[Jornadas de la Mujer // 6-13 de Marzo 2022 – Altavoz Cultural]

Es increíble la cantidad de mujeres que he conocido gracias a tu libro, que se han colado en mi lista de próximas lecturas. ¿Cómo ha sido el poder colocarlas en un libro de una manera tan organizada y armoniosa? Aunque claro está que algunos pensamientos son dispares.

Feminismos fronterizos tiene su origen en unas clases que di hace ya unos años en la Universidad Complutense, en un Máster sobre Igualdad de Género, donde me encargaron que diera unas sesiones sobre pensamiento feminista contemporáneo. Cuando empecé a trabajar en esas clases, al prepararlas, fui consciente por primera vez de que la genealogía oficial y hegemónica que se nos transmite normalmente de la historia del feminismo es una genealogía fundamentalmente eurocéntrica y que tiene su origen en las luchas feministas que nacen principalmente durante la Ilustración europea. A partir de ahí se desgaja toda una historia del feminismo, entendido como un movimiento de liberación de la mujer y de lucha por derechos que, de alguna manera, se ha extrapolado o se ha querido universalizar hacia otro tipo de realidades materiales de otras mujeres y al resto del mundo. Evidentemente, esto no es así y una de las cosas que una va aprendiendo cuando lee autoras feministas es que ni todo feminismo tiene su origen en Europa, ni en la Ilustración europea, ni todo feminismo tiene su origen en las luchas, por ejemplo, sufragistas y que hay muchas autoras en las periferias del mundo, en el sur global, que parten de presupuestos distintos y que ya estaban pensando distintas maneras de ver el mundo, de construir mundo, pero desde perspectivas absolutamente distintas.

En cuanto a la armonía que desprende el libro, el hecho de que parta de un trabajo en clase, hecho con alumnas, tiene una voluntad pedagógica, de ahí que os haya resultado organizado, porque tiene una vocación oral, relacionada con ese trabajo en clase de tratar determinados conceptos, determinadas autoras, por lo que supone un reto explicar y organizar el contenido para que pueda comprenderse. 

En tu libro podemos acercarnos a feminismos no europeos como son el chicano, el nómada y la teoría cyborg de Donna Haraway. Aquí en España apenas se hacen lecturas de estos modelos. ¿Cómo ha sido la recepción? ¿Te ha supuesto algún problema dado que son cosas como muy lejanas aquí?

Sí se leen, se han empezado a leer; se lee menos feminismo fronterizo, y con “fronterizo”, o “bastardo”, como lo denomina María Galindo, me refiero a feminismos latinoamericanos, feminismos asiáticos, feminismos africanos… Precisamente por lo que señalaba antes: desde Europa siempre ha habido una voluntad de administración del conocimiento desde lógicas y discursos eurocéntricos de poder, porque Europa siempre se ha considerado una productora de conocimiento, cuando, en realidad, en muchas de las ocasiones es más bien una extractivista de conocimientos y de realidades o maneras de pensar el mundo. 

Sí se han empezado a leer y son autoras que ya impregnan muchos de nuestros programas académicos. No me han dado ningún problema, no todas las autoras son muy lejanas y muchas de ellas plantean problemáticas que también estamos viviendo hoy aquí, en España, fundamentalmente relacionadas con la migración, con las lógicas expropiadoras del neoliberalismo… Actualmente, las feministas migrantes en Europa, entre las cuales me incluyo por mi historia personal y familiar, estamos pensando las distintas maneras de transformar el mundo desde Europa, pero con presupuestos también no europeos.

¿En qué momento el feminismo se divide en tantas piezas que tienen la misma lucha desde puntos diferentes? ¿Cómo puede una feminista no sentirse abrumada ante la cantidad de vertientes que existen?

Creo que el mayor potencial político, simbólico, filosófico y material del feminismo siempre ha sido su naturaleza heterogénea, que no podemos hablar de un Feminismo en mayúsculas, sino que hay múltiples feminismos. Eso no indica que sea un movimiento dividido ni fragmentado, como en la actual situación polarizada que estamos viviendo en España y en otros países europeos, de forma que se nos presente una ruptura feminista. Una de las principales características de los feminismos es precisamente comprender y aceptar que el concepto de mujer como tal es un concepto múltiple, con muchas aristas, en el cual se encarnan distintas realidades, experiencias, incluso cuerpos. 

El feminismo, por tanto, es un movimiento de transformación social absolutamente rico porque recoge en su seno múltiples luchas, múltiples sujetos políticos y también múltiples opresiones, dado que es un movimiento que ha sabido afrontar, denunciar y visibilizar que tampoco el poder es algo único, monolítico, que se ejerce de manera exclusivamente vertical, sino que tiene múltiples cabezas y funciona con diversas opresiones conectadas entre sí, como las opresiones de género, de clase social, de raza, de orientación sexual…

Entonces, aunar esas luchas, asumiendo que somos sujetos, cuerpos, deseos diferentes, antagónicos y múltiples constituye la riqueza fundamental del feminismo. No nos tiene que abrumar esa riqueza, al contrario: debemos hacer de esa heterogeneidad nuestra mayor arma de lucha. porque así podemos enfrentarnos a un poder que en sí mismo también es múltiple. 

Si nos encerramos en conceptos monolíticos, segmentados y falsamente universalizables, estamos cayendo en lógicas de poder hegemónicas que, desde luego, son un claro error político para el feminismo. No es lo mismo la realidad de determinadas mujeres de un origen social que de otras. No es lo mismo el concepto de mujer para una mujer concreta que para mujeres atravesadas por cuestiones de clase, distintas problemáticas, etc. 

En el libro se crea un mapa del feminismo hasta los 80-90, ¿crees que sería posible hacerlo hasta nuestros días? ¿Cómo ves la evolución del feminismo desde entonces?

Por supuesto, incluso el mapa que trazo de finales de los 70, comienzos de los 80 a los 90 también es un mapa incompleto. El libro no tiene ninguna pretensión enciclopedista, está abordado no tanto como una historia del feminismo, sino más bien como un recorrido por determinados conceptos y problemáticas que se pusieron sobre la mesa en los años 80 y 90. Hay muchísimas autoras que han quedado fuera de mi propia cartografía, que no es completa, es más: muchas veces tengo cierto complejo de traidora con esas autoras que no están recogidas en esa cartografía. Al tener su origen en mis clases, no siempre podemos abordarlo absolutamente todo ni tener una pulsión universalista, siempre nos queda algo fuera. 

Se podría ampliar muchísimo, incluir autoras y autores que actualmente están reflexionando conceptos nuevos y problemáticas nuevas porque, efectivamente, el feminismo no es una teoría filosófica encerrada en la Academia, sino que es un movimiento político y de transformación y, evidentemente, ha ido mutando, ha ido cambiando y haciéndose cargo de una serie de problemas y de opresiones nuevas que también han surgido en estas últimas décadas.

La evolución del feminismo actualmente, por una parte, responde a una nueva cartografía a la que se han incorporado numerosas voces y sujetos políticos que hasta ahora no tenían un espacio dentro de ese espacio público, tal y como sucedía con los temas que hemos mencionado antes: la migración, la situación fronteriza, las luchas de las empleadas domésticas, todas esas luchas que han intentado responder a esa última gran crisis del capitalismo financiero, en la cual se hizo más evidente que el sujeto más precarizado es el sujeto feminizado. Tenemos ahí las luchas para parar desahucios, a las autoras latinoamericanas que están pensando el tema de la deuda, en aquellos países endeudados por el FMI, en la lucha de las trabajadoras sexuales, el transfeminismo, etc.

Aun así, también es cierto que estos años estamos viendo un retroceso en ciertas posiciones del feminismo, como es el feminismo de corte esencialista y biologicista, que intenta de alguna manera ejercer una disciplina sobre el concepto de mujer y establecer quién entra y quién se queda fuera de ese sujeto del feminismo. Ese es un perfecto ejemplo de retroceso en clave conservadora que debemos también afrontar.

¿Qué libros recomendarías para leer sobre el feminismo después del tuyo?

Muchísimos, hay tantas autoras que desde distintas perspectivas están reflexionando sobre la cuestión del estado hasta cuestiones económicas, poéticas, artísticas. Los trabajos de Gago y Cavallero sobre la deuda externa en Argentina son fundamentales, por ejemplo; recomendaría leer el último libro de María Galindo (Feminismo bastardo), donde se hace una radical crítica a los dispositivos coloniales que se perpetúan en las instituciones, las leyes, las relaciones sociales, en los cuerpos y deseos. Trabajos anarcofeministas como los de Chiara Bottici o Catherine Malabou son referentes para pensar en otros modelos de gobernabilidad. El feminismo queer de Gracia Trujillo. La escritura de val torres, Víctor Mora, etc.

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