ENTREVISTA A ALBA MOON

Bienvenida a Altavoz Cultural, querida Alba. ¿Cómo te presentarías prescindiendo de aquello que está relacionado con tu cosmos artístico-literario? ¿Qué intereses, gustos o pasiones conforman la vida de Alba Moon?

Soy una amante de las sillas; tanto por la función que ofrecen —la de recogernos ante la necesidad de pausa— como por la belleza matérica y morfológica de su estructura. Ninguno de nosotros se libra de las filias, solo que a mí me tocó de las más raras, pero de las menos sucias. Quizás dedicar mi labor profesional al mundo del diseño haya sido un desencadenante de este rasgo peculiar. Por lo demás, soy una persona sencilla, de gustos mundanos y exquisitos, que presenta una estrecha relación con las supersticiones y la mística, la natación, la moda, el ballet y, cómo no, cualquier disciplina artística que se te ocurra.

¿Qué tres experiencias vitales ligadas a la Literatura destacarías como particularmente relevantes para ti?

No puedo caer en el tópico de prodigio infantil diciendo que “desde pequeña ya creaba”, porque nunca escribí poesía de niña ni tampoco cartas de amor —de eso último sí que me arrepiento—. Mi vínculo con la literatura surge a raíz de tener siempre algo que decir —un incordio para muchos y un salvamento para aquellos profesores que necesitaban feedback en clase—, pero, sobre todo, por la inquietud de dar otros nombres, formas y explicaciones a las cosas sencillas que nos rodean.

Mi primera experiencia vital fue la lectura gracias al generoso interés de mis padres por pagar la suscripción del círculo de lectores, mi segunda experiencia fue cuando en la universidad decidí dar el paso de persona pasiva que disfruta la literatura a persona activa que es capaz de producirla, consiguiendo entrar en círculos, entablar amistad y conocer a autores locales, nacionales e internacionales que jamás pensé que sería posible. La tercera prefiero no decirla porque espero que se cumpla.

¿Cómo dialogan en tu universo la música y la poesía?

Son dos realidades que, a pesar de su convivencia, tienen un impacto distinto en quién soy. Una tiendo a callarla y la otra no tengo reparos en admitirla; pero ambas son igual de importantes. Y aunque ahora mismo la presencia de las dos en mi vida sea desigual, espero que en el futuro encuentren un cauce común. Hay mucha poesía en la música y mucha música en la poesía. Solo son maneras diferentes de sentir las cosas.

¿Cuánto peso específico le otorgas a tu formación académica de cara a redescubrir o aumentar tu amor y tu dedicación las letras? ¿Qué tesoros concretos, en forma de figuras, referencias, géneros u obras, has hallado en ese camino?

No mucho, realmente. El hecho de haberme formado como filóloga no ha sido determinante para acercarme a las letras; considero que cualquiera, con una formación completamente opuesta, puede descubrir y adquirir un conocimiento amplio en este terreno. Lo que sí puede influir es el enfoque con el que se mire la literatura; y en relación a esto, cuántos más haya, mucho mejor.

Todas las obras, referencias y géneros que me gustan los conocí fuera de las aulas, en las bibliotecas públicas de las ciudades en las que viví. Ángela Figueras Aymerich, Idea Vilariño, Marguerite Duras, Anne Sexton, Sharon Olds, Joan Didion, Cristina Morales, Mercedes Cebrián… son voces que no he encontrado en mis programas educativos.

¿Cómo se construye tu imaginario, respecto de aquellas influencias o fuentes de inspiración que desembocan en tu proceso creativo y tu poética?

Creciendo, leyendo y madurando. Así es como mi imaginario se ha destruido y reinventado continuamente. “Ya somos el olvido que seremos”, decía Borges. Y así son mis inspiraciones, caducas y curiosas, buscando ávidamente una influencia que me deje huella, ya sea para un poema, para un año o para el resto de mi vida. Justo ahora me encuentro en un proceso de mutación.

¿Tienes alguna suerte de rutina o ciertas pautas o preferencias a la hora de disponerte a escribir?

Lo primero, tener tiempo y ánimo. Las ideas siempre aparecen en los momentos más inesperados; por ejemplo, cuando friego los platos, remuevo el guiso o voy en el autobús. A la hora de ponerme frente a la hoja —de cuaderno o de Word— una cosa siempre se repite: la música de fondo y un vasito de agua.

¿Qué sabor te dejan cierto tiempo después tus primeras publicaciones en revistas y antologías? ¿Cómo percibes tu evolución desde entonces hasta tu voz actual? Nos interesa especialmente cómo sientes que has ido trabajando la diversidad temática, la forma de presentar tus textos, tus estímulos…

Reencontrarme con aquella que he sido me despierta cierta candidez. Me gusta leer lo que escribí, aunque ya no me reconozca; está bien experimentar cierta vergüenza moderada sin llegar al extremo de adoptar una postura crítica muy mordaz. Es mejor reconciliarse y entender que, como Rosalía canta, también tenemos la facultad de transformarnos.

Antes escribía desde una voz lejana y social que no quería individualizarse, sino percibirse plural y omnisciente. Ahora no desdeño ese rasgo, pero me siento más en consonancia con una voz que no teme hablar de causas compartidas y universales mediante un matiz más íntimo y bizarro.

¿Cómo te has sentido en aquellas ocasiones en las que has adoptado la perspectiva de quien juzga y has tenido que evaluar y seleccionar textos? ¿Qué te suele atraer más de las propuestas ajenas?

Es una gran responsabilidad. Si algo compartimos las personas de mi generación —además de crisis y dramas— es el síndrome del impostor. No obstante, valoro mucho que mi opinión se tenga en cuenta y tiendo a pensar que, si se busca, es porque el criterio que puedo aportar es tan válido como el de los demás compañeros y compañeras que conforman el jurado. Estamos más preparados de lo que creemos, una pena que la sociedad intente hacernos sentir lo contrario.

Lo que más me atrae de las nuevas propuestas es la originalidad, la innovación a la hora de transmitir el mensaje, la contundencia y el simple hecho de arriesgarse. El lenguaje está para la experimentación, porque una lengua que no cambia es una lengua que se muere.

¿Cómo consideras que se recibe actualmente la figura de la poeta en el panorama literario? Desde la óptica opuesta: ¿cómo dirías que se integra el concepto de «musa» en estos últimos tiempos?

Espero que esa falacia anacrónica que vincula a la poeta con “esa mujer que escribe sus cosas” se convierta pronto en ese chiste del pasado que a nadie le hace reír. Está claro que muchas artistas y autoras han sufrido esa consideración a lo largo de sus carreras, e incluso a día de hoy sigue ocurriendo. Cualquier excusa es buena para desacreditar e infravalorar nuestro talento. Uno de los casos más famosos ha sido el de Gloria Fuertes, de quien hace unos años se ha comenzado a reivindicar otra faceta de su obra que no se contemplaba. Hace falta un importante revisionismo, reescribir currículos educativos, dejar de hablar de autoras como un contenido complementario o por conveniencia y, por supuesto, desbancar de grandes sillones a aquellos que todavía viven en siglos remotos. Con respecto a la otra óptica, todos somos musas en la vida y obra de alguien. Lejos queda lo que decían los poetas del dolce stil nuovo o la invisibilización de artistas-musas como en el siglo XIX o XX. En la poesía actual se están explorando distintas formas de deconstruir su argumentario pasivo y darle otros usos ficcionales. Diría que se está desarrollando una nueva sentimentalidad poética sin enfoques dañinos.

¿Qué puedes contarnos acerca de DesnudArte Creando?

DesnudArte Creando ha sido y es uno de los grandes proyectos de mi vida. Con él, mis compañeras y yo hemos logrado el objetivo de reivindicar el papel de la mujer en el mundo del arte y acercar autoras y artistas de distintas épocas a adolescentes y mayores. La labor didáctica y creativa es el eje sobre el que se sostiene nuestro trabajo, por eso la fomentamos a través de talleres, ponencias, recitales e incluso nuestros propios fanzines. Nuestro último gran logro ha sido que nuestra obra Tres mujeres de copa —una pieza teatral en honor a las Sinsombrero— esté siendo representada en distintos institutos públicos andaluces. Es un orgullo ver cómo algo en lo que has invertido tiempo y pasión sirve para poder cambiar un poquito las cosas.

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo? ¿Dónde puede encontrarte, leerte y seguirte nuestra comunidad?

No pienso mucho de cara al futuro porque solo me genera incertidumbre. Por el momento, el próximo noviembre presentaré una pieza multidisciplinar en Córdoba en colaboración con el Museo Thyssen. Intentaré hacer realidad la frase con la que cierro todas mis biografías literarias —siempre dice que está preparando su primer poemario— y también explorar el mundo teatral y escénico que tanto me apasiona. Pero, sobre todo, quiero sonreír un poco más tras todas las dificultades que me han azotado con fuerza estos últimos años y que me han mantenido alejada del verso. Suelo escribir de vez en cuando en mi medium https://albamoon.medium.com/ , tuiteo con asiduidad como desahogo rutinario https://twitter.com/albamoonn  y publico artículos todas las semanas en la web de la revista para la que trabajo https://www.roomdiseno.com/author/alba-moon/ .

Muchas gracias por ser un altavoz.

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