Entrevista a Liliana Colanzi

Fotografía: Isabel Wagemann

Bienvenida, Liliana, a Altavoz Cultural. ¿En qué momento te encuentras después de haber publicado una obra tan poderosa como Ustedes brillan en lo oscuro, a la cual vamos a dedicar esta entrevista?

Acabo de llegar de España y estoy en casa con COVID. Sabía que iba a ser difícil evadir al bicho en esta gira, y me lo pesqué ya de regreso.

¿Cómo recibes el VII Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero como distinguido reconocimiento a tu obra Ustedes brillan en lo oscuro?

Con mucha alegría y agradecimiento; sé que fue una decisión difícil para el jurado porque había libros maravillosos entre los seleccionados. Respeto y admiro el trabajo de mis colegas que resultaron finalistas.

¿Cuál dirías que fue el estímulo sensorial que te electrificó en su momento para entender que podías y tenías que trabajar en los cuentos que componen Ustedes brillan en lo oscuro? ¿Cómo ha sido su proceso de formación en cuanto a hilo argumental y simbología común del conjunto?

Hay diferentes vínculos entre los cuentos. Por un lado, la exploración del tiempo en diferentes niveles: el tiempo profundo de una cueva durante miles de años, la vida de los desechos radiactivos, la historia de las ruinas, la colonia que quiere permanecer estática en el tiempo, la memoria secreta de las ciudades y la imaginación del futuro. Por otro lado, el vínculo con el paisaje es importante: son relatos que emanan de geografías que tienen una historia muy particular, muchas veces violenta o traumática, que define a los personajes.

¿Cómo y con qué intereses específicos manejas la combinatoria entre la primera y la tercera persona narrativas -tres cuentos para cada modo-? ¿Cuál te resulta predilecta o, al menos, más natural al encarar una historia?

Tengo muchos cuentos narrados en primera persona en mis anteriores libros, pero en este me acerqué más a lo fragmentario, a las voces que entran y salen, a una estructura de mosaico o de collage. Esa estructura me permitió ir más allá de la perspectiva individual y navegar distintas temporalidades: es el caso de “La cueva”, “Atomito” y “Ustedes brillan en lo oscuro”, que son relatos que, además de contar la historia de los personajes, cuentan la historia de un lugar. La primera persona me parece especialmente interesante cuando el narrador no es de fiar, cuando se trata de un yo haciéndose pedazos o en profunda ambivalencia, como el narrador de “Mi tío el jaguarete”, de João Guimarães Rosa, o de “Tiempo destrozado”, de Amparo Dávila.

Hay un potente poso divulgativo, periodístico quizás, en la forma extraordinariamente descriptivista, detalladísima que teje cada cuento, además de esa concepción de «suceso» tan ligada a la profesión informativa. ¿De qué se alimenta tu imaginario para llegar a esa dimensión narrativa casi a pie de acontecimiento, tan fotográfica? ¿Qué peso específico tienen en tu experiencia creativa tus viajes y estancias en diversos lugares del mundo?

En “La cueva” se mezcla información real sobre la formación de las estalactitas y las estalagmitas con otros datos espurios, como la presencia de seres extraterrestres y murciélagos mutantes; el alternar fragmentos de un tono ensayístico con otros más abiertamente de ciencia ficción hace pensar que la historia de la cueva “pudo” haber sido así. En “Ustedes brillan en lo oscuro” incluí fragmentos de documentos legales sobre el juicio a los médicos cuya negligencia propició el accidente radiológico, pero mi narración de los hechos de Goiânia no pretende ser periodística: se puede también hablar de la memoria enterrada del desastre a partir de los objetos personales de las víctimas que se encuentran en los cientos de contenedores en el cementerio nuclear de Abadia de Goiás.

Hay lugares que solo conozco a través de la imaginación, como Goiânia, y hay otros que son versiones distorsionadas de ciudades bolivianas como Cachuela Esperanza, Riberalta o El Alto. Conocí Cachuela Esperanza hace unos años y me sorprendió que una población que en su momento fue un símbolo de opulencia y prosperidad por la extracción del caucho se encontrara devorada por la maleza: el teatro aún conserva su majestuosidad, pero también tiene algo siniestro y espectral ver esta enorme construcción abandonada en medio de la selva. En “El camino angosto” escribí sobre una colonia religiosa situada en algún punto de Bolivia: tenía presentes las colonias menonitas de Santa Cruz, que he visitado para conversar tanto con los menonitas ultraconservadores como con los que abrazan la tecnología y están a favor de los estudios; sin embargo, preferí crear mi propia colonia religiosa, con sus propios tabúes y doctrinas, para poder inventar con mayor libertad.

Ustedes brillan en lo oscuro cede buena parte del protagonismo al escenario, al espacio como elemento absolutamente determinativo, dinámico, afectador para los personajes y sus vidas. La cueva, el estupendo texto que abre la antología, representa el máximo exponente de esta circunstancia argumental. ¿Cómo lo elaboraste y por qué decidiste situarlo por delante del resto en el orden estructural del conjunto?

“La cueva” fue el primer cuento que escribí de este libro y aquel que me ayudó a pensar en la atmósfera y el tono del resto, por eso lo coloqué al principio. Quería aprehender a través de la escritura una escala temporal mucho más grande que la humana: inevitablemente se convirtió en una historia de mutaciones, extinciones y de vínculos entre seres, así como una historia sobre las criaturas pequeñas como los escarabajos, las salamandras y los hongos. Un lugar, cualquier lugar, es la historia de los seres que lo habitan, y una cueva es fascinante porque conecta a las criaturas de cielo abierto con las de las profundidades: es una suerte de umbral. Así que “La cueva” fue una especie de portal a través del cual intuir los cuentos que vinieron después.

Destacamos dos elementos que nos resultan particularmente llamativos alrededor del grueso de la obra, uno de carácter transversal, temático, y otro de tono mucho más puntual, como componente de algunos escenarios: la maternidad y lo oriental, especialmente lo relacionado con la cultura china. ¿Cómo te acercas a la primera desde el punto de vista creativo, de retrato de las diversas realidades que engloba? ¿Por qué motivo incluyes un buen surtido de referencias a la segunda? ¿Qué te atrae particularmente de ambas?

Yo nunca sentí el deseo primal de ser madre y por ello me da curiosidad esta experiencia tan intensa y física, ya sea para explorarla desde el deseo, el rechazo o la ambivalencia. Convivimos con representaciones muy idealizadas de la maternidad y a mí me interesan más bien las grietas por donde se filtra la duda, el horror o la violencia solapada del vínculo entre madres e hijos.

En cuanto a las referencias asiáticas de “Atomito”: me gustó mucho esta teoría sobre el fenómeno K-pop entre los jóvenes bolivianos que encontré en la novela Seúl, São Paulo, de Gabriel Mamani Magne: “Tengo la hipótesis de que a los bolivianos les gusta esa música porque les es más fácil parecerse a sus ídolos. Digo: es más fácil ponerse maquillaje y hacerse pasar por un coreano que pintarse el pelo y fingir que se es Justin Bieber”. A partir de la conexión con el K-pop y con la subcultura del anime fue apareciendo el escenario futurista y amenazante de “Atomito”.

¿En qué momento dirías que se encuentran las letras bolivianas? Nos encantaría contar con tu opinión como autora, como editora y como lectora y maestra de escritura, por favor.

Están emergiendo autores con propuestas políticas y estéticas muy potentes: lean Los hijos de Goni, de Quya Reyna, y Seúl, São Paulo, de Gabriel Mamani Magne, dos autores aymaras extraordinarios. Miles de ojos, de Maximiliano Barrientos y Tierra fresca de su tumba, de Giovanna Rivero, son libros extraños y hermosos que han contribuido a renovar una tradición literaria que durante mucho tiempo fue predominantemente realista.

¿Cómo se gesta Los ojos más verdes, relato incluido a posteriori respecto de la presentación del manuscrito original, durante el proceso de edición de la versión final de la colección?

Siempre consideré a “Los ojos más verdes” como parte del libro, pero no lo podía presentar al concurso porque las bases indican que todos los textos deben ser inéditos, y este ya había sido publicado en la antología El Gran Libro de Satán, editada por Jorge de Cascante. Es un cuento en el que aparece un diablo amazónico, que es una figura que de una u otra forma siempre se las arregla para asomar en mi escritura. Es uno de los pocos cuentos que he escrito por encargo, porque suele ocurrirme que cuando me piden escribir sobre algo termino tomando un desvío hacia otra cosa, pero al diablo siempre vuelvo.

¿Cómo ha sido tu experiencia editorial con Páginas de Espuma? ¿Cómo fue para ti el proceso de confección del texto definitivo desde que recibes la concesión de su premio?

Desde que se anunció el fallo del jurado hasta la impresión del libro transcurrió menos de un mes, así que podéis imaginar lo rápido y vertiginoso que fue todo el proceso. Estoy sorprendida por el aparato logístico de Páginas de Espuma, que con un equipo pequeño ha sido capaz de distribuir el libro a tantos países, además de tender redes muy necesarias con librerías independientes, clubes de libro y talleristas.

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