Alejandro G. Calvo (Sensacine)

https://twitter.com/AlejandroGCalvo

Acabamos de aterrizar en SensaCine: ¿qué estabas haciendo antes de recibirnos?
Estaba abriendo el documento de planos para hacer ya la escala de planos de Terminator 2 para su retro-crítica. Cada vez los vídeos nos llevan más trabajo -lo cual pienso que es positivo-, cada vez le dedico más horas y justo lo estaba hablando con Verónica [Verónica Melguizo]: igual se nos está yendo la cabeza dedicando tanto tiempo a un vídeo para una retro-crítica… Estaba empezando a prepararlo.


¿Qué tres cualidades principales dirías que debe tener un buen crítico de cine?
Humildad, conocimiento cultural… Tienes que tener un bagaje cultural muy alto: nadie nace sabiendo y es algo que da el tiempo. Al principio escribes sin saber cómo se hace, no puedes estar toda la vida culturizándote para terminar escribiendo a los ochenta años… Sobre la marcha, cuantas más cosas lleves en la mochila, mejor crítico serás. Y constancia. Ser crítico implica que lo eres desde que te levantas hasta que te acuestas, que en mi caso son muchas horas al día [risas]. Más que constancia, diría que es amor, amor por este trabajo. Es un trabajo precioso, es duro, los críticos somos pobres, nadie quiere a los críticos [risas]; es una profesión en la que se exige mucho y se cobra poco.


¿Esta profesión cambia la forma de ver cine? ¿El defecto profesional vence al espectador natural y ocioso?
No hay separación. Cuando eres joven y eres un espectador virgen, estás fascinado por la historia que te cuentan. Pero si de repente te empieza a interesar y dices “este actor me gusta, este actor es bueno”… Terminas yendo a buscar la filmografía de ese actor y comienzas con los ciclos. Más tarde descubres que los actores están muy bien, pero que los que hacen las películas son los directores. Es una evolución, ya te interesa cómo se hacen las películas. Es indisociable. Veo todo el cine igual, tenga que trabajar con ello o no, con amor, con disfrute. Claro que hay proyecciones especiales, festivales de cine… El Festival de Cannes… eso no lo vives igual. Estás en una sala después de dos horas de cola esperando y vas a ver Mad Max: Fury Road, bueno, no solo tú, es que vas a disfrutar del primer pase oficial de la película. El árbol de la vida, Once Upon a Time in Hollywood, Carol… Hay momentos increíbles, estás esperando a ver la película, deseando que te guste. Esos sí que son visionados distintos.
Por lo demás, veo muchas cosas, siempre estoy viendo algo. Acabo de terminar el ‘A quemarropa’ del cine western y ha sido el mejor trabajo que he hecho en mi vida. La idea era hacerlo y disfrutarlo, pero, por otro lado, ahora que me sigue tantísima gente joven, es el momento de trasladar esa palabra. El cine clásico ha desaparecido del audiovisual. El cine clásico es la base de todo, si quieres ser crítico de cine, te tienes que conocer la historia del cine. Cuando veo la recepción positiva que tienen las referencias al cine clásico que hago en mis críticas, me emociono, es decir, quizás tengamos que hablar en serio de estas cosas. Se mezclan la función didáctica y el disfrute. El western es el género más puro, tiene obras únicas, brutales. Ojalá llegue a través de trabajos como el ‘A quemarropa’ que le hemos dedicado a los jóvenes, ojalá les interese ver los westerns que propongo, porque les cambiará la vida, estoy convencido.


¿Crees que realmente le afecta en algo al espectador el hecho de que una película tenga muy buenas o muy malas críticas por parte de los profesionales dedicados a realizarlas?
Mmm… Sí, sí creo que influye. Depende de cada persona, del crítico que estés leyendo… Pero sí que te influye. De hecho, la crítica cinematográfica es un género literario muy específico, no a todo el mundo le interesa. YouTube es otra cosa: es una ventana mucho más grande que la sección de críticas de un medio; es mucho más fácil ver esos vídeos que leer esas críticas. Pero, sin duda, condiciona. Si tú sigues a un crítico, a un medio que te gusta y te da fiabilidad… A mí mismo me pasa. Veo que un colega ha estado en tal festival y ha dicho que esa película es brutal, que está súper bien y claro que voy condicionado a verla. Lo que es importante -y trato de hacerlo- es el hecho de transmitir que si a mí me gusta o no una película eso no es algo relevante, porque cada persona es distinta. Te voy a justificar por qué me gusta o no me gusta, y esa justificación es una reflexión a distintos niveles, eso es lo que trato de hacer. Y ahí podremos estar de acuerdo o no, en esa reflexión, pero al menos a partir de que entiendas de lo que te hablo, de que puedes ver esos parámetros que me hacen decirte que me gusta o no, que tal vez sean justamente los motivos por los que a ti sí te gusta o no te gusta.
Más allá de esto, no hay ninguna película que por unanimidad se diga que es muy buena o muy mala: hasta la película más abominable tiene un defensor y hasta obras maestras, como Vértigo, El Padrino II, van a tener gente en contra que diga que no son tan buenas.


¿En tu día a día te ruegan mucho que no hagas spoilers / te suplican recomendaciones?¿Cómo gestionas tus experiencias cinéfilas en tu ámbito social y familiar?
Los spoilers es una cosa de los jóvenes [risas]. A mí me destripaban todas las películas las críticas analíticas, las ricas, las que constituyen ensayos… Esas te soltaban teorías, te destrozaban la película, te la contaban. Yo vengo de esa generación ¡y esta es todo lo contrario! Como des un detalle leve del argumento, que incluso pueda aparecer en el tráiler, la gente te pega, te insulta [risas]. De hecho, hemos dejado de poner “con spoilers” y “sin spoilers” en las ediciones de los vídeos porque no nos íbamos a poner de acuerdo en qué era un spoiler y qué no lo era. Yo hago la crítica considerando que el que la vea va a poder sorprenderse igualmente por todo lo que pase, pero tratando al mismo tiempo momentos interesantes que no puedo dejar de tratar porque parece que si revelas que hay, por ejemplo, una escena en un bar, ya estás contando demasiado… He llegado a ese punto en el que los fans del canal de SensaCine ya saben esto y se sitúan perfectamente al afrontar el vídeo. No creo que hablemos demasiado de la película en ese sentido, como para que alguien te diga -siempre habrá alguno- que se la has estropeado. Además, siempre tengo a Verónica y a Pedro [Pedro Herrero] como referencias, son los que me dicen si estoy haciendo demasiados spoilers o no.
Y los “¿me recomiendas una peli?”… [risas] ¡Yo lo hago! ¿Qué vas a hacer?… Es habitual… ¡El cuñao’! [risas] El cuñao’… “Tío, tío, ¿sabes qué peli acabo de ver?: Green Book…” Y tú: “Ah, ¡qué bien!” [risas] y entonces espera que tú le digas algo… Y le dices: “¡Pues a mí no me gustó mucho!” y le cambia la cara… Se va pensando “Este no tiene ni puta idea” [risas].


¿Cómo enfocáis la competencia?, ¿puede llegar a ser complementaria y enriquecedora o la queréis lejos y sin agua?
Son compañeros. He conocido durante años al director de Fotogramas, de Cinemanía, al jefe de cultura de El País… Hay relaciones muy buenas. Las peleas que podamos tener entre nosotros no son entre nosotros, responden a un objetivo común; por ejemplo, mañana tenemos una promoción de un actor, nos la han dado a nosotros y se la han negado a otro medio, ese medio se mosquea, o a mí me han quitado una exclusiva porque se la han dado a mi competencia, pues me cabreo, pero es lo normal, es el único sentido en el que sucede. Hay muy buenas relaciones, todos estamos ahí para entrevistar a los actores en los festivales, todos nos emocionamos viendo esa película que tanto nos gusta, pasamos las mismas penurias… Hay muy buen ambiente. Además, quién sabe, a lo mejor mañana estoy trabajando para ese otro medio o contrato a alguien de otro medio, etcétera.


Respecto de todas las entrevistas que has realizado: ¿quiénes dirías que han sido las personas más cercanas o amables al atenderte?
Cuando tenemos un live, que estamos media hora con esa persona, no me puedo quejar de nadie que haya pasado por aquí, con todos ha ido muy bien. No tiene nada que ver una entrevista de media hora con una de cinco minutos. ¡No tengo nada con cinco minutos! Es muy difícil… Prefiero a los directores antes que a los actores; los directores entran en un terreno en el que yo me siento más cómodo preguntando. Y ellos se sienten bien respondiendo. Les hablo de su trabajo a un nivel fuerte. Y personas en concreto: he tenido la inmensa suerte de entrevistar a gente de la que soy fan absoluto, como David Cronenberg, Michael Mann, Spike Lee, Pedro Almodóvar… Nunca he entrevistado a Clint Eastwood, a Martin Scorsese… Scorsese estuvo a punto, pero a punto… ¡De hecho nos cruzamos en el pasillo!…
Tarantino da unas entrevistas maravillosas. Fíjate: tú vas a otro país, aterrizas, te buscas la vida, miras dónde está el hotel, esperas a pasar a hacer el check-in, esperas cuatro horas hasta que lo haces, después ya entras a una sala, de esa sala pasas a una silla situada ya frente a la puerta de la sala en la que va a ser la entrevista y oyes las preguntas del periodista anterior. Y con Tarantino… La anterior era una periodista italiana, estábamos en Roma, y le preguntaba sobre Roma: “¿Cuáles son tus sitios favoritos de Roma?, ¿cuál es tu pizzería favorita de Roma?” y yo alucinaba: “Tío, es Quentin Tarantino, ¿qué le estás preguntando?”… Y entré yo y le pregunté por el spaghetti western y se le cambió la cara. Fue como “¡clack!, ya me lo he ganado”. Es muy importante ganarte al entrevistado con la primera pregunta, siempre. En esas entrevistas tan cortas es algo básico. Si la primero no le entra bien, lo has perdido. Imagínate a una estrella contestando durante dos horas a diferentes periodistas la misma pregunta de por qué ha querido hacer esa película… Tienes que salir de eso, darle la vuelta, buscar otra vía. Siempre se lo digo a mi equipo cuando estamos ahí: preguntadle lo que queráis saber. Vas a estar delante de Scarlett Johansson, ¿qué quieres saber de Scarlett Johansson? La clave es llegar a esa depuración. Y suele funcionar.


¿Crees que en el cine está todo?, ¿todas las artes concentradas?
Es el arte más completo. No es que englobe todo, pero es el que es capaz de englobar más cosas.


¿Cómo de estrecha crees que es la relación entre el cine y la función periodística?
Es básica. No me interesa mucho el cine como herramienta social si se trata desde la ficción. Si se trata como documental, ahí hay una labor importantísima para la historia y para la sociedad. Entre mis películas favoritas está Shoah, de Claude Lanzmann, que es el relato definitivo del Holocausto, y es una película de diez horas y media… y es terrorífico… Evidentemente, el Holocausto fue lo suficientemente grave como para que nadie necesite ver Shoah para saber lo que pasó -dejando a un lado a los negacionistas del Holocausto, que hablan mucho de la estupidez humana y de la incultura…-.
Por otro lado, por ejemplo, Rithy Panh lleva toda su vida haciendo películas increíbles con el telón de fondo del Genocidio de Camboya de los Jemeres Rojos. Tiene una de las mejores películas de la historia del cine, que es S21: La máquina roja de matar.
Tiene una función pedagógica muy importante, En la ficción, no soy muy amigo del cine sociopolítico: el fondo se come las formas; creo que, según como se haga, puede llegar a adoctrinar. Y hay muy buen cine al respecto, pero yo aprecio mucho la sutileza: no necesito que me abras la boca y me metas una cuchara así de grande y me digas que me trague eso porque es muy grave y es muy importante, no necesito que seas escabroso para hacerme entender lo que me quieres decir, me parece innecesario. Y en España somos muy de hacer cine así.
Para esto viene muy bien el ejemplo de Ken Loach, que tiene películas muy buenas y películas muy malas. Siempre hace la misma película y a veces le sale muy bien destilada y otras veces, no; tiene una de las peores Palmas de Oro de la historia por El viento que agita la cebada, que es insoportable. La película tiene un plano que muestra a una niña irlandesa tirando una piedra a un tanque -algo así- y el contraplano es: “¡Eh, que nos atacan!” y los tanques disparando y matando a dos mil personas. Así, no. Y tiene obras maestras este señor, como Kes, Lloviendo piedras o Mi nombre es Joe. Se trata de ir al cine, no a misa, no buscamos un sermón.


¿Todo vale en el cine? ¿Crees que hay límites ético-morales que no se deben traspasar?
No, no todo vale. Es obvio que los creadores de cine, de literatura, de pintura o de música tienen que poder hacer lo que quieran, pero igualmente yo tengo derecho a que eso no me interese nada. Los límites que uno quiere establecer a la hora de saber qué cine quiere ver sí que son bastante personales. En mi caso, los tengo muy marcados. Por ejemplo, en el campo de la ficción, si sé que es una sátira a través de lo tremendamente violento, es una vía de escape que me está mostrando el realizador, por lo que sí puedo soportar ese visionado. Una de las películas más bestias del cine es Saló o los 120 días de Sodoma, de Pasolini, que es una adaptación del Marqués de Sade y que es un libro aburridísimo. ¡Pero lo que hace Pasolini es bestial!: es una sátira contra el fascismo, lo hace con mucha crueldad, con una puesta en escena increíble, muy exagerado todo… Te está recreando el horror, hasta qué punto podemos llegar a ser malvados. Pero puedo convivir con esa película, salgo noqueado después de verla, pero la aguanto. Aguanto mucho peor Amor, de Haneke. Es una película que no quiero volver a ver. O Biutiful, de Iñárritu, que me parece la peor película de este siglo. Me pongo mis propios límites. No obstante, volvemos al tema del tratamiento: ¿por qué no me gusta Amor y me gusta Funny Games?: la última es una alegoría sobre la violencia, ahí Haneke me ofrece una vía de escape.


¿Existen verdaderamente los subgéneros? ¿Hay tantos grises como parece? Nuestro animal mitológico favorito es la comparación entre subgénero de suspense y subgénero de intriga.
Mmm… Es un debate muy antiguo… Rick Altman… Los géneros puros están muy bien delineados, pero todos los géneros tienden a mezclar elementos. En el caso de los subgéneros se extrema más. Todos entendemos que hay una miscelánea, una gran mezcla de elementos y géneros que puede ser interesante. Intento recordar lo que decía Hitchcock sobre la diferencia entre intriga y suspense… Suspense era cuando estaban cuatro personas sentadas a una mesa y hay una bomba y sabes que va a estallar. La intriga tiene que ver con que la bomba estalle. Si te pones muy fino, se pueden ver esas sutilezas entre intriga y suspense, me parece un buen ejercicio [risas]. Sin embargo, yo hoy en día no cito intriga como subgénero, cito suspense. En la música también pasa, es parte del juego, de esa dialéctica-crítica tan divertida.


Una cierta estigmatización ha tratado al cine español como subgénero en sí mismo: o lo amas o lo odias. ¿Crees que en el cine más incluso que otras áreas se cumple aquello de no ser profeta en tu tierra?
El principal problema del cine español respecto del público es que lleva marcada una mancha invisible que lo tiene politizado desde finales de los años 70. Si alguien rechaza o, por el contrario, ensalza porque sí una película por el hecho de ser española, es que es gilipollas. Me molesta mucho hacer listas solo de cine español. Para mí el cine es cine, y el español tiene películas muy buenas y películas infumables, como todos los países. Cuando me hablan de la comedia española… ¡Y no me dicen nada de la francesa, que hace taquilla y es insoportable! En los 40 en España tenemos una serie de cómicos geniales: desde Pepe Isbert hasta Alfredo Landa. Ahora tienes a Julián López, a Ernesto Sevilla, que son la esencia del humor español puro, que con una mueca en un primer plano ya te hacen reír.
Después, claro que hay de todo. Pero ten en cuenta que los españoles somos los que más cine español vemos, más que cualquiera de fuera, somos los que más lo consumimos, y el cine de calidad de autor español está muy poco reconocido dentro. Quitando a Almodóvar, que es un caso único… Lo que más me ha molestado siempre del tema del cine español es esa unificación de prensa e industria en la que te tratan de convencer de que el cine español es gran cine porque sí. Hay buen cine, por supuesto, pero no me digas que es bueno, eso lo decidiré yo.


Pasamos a los créditos de esta entrevista:


¿Qué plato casero extrañas más cuando estás de viaje?
¡¿Qué?! [risas] ¡Las lentejas de mi mujer!


Si fueras un superhéroe de Marvel o DC, ¿quién sería tu archienemigo?
Mmm… Me gustan mucho los archienemigos… Si tengo que elegir a alguien a quien enfrentarme una y otra vez, escogería a Catwoman.


¿Una canción que represente tu llegada al trabajo un lunes? Aprovechamos para hacer publicidad de la lista de reproducción que actualizas en redes sociales.
[risas] Me gustan los lunes, es decir, me gusta venir a trabajar, pero sin pasarnos tampoco… Mmm… Podríamos poner The piano has been drinking, de Tom Waits.


¿Y tu BSO perfecta para una cita romántica?
Marvin Gaye, cualquier disco de Marvin Gaye. O de Prince, aunque Prince es más sexual. Me quedo con Marvin Gaye, que es más romántico.


¿Qué queda del Alejandro adolescente?
Uff, esa es buena, ¿eh?… Mmm… ¿Tienes otra hora? [risas]. La verdad es que en muchos aspectos soy yo… Estoy montando el ‘A quemarropa’ de Scorsese y a Scorsese me lo estudié con veinte años, todo lo que había hecho hasta ese momento. He sacado de la biblioteca los libros sobre él que tengo y son los libros que saqué hace veinte años y que están subrayados por mí. Estoy ahora subrayando sobre lo subrayado entonces. ¡Me sigue interesando lo mismo! Esa pasión, ese gusto por la crítica de cine la sigo manteniendo, en parte, porque he tenido la suerte de poder dedicarme a ello profesionalmente, de que me pagaran por ello. En otros aspectos, tener hijos te cambia la vida, hace que te tranquilices. La vida del crítico es muy rockera, años que estás en siete festivales de cine, en dos o tres de música, todas las noches por ahí, en un sitio, en otro. Es una vida guay, muy divertida. Eso ahora ha cambiado, lógicamente, es más profesional en ese sentido; ojalá pudiera hablar con mi versión de hace veinte años, no para decirle que tiene dos hijos, porque fliparía [risas], sino para decirle que ha conseguido ser crítico de cine. Le daría la mayor alegría de su vida.


¿Qué te daba miedo de pequeño?

Las enfermedades, igual que ahora. Soy muy hipocondríaco.


¿Quién es tu ídolo?
Uff, eso cambia… ¡Según el ‘A quemarropa’ que esté haciendo! [risas]. Ahora mismo es John Ford, me he metido tanto en el western que soy fordiano hasta la médula. Dentro de la crítica cinematográfica a mí me ayudó mucho Hilario J. Rodríguez, un crítico increíble, súper personal, lo cual molestaba mucho al resto de críticos al verle meterse tanto en los textos. Me ayudó mucho cuando empezaba, era fan de él, me leí todos sus libros, me fui a verle a su casa… Me ayudó mucho a enfocarme.


Recomiéndanos tres salas de cine.
El Palacio Lumière de Cannes, que es el mejor cine del mundo; el Auditorio de Sitges y… Hay un cine en Londres que es un IMAX al que he ido solo una vez, creo que a entrevistar a Olga Kurylenko por Oblivion, que la vi allí. Me quedé alucinado con ese cine.


¿Tienes haters?
Sí, ¡claro!, ¡colectivos! [risas], pero es normal. Por mucho que intentes explicar que tu opinión sobre si una película es buena o es mala no es importante, ese mensaje no cala. Hay treinta mil personas frente a la pantalla mirando a ver qué digo. Es una cuestión de tono, de educación, de querer hacer que les pueda gustar el vídeo más allá de la película o de mi opinión sobre ella y creo que ese pulso lo he ganado. Pero por supuesto que hay momentos chungos: los peores han sido con los fans de Star Wars, con los de Aquaman, con los de Michael Jackson y con los de Queen. Hay gente a la que le va la gresca, a mí, no, yo soy más de amor, de compartir el cine de otro modo.

¿Quién es tu mayor fan?
Creo que mis editores: se pegan horas y horas pendientes de mí en el premier. Si no son fans ellos, está todo perdido. Yo soy muy fan de ellos.
¿Qué vas a hacer después de habernos recibido -además de descansar-?
[risas] Voy a recibir a otra chica que viene también a entrevistarme.

Alejandro G Calvo en manos de
Verónica Melguizo

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