Del contenido al continente: un cambio de paradigma

Saludos de nuevo, queridos lectores. Vuelvo un mes más por aquí con otra reflexión
que no es la primera que tenía en mente. Pensaba hacer una review de Turkish
Rawness, el último trabajo de Manu Beats, pero hace unas semanas me crucé con una
triste noticia: Elsso Rodríguez abandona la música.
Si bien descubrí a Elsso podríamos decir que recientemente, caló hondo en mí ya que
llenó ese vacío que tenía desde que empecé en esto: el Madrid en el que vivía
rebosaba un talento que no encontraba en mi Bizkaia natal. Y ahí que me encuentro
con este vecino de Portugalete y sus Baladas heavys y El factor humano, que saciaron
mi sed identitaria.
Pero ¿cómo es que tardé tanto en descubrir la música de Elsso y de Left Coast Gang?
La explicación radica en el motivo de su retirada: el alcance masivo de internet y las
redes sociales ha puesto en marcha un cambio de paradigma social en el que la imagen cobra una importancia capital. Esto, obviamente, tiene su repercusión en la cultura y en la industria musical. Ya no vende la música, vende la figura. El continente se sobrepone al contenido. Además, gracias a la accesibilidad de las mal llamadas nuevas tecnologías, todo se mueve más deprisa, debes generar interacción de manera
constante para mantenerte arriba. Todo se ha vuelto frenético y hay quien prefiere no
zambullirse en este torbellino.
Otro ejemplo de los muchos que podría citar es el caso de Nethone, miembro del
colectivo Ziontifik, que lanzó su último álbum, Causas perdidas, en 2017. Este año el
canal de YouTube de Ziontifik publica un freestyle de Nethone que de haberse grabado
en un estudio sería para mí el tema del año de forma indiscutible. Pero, al igual que
Elsso, Nethone no sigue las nuevas reglas del juego. Sin presencia en redes sociales, es como si no existiesen. No existen. El mundo se ha movido.
El otro día quedé con unos amigos que están dentro del mundillo de la música para
tomar algo. En mi cabeza estaba ya dándole vueltas a este texto y la conversación de
manera indirecta fue por estos derroteros. Hablábamos sobre el éxito en internet y en
la música (¿no es la frontera entre estos dos conceptos cada vez más difusa?) y todo se mide en repercusión, en impacto, de una manera voraz. Por ejemplo, uno de los
amigos empezó a hablar de Night Lovell, a quien yo no conocía, recomiendo, no como
“guau, chavales, mirad qué sonido tiene este tío”, sino como “mirad a este tío, que
ahora es casi desconocido, las visitas que está alcanzando, subíos rápido al carro”. Chú, chú, aquí llega el tren del hype, abran paso. Parece que ahora todo se resume en eso. Me fui a casa un poco apesadumbrado y preguntándome si mis amigos siguen
disfrutando de hacer su música o es sólo un medio para alcanzar un fin.
Con toda esta reflexión no quiero decir que este cambio de paradigma sea malo per se,
ni que suponga el fin de esta música que tanto amamos. Hay gente como, por ejemplo,
Dano a quienes se les ve cómodos navegando estas nuevas aguas, y otros como
Elphomega, que siguen sacando adelante sus proyectos sin una presencia potente en
las redes. Pero como cada gran extinción en la Historia, el camino que se abre a nuevas especies supone la desaparición de otras, convertidas en reliquias de, según a quién preguntes, tiempos mejores. Desde aquí quiero mandar un fuerte abrazo a Elsso y a toda esa gente que se ha bajado de un mundo que gira cada vez más y más rápido.
Nos leemos el mes que viene, cuidaos mucho.

Mikel Alonso de Armiño
para Altavoz Cultural

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