Traducción de Javier Martos

-Dimensiones Ocultas-

V Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural – Noviembre 2022

   Cómo nos configura el pasado. Cómo nos diseña, nos moldea -en el sentido más manual posible- nuestro primer tiempo en la vida. Cómo nos corrompe. Cómo jamás terminamos de sellarlo, de despedirnos de él. Mucho menos sencillo resulta si hemos cometido actos atroces, de esos que taladran la conciencia un día y otro día y otro día. Hasta nuestro final.

   Buscando al Hombre del Río es una maravilla. Parida como proeza estética, deudora del excelso trabajo de Javier Martos en la traducción del original y de la impecable labor de Roberto Carrasco y todo su equipo de Dimensiones Ocultas, la versión hispanohablante de la obra de Kristopher Triana nos sobrecoge y fascina a partes iguales.

   Troceado cuchillo en mano en veinticuatro capítulos de extensión irregular -tan irregular como para lograr aunar de manera efectiva formatos internos sumamente originales (como las cartas de puño y letra de Lori y Edmund, fan e ídolo, respectivamente)-, presentado bajo las melodías de canciones de Nick Drake y Tom Waits -la dedicada por el primero a la mítica figura del Hombre del Río es la madre del propio espíritu causal de la obra- y construido bajo el mantra tallado al mismísimo comienzo del Capítulo Uno: ”Solo hay dos lugares donde cualquiera puede encontrar la paz: el bosque y la tumba”, como si de un grandísimo cartel rojo y negro convenientemente situado al principio de un camino se tratase, Buscando al Hombre del Río se revela, desde el género del splatterpunk, como uno de los más salvajes hitos a contemplar y disfrutar dentro del ámbito de esa literatura que plantea los límites del ser humano como monstruo, como lobo de sí mismo, como último depredador.

   Estamos ante una poderosa historia familiar en esencia y persecución pretérita inapelable, una historia de amor -en su concepción más extrema e infinita-, una historia de culto, una historia feroz que nos provoca constantemente, presionando nuestro pecho para cuestionar nuestra tendencia hacia la empatía por uno u otro o ninguno de los personajes, tan extraordinariamente fabricados por el autor.

   El eje dinámico de la acción dispone de dos puntas, que brillan por separado y se retuercen hasta las chispas juntas: las hermanas Abby y Lori, base femenina de un triángulo fraternal de vértice obtuso truncado, arrancado como por fuerte tirón de una planta joven que pierde hasta sus raíces debido a la violencia del acto. El pequeño Petey es el otro gran, gigantesco, nombre del trío sanguíneo.

   Petey y aquel columpio… Petey, que en realidad era David. Y fue también Matt. Y fue todo lo que pudo, supo y le dejaron. Demasiado. Por eso emerge y se posa sobre los mediocres, conformistas intentos terrenales la voraz gárgola del asesino en serie Edmund Cox: amor y muerte se besan desde el origen del combativo estado natural de las hermanas, del traumático episodio que azota a las supervivientes. Ahora solo una de ellas puede soñar con la plenitud sexual. Y hará todo lo posible por alcanzarla y liberar, definitivamente, todos los lastres de su mochila en esa explosión apoteósica.

   La misión encomendada a la peregrina del amor total será tan truculenta, arriesgada, implacable en el plano emocional, devastadora… Solo una loca aceptaría tal pacto de entrega hacia su muso. El viaje pondrá a prueba la reserva de escrúpulos, la estabilidad mental de la hermana dominante y la última garantía de empatía entre dos mujeres arrolladoras en personalidad, carisma y sentido de la supervivencia.

   Apariciones, sustos, obscenidades y escatologías, gritos desesperados en busca de una censura esquivada con elegancia y placer, gozo corporal y mucho ritmo, vertiginoso, trepidante, mortal. La considerable cantidad de páginas que componen el libro se esfuma entre escalofríos, sonrisas cómplices según sopla la tormenta y moja unos pies u otros, escenas espectaculares y trucos que hacen que la avalancha de carne, masa y dolor se convierta en un sabroso laberinto vertical. Bien merecen su aplauso ese diácono, ese glorioso personaje llamado Buzz y, por supuesto, el Hombre del Río; juntos forjan una leyenda muy por encima de la propia correspondiente a este último: la leyenda de Buscando al Hombre del Río, una novela excelente que causará estragos entre sus lectores, hincando en sus costillas algunas de las imágenes más desgarradoras, curtiendo su vello corporal a golpe de decisión extrema, tejiendo, con el hilo entrando y saliendo de la carne, signos de ovación cerrada.

   Edmund Cox y su irrefrenable instinto animal, Lori y su jaula de castidad moral hecha pedazos, Abby y sus punzantes comportamientos ortopédicos que tan bien suenan a palabrotas, Buzz y su soul eterno… Petey y su inocencia: el mayor tesoro que poseemos al nacer. Disfruten mucho de esta magnánima experiencia en manos de un puñado de seres singulares capaces de reflejar en sus almas nuestros pecados, defectos y culpas más tenebrosos. Y prepárense para conocer al Hombre del Río.

Altavoz Cultural

ENTREVISTA A JAVIER MARTOS

Bienvenido a Altavoz, querido Javier. ¿Cómo ha sido, desde una perspectiva panorámica, tu experiencia profesional con el texto de Kristopher Triana hasta su conversión definitiva en Buscando al Hombre del Río?

Conocía a Kristopher Triana por el Splatterpunk Award que ganó en 2018 con su novela Full Brutal, pero he de admitir que no había leído ninguna obra suya. Cuando Roberto Carrasco me ofreció la traducción de Buscando al Hombre del Río, pasé el libro al lector electrónico y empecé a leerlo como el que va al matadero esperando encontrarse con litros y litros de sangre y muchas tripas. Después, uno se sorprende enormemente cuando ves que el matadero está bastante limpio y se siguen todas las normas sanitarias. Con esta novela pasa un poco igual. A pesar de tocar temas tan delicados, incómodos y, sobre todo, tabús, el lector se queda atrapado desde las primeras páginas. Kristopher es muy habilidoso a la hora de lograr que fluyan con mucha soltura hasta las escenas más perturbadoras del libro. Pasajes violentos, ideas macabras y situaciones muy desagradables… están descritos con tal agilidad que uno se queda con ganas de que le sigan horrorizando más.

En cuanto al proceso de traducción en sí, confieso que ha sido una gozada. Mi dinámica habitual de trabajo consiste en leer el libro en inglés y hacer anotaciones de todo aquello que me puede traer problemas: juegos de palabras, descripciones ambiguas, palabras inventadas que pueda introducir el autor… Luego, comienzo la traducción y trato de llevar al castellano las sensaciones que he percibido al leer el texto original. Ha sido un desafío trasladar tanta angustia y tanto desasosiego a nuestro idioma, pero creo que el resultado ha sido muy potente. La idea era que el lector cerrara el libro satisfecho por la paliza emocional que acababa de recibir. Espero que así sea.

¿Qué destacarías de la configuración -y de la voz- de los personajes de Lori y Abby? ¿Qué sabor te dejan, en general, los personajes de esta obra una vez los has tratado desde su forma de ser y de expresarse? Resultan maravillosas las inclusiones «literales» de la escritura de Edmund.

El hecho de que la obra tenga pocos personajes permite al autor explayarse a la hora de definir las personalidades de cada uno de ellos, y eso se agradece en este tipo de historias. Por un lado tenemos a Edmund (el asesino, definido como la maldad pura) y por otro lado están las dos hermanas, cada una muy diferente a la otra. Luego tenemos al hermano pequeño, personaje en el que pivota una serie de preguntas argumentales cuyas respuestas nos van a disgustar y a fascinar a partes iguales.

En mi opinión, los perfiles de cada uno de los personajes quedan espléndidamente marcados. Kristopher no solo nos facilita una narración ágil y poética, sino que nos aporta otros recursos muy bien gestionados, como pensamientos, diálogos y cartas escritas a mano para que podamos empatizar, entender y sufrir con todo lo que se nos está contando.

Han tenido una vida difícil y las cosas no van bien. La evolución de los personajes es magistral. Lori y Abby nos caen bien al principio. Son hermanas y tienen sus más y sus menos. Han tenido una vida difícil y hacen lo que pueden. Pero a medida que la historia se tuerce y empezamos a conocer la verdad… Ambos personajes están muy bien construidos. Abby, con su discapacidad. Lori, con sus problemas. No sabemos muy bien cuál de las dos está más discapacitada. Y el clímax de la historia es duro. No solo en la cabaña del Hombre del Río, sino con el desenlace con los personajes.

El sabor de boca que deja el libro es desasosegante, impactante. Es una historia devastadora para los que tengan familia e hijos. Uno pasa la página preguntándose qué demonios acaba de leer. Esa es la magia de la literatura.

¿Cómo te sientes dentro del género splatterpunk? ¿Qué ha sido lo más difícil de tu labor traductora respecto de trabajar con un original enmarcado en dicho género? ¿Qué ha sido lo que más has disfrutado de ello?

Hace algunos años pude traducir Slugs (de Shaun Hutson) para Tyrannosaurus Books. Era el primer libro de género splatterpunk que traducía al castellano, salvo por algún que otro relato suelto, y lo cierto es que me quedó un regusto un poco extraño. No sabría explicar el motivo, pero tanto a la hora de traducir como al escribir mis propias obras o incluso al leer un libro, me suele dar reparo que haya mucho gore y mucha sangre. No porque me resulte desagradable, porque el terror me encanta y es el género que más leo durante el año, pero es difícil hacerle entender a la gente que algo así te puede gustar. A fin de cuentas, a uno no le gusta que lo miren como a un bicho raro. ¿Cómo puede gustarte tanta tripa, tanta maldad, tanta sangre? En el caso de Slugs, con tantas babosas devorando gente, era complicado explicar las bondades del libro. Sin embargo, con Buscando al Hombre del Río he quedado muy satisfecho. Me he sentido realmente a gusto (de hecho, no quería que el libro se acabara) traduciendo pasajes de horror realmente extremo. A pesar de los temas desagradables que se plantean, es un libro bueno, de calidad. Este título es de los que hay que comentar con alguien, recomendarlo y regalarlo a otros lectores.

Me gustaría volver a traducir a Triana. Espero que haya una nueva oportunidad. Ha sido divertido trabajar con los juegos de palabras propuestos en el libro (esa caja y esa llave…), con las cartas escritas con faltas de ortografía, la discapacidad de Abby…

¿Cómo valoras la actualidad del panorama literario en cuanto a la relación entre editoriales y profesionales de la traducción, especialmente en torno a la literatura de género? ¿Qué consideras que le aporta a dicho panorama la publicación de Buscando al Hombre del Río por parte de Dimensiones Ocultas?

Creo que las editoriales, sobre todo las independientes, le están dando su sitio a la literatura de género. Incluso los sellos grandes están apostando por la fantasía y la ciencia ficción. Al terror le cuesta un poco más, siempre ha sido así, pero siguen apareciendo novelas y autores nuevos que ofrecen frescura y originalidad a la oferta literaria. Además, los editores independientes le dedican mucho cariño a los libros y eso se nota. En el caso de Roberto Carrasco de Dimensiones Ocultas o José Ángel de Dios de Dilatando Mentes, ambos hablan inglés, así que saben lo complejo que es a veces traducir una frase o incluso una palabra concreta. Son editores con los que se trabaja codo con codo, te ayudan y se esfuerzan por que el resultado final sea un libro que merezca la pena publicarse.

Con Buscando al Hombre del Río tenemos un buen ejemplo. Es el mejor libro para convencer a los lectores indecisos de que el horror extremo, el splatterpunk, puede darles muchas horas de diversión. Que no es solo un personaje destripando a sus víctimas, sino que las historias tienen un trasfondo en el que uno puede crecer como lector.

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