Guillermo Anguera Ortega
-2Cabezas-

La legión de autores de 2Cabezas no baja el listón ni un milímetro. La fuerza de sus textos, la contundencia de sus mensajes, la habilidad terrible de entretener mientras escupen verdades y todos gritamos apretando las manos “¡Verdad, hermano!”, sin descuidar la literatura de calidad. Guillermo Anguera Ortega escribe con una soltura arrolladora. Su narrativa es de punta fina cual bisturí: fría, sencilla, incisiva. Hace disfrutar con enorme facilidad. El Miserable es una carta de presentación impropia de unos dedos intactos.
Su forma es tetradimensional, de una inmersión fascinante, que taladra a golpe de miscelánea pluma-cámara la cuarta pared literaria hasta reducirla a ceniza. Contribuye extraordinariamente a este menester el increíble “Prefacio de Theobald Parker”, que traspasa los límites mínimos de la interacción para incitar al lector a implicarse, a posicionarse y tener la oportunidad de asistir a Emilio Valderrama, una de las dos grandes cabezas que enfrentan sus ceños, la del empleado de la redacción de periódico como máximo representante de su gremio y compañeros. Este Prefacio, creación del alter-ego más artístico de Teobaldo, conecta en voz con la segunda (de tinte epilogar) de las dos partes que desarrollan cronológicamente la historia de José Pascual, el dueño, director y jefazo apestosamente supremo de la maquinaria tap-tap-tap-clin-tap-tap-tap.
Las dos partes, extremadamente opuestas en extensión y modo, conforman un todo explosivo, delirante, impresionante. Entramos en la fiesta de celebración del décimo aniversario de la empresa gracias a unas páginas fabricadas sobre una maravillosa sucesión de fragmentos de una grabación en vivo, inicialmente encomendada a Emilio, para la posteridad, el recuerdo, el regocijo, el golpeteo de pene sobre mesa de director.
Apenas hemos saboreado las fresas de un atrevimiento formal así en alguna obra más (por ejemplo, en humanimal, de Emilio Picón), pero desde luego la original manera de expresión del contenido es una estupenda virtud que funciona como resultado de una verosimilitud del mismo apabullante, escalofriante en términos de derechos humanolaborales.
Don José Pascual, Altavoz Cultural le acusa de: racismo, xenofobia, despotismo, abuso verbal, ira, soberbia, obsesión insana con el trabajo, mal padre, mal marido, egoísmo incomparable, vanidad, perversión, excentricismo premeditado, falsedad humana, explotación y desprecio profesional, chantaje emocional, ausencia absoluta de empatía (¡esas bajas cuanto más largas y dignas, mejor, hijueputa!), malas artes y mentalidad tan dictatorial como mafiosa; Don José Pascual, ojalá se pudra en el infierno.
El Miserable logra otra conquista: el generoso elenco de personajes está perfectamente elaborado y cohesionado. Cada figurante agrega su voz, su personalidad y su relevancia en la trama, distinguiéndose de una masa pasiva como diana de tiro. Destacamos por honor a la mujer y la hija del cabronazo, auténticas heroínas, por supuesto a Emilio y Teobaldo, dos piezas de ajedrez del mismo color, y a Santi, experto en realizar party room tours y encender mechas.
Nunca vimos un uso de las notas a pie de página tan divertido como el propuesto durante el discurso mayor, nunca vimos un enjambre de numerosos integrantes tan precisamente equilibrado y práctico, nunca vimos el alcance del concepto de miserable en todo su esplendor como se recoge en esta novela -que no es novela-. Enhorabuena a Guillermo, a la editorial cabezuda de nuestro corazón, a Emilio, a Theobald Parker, a la estupenda pareja familiar que se ha formado en el seno de aquella fiesta. Esperamos noticias pronto. ¡Mucha fuerza, trabajadores!

Altavoz Cultural

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