¿Quién es Urraca Pega?

Urraca Pega es el pseudónimo tras el cual se enmascara una cuarentona (muá) de ciencias que lleva años queriendo abarcarlo todo y no llegando nunca a nada (me lo digo todo). El pseudo lo tengo que agradecer a un pariente que en cierta ocasión me declaró urraca por volver de excursiones con los bolsillos siempre repletos de piedrecillas, cristales, ramitas, plumas y algún que otro hueso. Adopté este alter ego para mantener separada mi versión escritoril de la real, más que nada para no tener que dar explicaciones.

¿Qué intereses, dedicaciones y placeres configuran tu vida?

Disfruto acumulando perlas absurdas de conocimiento, cuanto más escabrosas mejor. Mis intereses son la literatura, el dibujo y la artesanía, máquinas analógicas (hola, máquina de costura a manivela del 1917, eres el amor de mi vida), el minimalismo (sobre todo desde que me gasté 6’000 euros en mi última mudanza: NUNCA MAIS), la sostenibilidad (y no estoy hablando de sujetadores), el medio ambiente (dah) y las patatas a lo pobre que cocina mi pater (bocatti di cardinale). Y Lugo. Es que es superguapo (sí, le estoy tirando los tejos a un agapornis… sue me).

¿Qué primeros recuerdos vinculados al arte, en general, y a la literatura, en particular, tienes?

De peque, si me preguntabas qué quería ser de mayor, decía (angelico) que veterinaria/granjera/escritora. Siempre se me ha dicho que tengo una imaginación desbordante, que se me podía dejar con lápices, o con un Don Miki (antes incluso de aprender a leer) y yo hacía mi vida. Recuerdo que mi primera lectura fue “El Fantasma de Palacio” de Mira Lobe (Barco de Vapor), curiosamente. Mi primer cómic, “Asterix a Britania” (Catalan version). Y ESOS LIBROS DE LECTURA DE ANTOS. Ya no se hacen libros como aquellos.

¿Qué experiencias han forjado tu amor por el universo artístico?

En mi casa somos mucho de sobremesa y de tradición oral, por un lado, y de mucho libro, por el otro. Pensad en aquellas promociones de los 80/90 de Planeta D’Agostini: LAS TENEMOS TODAS. Es decir, para mí una tarde cualquiera era: u hojear un cómic, o coger un Emilio Salgari, o copiar cositas de esas colecciones de historia en diez volúmenes. También mis padres eran de los que en verano visitaban museos e iglesias y así he acabado yo, siendo una prerromano hasta el románico sucker. Y, bueno, mi amor por lo legendario y mitológico, creo que eso lo llevo en los genes (saúde!).

Hemos estado siguiendo atentamente la serie de #urracadibus que has ido actualizando en redes. Desconocíamos mucho más tu faceta a este respecto que la ligada a la escritura. ¿Cómo cultivas, a día de hoy, tu afición por el dibujo?

Siempre se me dijo que dibujaba bien. Pero fue en mi adolescencia cuando el dibujo se convirtió en mi válvula de escape cuando lo estaba pasando mal durante la secundaria y el bachillerato. Ya escribía, pero escribir requiere concentración, mientras que en clase podía dibujar y tomar apuntes a la vez, y a la hora del patio podía irme a una esquina, sentarme y continuar a la mía.

En la actualidad, no mantengo un trabajo constante con el dibujo: hay etapas en las que produzco cantidades ingentes, y otras en las que pasan meses antes de coger el lápiz, pero lo que nunca ha cambiado es que lo uso a modo de terapia cuando estoy encasquillada. Pensar con las manos, que le dicen.

¿Cómo dirías que dialogan esta afición y la dedicada a la literaria?

Diseño inicial de los personajes principales de una novela steampunk (2012): el Golden Child Al Que La Vida Le Tiene Preparada Una Buena Tanda De Hostias, el Watson Que Tiene Que Evitar Que El GC Se Salga De Madre y la Chavala Que Si Le Dais Un Soplete… ¿Sabéis Qué? Mejor No Le Deis Un Soplete. (El cuarto esbocetado es un secundario que inicialmente es presentado como love interest pero que os anticipo que lleva unos zapatitos victorianos con accesorios que pueden hacer mucha pupa.)

Mi primer libro de fantasía épica fue el Gran Libro de la Dragonlance. Fue entonces cuando descubrí que era lícito poner imágenes a historias y que esas imágenes podían convertirse en canon. (Por cierto: crush por Raistlin Majere… Tanis no le llega ni a las botas.)

Desde entonces, dibujar me ha proporcionado una vía para detallar mis historias. Hago dibujos de los personajes o de escenas (ver imagen): es una herramienta valiosa para mi world building y para plasmar, fijar o desarrollar detalles que serían difíciles de aportar solo mediante el proceso narrativo. Soy una persona muy visual y esto implica que a veces me encasquille con una descripción. En estos casos dibujar la escena o el personaje me facilita la tarea.

También ayuda cuando me estanco en algún aspecto de una historia en concreto. Una buena técnica para solventarlo es hojear viejos bocetos de dibujo y preguntarse “¿esto cuadraría en mi historia actual?, ¿aportaría algo nuevo?”. Y muchas veces la respuesta es que sí.

¿Qué obras, géneros y plumas han tallado en cierta medida tus gustos actuales como lectora?

Huy. Huyuyuyuy…

Abrimos lista (aunque no veáis lo que me jode el sesgo de género…):

-En mi querencia por fantasía desaforada, Michael Ende me ha marcado, definitivamente. (Por cierto, si tenéis ocasión de leer sus relatos para adultos, como El espejo en el espejo… son kafkianos, oníricos, y causan una desazón que aún hoy, solo con recordarlos, me dan picos de ansiedad…).

-En términos de complejidad de world building y diversificación de personajes, David y Leigh Eddings han puesto el baremo: tienen un libro, The book of Riva, solo con world building. No soy muy fan de la saga del Trono de Diamante porque hay unos cuantos detalles de la trama que me chirrían (otro: tramas coherentes, a must), pero las Crónicas de Belgarath y Mallorea son una obra maestra perfecta y A MI BELDÍN NI ME LO TOQUÉIS QUE ESTOY MUY LOCA.

-Otra cosa que necesito es verborrea inteligente… Libros en los que se hagan juegos de palabras, exploren los límites de su idioma y bagaje cultural y lancen pullas dialécticas. En mi panteón: Juan Muñoz Martín (ese Pirata Garrapata…), Jasper Fforde (Thursday Next, mi modelo a seguir) y Walter Moers (Zamonia).

-El baremo sobre temas sensibles: creo que se identifica más como dibujante que como autora, pero Erika Möen, MI ERIKA MÖEN, creadora del webcomic “Oh Joy Sex Toy” (bueno, ella y su marido Matt, pero empezó como el baby de Erika), aparte de hacer ratings de juguetes, tiene una MUY BUENA SERIE de cómics explicativos sobre diversidad y vocabulario LGTBI+, temas de género, pronombres inclusivos, etc.

-Warren Ellis, MENCIÓN ESPECIALÍSIMA: es mayoritariamente guionista de cómics, pero su aceptación total del lado oscuro de la humanidad (abajo buenismo), su mala leche y bordería honesta han marcado un antes y un después en mis gustos. Donde me pongan a un Spider Jerusalem, un quijote cabreado con un montón de defectos, cagándose hasta en el apuntador, que me quiten lo bailao. Por cierto, ¿Trump? Warren predijo Trump y el volumen de Transmetropolitan “Election Year” es incómodo de gónadas viendo el panorama actual de Estados Unidos.

-Y, por último, Terry Prattchet y Neil Gaiman… Estos tíos no son escritores, son hilanderos profesionales, la personificación de las Parcas en moderno, y sus tapices son sublimes y no merecen premios, MERECEN TEMPLOS Y ME OFERTO PARA EL SACERDOCIO. Quiero irme de copas con sus Muertes. Yo cojo datos mitológicos, los meto en una coctelera, les doy un meneíto y lo que sale es una narración cogida por los pelos. Ellos lo hacen y HABEMUS LORE.

¿Cómo decides probar el otro lado: construir tus propios textos?

He escrito de siempre. Llevo casi treinta y cinco años creando historias, pero nunca me he decidido a publicar porque tengo unas némesis bastante jodidas: un Subconsciente Muso Cabronazo Pata Negra Con Don De La Oportunidad, un Perfeccionismo Subido y un Impostor Hiperdesarrollado.

Tengo que aclarar lo del Subconsciente: el 95% de mis historias las sueño primero. Tramas complejas y largas. ME HAN DADO HASTA PARA SAGAS CON CONTENIDO PARA SIETE VOLÚMENES (sí, te miro a ti, Monster’s Den…). El problema es que al jodido hijo de Freud le gusta la productividad, me cuenta una historia cada tres meses y no doy abasto.

Escribo por necesidad. Mis personajes son mi familia escogida. El problema es que quiero sacarlos vestidos de punta en blanco, y claro… entre eso y que me distraen con mucha facilidad…

Eres una de las flamantes autoras de Hijos del Karma, antología que nos ha dado muchas alegrías. ¿Qué sabor te deja tiempo después de su publicación?

Antes de nada, tengo que apuntar que Fuego es el de los pocos relatos que le dio esquinazo a mis némesis y el único QUE HA SIDO PUBLICADO. Es decir, que me dio un chute de autoconfianza. Tengo el libro forrado (que dure) y a la vista para demostrarme que he contribuido a las letras. Es por Fuego que este último año he cribado, categorizado y puesto en común todo lo que he escrito hasta la fecha: una puesta a punto a ver si cojo velocidad.

¿Cómo fue el proceso creativo de Fuego?

En verano del 2021 conseguí participar en cinco certámenes. Hijos del Karma fue el último que preparé, en un after thought, lo confieso: nunca he sido mucho de héroes y heroínas, más de mitología popular, pero me llamó la atención el límite de palabras de la convocatoria. Fue un “¿hay bemoles?” y me respondí “A VER” sabiendo que me iba a estampar contra la pared y quedarme sin piños. Los que me conocen de tiempo saben que tengo una tendencia a decir con diez palabras lo que podía decir en cinco. Llevo años intentando quitarme ese vicio.

Me saqué la historia de la manga (ésta no la soñé): buscabais héroes poco usuales y pensé “no hay héroes viejos”. Queda añadir que en ese momento acababa de ver las noticias (incendios), estaba de cara a mi estantería, y que a la vista (lo dicho, VISUAL) tenía los DVDs con todas las temporadas de Avatar: The Last Airbender (#teamzukoforever)… y salió Gustavo. Mi primer personaje principal masculino. Sí, escribo más mujeres que hombres. Cuestión de perspectiva.

El primer manuscrito tenía tres mil palabras (ups), tuve que podarlo, quitando escenas de interacciones de Gustavo con la gente de Valdehusa. El final, creo, me quedó colgando un pelín, pero siempre es la parte que me cuesta más: dar conclusión. Una vez recortado, lo envié. El resto es historia. Que mencionarais a Gustavo en la introducción fue un subidón.

Por cierto, Gustavo es un chispero. No lo he dicho antes porque creía que la nomenclatura ya existía, como los nubeiros (gente capaz de llamar a la lluvia y al granizo, leyenda gallega), pero no, no existe. Así que, ale, chispero: persona nacida con la facultad de crear, manipular y apagar el fuego. Porque lo digo yo.

¿Cómo te llevas con las redes sociales y cómo las integras en tus intereses artístico-literarios? ¿Cómo percibes la comunidad que se ha creado alrededor del panorama editorial?

Pues… me llevo mal (self-deprecating scream). La única cuenta que tengo es deTwitter porque es lo único que puedo manejar sin sobresaturarme y tampoco puedo estar puesta en ella de manera constante. Ya sé que es ponerme yo misma palos en mis ruedas en una sociedad donde la presencia online cuenta mucho, pero es superior a mí: a la mínima que tengo que gestionar un incremento de interacciones me entra ansiedad. Y entonces tengo que plantarme y decirme “o cortas o acabarás con una tecnofobia de campeonato y entonces sí que estaremos jodidas”. Ha habido etapas en las que ni he tocado el ordenador, aún en modo avión, porque me daba pánico encender la pantalla. Por suerte, no he perdido el hábito de escribir a mano. En pocas palabras, si desaparezco de twitter un tiempo es normal. No me ha pasado nada. Creedme, si me pasa, os enteraríais.

No obstante, tengo que decir que toda la gente con la que interacciono desde la cuenta @AnaUrraca es maravillosa y que gracias a ella he conocido de primera mano a creadores tremendos, algunos de los cuales considero amigos (sabéis quiénes sois, no me obliguéis a daros coba). Betearlos, que me beteen (hola, Coro de Harpías) y consultar con ellos dudas es una gozada.

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo?

Hace poco alguien me preguntó, tras toda la categorización del último año, cuántas historias tenía esbocetadas y para mi vergüenza salió una lista de diecisiete inacabadas (*facepalm*) sin contar las de mi etapa adolescente (esa caja de grillos no la abro ni por asomo). Así que mi prioridad (de inmediato a largo plazo) es cerrar proyectos ya empezados. Estoy trabajando del más nuevo al más viejo.

De todos los proyectos, el que estoy preparando ahora… prefiero no comentarlo en público porque… bueno, si hace un año (o en 1999, el tiempo no importa) alguien me llega a decir “Urra, bicho, que vas a escribir una novela de este género” de lo que me parto la caja me talo entera. En serio, que NI BORRACHA. Pero aquí estamos. AQUÍ. ESTAMOS. Ejem.

El siguiente en lista, ahora sí puedo ser franca, es una noveleta de fantasía urbana basada en un sueño que tuve el año pasado. Y presenta la improbable amistad entre una mujer supercapacitada pero con depresión crónica y una entidad de un universo paralelo adicta a los dulces. Que suena ridículo, pero ya se verá porque me he puesto mucho en ella y hasta ya tengo montado un club de haters, con presidente y secretaria, para una de las antagonistas (Matilda, vas a pringar, por ir de sobrada…).

Al margen, estoy compilando historias cortas que se clasificarían como fantasía urbana o realismo mágico, usando leyendas de distintas zonas de España y Portugal. Se me está ocurriendo enmarcarlas dentro de un mismo contexto en el que, por cierto, también entraría Gustavo.

¿Dónde puede encontrarte, leerte y seguirte nuestra comunidad?

Pues como solo tengo publicado Fuego, me pueden leer en Hijos del Karma. Tengo una cuenta de Wattpad asociada a mi cuenta de twitter @AnaUrraca, pero la tengo bastante descuidada. En algún momento espero poder publicar algo más sustancial y lo comunicaría inmediatamente en mi cuenta de Twitter. Los #urracadibus salen diariamente en esa misma cuenta y, a veces, de modo excepcional, posteo ilustraciones de los relatos que tengo entre manos o anteriores. 

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