LA FINA LÍNEA ENTRE LA CREACIÓN PATRIARCAL Y LA REALIDAD: CLEOPATRA VII, REINA DE EGIPTO -Irene W.- (@historiamorada)

No es la primera vez que nos cuentan unos, otros, la televisión, las redes sociales o el vecino del tercero que un personaje femenino es o ha sido de una manera que no se acerca nada a lo que realmente fue o está siendo. Nos han alejado de la realidad de las mujeres de la Historia, el halo negro de los artículos e investigaciones llevadas a cabo por hombres han provocado que se villanice, desacredite y objetivice a las mujeres, sean de la época que sean, hayan hecho lo que hayan hecho o estén como estén. Y es por esa razón por la que ahora mismo voy a traer de entre los muertos muy muertos a Cleopatra VII y así quitarle -aunque sea un poco- toda la suciedad patriarcal que le han volcado encima durante años.

Empecemos por el principio: Cleopatra VII nació en el año 69, era la mayor de los cuatro hijos que tuvo el rey en su segundo matrimonio y, tras morir este, tuvo que casarse con su hermano, de apenas diez años, para poder llegar a gobernar; sin embargo, la primera decisión política de su vida fue la de presentarse como única soberana, actitud que provocó su exilio a causa de las luchas internas por el poder político de Egipto. Una vez exiliada empezará a reclutar soldados para imponer su regreso por la fuerza de las armas, llegando a reinar junto al segundo de sus hermanos cuando César llegue a Egipto.
Cleopatra no tardaría en viajar a Roma para ver a César, quien la invitó a residir unos días en la ciudad. El hecho de que residiera en Roma fue una auténtica provocación, pues elevaría a Cleopatra a “amiga y aliada del pueblo romano”, concediéndole así un estatus político oficial. A pesar de que ambos llegaran a tener una relación, César no había establecido de manera permanente una forma de gobierno en la que Cleopatra ocupara su lugar, por lo que, con su repentina muerte, se quedó sin apoyos en Roma. Poco después llegaría sana y salva a Egipto, donde volvería a tomar el poder plenamente al matar a su hermano.
Con la muerte de César, en Roma estallaría una Guerra Civil entre sus asesinos y sus partidarios. Cleopatra aparecería en dicha guerra prestando apoyo a los cesarianos, quienes terminarían haciéndose con la victoria. Uno de ellos, Marco Antonio, acudiría a encontrarse con Cleopatra, pues Egipto era un factor de poder cuya posesión podía ser decisiva. El encuentro entre ambos se desarrolló en un barco majestuoso de la reina de Egipto: Cleopatra sabía lo influenciable que era Marco Antonio, por lo que había deliberado y calculado cómo mostrarse y comportarse ante él para conseguir que este creyese la ayuda que había prestado. Estuvieron tres años separados, en los que Marco Antonio se casaría con la hermana de Octavio, Octavia -muy originales los romanos-, a la que abandonaría tiempo después por Cleopatra, quien había llegado a tener un gran poder sobre gran parte de Oriente Próximo. La guerra entre Marco Antonio, Cleopatra y Octavio no tardó en estallar, finalizando con la Batalla de Actio y la victoria de Octavio. Marco Antonio se suicidó poco después de la derrota, seguido de Cleopatra: la última reina de Egipto se suicidaría para que Octavio no la paseara victorioso por las calles romanas.
Una vez conocemos este pequeño extracto de la Historia que sucedió, nos podemos hacer unas cuantas ideas de la imagen de Cleopatra, alejándola de lo que ha querido que fuese Hollywood: primero de todo, Cleopatra en ningún momento profesó un amor desmesurado. No se suicidó por amor, y todo el romanticismo que la envuelve no es más que una creación patriarcal de lo que ella fue. El hecho de que nos fijemos más en las ganas que tenía de amar y ser amada que en el hecho de que provocó que Egipto se considerara en ese momento como un enclave a tener en cuenta no es más que la necesidad constante de relegar a las mujeres a su lado más emotivo, romántico e incapaz. Por el amor de Osiris, Cleopatra fue capaz de matar a su hermano, de casarse con otro al que le doblaba la edad para poder gobernar en solitario, no estamos hablando de una mujer a la que no tener en cuenta cuando la luz se apaga, y nos han hecho creer que sí. Cleopatra se suicidó por orgullo, arrebatándole a Octavio en su face que no iba a poder utilizarla, que ella era suya y de nadie más.
En el libro que he citado de Schuller, Cleopatra: una reina en tres culturas, el autor afirma que la idea que hemos tenido de mujer enamorada que se suicidó por amor es irreal, pues sólo vemos actitudes poco sentimentales, como es lógico para cualquier mujer u hombre de su época: eran ásperos, crueles y sólo pensaban en cómo aumentar su poder, hacer políticas sin pensar en nadie más. Asumir que Cleopatra o cualquier otra mujer de su tiempo no actuaban como los hombres de su tiempo es irreal y una machirulada, compañeras y compañeros. No debemos vernos avasallados por el poder del amor en nosotros y las ganas que tenemos de que se coman perdices, porque en el Antiguo Egipto y la Antigua Roma eso estaba lejos de existir.
Otra de las cosas que podemos sacar de lo que he expuesto, así como de lo que nos han enseñado las películas y la información que he podido encontrar, es la sexualización de este personaje: el hecho de que estuviese con Julio César y Marco Antonio nos ha hecho creer que era la más promiscua de todas, además de exponerla como carne, ya que nos la han enseñado como la mujer más hermosa y con el mejor culo de América -con el respeto del Capitán América, desde luego.- Los romanos y las romanas estaban acostumbrados a las orgías, al vino y a la fiesta, pero no se nos ha vendido una imagen de un Julio César promiscuo o un Marco Antonio: ambos han sido los enamorados, los pobres hombres a los que les ha engañado la mala y hermosa mujer. Y no contentos con esta imagen de femme fatale que tanto me hastía y cansa, nos la han enseñado como una mujer guapísima y con un cuerpo de escándalo, cuando la herramienta que Cleopatra utilizaba era su inteligencia, ¡vaya por Osiris, Hollywood se ha olvidado de este pequeño detalle! Cleopatra sabía varios idiomas, entre ellos egipcio y griego, era bastante buena contando batallitas y se le daba muy bien vender su opción como la mejor de todas, de hecho, Cicerón la tenía un gran odio por la manera en la que se desenvolvía a la hora de hablar, convencer y convertir.
Así que basta ya de creer que Cleopatra era la chica guapa que sólo conseguía cosas metiéndose en la cama de los demás, basta ya de hacerle de menos simplemente porque era mujer; sobrevivió en un mundo de hombres -más si cabe del que tenemos ahora nosotras-.
Descontextualizar a los personajes antiguos no hace otra cosa que quitarles la importancia que tuvieron, ya sea poca o mucha. Hacernos creer que Cleopatra estaba más interesada en enamorarse, en acostarse con ese o con otro o en ser la más guapa del reino no hace otra cosa que desprestigiarla, porque nunca pensaríamos eso del mismísimo Julio César, o del grandísimo Augusto, así que no lo hagamos de la Reina de Egipto.

2. Escultura romana de Cleopatra, s. I d. C., Altes Museum.
Cleopatra, John William Waterhouse.
Cleopatra probando venenos en los condenados a muerte, Alexandre Cabanel.

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