella se pilla y él aprovecha esta situación para acercarse. Lo malo de todo esto es que el adulto sabe que está mal y juega al despiste. Lo que no entiendo, es como en todo un instituto con otros adultos funcionales y presentes nadie, en su sano juicio, viera comportamientos extraños. Me vuela la cabeza. En mi instituto los profesores tenían buen rollo con los alumnos pero marcaban una línea muy concreta de distancia. Nunca he visto a un profe desayunar con las alumnas. Ni prestarle libros. Ni pasarle notas. Ni hablarles por Whatssap. ¿Estamos jodidamente locos?.
La cuestión es que yo la historia de Gemma ya la he escuchado con anterioridad pero en otras circunstancias y no es más (perdón por rebajarlo a esto) que una relación abusiva de poder. Y qué rabia, amigas. Porque ya es una mierda que esto te pase en tus 20-30 con un igual (por llamarlo de algún modo), pero en plena adolescencia cuando no sabes donde están los límites y no sabes del todo dónde está el bien y el mal del todo… es una mierda.
Pero quiero decir algo, Gemma escribe esta historia para contarnos su experiencia, una que da una rabia que te mueres. Quiero coger a Iván y acabar con él. Hacerle polvo. Ir a la policía, denunciarlo y que deje de ser profesor. Porque esto lo hará con 30, con 40 y con 50. Y cuando ese señor se jubile, si nadie le ha pillado, tendrá una gran lista de mujeres a las que ha dejado en la mierda más absoluta y él saldrá impune de esto. Y por otra parte, me encantaría que Gemma hubiera tenido una figura femenina joven, lo bastante fuerte y concienciada para haber movido cielo y tierra por sacarla de ahí mientras denunciaba a ese pederasta.
¿Qué aprendemos del relato de Gemma? Que pese a todo lo malo, siempre encontramos algo bueno. Que no habría que dar segundas oportunidades a las personas que ya han tenido relaciones con menores. En el caso de Iván, ya tenía un pasado en otro pueblo. Para mí esto ya sería totalmente válido como para quitarle de los procesos de selección de personal del sistema educativo junto a una denuncia. No hay que ser imparcial cuando hablamos de la vida de menores.
Otra cosa que aprendemos, es que esta gente tiene las dinámicas muy aprendidas. Esta gente sabe perfectamente cómo tienen que hacer las cosas como para que no salte la liebre del todo. Para que pueda parecer que la culpa la tiene la menor porque está obsesionada con su profe mientras ellos son los que van con el tira y afloja sin miramientos. Que rabia más grande, no te lo voy a negar. Porque estas dinámicas se repiten muchísimo y a veces pienso que no vamos a poder acabar con ellas y de verdad que me duele tanto el pecho….
Te abrazo mucho, Gemma, por ser tan valiente de contar tu historia y que a la vez te haya servido de terapia. Gracias por enseñar la otra cara de la moneda, por ponerle nombre a una situación de mierda. Tu relato es importante porque pone el foco en el problema. Podemos ver claramente que el problema es Iván, no tú.
Espero de corazón que este relato llegue a muchísima gente y que otras personas se animen a poner nombre y apellidos a un problema social. Que podamos seguir tejiendo esta bonita red donde las mujeres nos dejamos de callar y hablamos de nuestras vivencias para compartir el dolor y así ayudarnos unas a otras.