¿A qué regresamos ansiosamente si no es
a las miradas robadas y los besos furtivos?
Al canto aguileño de las lilas que emerge
de la boca más que vacía del perdón.
A ti, que tantos versos te escribí en la peor de mis horas,
en la peor de mis tantas muertes,
como un Lázaro ciego que ha olvidado renacer
y ha perdido el sentido del recuerdo.
Y te empeñas en
volver
volver
volver
pero no a este hogar que te vio crecer;
a otro dispar, a otro cualquiera
sin tiempo ni avaricias.
Pero el viajero que huye ataviado de recuerdos
¿no es acaso el más valiente de todos?
-Silvia Pirt-