Ramón María Valle-Inclán

Querido Ramón:
He podido caminar sobre aceras de metro y medio sin pensar en que no cualquier espejo puede ser el reflejo de algo. Sin embargo, me he encontrado con una función de 10 letras entre la primera escena y la última, y sigo echando de menos cualquier ápice de cordura.
No hay escayola suficiente para todo el molde que hiciste de la península, pero al menos ahora, llevamos las piedras sobre los dedos y metal sobre la lengua.
Cada día hay menos cafeterías con cabezas de animales y las botas llevan los cordones necesarios para tirar de las mentes que soportan.
Ya no hay gafas como las tuyas, ni críticas con gabardina de tobillo porque las luces ahora son noches y la bohemia es lo que queda en cualquier barrio de ciudad a las 3 de la tarde.
Seguimos comprando en los mercados y congelando las barbas por si las modas del futuro.
Lo cóncavo y convexo nos sigue mintiendo pero nos refugiamos imitando la dirección del viento. A esto se le llama relativismo y lo venden en formato de vida sinsentido o cerveza bionatural, esperpénticamente hablando.
PD.: hasta ahora los burros no leen pero nos nutrimos de grandes batallas de chalina.
Atentamente:
Los esperpentos del 2000.

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